Historia asombrosa: la llamada fatal

Es una vieja historia que sucedio en verdad...espero que la lean y les guste

El 2 de mayo de 1960, a las diez y tres minutos de la mañana, Caryl Chessman entraba a la camara de gas de la prision de San Quintin para ser ejecutado. Su historia negra habia comenzado doce años antes al ser apresado por dos policias de Los Angeles y haberse encontrado suficientes pruebas para condenarlo a muerte. La acusacion afirmaba que Chessman era aquel a quien la prensa habia rebautizado como "el asesino de la luz roja" debido a una linterna de ese color que llevaba siempre guiandolo en medio de las penumbras boscosas donde habia cometido una serie de violaciones y asesinatos. A lo largo de esos doce años Chessman estudio derecho, escribio dos libros ("Celda 2455, pabellon de la muerte" y "La ley me quiere muerto" ) y encaro junto a sus abogados una defensa tan fuerte que logro nada menos que once aplazamientos de ejecucion, algunos de ellos cuando faltaban minutos para concretarse. Doce años de estar condenado a muerte y de escaparle a la camara de gas lo transformaron en un personaje para el mundo entero. Hbia, casi, una sensacion generalizada de que no seria ejecutado. Pero el 2 de mayo de 1960 fue sacado nuevamente de su celda. Se despidio de otros 17 condenados con una frase que no se cumpliria: "mañana volvere a verlos". Sin embargo, al entrar a la camara lo hizo con una leve sonrisa y podria decirse que resignada. No abandono ese caracter mientras le cenian las correas del butacon a sus brazos y piernas. Le preguntaron si deseaba algo y nego con un gesto de cabeza. Nueve minutos mas tarde se lo declaraba oficialmente muerto. La sentencia se habia cumplido. Las ampollas de cianuro habian caido en el recipiente lleno de acido sulfurico ubicado debajo del butacon y el gas cianhidrico habia llenado la camara hermetica. Chessman al haberse perdido no se resistio. Por el contrario, aspiro una bocanada de gas para hacer la cosa mas rapida. Nunca supo que en el momento que estaba haciendolo, una llamada al telefono especial del recinto de ejecuciones ordenaba un nuevo aplazamiento de su muerte para permitir otra apelacion. Quien llamaba era la secretaria del juez Goodman. Antes de conseguir conectarse- dos minutos antes, que hubieran sido suficientes- cometio un error al marcar el numero telefonico y se contacto con otro, equivocado. Cuando volvio a marcar y consigui ser atendida por el atribulado alcalde de la prision, Caryl Chessman ya habia dado la bocanada fatal. Era tarde, irremediablemente tarde.

Muerte
Chessman: condenado a muerte