cuentos de terror 15

HOLA AMIGOS DE TARINGA! HOY LES TRAIGO 2 CUENTOS DE TERROR ESPERO LES GUSTE EMPESEMOS :

MIEDO AJENO

cuentos de terror 15

Acabo de despertar con una argolla aprisionando mi muñeca izquierda, en una habitación desconocida, vacía. Frente a mi hay una ventana, a mi derecha una puerta. No sé como he llegado hasta aquí. Sin tiempo para reflexionar, un chillido atraviesa mis oídos. Viene desde fuera. Me levanto del suelo y corro hacia la puerta. Una persona no para de gritar desesperadamente al otro lado. A un metro de la puerta noto como mi brazo izquierdo se tensa con violencia y soy devuelto al suelo por el efecto de la cadena que me mantiene preso en aquella habitación. Los gritos continúan al otro lado de la pared, la puerta parece vibrar con cada uno de esos desgarradores berridos. Entonces tirado en el suelo, noto las crecientes vibraciones que se acercan. Sin duda son pasos, tranquilos y sosegados. Alguien se acerca con sonoras pisadas hacia los gritos. La intensidad de los gritos aumenta por segundos, me taladran la cabeza, me nublan el sentido. Me esfuerzo en percibirlo todo y los pasos son cada vez más próximos. Noto como las pisadas cruzan frente a la puerta y continúan hacia el foco de los gritos. “¿Qué esta pasando?”. Los gritos se mezclan ahora con el ruido incesante de unas cadenas que repetidamente cortan el aire con un chasquido metálico. Alguien esta pegando tirones de esas cadenas, sin duda. Ya no siento las pisadas pero los gritos siguen envenenando mi conciencia. Un grito aun más fuerte que el resto acompaña el sonido de las cadenas al golpear el suelo. Durante un segundo cesan los gritos, la calma reina, mi mente empieza a aclararse.

“¿Dónde estoy?, ¿Por qué estoy aquí?, ¿Cómo voy a salir?”. Las preguntas se desvanecen, han vuelto los gritos. Se aproximan a la puerta, cada vez los oigo mas cerca, mis oídos no lo soportan, tengo que taparlos. Pero antes de que mis manos lleguen a estos, percibo otro sonido. Cadenas arrastrándose, junto a los chillidos un pequeño rumor de cadenas arrastrándose por el suelo. Cuando la mezcla de sonidos que está taladrándome pasa junto a la puerta percibo que van acompañados por las pisadas de antes. Ahora lo reconozco, es una voz de chica. Es una mujer quien grita. Su garganta no durará mucho más si sigue dando esas voces. Permanezco inmóvil en el suelo, no he podido moverme en todo el tiempo, ni siquiera lo había intentado desde que caí. Se alejan, los alaridos y el resto de sonidos disminuyen a medida que se alejan de mi habitación. Los noto bajar, entonces soy consciente: estoy en una segunda planta. Miro la ventana, me levanto y dirijo hacia ella. No puedo acercarme a más de un metro y medio. “Maldita cadena”. Y tiro con fuerza, sintiendo como la argolla muerde mi muñeca como un perro salvaje. Ceso mis esfuerzos. Apenas oigo las voces. A través de la ventana alcanzo a ver un campo de tierra a los pies del lugar donde me encuentro, ocupado solo por un poste de cemento, de un metro de altura, con una argolla metálica en su parte superior. “Otro enganche para estas cadenas”. Entonces los veo aparecer. Se acercan al poste, una figura corpulenta con una chica en brazos. Veo como ella grita, pero a mí apenas me llega el desgarrador sonido que antes había torturado mis oídos. La criatura engancha las cadenas que cuelgan de las muñecas de la joven. Desde mi ventana puedo ver la cara descompuesta por los gritos y el terror atravesando cada poro de su piel. Sus ojos parecen a punto de explotar, su cuerpo tiembla y se retuerce. Entonces, mi respiración se detiene, mi cuerpo parece a punto de desfallecer: “Es mi hermana”.

Petrificado contemplo como la criatura se aleja, sin embargo, mi hermana grita con más fuerza, puedo percibir la tensión de cada músculo. Las venas de su cuello quieren abandonar su cuerpo. Ella tira de las cadenas una y otra vez. De sus muñecas nacen cascadas sangrientas que empiezan a colorear la tierra a su alrededor. Ella mira hacia el edifico donde yo estoy, hacia donde se ha dirigido la criatura tras dejarla allí, y sus gritos siguen aumentando, algo hace que su miedo se intensifique por segundos. Intenta huir pero las cadenas la reclaman una y otra vez. Llora desconsolada, sus gritos se han convertido en gemidos de suplica, puedo verlo en su expresión. Pero no puedo acercarme a la maldita ventana, no puedo hacerle ver que estoy aquí, ni ver qué se esta acercando a ella y le inflinge tanto terror. Sé por su expresión que si no escapa va a morir atada a ese poste de cemento salpicado por su propia sangre. Sigue tirando de las cadenas con desesperación.

No puedo soportarlo, tengo que ayudarla, empiezo a tirar con todas mis fuerzas de la cadena que me retiene preso. No cede, esta bien anclada a la pared. Miro por la ventana, mi hermana intenta huir, en vano. Patalea contra el poste, se muerde las muñecas, intenta escapar de allí como sea. Tengo que ayudarla. “Mierda, esta cadena no cede”, sigo tirando de ella con todas mis fuerzas, a cada tirón mi muñeca sufre una descarga de fuerza que produce un intenso dolor que me recorre como un relámpago todo el cuerpo. Tengo que librarme y ayudarla. Su desesperación parece alcanzar límites imposibles, grita sin voz y su rostro parece haber aceptado ya su propia muerte, permanece tirada en el suelo suplicando por su vida y yo aun no logro ver ante quien. No puedo soportarlo, tomo una decisión. “Tengo que salvarla”. Así, armándome de todas mis fuerzas y concentrándome en que mi hermana va a morir, cierro los ojos y muerdo mi muñeca izquierda. Muerdo una y otra vez con todas las fuerzas que mis mandíbulas pueden aplicar. Noto como se desgarra la carne, no puedo parar o el dolor me impedirá continuar, no puedo detenerme, tengo que seguir hasta el final. Mordisco a mordisco se desgarran mis tendones, crujen los huesos, la sangre forma un charco a mis pies, me entra a borbotones en la garganta, me impregna la cara. “¡Aguanta! Voy a salvarte...”. Mantengo la imagen de mi hermana en la mente, me da fuerzas para seguir mordiendo. Un último crujido me da la victoria, soy libre. Mi mano amputada cae al suelo junto a la cadena. Empapado en sangre, noto como pierdo poco a poco el sentido, tengo que darme prisa, miro por la ventana, veo un bulto a unos pasos de mi hermana, no distingo nada, mi vista se nubla más y más. “¡Ya voy!”. Salto por la ventana sin pensarlo dos veces, atravieso el vidrio y caigo desde la segunda planta hasta la tierra. Estoy en el suelo, tengo que llegar hasta ella. Mi cuerpo no me responde, intento arrastrarme y veo como un río de sangre corre desde mi muñeca destrozada. En él veo como se va mi vida, en cada una de esas gotas de sangre también se va la vida de mi hermana. “Solo un ultimo esfuerzo... ¡Aguanta!”. Intento alzar la voz, atraer a la criatura, pero me desvanezco, veo desde el suelo como ya ha alcanzado a mi hermana, sus gritos han vuelto a instalarse en mi cabeza. La vista se me apaga, la oscuridad se cierra en torno a mí, sus gritos me inundan y en ellos poco a poco me ahogo. No puedo moverme, no puedo ver, no puedo hablar, solo escucho, escucho como ella grita y grita, escucho mi propia sangre. Y poco a poco también dejo de escuchar. Poco a poco todo es oscuridad.


RECUERDOS DE UN ALMA CONDENADA

taringa!

Recuerdo aquella noche, ha pasado tiempo; recuerdo su delicado cuerpo tendido en el suelo; recuerdo su piel blanca, mas blanca que lo normal, aun mas blanca que esta hoja de papel; recuerdo su largo cabello negro, brillante, en parte debido a los débiles rayos de luz de luna que entraban por la ventana, pero mas que nada brillante por la sangre que lo humedecía; recuerdo su hermoso rostro encerrado en una expresión, casi imperceptible, de terror; recuerdo sus ojos azules, inertes, descubiertos, observando fijamente la figura de aquel que los había marchitado, aquel que les había arrancado su luz, luz que había convertido la mirada de su dueña en la mirada mas bella y encantadora, mirada que me cautivo y enamoro, pero que en ese momento se había convertido en una mirada fría y opaca, una mirada que me condenaba, provocando en cada centímetro de mi ser una terrible sensación de escalofrió, sensación hasta aquel momento desconocida por mi.

También recuerdo haber sentido su ultimo aliento cerca de mi cuello, su ultimo latido en mi pecho, su cuerpo cayendo en una horrible relajación, su miedo transformarse en una inusual calma, calma provocada por el desprendimiento de su alma mortal, calma que indicaba que su vida estaba por concluir en ese momento; aunque también recuerdo parte de su esencia impregnada en lo mas profundo de mi ser, quedándose dentro de mi.

Ahora me pregunto: ¿Que esperanza podría existir para alguien que no se le otorgo el don de amar? ¿Que consuelo podría ofrecerse a aquel que lo ha perdido todo? Aquel que ha perdido lo único que amaba, aquel que ha perdido una salvación para su alma; la respuesta es sencilla: No existe esperanza alguna para un ser creado por el deseo de Dios, para un ser cuyo único propósito es servir, para un ser castrado de todo sentimiento humano; no podría existir esperanza para un ángel, un ángel que conoció al ser mas sublime de toda la creación, un ángel que se enamoro perdidamente de el, de su forma de ser, de sentir, de expresar y de vivir; no, definitivamente no se puede ofrecer consuelo a un ángel enamorado que no sabia amar.

Decidí cortar mis alas por ella, decidí negar el destino que el creador tenía planeado para mí, decidí darle la espalda al todopoderoso solo para estar con ella, ¡Ah! Si tan solo hubiera sabido lo que nos esperaba, habría abandonado mi empeño de estar junto a ella, habría preferido pasar mil eternidades sin su amor en lugar de hacerle daño; y es que un ángel sabe muy poco de sentimientos, y cuando es convertido en humano, no encuentra la manera de expresarlos, no encuentra la manera de dar un beso, ¡Le es imposible! ahora lo se.

La noche que me convertí en humano fui a su casa y desde la ventana de su habitación la observe, se encontraba acostada sobre su cama durmiendo, tal vez soñando con nuestro amor, imaginando que éramos libres para poder amarnos. Por primera vez la vi con ojos mortales y me enamore aun mas de ella, la observe por un largo momento, embelesado, también imaginando y soñando despierto; tal vez sintió mi mirada, pues abrió súbitamente sus ojos, se levanto buscando a su alrededor aquella presencia que había perturbado su sueño y me reconoció, apresurada y sorprendida, fue a abrir los cerrojos de aquella enorme ventana para dejarme pasar y así lo hice, una vez dentro le platique lo sucedido, su rostro se ilumino como nunca, dio un salto de alegría y me regalo un abrazo seguido de un beso en los labios, yo intente corresponder a sus caricias y no se como paso, pero el beso se mancho de sangre, ¡Oh! Su dulce sangre, cuando la probé no pude detenerme, el deseo de beber mas fue lo único que me regia en ese momento, mas sangre, ¡Mas! ¡mas! ¡mas! Mordí su cuello y bebí, arrebatándole la vida, apenas si escuche sus gritos ahogados, lo que si escuche claramente fue una pregunta en un susurro proveniente de su voz agonizante: ¿Por que? Cuando escuche aquellas palabras me di cuenta de lo que estaba haciendo, la aleje de mi y su cuerpo sin vida cayo al piso, mire atónito mi crimen y lo único que hice fue caer arrodillado y llorar durante toda la noche, ¡Ah! esa noche aprendí mucho de los sentimientos humanos.

Cuando los primeros rayos de sol entraban a la habitación, note que la luz me lastimaba como si quemara mi piel, así que me oculte en las sombras hasta que de nuevo anocheciera, observando todo ese día el cuerpo sin vida de la única mujer que había amado y que yo mismo asesine. Al parecer su ausencia no fue notoria ya que nadie fue a buscarla hasta ya caída la noche, cuando escuche pasos que se aproximaban a la habitación salí por la ventana, huí y me refugie en este apartado y abandonado lugar. Fue así como la noche se convirtió en parte de la condena, condena por mi desobediencia y por mi crimen; la sed de sangre aumento y beber ese precioso líquido se convirtió en la única manera que tengo para sobrevivir. Han pasado ya mas de cien años desde aquella noche, a veces me gustaría verme en un espejo solo para saber que tan viejo estoy, pero no puedo. ¿Cuanto durará la condena? Creo que la eternidad tiene la respuesta. Mientras tanto esperare y recordare.

BUENO GRACIAS POR VER MI POST COMENTEN Y PUNTUEN GRACIAS .

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6 comentarios - cuentos de terror 15

@doctorfhernandez Hace más de 3 años +1
hombre me da mas miedo de mi esposa cuandop llego tarde a mi casa
@Anti_kna Hace más de 3 años +1
cuentos
@BATR96 Hace más de 3 años
el primero ya lo habia leido y el segundo no me gusto -.-, pero igual las otras q subiste me gustaron