La Mina Embrujada

Agazapados en una zona elevada del desierto, Rolando y Bruno espiaron hacia la entrada de la mina.
La noche estaba clara. El cerro en el cual habían cavado la mina, estaba dividido entre una zona iluminada por la luna y otra que permanecía en las sombras. Abajo, en el pie del cerro, una combinación de rocas resplandecientes y sombras, parecían formar un enorme rostro humano, cuya boca abierta era la entrada de la mina. Los dos tuvieron esa impresión pero no lo comentaron.

Ya seguros de que nadie vigilaba el lugar, descendieron medio resbalando por una colina de tierra y rocas sueltas. Atravesaron una zona donde había pilas de maderos, y cruzaron en silencio frente a unas casillas destartaladas que ya comenzaban a inclinarse. Detuviéronse frente a la entrada, que estaba negra de oscuridad. Sacaron de sus bolsos un par de faroles y, después de encenderlos, ingresaron cautelosamente en las entrañas del cerro.

- ¿Será que todavía hay algo de oro? - preguntó Bruno.
- Estoy seguro de que sí - respondió Rolando -. Sé que estaban sacando mucho oro cuando la cerraron. Solamente veían lo que iluminaban los faroles, y a medida que se internaban más, la oscuridad se iba cerrando tras ellos. Las paredes del túnel, marcadas por los picos y las palas de los mineros, brillaban de humedad y escurrían hasta el suelo. Algunas gotas caían desde el techo hacia unos charcos oscuros, y aquel leve sonido era amplificado por el túnel hasta convertirlo en un rumor permanente.

- ¿Tú crees que el lugar está embrujado como dicen? - preguntó Bruno, y al hacerlo acercó el farol a la cara de Rolando.
- Estaba tratando de no pensar en eso. Gracias por recordármelo - dijo Rolando con tonó sarcástico - ¡Y aparta ese farol de mi cara, palmazo!

El túnel parecía no tener fin, y su miedo iba aumentando, pero la posibilidad de encontrar oro los hacía seguir. Llegaron a una zona donde el túnel se ensanchaba y se dividía en tres.
Vamos por el del medio - dijo Rolando, mas antes de ingresar en él escucharon un ruido, entonces se detuvieron a escuchar, al tiempo que se miraban sorprendidos.

El ruido avanzaba hacia ellos. El sonido era inconfundible, eran picos y palas golpeando las paredes del túnel, mas no se escuchaban pasos, aunque claramente avanzaba, y lo hacía rápido.
El miedo que los iba inquietando se volvió terror. Regresaron corriendo sobre sus pasos, y el ruido de los picos empezó a seguirlos, y pronto lo sintieron a pasos de ellos; pero al voltear dirigiendo el farol hacia atrás, no veían nada, pues la luz lo detenía.

Las paredes temblaban con los golpes, las vigas de madera crujían, y el lugar parecía que se iba a venir abajo en cualquier momento. Rolando y Bruno, en su desesperación, dejaban escapar gritos de terror mientras huían. Al ver el final del túnel se desesperaron más. Creyeron no alcanzarlo gritaron como nunca lo hicieron. A metros de la entrada Rolando tropezó y cayó, rompiendo el farol, que enseguida se apagó pues cayó en un charco. Bruno lo notó, se detuvo y regresó hacia su compañero.

Alcanzó a ver que algo lo arrastraba, lo alejaba de la luz rápidamente, y enseguida escuchó el ruido espantoso que producía una multitud de picos y palas mientras despedazaban a su compañero, que lanzaba gritos ahogados en su propia sangre. Bruno pudo salir del túnel, y enloquecido por el terror, siguió corriendo hacia el desierto, donde desapareció para siempre.


La Mina Embrujada

2 comentarios - La Mina Embrujada

@irronn
que miedo che te dejo mis ultimos puntos