En 1872, el histórico edificio que hoy es el Museo Blanes de Montevideo, fue adquirido por Clara García de Zúñiga, una dama de alta sociedad que en la segunda mitad del siglo XIX escandalizada a la entonces aldeana y pacata capital uruguaya, con sus aventuras amorosas.

Fue precisamente durante una de las “aventuras” extramaritales de Clara, que esta concibió al cérebre “dandy” del 900, Roberto de las Carreras***, impulsor del “amor libre” y al que le gustaba que lo llamaran “el bastardo”
Harto del escándalo y de los desplantes de su esposa, el marido de Clara ordenó construir una torre en su mansión y ahí encerró a su mujer, quien permaneció años cautiva de su propio marido, en su propia casa. Este hecho la enajenó mentalmente, y así, en ese estado, falleció en 1896.

El edificio que otrora perteneciera a Clara García de Zúñiga y donde creciera su hijo Roberto, fue adquirida por el gobierno municipal de Montevideo para destinarlo a Museo.

Una vez transformada en Museo, en la casa comienzan a suceder misteriosos fenómenos, fundamentalmente ligados a la caída de cuadros de las paredes, pero que también –según los funcionarios del centro cultural-se registran cada vez que se mueve el cuadro de Clara (pintado por el genial Juan Manuel Blanes): se escuchan los acordes de un piano, el mobiliario aparece movido del lugar original, o las puertas se cierran solas. Estos hechos se verificaron durante largo tiempo, hasta que se resolvió no mover el cuadro de Clara de su lugar original.
Aún aseguran que cuando se realiza alguna nueva exposición en el museo, la imagen cautivante de Clara aparece en el piso. Como para recordarles a los funcionarios del Museo quien es la verdadera dueña de casa….




***El escritor y Dandy uruguayo Roberto De las Carreras dio a conocer alguna vez los orígenes de su inspiración para fundamentar el amor libre: “La aberración entra por mucho. Un hombre enérgico decíame, refiriendo el caso de un marido que, al encontrar a su mujer in fraganti, la había arrojado por el balcón: Es el único medio de contener a la mujer! El Hombre que así hablaba era mi padre. Yo sentí protestar en mí, desde entonces, el alma de mi madre que me inspira, de la mujer de pasión y de aventura, de la desvanecida soñadora que la educación burguesa me enseñaba a odiar. Mi esfuerzo libertario es un atributo altivo y vengador a sus dolores de amorosa!”. (Roberto de las Carreras)



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