Historias de terror para campamentos!

Aqui les traigo algunas historias de terror para divertirse en los campamentos espero que les gusten... (solo voy a poner dos porque son muy largas)
Historias de terror para campamentos!

Historia 1
Las casas antiguas de pueblo siempre han dado miedo, pero aquella noche de tormenta parecía la boca del infierno.
Se había ido la luz, la madera del suelo y del techo no paraba de crujir, aparecían sombras con las luces de los rayos que entraban por las ventanas y Ángel sentado en el sofá del salón, rodeado de velas, rezaba para que nada malo le pasara aquella noche.
Era un viejo supersticioso según decían en el pueblo. Se volvía loco cuando le pasaba un gato negro por delante o le gritaba a la gente cuando abrían paraguas dentro de su casa. Creía en Dios aunque no se dejaba ver por la iglesia ya que según decía, los curas le daban muy mal fario.
Su pequeña estatura y su cuerpo regordete le daban una imagen de abuelo tierno y bonachón, aunque no fuera así. Era un desagradable, no hablaba con nadie y volvió al pueblo porque no aguantaba a sus hijos y ellos no le aguantaban a él.
Era un pueblo pequeño, y Ángel vivía solo allí durante todo el otoño y todo el invierno, hasta que la gente de la ciudad, con el buen tiempo, empezaba a ir los fines de semana.
En el exterior de la casa, la oscuridad total. Las nubes tapaban la luna y solo se veía en aquella noche cuando los rayos hacían su presencia. La lluvia caía con mucha fuerza hacia los lados agitada por un viento que silbaba y rugía a su paso por las calles por donde pasaba con más fuerza.
Ángel, sentado en el sofá maldecía la tormenta con insultos que salían de su boca cada vez que escuchaba el estruendo de un nuevo trueno.
Quería irse a la cama, pero sin sueño solo conseguiría dar vueltas en la cama, por lo que seguía en el salón con un libro en las manos a la luz de las velas intentando leer, pero sin conseguirlo, ya que cada poco rato sus ojos involuntariamente se dirigían hacia la puerta.
Era como un niño pequeño asustado en su habitación, con la diferencia de que los niños pequeños no tienen una escopeta al lado, y Ángel, si. Pensaba que si entrara alguien… Pero aquella noche le daba igual tener una escopeta que no, lo que le esperaba no se podía evitar con un arma de fuego.
La tormenta continuaba al igual que el estado de Ángel, que seguía en el salón rodeado de velas y cada vez más nervioso.
“Maldito viejo miedoso” Pensó mientras hacía el amago de levantarse“No me atrevo ni a ir al baño” Cogiendo una vela se levantó y se dirigió al baño que estaba nada más salir de salón a mano derecha.
“¿Pero que creo que me va a pasar? ¿Qué se me va a comer algún monstruo?” Iba pensando todo tipo de cosas cuando se dirigía hacia el baño. Tan ocupada tenía la cabeza que no se acordó del escalón y pisando en falso se empotró contra la pared y cayó al suelo empezando a gemir de dolor.
Mientras estaba en el suelo no tenía miedo, solo se preocupaba de taponar los dos caños de su nariz que sangraban a borbotones. Se dirigió a tientas hasta la cocina, en el fregadero se lavó la cara y quedándose allí un rato con un papel de cocina en la nariz mirando hacia el techo y con la única compañía que la vela, que poco a poco se consumía.
Cuando paró la hemorragia, Ángel volvió a la realidad. Se encontraba sin luz y con una extraña sensación de que no estaba solo en la casa. Pensó en inspeccionar toda la casa.
Volvió al salón y cogió la escopeta. Con ella se dirigió a las escaleras para subir al piso de arriba. Las escaleras eran de madera, viejas y carcomidas. Se quedó un momento pensando antes de empezar a subir.
Por su cabeza pasaron todo tipo de pensamientos que desechó, y con firmeza comenzó a subir. Cada escalón que pisaba rechinaba con más fuerza que el anterior.
Las paredes blancas con desconchones no se apreciaban por la falta de luz, solo se veía el final de la escalera cuando la breve luz de los rayos se colaba por las ventanas del primer piso.
Escalón a escalón, crujido a crujido, Ángel se acercaba al final de la escalera con la escopeta fuertemente agarrada. Aunque aquella noche no le serviría de nada.
Llegó al final de la escalera, aunque no se apreciaba Ángel sabía que el primer piso constaba de una antesala cuadrada con cinco puertas. Dos a la derecha, dos a la izquierda y una enfrente a las escaleras. Esta última era la del baño y las de los laterales eran las puertas de los dormitorios.
Ángel caminó casi de puntillas intentando no hacer ruido. Cada vez tenía más afianzada la sensación de que en aquella oscura casa de pueblo no estaba solo.
Entró en la primera habitación, no había nada. Continuó por la segunda puerta de las de la derecha. Tampoco había nada…
Los rayos eran cada vez más frecuentes y la luz entraba por las ventanas cegando al viejo primero, para dejarlo en la más completa oscuridad después.
La casa tenía un último piso, que no era más que un viejo desván lleno de objetos antiguos y este estaba cerrado con la puerta más tétrica de la casa.
Aun en el primer piso, Ángel entró en otra habitación, con la misma suerte que en las anteriores. Fue en el último cuarto, cuando estaba entrando totalmente a oscuras, donde ocurrió algo espeluznante. El instante de la luz de un rayo le dejó ver a Ángel una figura humana vestida con un sombrero verde y una cazadora de pana del mismo color.
El viejo no lo pensó dos veces, colocándose la escopeta y apuntando a tientas disparó. El ruido fue atronador y los truenos que sonaban en el exterior parecían la réplica de aquellos dos disparos.
Avanzó hasta donde debería encontrarse el cuerpo de aquel ser humano. Pero en vez de una persona encontró las astillas y los girones de tela de su perchero.
Recogió los trozos de madera y tela y los puso encima de la cama. Pero algo le hizo parar en su actividad. De repente se empezaron a escuchar golpes en el piso de arriba. TOCTOC. Sonaba como si un bastón golpeara el suelo del desván. TOCTOC. Cada vez que sonaban se escuchaban dos golpes. TOCTOC. Ángel asustado pero firme en descubrir quien se había colado en su casa se dirigió hacia las escaleras que subían al desván.
Era un tramo corto de escaleras antes de llegar a una puerta de roble carcomida, oscura y con un ventanuco en el centro para poder observar el interior sin abrir la puerta. Ángel no se había dado cuenta nunca, pero a la luz de la vela aquella puerta parecía la entrada a un mundo de oscuridad y terror.
TOCTOC. Ángel desde el ventanuco no encontraba el origen del ruido por lo que con la escopeta delante entró en el desván.
A priori todo estaba en orden, no ocurría nada, estaba todo lleno de trastos antiguos como un par de trillos, herramientas para trabajar el huerto como horcas, hoces… También había muebles tapados con sábanas blancas, que a la luz de la vela, parecían fantasmas.
El desván era muy grande y entre los objetos olvidados allí arriba, había pasillos improvisados para poder llegar a todas partes.
Algo mosqueó mucho al anciano. El ruido había parado, ya no sonaba con aquella frecuencia tan escalofriante como si una marcha fúnebre caminara por aquel desván.
Caminó durante un rato por aquellos pasillos serpeantes, buscando a alguien que pudiera haber provocado los ruidos. Al ver que no encontraba a nadie comenzó a desesperarse. El sentía que había alguien, pero no lo encontraba y aquella sensación provocó en el anciano una gran ira.
La tormenta no remitía y Ángel se acercó a la pequeña ventana del desván. No se veía nada, oscuridad, una oscuridad penetrante e intimidadora que hacía preguntarse sobre la existencia.
Ángel pensaba en la muerte. “¿Qué hay después?” Se preguntaba el anciano “¿Qué habrá sido de aquellas almas en pena que arranqué de sus cuerpos en la guerra?” También pensaba sobre cosas buenas y malas que había hecho a lo largo de su vida, era como si su existir pasara por su cabeza resumido en los mejores y peores momentos. Pero que a la vez, cada momento que un nuevo recuerdo asomaba, lo cuestionaba preguntándose si había decidido bien o mal.
Dentro de su conciencia se preguntaba el por qué de aquel análisis, de porque preguntarse si había sido bueno o malo y sobre todo por qué sacar a relucir momentos tan negros en su vida como los de la guerra.
Una lágrima recorrió su mejilla al recordar una noche como aquella en su juventud. Tan oscura como la que vivía en ese momento. La recordaba como si estuviera ocurriendo en ese instante. Recordaba los gritos de su superior en el frente de batalla, distorsionados por los truenos. Recordaba lluvia, barro, sangre y disparos, sobre todo disparos. Recordaba su personalidad vitalista convertida en una máquina de matar. Recordaba el olor a pólvora y la sangre en sus manos. Recordaba que cada enemigo que perecía por sus disparos no le afectaba, es más le enorgullecía.
Pero en aquella noche tan oscura como la que vivía en ese instante, lo que más recordaba fue una bala surcando el aire hacia un objetivo confuso. De repente la luz de un rayo iluminaba el campo de batalla y al enemigo abatido.
La cara de su hermano pequeño se grabó a fuego en la mente de Ángel. La cara llena de sangre por el impacto certero en la frente, se estrelló contra el barro hundiéndose para siempre en la eternidad.
¡No! – El grito de Ángel saliendo del recuerdo se escuchó en toda la casa como un trueno.
Estaba empapado en lágrimas, de rodillas al lado de la ventana y con las manos en la cabeza lloraba desconsoladamente. Le dolía mucho, pero no sabía el que. Lo que le dolía era el alma por haber matado a su hermano.
Calmado un poco ya, Ángel se levantó del suelo con los ojos enrojecidos y alzó la vela para ver el desván, estaba todo tranquilo, demasiado tranquilo.
La tormenta continuaba en el exterior con más fuerza aun, el viento silbaba por las calles y la vela que sujetaba Ángel con fuerza se apagó cuando una ráfaga de aire irrumpió en el desván por la pequeña ventana.
Se quedó todo a oscuras, Ángel inmóvil por el miedo parpadeó muchas veces en un inútil intento de que sus ojos se adaptaran a aquella oscuridad.
La sensación de que no estaba solo se incrementó, su corazón latía con mucha rapidez y Ángel se sentía fatigado. Algo le hizo girarse de repente hacia la esquina de la izquierda, algo se había movido.
Se intentó acercar pero se encontraba paralizado, no podía hacer otra cosa excepto mirar hacia allí. No sabía por qué pero la oscuridad en aquella esquina era más penetrante. La luz de los rayos que penetraba por la ventana iluminaba todo excepto aquella esquina.
Ángel tampoco podía hablar, notaba una enorme presión en la cabeza como si un gigante la aplastara entre sus manos. Empezó a llorar de nuevo, preguntándose qué le pasaba, sentía gran impotencia al no poder hacer nada. Cuando la presión en la cabeza aumentó, cayó de rodillas con la vista fija en aquella esquina.
Miles de recuerdos volvieron a aflorar todos de golpe en la cabeza del anciano, haciéndolo sufrir de una manera inimaginable.
De repente una voz indescriptible emitida desde lo más oscuro del universo sonó en la cabeza de Ángel, la escuchaba claramente haciéndole sufrir de tal manera que deseaba la muerte.
“Cuantas almas segaste sin mi permiso en aquellos años de guerra en este país enfermo. Cuantas almas, incluida la de tu hermano, se marcharon antes de lo previsto debido a los disparos de esa escopeta que ahora reposa a tus pies. Cuantos gritos y chillidos de dolor y clemencia de hombres antes de ser asesinados guardas en lo más profundo de tu memoria, porque si no los tuvieras escondidos te habrías vuelto loco…”
Ángel lloraba desconsoladamente hecho un ovillo en el suelo, como un niño pequeño. No podía más, no podía parar de mirar hacia aquella oscuridad que cada vez se volvía más penetrante alrededor de él.
Se estaba volviendo loco, le iba a estallar la cabeza, pero quedaba ya poco…
Ángel expiró tumbado en el suelo soltando un suspiro tranquilo ya que dejaba de sufrir aquel martirio…
La voz esta vez se escuchó en todo el desván haciendo callar incluso la tormenta.
“pero hoy no será ningún hombre el que siegue esta alma, hoy cumple por todo aquello…”
La tormenta desapareció dejando paso a un nuevo amanecer.




2) Estó sucedió hace unos años, mayo del 96 para ser exacto, Tenía 16 años, cursando el quinto año de secundaria.

Primero voy a describirles donde vivía para que tengan una idea de donde sucedió todo. Vivía en unas casa pequeña pero agradable, de tres cuartos, una sala comedor y una terraza en la parte posterior donde estacionábamos el carro, esta a su vez colindaba con el cuarto de mi madre, tenía un patio de unos doscientos metros cuadrados, con árboles frutales, lo normal.

En aquel entonces no teníamos cerca de ciclón.

Historia de un reflejo
Teníamos una cerca de arbustos sembrada de papos (Cayenas) de más o menos tres metros de altura, que nos permitía un poco de privacidad con los vecinos.

Una noche, después de darme un baño, fui al cuarto de mi madre a lidiar con una espinilla que tenía una cuenta pendiente. Ella tenía un espejo grande y había buena luz, el espejo estaba ubicado en la pared contraía a la ventana, por lo que el reflejo daba hacia el patio, que por cierto estaba muy oscuro.

En Panamá la mayoría de las ventanas tienen cedazo para que no entren los insectos, pero tienen un problema, durante el día se puede ver claramente hacia afuera, pero de noche no vez mas allá de él, y como muchos sabrán, se ve mejor desde afuera.

El caso fue que mientras me secaba la cara, mire el espejo y como si estuviera en peligro mire el espejo buscando que provocaba esa sensación, pero lo único que podía ver por él, era el reflejo de un cedazo gris. Pero, solo lo pude hacer por unos segundos y no sé qué sucedió, pero tuve que bajar la mirada o algo me obligó a hacerlo y créanme no tuve valor para mirar otra vez “Tenía miedo de mirar”. Por primera vez, sentí un miedo como de muerte, me sentí vulnerable, una sensación de asechó, el miedo fue tan grande que me paralicé por completo, no podía hablar, recuerdo que balbuceaba palabras pero no vocalizaba nada que se entendiera y con un volumen de voz que tal vez nadie me escucharía, sentía como el cabello de mi nuca se erizaba y que la piel se me ponía de gallina, pero no podía ver nada, sentí como si el tiempo se detuviera. Fue una eternidad.

No sé cuantos minutos pasaron, pero poco a poco pude moverme, gané fuerzas o lo que estaba influenciando ese miedo se alejaba, pero pude sentir que me movía y mire nuevamente el espejo, lo que vi fue mi rostro pálido y con las ojeras marcadas como si no hubiera dormido en días. Lo siguiente que hice fue intentar salir de ese cuarto. La puerta no estaba a más de un metro pero me parecieron diez. Una vez estuve fuera de aquel cuarto me dirigí por el pasillo al último cuarto donde mi madre veía televisión. Intenté no ver por la ventana ya que esta también da hacia el patio.Me pare frente a ella. Me miró y me preguntó ¿Hijo, que te pasa? porque estas tan pálido, no sabía si llorar o gritar por lo que me había sucedido, estaba destruido, lo que recuerdo fue que le dije, “Tengo miedo, mucho miedo”, vi la preocupación en sus ojos y asustada me dijo: me estas asustando, que te pasó, ¿Miedo a que?

Ella me abrazó y dijo: estas temblando, estas frío…
No le pude contestar nada más, pasaron tal vez quince o veinte minutos, hasta que le pude contar lo que me había sucedido. No podía creerlo.

Y así como el miedo llegó, se fue… así de simple. Esa misma noche poniéndome a prueba, me dirigí a la puerta trasera, la abrí y salí al patio de mi casa en medio de la noche. Me preguntaba a mi mismo “Que fue esó”.

Y lo que le digo a todo el que le he relatado esta historia, es que no se lo deseo esto ni a mi peor enemigo.

paranormal


Bueno aquí termino mi post espero que no se allan cansado de leer (yo me canse muchísimo) y que les sirva


miedo COMENTA!!!

3 comentarios - Historias de terror para campamentos!

@luisjo22
vos lo dijiste!! es muy largo para leer...