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Creepypasta el oso de peluche

¿A ustedes no les dan miedo los osos de peluche? ¿No? Pues a mi si. Y todo por una experiencia hace ya un buen tiempo, aunque ese recuerdo sigue en mí, atormentandome. La cosa es la siguiente: Mi hermana solía tener un oso de peluche. Pero no cualquier oso de peluche. Éste, daba miedo…. mucho miedo, bueno, al menos a mi sí. No sé por qué, pero simplemente me ponía nerviosa verlo. Era negro. Negro como la ceniza. Su cara era blanca, y parecía que no debía ir en ese cuerpo de oso de peluche. Tenía unos ojos… unos ojos tan realistas…

Desde que se lo regalaron a mi hermana tenía un mal presentimiento (Ella apenas era una bebé, mientras yo solo tenía 4 años). En ese entonces teníamos uno de esos “perros aspiradora”, es decir, que se comía todo lo que se encontrara a su paso. Por esa razón, mi madre ponía el oso de peluche en una especie de repisa en la esquina de las escaleras para evitar que el perro intentara comer aquel oso. Así que cada vez que yo subía por las escaleras veía ese oso que me miraba con esa mirada tan perturbadora, que me seguía a cada paso que yo daba al subir las escaleras.

Y esa no era la parte extraña. Lo extraño comenzó 5 años después. En ese entonces, mi hermana ya tenía alrededor de 6 y 7 años, mientras que yo ya tenía entre 9 y 10. A esa edad, mi hermana ya no le prestaba atención a aquel aterrador oso, así que mi madre lo guardó en una caja de juguetes mia y de mi hermana. El problema era que esa caja de juguetes estaba en MI cuarto. Pero como ya estaba lo suficientemente grande para dormir solo sin que mis padres me acompañaran a dormir, yo tenía que hacer todo por mí mismo: acomodar mi cama, ponerme la pijama, acostarme y apagar la luz para dormir. Así que aquella noche, mientras estaba a punto de conciliar el sueño, recordé que mi madre había sacado aquel oso de peluche, y lo había puesto encima de la caja de juguetes. Con eso, habían regresado a mi todos esos sustos que había causado aquel dichoso oso durante varios años atrás. Pero como yo ya estaba grande, y quería crecer y enfrentar mis miedos, solo tomé mi almohada, la sacudí y puse mi cabeza encima de ella. Cuando me iba a tapar con las sábanas, vi algo que me hizo perder el aliento: El oso de peluche ya no estaba encima de la caja de juguetes… estaba en el suelo, sentado, viéndome fíjamente. Me le quedé viendo por almenos 1 minuto, cuando bostecé y cerré mis ojos. Al abrirlos, vi al oso más cerca de mi cama, como si se estuviera acercando a mi… Miré a mi puerta, por si alguien fuera a entrar, y entonces lo ví… más cerca… ahora estaba al borde de mi cama. Casi me desmayo del terror… cuando parpadé…. ¡Ya no estaba ahí! ¡Se había ido! Miré a mi alrededor para ver si había ido a algún lado. No lo ví. Respiré aliviado y recosté mi cabeza sobre mi almohada cerrando lo ojos. Cuando miré al techo… ahí estaba él… en la cabecera de mi cama, viéndome fíjamente. Grité, mientras el oso caía hacia mi cara. Nunca volveré a ver un oso de peluche de la misma manera.

Después de todo lo sucedido, mi madre escondió al oso en su cuarto. Unos años después, decidí acabar con mis temores, y lo quemé en mi chimenea. Verlo consumirse en cenizas fue lo más fratificante que pude ver en mi vida.

Viví mi adolescencia como cualquiera: Fiestas, [email protected], novios. Lo único que me espantó casi tanto como aquella experiencia con el oso fue una escena de una película de la cuál no recuerdo el nombre, pero en esa escena, salía un bebe que me espantó casi a morir.

En fin, han pasado los años, y ahora tengo 19. Mi familia y yo nos mudamos, y a mi me tocó mover varias cosas de la vieja casa al camión de mudanzas. Al llegar a nuestra nueva casa, sentí un aire de paz y tranquilidad, como si hubiera vuelto a nacer, como si mis malas experiencias se fueran. Así que empecé a desempacar. Planeaba comenzar con mi cuarto, pero mi madre me dijo que debía ayudarla con la sala primero. Después de un largo (y agotador) tiempo acomodando y desempacando, tomé una última caja de la sala y la abrí. Ahí había una repisa de madera. No recuerdo haberla empacado, seguro y fue mi madre o mi hermana. Así que la tomé, la acomodé en una esquina de las escaleras, y volví a las cajas para tomar la televisión de mi cuarto y subirla.

Al ver las escaleras, vi horrorizada a aquel oso de peluche, sentado… y mirándome…

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