Cronicas de un asesino - Capítulo IV

Capítulo IV


No paraba de caminar. Era una de esas tardes en las que dormir es casi imposible. El calor era insoportable y la sed me estaba matando. Esperaba de una vez por todas llegar al bosque que rodeaba la ciudad. Amaba ese lugar, eran incontables las veces que me había salvado de la policía. Pero, ojo, también era peligroso. Había varias cabañas en las que vivían cazadores, los cuales estaban bastante locos. Llegabas a poner un pie en su territorio y de inmediato te cagaban a tiros.
Una vez, uno de esos viejos me dio un tiro con su rifle de caza justo en el hombro izquierdo. A los dos días desperté en el hospital. Me entere de que estuve a punto de morir, tuvieron que reanimarme con un desfibrilador. Había perdido mucha sangre.
Obviamente ese viejo puto no se la llevo de arriba. A los dos meses cuando ya estaba totalmente recuperado fui a su cabaña en plena madrugada, mate a dos de sus perros y a un tercero lo deje colgando de un árbol con una soga rodeando su torso y boca. Se preguntaran porque lo deje sufriendo, fue porque el hijo de puta me mordió justo en el hombro donde había recibido el disparo.
Luego de encargarme de sus mascotas, entre en la cabaña por una de las ventanas y estrangule al puto viejo. Esa muerte fue la causa de mi último arresto en el que me habían dado cadena perpetua. Pero por suerte, o tal vez no, surgió este problema de los caníbales que me ayudo a escaparme de la cárcel.
Mientras recordaba todo eso el tiempo se pasó más rápido, ya podía ver el bosque que estaba a unos 300 o 400m.
Eso realmente me animo y apure el paso, quería llegar de una puta vez, sabía que en ese bosque había algunos arroyos de los que podía beber agua limpia. Ya lo había hecho en situaciones anteriores.
Seguí caminando hasta que por fin llegue, deje de lado la carretera y me adentre en el bosque.
Camine hasta que llegue a un arroyo. Tome muchísima agua, sentía que había vuelto a nacer.
Deje mis cosas, incluida la ropa, y me metí en el arroyo para refrescarme.
Estuve un rato pensando hasta que decidí salir porque se hacia tarde. Me puse la ropa, y recargue el arma con el cartucho lleno, presentía que iba a tener que usarla, luego volví a colocarla en el cinturón, tome el cuchillo que siempre llevaba a mano y camine hasta la calle.
Una vez que llegue a ella, empecé a caminar para llegar a la ciudad.
Antes de llegar, cuando estaba a unos 200m, veía que había varios enfermos en el camino. También había muchísimos autos chocados. De seguro habían sido de personas que intentaron escapar pero no lo lograron.
Baje de la carretera y me metí en el bosque, de esa manera rodee la calle y evite a los enfermos.
Mientras caminaba en un momento algo tomo me tobillo, me asuste y salte hacia un costado. Mire y vi que era un enfermo, su olor era asqueroso, tenía las piernas y brazos devorados totalmente. Solo intentaba alcanzarme con su boca. Me agache y me quede mirándolo.
-¿Entiendes lo que digo?- le pregunte.
Solo gemía, y esos gemidos hacían notar sus ganas de probar mi carne.
-¿No pensas responderme? Se ve que solo pensas en comerme, pelotudo. Yo que vos lo pensaría, porque con todo lo que he fumado y aspirado…- le dije mientras reía.
Sin pensar, o solo por curiosidad, acerque mi mano a su boca, a una distancia que pensé no alcanzaría, cuando de repente tomo impulso y de un pequeño salto casi agarro mis dedos con su asquerosa boca. En seguida me lancé para atrás. Quede sentado de culo, un poco asustado.
-¡Pedazo de puto!- le grite.
Luego comencé a reírme, debe haber sido por los nervios. El problema fue que mientras reía empecé a escuchar mas gemidos detrás mío. Me di vuelta y vi que los podridos de la carretera me habían visto. Estaban bajando de la ruta y metiéndose al bosque, eran muchísimos. Antes de empezar a correr me di a vuelta y clave el cuchillo en la cabeza del feo.
-Esto es por tu culpa, puto.- le dije.
Mire hacia atrás y otro de ellos estaba a punto de abalanzarse sobre mí, pero rápidamente hundí mi cuchillo en su garganta y lo empuje hacia atrás, otro venia por un costado, a este le clave el cuchillo en su oído, y mientras lo sacaba sentí una mano en mi hombro, en seguida tire un codazo hacia atrás y golpee al puto podrido, luego saque la pistola y le di un disparo en el medio de la frente. Volví a girarme hacia el otro lado y vi que me estaban rodeando.
-¡Mierda!- grite.
-¿Qué carajo hago?- volví a gritar.
Y en ese mismo instante me acorde del gas pimienta.
"Capaz que si les echo en los ojos no podrán ver." Pensé.
Así que, de inmediato, lo saque del cinturón y rocié en los ojos a uno que se estaba acercando.
Vi que los ojos se le cerraban. Y note que el intentaba abrirlos pero por suerte no podía.
Empecé a reírme como loco de la felicidad mientras me abría camino entre todos rociándolos con el gas pimienta.
-¡Tomen putos!- les gritaba mientras reía.
Seguí así hasta que por fin pude zafar de ellos. Continué corriendo, subí a la carretera y caminé entre los autos. Estaba lleno de podridos, esquivaba a los que podía y a otros los acuchillaba. De esa manera por fin pude salir de la carretera y pude adentrarme en lo que parecía un barrio. Estaba todo destruido, había algunos autos chocados, casas con ventanas y puertas rotas, incluso algunas incendiándose, pero eso no era lo peor, lo malo era que había una cantidad impresionante de enfermos y ya se habían percatado de mi presencia…


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Para los que no leyeron los capítulos anteriores:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III

3 comentarios - Cronicas de un asesino - Capítulo IV

@marcos_tomate +1
bien ahí.. me hizo acordar a the walking dead.. jaja
@jjconde +1
Y dale y dale y dale Manzi dale