¿Se acuerdan del mítico boliche de Mendoza? ¿Se acuerdan de la "maldición" que contaba que el dueño había firmado un pacto con el diablo que le costó sus dos hijos? El Doctor Bomur cuenta la historia verídica de todo lo ocurrido...


La maldición del mítico boliche de Mendoza

Neuquén era un boliche mendocino ubicado para el lado donde no hay montañas, en la localidad de Sarazasasa, a unos 3o0 kilómetrosde la ciudad de Mendoza. El lugar era fantástico, abría los sábados y era lo mejor de Mendoza. Lo fue durante varios años, desde 1991 hasta el 2004.

Neuquén tenía cinco pistas, que iba desde una populosa pista de éxitos generales, con escenario para bandas, hasta una ultra vip, únicamente para destacados y agraciados menducos. Además el lugar tenía pistas afuera, una al aire libre y otra techada, pileta gigante y un salón para eventos enorme.

No solamente llevaban bandas del momento, como La Barra, Rodrigo o Sombras, sino que llevaban a rockeros del palo, como La Mancha de Rolando, Turf y Viejas Locas. Los Rancheros eran habitúes del lugar.

El precio de la entrada no era barato, pero incluía dos tragos, una cerveza, un pancho y un café… ¡era una cosa de locos! Y como quedaba al medio el lugar se ponía hasta las manos y se llenaba de gente que no se veía a diario (como pasa ahora) y de todas las clases sociales. Iban los “nenes bien” de la zona este, los “campechanos” que habían laburado toda la semana en el campo, “los de la ciudad” hartos de los lugares citadinos, “las de la ciudad”, cansadas de los mismos de siempre y todo el mundo. “Los de ciudad” se volvían locos con las “campechanas” y viceversa. Era un hermoso lugar y sobre todo, una máquina de facturar.

Había un rumor que se corría “tras bambalinas” y era de público conocimiento: el dueño del lugar le había vendido el alma al diablo a cambio de que Neuquén anduviese bien.

Recuerdo que en aquella época me pasaban dos cosas, por un lado tenía pésima suerte con las minas y por otro lado me encantaban las historias de terror, por lo que cuando iba andaba más preocupado en conocer más del mito que en levantar minitas. Y fue así como me enteré mucho más de los que todo el mundo sabía. No puedo revelar mis fuentes porque aún hoy trabajan en la noche, pero son confiables y ciertas.

La leyenda cuenta que había un pacto entre el dueño del boliche y el diablo, lo que pocos saben es que ese pacto tenía cláusulas, condiciones y sanciones si no se respetaba. Se firmó entre dos partes, el dueño del boliche, al que llamaremos alusivamente Jorge y Adramelec, demonio de las finanzas y los negocios. El pacto aseguraba el éxito desmesurado del boliche, lo cual estaba en vista de todos, era común que entre cinco y siete mil personas fueran los sábados a bailar ahí. Como contraprestación no solamente bastaba la entrega del alma de Jorge a Adramelec, sino que se debían ir haciendo algunas “modificaciones” y “reformas” oscuras al boliche.

Estas reformas comenzaban con la creación de una serie de estatuas paganas, con las diversas formas que Adramelec se presentaba a los humanos, que iban desde un mulo hasta un pavo real. El pacto contemplaba seis estatuas ubicadas de una manera muy precisa y detallada por el demonio. Las seis estatuas debían estar distribuidas dentro del boliche de manera tal que cinco formaran una estrella de cinco puntas y la sexta (y última en instalarse) debía marcar el centro de esta estrella demoníaca. Todas las almas que anduviesen por el perímetro de la estrella iban a ser dominadas por Adramelec, sin consenso previo de las mismas. Ese era el fin de la primera reforma. La segunda y más espantosa reforma era la creación de un templo satánico en los subsuelos del boliche, el cual se comenzó a construir a fines del 2003.

De no cumplir con las obligaciones, Jorge no solamente iba a perder su alma y padecer la quiebra absoluta del boliche y el embargo de todos sus bienes, sino que iba a arriesgar su linaje. El mismo iba a ser borrado de la faz de la tierra por Adramelec, eliminando a todos los hijos varones que llevasen su apellido.

El pacto fue firmado en Octubre de1992, amenos de un año de inaugurado, cuando el boliche estaba casi en la ruina económica, con su fama por el piso y con un público cada vez más reducido. Pero, poco a poco, la fama de Neuquén comenzó a crecer a un ritmo vertiginoso y sus pistas se abarrotaron de gente.

Y así arrancó el 93, con un boliche que rebosaba de gente, al cual iban miles de personas, bandas y era una máquina de generar eventos… e ingresos.

Al ver su objetivo logrado y sus bolsillos pesados de tanto dinero, Jorge olvidó el pacto firmado. Le parecía desagradable la idea de las estatuas y pensaba que todo bastaba con la entrega de su alma. Su vida había dado un vuelco absoluto, ahora él y su familia andaban en las más poderosas coupés, vivían en la mejor de las casas, se daba todos los gustos y se codeaban con gente muy vip e importante. El cuerpo de Jorge tocaba el cielo con las manos, al tiempo que su alma tocaba lo más profundo del infierno.

La primera señal que Adramelec le mostró a Jorge en reclamo del pacto fue un verano en que él y su familia estaban en Cancún. Uno de sus hijos sufrió una especie de “golpe de calor”, o “picadura” de algo extraño, lo cual lo postró en la cama y lo tuvo más de un mes en el hospital, sin que ningún médico especialista supiese que le pasaba. Una noche en la que Jorge lo estaba cuidando vio como su hijo se retorcía de dolor, por algo que le quemaba el pecho. Al acercarse al pobre adolescente, Jorge pudo ver como en su pecho se dibujaba una estrella de cinco puntas ardiente. Esa noche juró a Adramelec comenzar con la instalación de las nefastas estatuas. Aquella mañana su hijo “misteriosamente” amaneció sin ningún signo de enfermedad.

La primera estatua fue colocada en la entrada del boliche, donde había una flecha que señalaba su locación. Al llegar a la puerta de Neuquén podíamos ver una misteriosa flecha que en teoría señalaba el cielo. Lo que nadie observaba (por la oscuridad de la noche) era que la flecha señalaba la primera de las estatuas de Adramelec… una pequeña gárgola observando todo.

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Al poco tiempo, Jorge nuevamente olvidó el pacto, aborrecía la idea de continuar con la instalación de estas desagradables estatuas. Al tiempo comenzó a tener pesadillas, horrorosos eventos en los que Adramelec se le aparecía en forma de mulo y le recordaba lo que había firmado. Entonces pasó el tiempo y Jorge continuó sin cumplir su parte del pacto… y pagó caro su negación.

En julio del 97 el mayor de sus hijos sufrió un trágico accidente automovilístico en el que perdió la vida. No se encontraron rastros de colisión con otro auto o frenadas, no venía en estado de ebriedad ni bajo los efectos de ningún estupefaciente, misteriosamente por algún suceso que ningún perito pudo determinar con exactitud, el auto en el que viajaba se volcó y le quitó la vida de una manera desagradable e instantánea. En el momento de reconocer el cuerpo, Jorge vio como en el pecho del maltrecho cuerpo ardía una estrella de cinco puntas.

Esa misma noche se instaló la segunda estatua, entre los sanitarios de la pista principal. Justo donde Adramelec le dejó una marca imborrable, para que jamás olvide de lo que le había costado esa segunda estatua. Esa marca nefasta perdura aún hoy en el mismo lugar y no hay pintura que la borre.

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Neuquén crecía en popularidad al ritmo que Jorge se hundía en un pozo de depresión y espanto. Las pesadillas y los sucesos paranormales eran habituales en la mansión de Jorge, lo que lo llevó a mudarse varios kilómetros desde donde estaba. Todo se comenzó a poner muy denso… hasta que empezaron a pasar cosas en el boliche.

Lo primero que sucedió fue que la gente se desmayaba dentro del lugar, se comenta que las almas más puras no podían tolerar la atmósfera demoníaca del ambiente, los superaba y los desmayaba. No era normal que aún en invierno y con tanto espacio la gente se desplomase así sin más.

Luego se comenzaron a ver espectros errantes en los patios y en los techos de la pista de Rock Nacional. Era impresionante el recambio del personal de maestranza, pagasen lo que pagasen, nadie toleraba ir más de una vez, por los ruidos y las cosas espantosas que pasaban antes del ingreso de la gente y luego al quedarse ordenando todo. Por algún motivo que ningún técnico pudo develar, pero que nosotros, los que sabíamos la verdad siempre intuimos, a las tres de la mañana (hora del diablo) se cortaba un instante la luz y entre los gritos de la multitud se escuchaba un lamento atroz de fondo. Sinceramente era tétrico.

El temple de Jorge toco fondo cuando en el invierno del 99 una parejita que había ido a besarse a la zona de la piscina sufrió un terrible evento. María Estévez murió ahogada en el fondo de la piscina. Su novio, Hernán Siarrochi, nunca pudo contar lo que vio. Hoy es un paciente más del Hospital Psiquiátrico El Sauce. Según los informes en la denuncia policial asentada en la comisaría 27, el musgo que había en la piscina la tomó de los pies y la llevó al fondo. La autopsia revela muerte por ahogamiento, pero los médicos contaron en aquel entonces que había una importante cantidad de musgo en los pulmones de la desgraciada María. Por este evento Jorge instaló la tercera estatua hacia el norte de las inmediaciones, donde jamás creció el pasto. La misma no se veía desde adentro del boliche sino que había que darse la vuelta por atrás y era un horrible pavo real con las plumas sin pelos.

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Los rumores cobraron fuerza cuando una seguidilla de accidentes ocurrieron en la puerta del boliche, uno de ellos se cobró la vida de tres jóvenes que quedaron desparramados por la calle, luego de esto se instaló la cuarta estatua en la pista vip, ubicada a la derecha del boliche. Era una serpiente enroscada en una cruz. El ánimo de Jorge no era el de instalar todas las estatuas, por eso demoraba el cumplimiento del pacto y al parecer, Adramelec lo sabía. Poco a poco la popularidad del boliche fue decayendo y los pocos presentes vivíamos con mayor frecuencia sucesos sobrenaturales y apariciones extrañas. Fue ahí cuando sucedió la trágica anécdota de los chicos de San Martín (esta la puedo contar en otra nota).

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De no ser por la muerte del hermano varón de Jorge, la quinta estatua jamás se hubiese instalado. El extraño evento tuvo lugar un domingo, luego de un asado de la familia en el boliche, en diciembre del 2003. Como de costumbre se juntaron todos a almorzar y uno a uno se fueron marchando. El hermano de Jorge se quedó tomando sol. La mañana del lunes lo encontraron colgado de la higuera de los jardines. Este hecho nunca se hizo público y solo los allegados a la fuente de información tuvimos acceso. Tantas muertes iban a ser la ruina del lugar. Por este motivo la quinta estatua se instaló ahí mismo, donde Adramelec señaló dejando la sangre y la orina del hermano de Jorge en el piso para siempre, sobre la nefasta higuera del jardín.


La construcción de la última estatua se puso en marcha, al tiempo que se comenzó a hacer el templo del subsuelo. Los obreros que trabajaron en él cuentan que era una especie de pentágono con un altar en el medio de piedra, todo pintado de negro y con estacas que hacían de decorado. Varios de los habitúes podíamos ver como entre la pista de Rock Nacional y el quincho se iba montando une enorme estatua como de una cabra con enormes cuernos rectos. La estrella de cinco puntas estaba formada, esta sería el centro de la estrella, de esta manera se cerraba el pacto infernal.


Hacia fines del verano del 2004 la estatua estaba terminada y era espantosamente real. El artista que talló la estatua amaneció muerto enla Terminaldel Sol, un extraño paro cardíaco a sus jóvenes treinta y dos años… Ninguno de los obreros que ayudaron a ponerla de pié quiso estar presente para la inauguración informal. Aunque jamás ninguno la había visto por estar cubierta con una tela blanca, todos sentían una sensación de temor e inseguridad desde que comenzaron a trabajar en la obra que la circundaba. Incluso uno a uno los obreros del templo del subsuelo fueron enfermando. Cuenta la leyenda que un martes Jorge fue solo al boliche para quitar el telón y de esa manera poder vivir en paz nuevamente y al quitarlo, fue tan horrible la sensación que le causó ver la demoníaca estatua, que él mismo la destrozó con un pico.

La maldición del mítico boliche de Mendoza


Ese martes, el menor de sus hijos, el único varón que quedaba en la familia (su hermano, el que se suicidó, murió sin hijos) fue víctima de un terrible accidente en el acceso Este, a escasos kilómetros del boliche, donde perdió la vida en el acto.

Aquel fin de semana Neuquén estaba cerrado por duelo, duelo que duró para siempre. El pacto se había roto y Jorge había pagado con su alma y su linaje…

(*)“Los hechos y/o personajes de la nota son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.”


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