Bueno taringueros. Les dejo unas historias de terror, las leeras o ¿tienes miedo?
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Bueno les dejare cuentos para que los leean y videos. Les recomiendo que vean los videos... Son historias muy buenas.


La niña del Panteón


link: http://www.youtube.com/watch?v=G4eBpfuPuW4&feature=related

Voces de mi Abuelo

Era un noche en la que mi abuelo estaba muy malo… mis padres se fueron a su casa y yo me quede con mi hermano en casa, nos fuimos a acostar y al momento llega mi madre para decirme que mi abuelo había muerto que se iba otra ves para la casa de mis abuelos… esa misma noche despues de decirme eso mi madre me desperte escuchando unas voces…ERAN LA VOCES DE MI ABUELO !! que me decian… nieta mirame, mirame estoy aqui, ayudame por favor!! mire al rededor y no habia nadie y yo seguia escuchando la voz de mi abuelo, incluso aveces antes de dormirme es como si lo tuviera al lado hablandome……

El diablo en la casona


link: http://www.youtube.com/watch?v=rk3wtXMJBKk&feature=mfu_in_order&list=UL

Pánico en la noche

Lo que voy a contar me sucedió en el año 2.006 cuando me trasladé a Madrid a estudiar Medicina en su universidad. Estaba buscando un piso de alquiler barato por la zona céntrica, y cuando ya lo daba por algo imposible encontré la oferta de alquiler de una habitación, en pleno centro. No tenía pensado alquilar solo una habitación, y aunque el casero era un cincuentón desagradable el precio era tan bajo que decidí aceptar hasta que encontrara algo mejor.

Me instalé a los dos días y tras pasar una semana en aquel lugar, decidí que me marcharía lo antes posible. Como sospechaba, el casero era una persona detestable, con la que intentaba hablar solo lo imprescindible, y si podía evitar encontrármelo, mejor. Sin embargo, el no era el principal motivo. Había algo en aquella casa que me inquietaba.

Era una extraña sensación que flotaba en el ambiente, y que me ponía los pelos de punta. En mi habitación, la temperatura siempre era más baja que en el resto de la casa, y por las noches me invadía una sensación de frío que me impedía dormir bien.

Todo crujía en aquel viejo caserón, y durante mis noches de insomnio podía escuchar el más mínimo sonido que hicieran los vecinos, el ruido lejano del ascensor, o el goteo de las cañerías. Me levantaba cansado y con ojeras, y apenas si podía estudiar por las mañanas de lo agotado que quedaba.

Una noche me acosté tarde después de haber pasado varias horas estudiando, y como de costumbre, no pude dormir. Me entretuve escuchando el soniquete de un lejano programa de televisión, que algún vecino tenía puesto. En aquel momento creí escuchar una respiración entrecortada, y asustado dejé de respirar de golpe. Esperé un segundo...dos segundos...tres segundos...debía haber sido mi imaginación…y entonces, la escuché de nuevo.

Era muy débil, casi un suspiro, y provenía del hueco de la cama que quedaba a mi izquierda. Me quedé paralizado como una piedra, escuchando aquella respiración entrecortada a menos de diez centímetros de mí. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y el corazón latiéndome tan rápido que pensé que iba a darme un infarto. Una ráfaga gélida me recorrió el cuerpo entero, y me puse a temblar de forma incontrolada.

Aquello no podía estar pasándome, no debía ser real y sin embargo estaba ocurriendo. Aunque el pánico me dominaba logré convencerme de que se trataba de una pesadilla causada por el insomnio, y que no había nadie a mi lado. Intenté moverme, pero estaba tan aterrorizando que tuve que hacer un esfuerzo para girar la cabeza poco a poco hacia mi izquierda, y sentí como la corriente gélida me helaba la cara. Aunque el miedo me estaba corroyendo por dentro, conté hasta diez, abrí los ojos de golpe y…

Grité… grité con toda mi alma hasta desgarrarme las cuerdas bocales y hacer que mis alaridos resonaran por todo el bloque. Cuando el casero irrumpió en mi habitación yo aún estaba gritando en estado de shock. No podía quitarme de la cabeza lo que había visto… aquella mujer que me observaba con un gesto de terror indescriptible, y una mirada triste, tan triste…

El casero me hizo callar a guantadas, y logré controlarme un poco. Me extraño mucho que el casero no me pidiera explicaciones por tantos gritos; se limitó a echarme la bronca por armar ruido y se marchó otra vez a su habitación. No estoy muy seguro, pero juraría que lo noté nervioso, quizás demasiado nervioso.

A la mañana siguiente, yo aún seguía impactado por lo ocurrido por la noche, y me encontré al salir de la casa a Dolores, la única vecina del bloque que conocía, que me preguntó que tal me encontraba. Le respondí que bien, y estuvimos hablando un rato acerca del casero. Por lo visto, no le caía bien a nadie del bloque. Tenía fama de ser un maleducado y un violento, y al poco de estar hablando salió el tema de su mujer.

La pobre Carmen, la de palizas que tuvo que aguantar de ese cerdo antes de que dejarnos….Comentó Dolores

¿Como murió?.

La encontraron muerta en la habitación en la que duermes tú ahora. Dijeron que se había suicidado, pero a mi no me engañan. Estoy segura de que la mató su marido, y se las apañó para que pareciera un suicidio.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y subí corriendo a la casa a recoger mis cosas. No pensaba pasar allí ni un solo día más. Cuando ya lo tenía todo listo para irme, revolviendo entre los cajones encontré una vieja foto bastante descolorida. Por la parte posterior de la foto, podía leerse en una letra bastante mala:
Viaje de Carmen a Segovia, enero de 1.987

Se me heló la sangre al verla. Era ella, no cabía duda. La mujer que había visto cuando abrí los ojos, frente a mí, con su terrorífico gesto de terror, y su tristeza abrumadora. Guardé la foto en su cajón y huí de aquel lugar corriendo todo lo rápido que pude. Por temor a que me tomaran por loco no le conté lo que me había sucedido a nadie, y nunca más volví a saber de aquel casero, ni de su difunta mujer.

Tras esta experiencia tuve varias crisis de insomnio, no podía dormir y estuve estar en terapia psicológica algunos meses. Ahora que han pasado casi dos años desde que pasó esto ya lo veo como algo lejano, que parece no haber ocurrido nunca. Sin embargo, en algunas noches frías de invierno aún me parece ver en sueños los ojos muertos de aquella mujer, y escuchar su respiración entrecortada al otro lado de la cama…

El niño encadenado


link: http://www.youtube.com/watch?v=6QXc5Qtq7YI&feature=mfu_in_order&list=UL

El fantasma de la escalera

Desde hacia muchísimo tiempo, sabía con seguridad, que entre los antiguos y descuidados muebles de mi casa y la melancolía reinante de cada habitación, una solitaria y torturada alma vagaba en busca de un consuelo. Sin encontrarlo, pasados numerosos años, su dolor se acrecentó hasta limites insospechados, haciendome notar con mayor intensidad su presencia. Muchas noches he pasado con la inquietud en mi sangre tras haber sentido alguna manifestación suya, de la índole que fuese y haberme hecho estremecer mientras que todos los habitantes cercanos a mi casa descansaban. Sin embargo, nunca tuve valentía para preguntar o gritar al fantasma, por miedo a estar loco o por propia vergüenza ajena, pero, si, lo sabía.

El lugar para mis adentros más odiado de la casa era la escalera principal, situado en el ala norte de esta, justo enfrente de las puertas delanteras, que conducían a todas las habitaciones de la casa, directa o indirectamente. Cada vez que me acercaba a ella, un sentimiento de desolación y tristeza asolaba mi frágil alma, obligándome a alejarme lo más rápido de ella y convirtiendo un simple camino a las plantas superiores en una ola de nerviosismo. Fue muy duro convivir con el fantasma y más con mi alma acongojada de su presencia, por lo que, desesperado, intenté encontrar alguna solución racional.

Pensé que cambiando algún objeto de lugar el problema desaparecería, pero me equivoqué, el sentimiento de soledad y tristeza siguió persistiendo. Una noche, decidí cambiar algún objeto cercano a la escalera o que tuviese que ver con el recibidor. De hecho, no lo cambié por otro, si no que lo aparté a la habitación más recóndita de la casa y a la que menos accedía. Esa misma noche volví a escuchar los habituales ruidos con los que solía dormir, por lo que supe con seguridad que el procedimiento no había dado resultado. Tras vanos intentos con sillas, jarrones, esculturas y cuadros, di por terminado el trabajo y me puse a trazar algún plan para dar caza al fantasma.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue la idea de dormir frente a la escalera para poder sentir mejor al fantasma, pero tenía realmente miedo, no estaba habituado a tratar con estos seres extraños y temía por mi vida. Pese al miedo, esa misma noche me dispuse a desplazar uno de los sofás del salón justo enfrente de la escalera, ya que la cama pesaba realmente mucho, y a colocar en uno de los muebles de trofeos unas cuantas velas para no quedar en completa oscuridad durante la noche.

Hacia las once de la noche, cuando por entonces ya había oscurecido debido al invierno, los ruidos comenzaron. Yo ya me encontraba tumbado, con la inmensa escalera como guardián y cinco velas iluminando parte de esta. El resto de la escalera no era visible, pero los ruidos si eran audibles, de hecho, perfectamente y provenientes de la parte alta de la escalera. No sabía de que se podía tratar.Quizás sea un ratón o el crujir de la antigua madera Pensé para tranquilizarme, pero los ruidos no cesaban ni un momento. Mis sospechas se vieron fundadas tras permanecer un largo rato escuchando. Era la madera la que crujia, de hecho, el continuo ruido me llevó consigo a la profunda inmensidad del sueño, encontrandome a la mañana siguiente perfectamente descansado pero sin un dato fiable al que aferrarme en la busqueda de un nuevo plan para dar caza al fantasma.

Tardé largos ratos pensando, entre el café de primera hora de la mañana y el precioso espectáculo que formaba el atardecer en el horizonte, para tramar mi nuevo plan. Esta vez debía ser lo más cauteloso posible ya que tendría que ocultarme de su "vista" para no alertarle. Mi plan consistía en, básicamente, intentar captarlo con mi linerna. Durante la noche rondaría aldedor de la escalera y el recibidor con sumo cuidado y con la linterna apagada hasta notar su presencia, cuando entonces, yo encendería la linerna rápidamente y lo captaría averiguando quien es y librandome de la duda que tenía desde hace años.¡Si! ¡Era buen plan!

Aquella noche, con el estómago lleno de cafés para matar el insomnio, me aventuré cercano a la escalera con la linterna apagada. También cuidé de no dar pasos que pudieran ser audibles fácilmente por el fantasma. Cruzé, delante de la escalera, el recibidor y entré por un largo pasillo situado a la derecha del recibidor. Aquello más que una escalera parecía una tenebrosa cueva. Lentamente, empecé a andar por el pasillo mientras mi corazón palpitaba más intensamente que nunca y comencé a divisar algo que se movía al fondo de este. No sabía lo que era y ese sentimiento de miedo se vió reforzado por las numerosas estatuas medievales y barrocas que colgaban de las paredes donde un fino hilo de luz iluminaba sus demoníacas caras y me atormentaban persiguiendome hasta el interior de mi subconsciente. Yo, mientras tanto, seguía dando lentos y forzados pasos dejando tras mía la escalera y adentrándome en el pasillo. Aquella cosa seguía moviéndose y no se cansaba nunca, describiendo una parábola en el aire; pero ya la veía. Era una especie de sustancia poco densa y de color blanquecino, que flotaba en el aire que con mis restados pasos se fue diluyendo hasta desaparecer completamente. Ahora solo quedaba la oscuridad de la noche acompañada por aquellos filos hilos de luz, que habían cambiado de intensidad, pero que seguían iluminando las caras de las estatuas y dándoles esa faz demoníaca. Sin saber porque, un arrebato de miedo surgió en mi alma haciendome encender la linterna y salir corriendo de ese pasillo. Llegué a mi habitación y me lancé a la cama para descansar de la experiencia.

Al día siguiente ya me encontraba mucho mejor pero seguía pensando en lo pasado la noche anterior y mi corazón se seguía sobrecogiendo al recordar las caras de las estatuas. Sus rasgos faciales eran acentuados, tenían la barbilla puntiaguda y los ojos en un tono agonizante, cuyas pupilas parecían las de un loco en éxtasis.

No me atreví a intentarlo esa misma noche, si no que decidí esperar a la noche siguiente para aventurarme en la escalera. Mi impaciencia porque llegase la noche siguiente contrastaba profundamente con el terror que días antes carcomía mi espíritu. Tenía una gran curiosidad pero una ráfaga de intuición me indicaba que en estos fenómenos había algo que yo ya conocía pero no recordaba. En este instante me vinieron a la mente, por segunda vez, imágenes de las terroríficas caras de las estatuas, haciendome creer que eran las propias estatuas las que se introducían en mi subconsciente para aterrarme, o quizas, fuesen ellas mismas las que provocaban los ruidos en mitad de la noche y hacían levitar algunos objetos. Seguramente querrían aterrorizarme para quedarse ellas solas con la casa. ¡Querrían ocupar cada una de las habitaciones con sus diabólicas presencias y aterrorizandome pretendían cumplir con su cometido! Fuera como fuese, no podía permitirlo y esa misma noche desplacé uno de los sillones al recibidor; sin preocupaciones llevé, de nuevo, unas velas y me senté en dirección a la escalera con la mirada desafiante.

Pasaron las horas y me quedé dormido. Los largos ratos de silencio me sumieron en lo inevitable y más esperado, el sueño. De pronto, algo extraño me despertó en mitad de la noche. Era un ruido seco, pero lo suficientemente fuerte como para hacer que me despertara. Mientras me ponía en pié, con la mirada fija en un punto de la escalera, un vapor blanquecino que parecía proceder de todas las estancias circundantes, formó en uno de los rellanos un montoncito, que a medida que pasaban los segundos iba vislumbrando lo que parecía ser la cara de una persona. Era muy bella, pero aún le quedaban los ojos y la boca. Cuando estos se formaron, el terrormás absoluto invadió mi alma. Di dos pasos atrás, rápidamente, y tropecé con el sillón cayendo de espaldas. Esa cara, esa cara...¡Era la de mi difunta esposa! ¿Qué hace aquí mi esposa? ¿¡Qué podría querer de mí!?

Sin que pasasen más de dos segundos, tirado todavía en el suelo, rompí a llorar y recordé por primera vez desde aquel día lo que había sucedido entre nosotros. Le confesé entre lágrimas lo que hice y le dí explicaciones más que suficientes para que me perdonase, pero yo sabía bien que lo que hice era imperdonable.

Mi esposa solía cada noche, debido a su sonambulismo, dar paseos por casa , y especialmente, por la escalera porque según ella estaba maldita y necesitaba ser bendecida. Pese a sus advertencias, no me la tomé en serio y seguí viviendo tranquilamente sin prestarle atención. Su grado de obsesión llegó a límites insospechados y la llevé a un psiquiatra, pero no consiguió curarla y su problema nocturno se convirtió en, también, diurno. Una noche llegué a casa completamente borracho y la ví ahí , dando vueltas por la escalera en plena apoteosis sonanbulista, cuando en un arrebato de ira y sin pensarlo dos veces... La maté.

Los niños del rincón de Romos


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La cosa al final del pasillo

Nunca hubiera pensado que en un lugar como en donde trabajo (un centro de investigación) iba a toparme con eso, pero allí estaba, al final del pasillo. Justo frente a mí.
Tenía la idea de que tarde o temprano me iba a encontrar con algo similar, pero no esperaba que fuera a ser verdad, y menos tan pronto.
Debía de haberme dado cuenta cuando encontré ese libro, pero me pareció estúpido como ahora me parece todo el asunto.
No sé, nunca me pareció lógico ya que el doctor Gómez era un investigador serio. Uno de los más productivos de todo el lugar, era de verdad estúpido que él tuviera en su poder un libro de ese tipo, algo de magia negra. ¿Qué diablos hace un libro de magia negra en un laboratorio de investigación? ¡Absurdo! Así como esas macetas con un moño rojo en las plantas.
Pero yo vi el libro en el escritorio del doctor. Ni siquiera le estaba buscando a él, era a su asistente a quien yo buscaba, ya que ella había quedado de prestarme un reactivo que necesitaba.
Cuando llegué me dijo que la esperara en el despacho del doctor porque estaba platicando de algo más o menos privado, le dije que después volvía pero ella me insistió en que me quedara.
Al entrar en el despacho, fue cuando lo vi, Era un libro muy antiguo al parecer por el color de las tapas. Me llamó la atención enseguida, era como si el maldito libro me llamara. No tenía nada impreso en la portada. De hecho, cuando lo abrí, pude ver que no tenía nada impreso, estaba todo escrito a mano en unas hojas amarillentas y una tinta descolorida pero legible.
No estaba escrito en ningún idioma que yo conociera. Pero en la primera página tenía un rótulo en un lenguaje que sí entendí: “Vermis Misteries”.
“¿Qué diablos es el misterio de los gusanos?” pensé “Gómez ni siquiera trabaja con lombrices o vermicomposta ni nada que se le parezca”. Hasta donde yo sabía hacía investigación sobre el efecto de ciertas drogas para prolongar la vida y juventud de las ratas.
Lo que me dejó sorprendido, no fue el libro en sí, ni siquiera el hecho de que fuese sumamente antiguo, sino lo que el libro me hacía sentir. Lo primero que sentí, era una fuerte atracción hacia el libro, como si en él hubiera un secreto muy importante de que necesitara enterarme, y pronto. Pero en cuanto lo abrí me sentí lleno de repugnancia, con solo ver las palabras escritas, se me antojaba que se trataba de algo malsano, repugnante, ominoso. Algo por completo antinatural.
Ni siquiera era capaz de leer las palabras, pero de solo verlas escritas en ese libro, me hacía sentir que había algo por completo equivocado al respecto. Sentí ganas de quemarlo, pero opté por dejarlo tal y como lo había encontrado.
Finalmente me dieron el reactivo por el que había ido y me fui sin dejar de pensar en el libro.

¿Vermis Misteries? – Me preguntó Rolando cuando le hablé del libro – Me suena, me suena. ¡Ah, si! ¡Ya me acordé! Pero, ¿Dónde me dijiste que lo leíste?
¿Por qué? – Repliqué – De hecho, no lo leí, solo lo vi.
Pues es que ese libro no existe.
¿Cómo que no existe? Apenas ayer lo vi.
Pues ha de ser una imitación. Existen varias versiones del Necronomicón pero ese libro tampoco existe, es una “leyenda”. Lo inventó un escritor de terror y pues hubo quienes creyeron en su existencia hasta el grado de escribirlo.
Pero esto no era un libro comercial, era muy antiguo como para ser la invención de un escritor moderno. Le di la información a mi amigo y él agregó que los fanáticos de esas cosas hacían imitaciones muy buenas.
Bueno, de todos modos, ¿De qué se supone que habla? – Pregunté.
No estoy muy seguro, creo que se trata de magia negra, algo así como la manera de resucitar muertos o como volver de la muerte y cosas por el estilo.
Bueno Rolando, gracias por tu ayuda, nos vemos luego.
Sale, nos vemos.

No me preocupe o trate de no preocuparme más por el asunto. Pero debí de haberlo hecho, aunque ni aún así hubiera podido evitar lo que finalmente ocurrió.
Las cosas comenzaron a suceder poco después de que yo viera el libro. El laboratorio en el que trabajo se encuentra cerca del laboratorio del doctor Gómez, así que en ocasiones me entero de lo que ocurre cuando alguien se pone difícil. Nada que el doctor Gómez no sea capaz de controlar.
Lo que escuche ese día, no era una discusión con un estudiante problemático, me pareció que estaba gritándole a su asistente. Pero no estaban peleando, al parecer estaban persiguiendo una rata que se había fugado.
¡Me mordió! ¡Con una chingada!
¡Agárrala! ¡Se está escapando!
Decidí salir a ayudarles pues me llevaba bien con ellos, pero cuando salí al pasillo y vi la rata a la que seguían, me detuve. Al parecer, era una rata común y corriente, de esas ratas blancas de laboratorio de no sé que cepa. Al principio intenté seguirla, pero la rata me vio directamente a los ojos y cambió todo.
No puedo negarlo, tuve miedo. Ya que los ojos de esa rata no eran los ojos de un animal normal. Ni siquiera los ojos de un animal enfermo o enloquecido. No tenían ningún brillo. Eran los ojos de un animal muerto.
Pero el maldito bicho se movía como si estuviera vivo, así que cuando sus perseguidores salieron, poco acostumbrados a correr como estaban, no lograron darle caza.
¿Eso qué era? – Les pregunté.
Solo una rata.
No quise saber más.

Poco después, fui a entregar un material que me prestaron pero no estaba ni el doctor ni su asistente ni el técnico, así que le dije a uno de sus estudiantes que iba a dejarles el material con una nota en el despacho del doctor.
Cuando entré, allí estaba el libro, justo al lado de la bitácora del doctor.
Nuevamente me sentí atraído por el libro y pude darme cuenta que alguien lo había estado leyendo, incluso tenía una hoja dentro para señalar una página.
Pero no pude evitar echarle un ojo a la bitácora del doctor. Allí me enteré del incidente de la rata desde otro punto de vista.
Habían estado dándole un tratamiento que no explicaba correctamente, algo raro en el doctor
“Esa sustancia que el libro describe es capaz de hacerlo, la rata comenzó a moverse después de 24 h. Me mordió cuando la estaba revisando y escapó. Debo tomar tratamiento.”
No me atreví a leer más.

El día siguiente fue cuando noté algo raro en el doctor. Su piel se notaba afectada, tenía las ojeras aún más marcadas que de costumbre y los ojos vidriosos. Cuando le pregunté sí le ocurría algo, respondió con evasivas.
Ese mismo día, el doctor Gómez murió.
Ocurrió un par de horas después de que yo hablara con él. Escuché un grito proveniente del pasillo y pude darme cuenta que algo no marchaba, porque un rumor comenzó a escucharse y enseguida un griterío. Todo se volvió un caos en cuestión de segundos. Y cuando salí al pasillo, alguien me dijo que Gómez había muerto.
Vi su cadáver. No puedo decir que me haya espantado, pero lo que vi, no me resultó agradable. El cuerpo del doctor no era (o al menos no parecía) un cadáver reciente. Su piel estaba verdosa, y su cabello se desprendía con facilidad de su cabeza y sus ojos parecían a punto de disolverse.
Su asistente insistió firmemente en que lo dejaran en el laboratorio antes de ser llevado a un hospital, solamente la escucharon cuando dijo que eso le había pedido el doctor y nadie se opuso pues al parecer, nadie quería contradecir la voluntad de un difunto reciente.

El asunto resultó penoso… Penoso, vergonzoso y espantoso, porque cuando finalmente iban a retirar el cadáver del doctor, este había desaparecido.
Su asistente tuvo muchos problemas ya que se le acusó de haberle hecho algo al cadáver. Ya que ella pidió que dejáramos solo al cadáver en el laboratorio, aunque hubo quienes se opusieron ya que querían acompañar los restos mortales del doctor, pero nuevamente volvió a usarse el argumento de que “era la última voluntad del doctor”, así que se dejó el cadáver sobre una de las mesas y se cerró la puerta del laboratorio.
Veinte minutos después, cuando volvió a abrirse, el cadáver del doctor no estaba allí. Por fortuna para su asistente, ella estuvo todo ese tiempo en un laboratorio contiguo, hecha un mar de lágrimas. Nadie pudo probar que ella robó el cadáver del doctor, especialmente porque hubo quienes se quedaron haciendo guardia frente a la puerta del laboratorio. De la misma forma en que nadie pudo demostrar que ella robó el cadáver, tampoco nadie fue capaz de encontrarlo por más que se le buscó, solo quedaba un montón de mugre y un penetrante olor a putrefacción.
El centro completo tuvo problemas con la policía, la investigación duró meses sin obtener resultados. Solo unos cuantos supimos como acabó todo, y espero que no vuelva a ser testigo de algo tan atroz.

Esa noche me quedé porque uno de los equipos estaba teniendo problemas y se me pagó para que me quedara a vigilarlo, así que estaba yo entrando y saliendo constantemente del laboratorio y fue entonces cuando lo vi.
Algo avanzaba hacia mí desde el final del pasillo. A lo lejos, tenía un enorme parecido con el fallecido doctor Gómez, así que me acerqué a verlo. Pero me detuve por el pestilente olor a podrido que despedía. Fue por ese que comencé a sentir miedo. Y por algún motivo, supe que a pesar de su gran parecido con el doctor, no era él.
¿Ocurre algo? – Le pregunté
La cosa que tenía delante de mí, comenzó a agitarse y a farfullar algo sin sentido, hasta que finalmente entendí lo que decía, era la voz del doctor la que me dijo:
No puedo… No puedo controlarlos… ¡Huye, antes que sea tarde! ¡Vete!
Me quedé allí parado sin entender qué ocurría cuando el ser que tenía frente a mi se agitó y comenzó a reír, al principio despacio y muy por lo bajo, después con fuerza hasta que su risa se tornó en carcajadas, no la risa de alguien feliz, sino la risa de alguien que ha perdido la razón.
Soltando un alarido, me atacó. Me embistió con su hombro y me derribó.
Un espantoso detalle se me reveló en ese momento, que el rostro de la cosa que tenía frente a mí, no estaba formada por una sola pieza, sino de varios fragmentos. Gusanos fue la primera palabra que me vino a la mente.
“¡Esta cosa me va a matar!” Pensé y comencé a moverme para alejarme,
¿Podrían dejar de hacer tanto escándalo? – Reclamó alguien que salió de un laboratorio cercano.
Su rostro cambió de pronto de la furia a la más pura expresión de terror. La puerta del laboratorio se cerró.
Yo ya estaba de pie en ese momento, dispuesto a pelear, de pronto escuché un disparo y observé como se formaba un agujero en el cuerpo de la cosa. En el otro extremo del pasillo, el vigilante apuntaba con su arma.
¡Es mejor que te detengas! – Gritó.
La cosa comenzó a reír, se dejó caer al suelo y se fragmentó en una miríada de gusanos. El vigilante le disparó, pero las balas eran inútiles contra la inmunda legión de gusanos que se arrastraba por el pasillo.
¡Maldita sea! – Clamó el vigilante y salió en busca de algo, me pareció, por más balas.
Regresé al laboratorio pues se me había ocurrido algo.
Cuando salí al pasillo, la repugnante masa de gusanos había vuelto a unirse, pero aún no del todo, así que aproveché y le lancé un banco provocando que los gusanos volvieran a separarse, sin pausa, le vacié por completo la botella con alcohol que había sacado del laboratorio y le prendí fuego.
Entonces llegó el vigilante junto con otros dos.
Usted lo vio, ¿verdad? – me preguntó.
Si – Respondí – Y espero no volver a verlo.
Dígales que sí es cierto.
Pregúnteles usted – Dije yo – de donde salieron esos gusanos.
Uno de ellos tomó el extintor pero no se lo permití. No quería que uno solo de esos gusanos quedara vivo. Aunque se sentía un olor espantoso, no podía permitir que uno solo escapara.
Media hora después, levanté las cenizas y las enterré.

Nunca dije nada, por más que el vigilante habló de lo que había visto esa noche.
La asistente del doctor me contó que él le había pedido ayuda para inocular a las ratas con algo, ella no sabía qué, y que una de las ratas, a su parecer, había muerto, y un día después, estaba moviéndose dentro de la jaula. Cuando la sacó el doctor para revisarla, la rata lo mordió y escapó.
Me dijo que no sabía nada acerca del libro, de hecho, no había vuelto a verlo.
Estoy preocupado por la desaparición del libro, pero hay algo que me tiene más inquieto: Debo estar al pendiente de las ratas.

El niño del bote


link: http://www.youtube.com/watch?v=QGrdbVgHsz8&feature=mfu_in_order&list=UL

La respiración del hotel


Estaba yo de viaje por cuestiones de estudio. Recuerdo que junto al hotel habia una casa grande pero vieja, con un moño de luto ya viejo en la puerta. Los compañeros con quienes iba (incluyendo mi compañera de habitación) fueron al cine y yo regrese a eso de las 8 p.m al hotel porque debía preparar un ensayo para el dia siguiente.

Estaba sola en la habitación buscando algo bueno en la TV (pues no había radio), cuando de pronto los canales se iban retrocendiendo, yo le cambiaba a un canal y después se retrocedía dos canales; empecé a oír una respiración detrás de mi, los cabellos de mi nuca se crisparon y sentí una sensación fría acompañada de un sudor frío en mi espalda. El sonido se escuchó primero muy tenue y después inundó todo sonido; miré al espejo que estaba frente a mi pero ni vi nada.
Me armé de valor, con los ojos cerrados en voz baja pero clara dije "por favor vete; debo estudiar, necesito estudiar", mi corazón latía rápido. Entonces se dejó de oír la respiracíon y la TV volvió a funcionar con normalidad.
Hasta ahora no puedo entender que sucedió pero les puedo asegurar que por primera vez sentí algo desconocido pero no fue miedo en sí. Para los que vayan a Teziutlan (al norte de Puebla) y gusten quedarse en aquel hotel junto a la terminal de autobuses puede que si están solos escuhen esa respiración que cala los huesos.

El espiritu del monje


link: http://www.youtube.com/watch?v=mPY-PN9jCUA

El ente

Me desperté sobresaltado. Abrí los ojos y la entidad se encontraba frente a mi una vez más, su voz era un vómito que me incitaba a acabar con mi hijo... pero yo lo quiero, o eso me parece recordar. El mal que habita en mí se alimenta de esa voz, de ese vómito maldito y nubla mi razón, pienso en cosas terribles, cosas en las que nunca pensaría, en las que (creo) no pensaba antes. Pero mi estado previo a las visitas del ente es una nube difusa, no recuerdo quien era, lo que pensaba o sentía, ahora le pertenezco (o estoy apunto de hacerlo).
Debo cumplir su voluntad.
Debo saciar su sed de mí.
Mi hijo debe ser sacrificado.
Me levanto, observo mi cama vacía, recuerdo la muerte de mi mujer una vez más, la recuerdo cada día estos últimos 3 meses, no me acostumbro a ese espacio vacío, a la ausencia del calor humano.
Me dirijo a la cocina, sigiloso, una sombra sin alma, el ente me sigue de cerca, vigila cada movimiento. Tomo el cuchillo, acaricio la hoja afilada, me corto el anular, la sangre mana perezosa, la noto muy caliente.
Penetro en la habitación, es la primera vez que llego tan lejos, el ente sigue hablando en mi cabeza, lo hace más punzante que nunca, me resulta insoportable. Lo miro, sonríe satisfecho, no tiene rasgos, pero sé que lo hace, lo hace maldita sea. Levanto el cuchillo, concentro mis fuerzas trataré de que no sufra, seré preciso, seré letal. Justo cuando voy a descargar mi maldad, se despierta sobresaltado y me mira. Mira a su padre, aterrorizado. Pero yo ya no puedo parar debo descargar la hoja, debo hacerlo… Me giro, la descargo sobre el ente, que se desvanece, caigo de bruces, me golpeo la cabeza, suelto el cuchillo, sollozo en posición fetal, mi hijo se aproxima a mi temeroso, nos fundimos en un abrazo. Por encima del hombro veo al ente que observa la escena… guarda silencio.
Tras dos semanas de pruebas me diagnostican esquizofrenia paranoide. La medicación contiene al ente por un tiempo, pero vuelve, cada vez con una frecuencia mayor y tiene un nuevo objetivo… yo mismo.

No enciendas la luz


link: http://www.youtube.com/watch?v=qcBRGUFZDZo

La muñeca maldita

Mi abuela me había regalado una muñeca el día de mi cumpleaños, era hermosa con sus cabellos dorados y rizados, pero no sabía cómo era por dentro.
Esa misma noche decidí dormirme con mi hermosa muñeca así que la cobijé con una manta rosa y en la cama la puse junto a mí debajo de mi brazo, de pronto todo era silencio. De repente sentí que no estaba sola, tuve miedo porque esa no era una noche normal pues todas las noches dormía tan en paz y sola. No sabía si era mi imaginación o la hermosa muñeca, así que me di cuenta que era la muñeca porque desde que me dio la muñeca tuve tanto miedo, así que solo me quedaban dos opciones :aventar a la muñeca contra la pared, pero si lo hacía la muñeca podría cobrar venganza o dejarla en mis brazos para que creyera que la quiero pero si lo hacía aprovecharía para matarme, así que lo que hice fue aventar la muñeca contra la pared y corrí hacia la puerta pero cuando toque la manija y la jalé, no se abría, así que fui a prender la luz y resulta que el foco estaba fundido, entonces agarré a la muñeca y la aventé por la ventana y calló como a la siguiente cuadra así que todo quedó en paz y entonces me dormí para olvidar todo.
A la mañana siguiente me desperté y me dolía tanto a un lado del corazón y entonces vi que tenía una herida abierta con un cuchillo y a un lado de mi estaba esa muñeca desgraciada así que no me quedó más opción que tirar la muñeca a la basura y así lo hice.
Después abrí mi libreta y salió una nota que decía volveré y en ese momento un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Solo se algo que estoy segura de que esa muñeca volverá.
Así que si tienes muñecas cuídate, porque es tu turno.

El perro del diablo


link: http://www.youtube.com/watch?v=f4RsaPexlo8

El duende


Aquel día es un hecho de mi vida que nunca olvidaré... Pero sobretodo no me dejó de preguntar el porque...a mí.
Cuando yo tenía cuatro años vivía en un edificio de apartamentos. Vivía en uno pequeño pero tenia muchos cuartos y era totalmente oscuro, el edificio tenia unas terrazas en casi los últimos pisos, yo siempre jugaba en la terraza del 12 piso (Este era el último), me gustaba mucho jugar allí.
La otra terraza estaba en el 11 piso a la que nunca subía, ese día se me dio por jugar allí, por cierto recuerdo que había mucha chatarra, jugaba y jugaba hasta que de pronto empecé a escuchar un leve silbido que se volvió mas grave. Pensé que era una persona, pero se encontraba del otro lado de la terraza donde estaba la chatarra.
Me acerqué temerosa a ver, y había una persona un poco pálida, con un tono extraño en algunas partes de su piel, su boca lucía un poco, estaba desfigura y arrinconada, se sentaba de una forma rara, lo que nunca olvidaré son sus largas uñas brillantes las cuales se ponía en la boca y producía unos silbidos muy bajos.
Me quedé muy quieta, no podía reaccionar ni respirar...no recuerdo nada más solo a mis padres preocupados recogiéndome y llevándome a mi cuarto.

La abuela


link: http://www.youtube.com/watch?v=Y3FvwKVGtog

No mires atras

Alguna vez cuando tu estas en algún lugar solo ¿No sentiste que alguien te mira pero tú sabes que estás solo?

Bueno yo te diré la lo que te podría estar observando.
Hace algún tiempo un niño de 7 años llamado Antonni como todos los días iba de regreso del colegio hacia su casa por el mismo lugar, pero un día un perro negro lastimado de una pata se cruzo por su camino, Antonni conmovido fue tras el perro, lo siguió hasta un lugar desolado, y mientras el niño se dio la vuelta para ver donde estaba, el perro desapareció, entonces el niño perdido, fue en busca de ayuda para poder volver a su casa pero no encontró más que una pequeña casona, al ver que que anochecía se metió sin dudarlo, pero al entrar se dice que Antonni grito y grito de desesperación pero no había nadie para socorrerlo, pero ¿Por qué gritaba Antonni? Se dice que cuando entro a la casona una sombra sin cuerpo lo miro a los ojos con unos ojos amarillos, entonces Antonni se quedo petrificado del susto y murió.
Al día siguiente la policía junto a su madre lo fueron a buscar, y por la información que les dieron llegaron a la casona, apenas entraron vieron el cuerpo sin vida de Antonni en el suelo, pero lo mas extraño fue que al acercarse al cuerpo vieron que lo ojos de Antonni estaban de un color amarillo, los policías con un poco de miedo se lo llevaron. En el momento que iban de salida un policía miro atrás porque creyó que algo lo observaba, lo que vio fue dos pares de ojos amarillos ¿pero de quien eran ese par de ojos adicionales?, entonces el policía lleno de miedo no dijo nada, pero en el camino enloqueció y se suicido con su pistola pero nadie supo porque lo hizo.

Y ahora lo que te voy a decir no es un juego, cuando te encuentres solo y repites tres veces el nombre de Antonni en voz clara y fuerte sentirás que alguien te mira atrás tuyo, pero te aconsejo que no te des vuelta o podrías quedar marcado de por vida, yo lo intente apenas una vez, pero no lo hice directamente, sino a través de un espejo y lo que vi fue un par de ojos amenazantes color amarillos que me hipnotizaron por algunos segundos, de no haber sido por mi madre que llamo a la puerta tal vez jamás hubiera despertado.
Por eso te aconsejo no mirar hacia atrás, porque aunque no lo vi se dice que no solo te aparece un par de ojos, sino dos pares que se dice que un par son de Antonni, pero el otro par no se puede saber con exactitud pero se dice que son los mismos que miro Antonni antes de morir.
Esta historia es un hecho real, que espero que no intentes realizarla o quedarías marcado de por vida.

La Ouija


link: http://www.youtube.com/watch?v=PxcY9ilJX7g

La escalera

El coro se iba a presentar esa noche. Estaba con las demás dentro de un salón en el segundo piso de mi colegio, esperando a que nos llamaran para ir al auditorio y cantar. Entonces la profesora que nos cuidaba se fue, y propuse ir al tecer piso o por lo menos salir de aquel aburrido salón. Eso hicimos. Caminamos por los fríos y poco iluminados pasillos y llegamos hasta la pequeña escalera para ir a bibloteca. Subí primero y a la mitad de esta escuché que alguien se reía. No hice caso y seguí. Llegando a la puerta, pude ver una pequeña sombra. Llamé al nombre de una de mis amigas pero todas estaban abajo, estaba sola. Cuando me giré porque había escuchado pasos, vi una extraña luz blanca que mas parecía un vestido. Grité y bajé tropezando. Cuando llegué mis amigas estaban tan asustadas como yo. Me contaron que mientras esperaban habían escuchado unos gritos espantosos y pensaron que las quería asustar. Cuando íbamos a bajar escuchamos como el estante donde ponías tus cosas antes de entrar a la bibloteca se caía bruscamente, y ahora si, espantadas, volvimos al salón y no dijimos ni una palabra durante la noche, aunque sabíamos que algo paranormal pasaba allí...

El diablo


link: http://www.youtube.com/watch?v=50z0aR2x4Io


Ahora... ¿Tienes miedo?

(Recuerda comentar, o te jalaran las patas)