leyendas urbanas de ecuador parte 1

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hola de nuevo amigos bienvenidos a mi nuevo post esta ves les traigo algunas leyendas urbanas de mi natal ecuador espero que les guste bueno empecemos con una que en lo personal me da miedito

LA DAMA TAPADA

Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil,los trasnochadores veían la Dama Tapada.
Anoche vi a la Dama Tapada, contaba en una reunión de amigos, el Fulanito.(cualquier persona) Son puros cuentos, respondía el amigo con aires de valentón. Yonunca he tropezado con ella.Nunca se la ve antes de las 12 de la noche, ni después de lascampanadas del alba, opinaba otro asistente a la reunión.Según la leyenda, la
Tapada era una dama de cuerpo esbelto yandar garboso, que asombraba en los vericuetos de la ciudad y sehacía seguir por los hombres.Nunca se supo de dónde salía. Cubierta la cabeza con un velo,sorpresivamente la veían caminando a dos pasos de algúntranseúnte que regresaba a la casa después de divertirse. Sus almidonadas enaguas y sus amplias polleras sonaban al andar y unexquisito perfume dejaba a su paso.Debía ser muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle unagalantería. Pero la dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado,el perseguidor iba tras ella sin lograr alcanzarla.De repente se detenía y, alzándose el velo se enfrentaba con elque la seguía diciéndole: Míreme como soy... Si ahora quiereseguirme, sígame...Una calavera asomaba por el rostro y un olor a cementerioreemplazaba el delicioso perfume.Paralizado de terror, loco o muerto quedaba el hombre que la habíaperseguido. Si conservaba la facultad de hablar, podía contar luegoque había visto a la
Tapada.


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LA CAJA RONCA

En Ibarra se dice de dos grandes amigos, Manuel y Carlos, a loscuales cierto día se les fue encomendado, por don Martín (papa deCarlos), un encargo el cual consistía en que llegasen hasta ciertopotrero, sacasen agua de la acequia, y regasen la sementaría depapas de la familia, la cual estaba a punto de echarse a perder. Yaen la noche, muy noche, se les podía encontrar a los doscaminando entre los oscuros callejones, donde a medida queavanzaban, se escuchaba cada vez más intensamente elescalofriante
"tararán-tararán". Con los nervios de punta, decidieronocultarse tras la pared de una casa abandonada, desde dondevivieron una escena que cambiaría sus vidas para siempre...Unos cuerpos flotantes encapuchados, con velas largas apagadas,cruzaron el lugar llevando una carroza montada por un ser temiblede curvos cuernos, afilados dientes de lobo, y unos ojos deserpiente que inquietaban hasta el alma del más valiente.Siguiéndole, se lo podía ver a un individuo de blanco semblante,casi transparente, que tocaba una especie de tambor, del cual veníael escuchado "tararán-tararán".He aquí el horror, recordando ciertas historias contadas de boca desus abulitos y abuelitas, reconocieron el tambor que llevaba aquel ser blanquecino, era nada más ni nada menos que la legendaria caja ronca. Al ver este objeto tan nombrado por sus abuelos, los dos amigos,muertos de miedo, se desplomaron al instante. Minutos después,llenos de horror, Carlos y Manuel despertaron, mas la pesadilla nohabía llegado a su fin. Llevaban consigo, cogidos de la mano, unavela de aquellas que sostenían los seres encapuchados, solo queno eran simples velas, para que no se olvidasen de aquel sueño dehorror, dichas velas eran huesos fríos de muerto. Un llanto dedesesperación despertó a los pocos vecinos del lugar. En aquel oscuro lugar, encontraron a los dos temblando de pies a cabezamurmurando ciertas palabras inentendibles, las que cesarondespués de que las familias Domínguez y Guano luisa (losvecinos), hicieron todo intento por calmarlos.
Después de ciertas discusiones entre dichas familias, los jóvenesregresaron a casa de don Martín al que le contaron lo ocurrido. Por supuesto, Martín no les creyó ni una palabra, tachándoles así devagos.Después del incidente, nunca se volvió a oír el "tararán-tararán"entre las calles de Ibarra, pero la marca de aquella noche de terror,nunca se borrara en Manuel ni en Carlos. Ojala así aprendan a novolver a rondar en la oscuridad a esas horas de la noche.


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El rezador de las ánimas

Enrique Angulo se levanta muy temprano para realizar sucomunicación con las almas.Por cuatro décadas, Enrique Angulo reza a media noche, durantenueve jornadas antes del Día de los Muertos. Lo hace por el aliviode las almas del purgatorio, en Puéllaro, noroccidente de Quito.Ya son casi las 23:h40. Las puertas del cementerio de Puéllaroestán abiertas, como esperando a Enrique Angulo. Hace frío y la luvia no cesa. Cerca de la medianoche, dos jóvenes y un mendigocaminan por las calles del pueblo. Se oye el ruido de las gotas.Enrique, a pesar de las enfermedades que padece a sus 75 años,está a punto de empezar con el cuarto día de la novena (que va del24 al 1 de noviembre de cada año) por la salvación de las almas delpurgatorio. Duda en salir, debido a que un médico le ha prohibidorealizar esfuerzos. Le basta un paraguas para decidirse. Toma elalba (una túnica y un gorro blanco) y una campana. Se dirige haciala cruz del cementerio, que está a menos de 30 metros de su casa.Ahí es donde inicia la procesión.Ese podría ser el comienzo de su historia, pero no lo es. En realidadtodo comenzó cuando su hija Anita, de 11 años, sufrió de fuertesdolores de estómago. Enrique y su esposa, Ana, hicieron todo loque estuvo a su alcance para salvarla, durante dos años. Lallevaron a un curandero, que aliviaba su dolor por varios meses, asícomo a doctores calificados. El esfuerzo se desvaneció cuando unaperitonitis destruyó sus intestinos. En el hospital tardaron en darsecuenta lo que pasaba. La niña pasó 18 días agonizando, hasta quemurió.Él y su esposa no encontraban consuelo. Se deprimieron tanto quegolpeaban la lápida a diario, sin encontrar respuesta. Al notar esegran dolor que estaba acabando con sus vidas, el párroco del sector conminó a Enrique a que visitara a Mesías Ayala, el antiguoanimero (reza por las almas del pueblo), quien se encontrabaenfermo en el hospital. Mesías supo que Enrique, sería su sucesor desde que lo conoció. Le entregó el alba y la campana. Y le dijo queno era una misión fácil sino de mucha fe y entrega.Según consta en documentos de folclore ecuatoriano, rezarle a lasalmas fue una tradición antigua del reino de Castilla, España, quellegó al país con la conquista española. En Puéllaro y en variospueblos de la Sierra aún se practica el ritual, que está ligado a laIglesia Católica. Sin embargo, existe un documento de 1903, quedice que el obispo Federico González Suárez comunicó a los párrocos de cada provincia que no permitieran se realice estanovena. Menos que se la relacione con penitencia o fe de la Iglesia.A pesar de la disposición y del rechazo de una parte de losfeligreses, esa tarde en que Enrique heredó su labor, sintió “unafelicidad enorme. Iba a estar ligado de por vida a las almitas. Era unmisterio, una dicha que el señor me envió”.Para la novena, le explicó Mesías, había un proceso que no sepodía tergiversar. Debía empezar rezando tres credos y tres padresnuestros, luego de arrodillarse y encomendarse al señor en la cruzdel cementerio. Exactamente así lo hace. La lluvia no aguarda lanoche del cuarto día. En Puéllaro, un pueblo ubicado alnoroccidente, a una hora y media de Quito, donde vivenaproximadamente 10.000 personas, el suelo es terroso, fértil yproductivo y ahí justamente, en la tierra, es donde se lleva a laspersonas más pobres del pueblo. A las bóvedas, a quienes tienenun poco más de dinero. Pero todos están juntos en el lugar, ricos ypobres.Por todos, ora Enrique esa noche, en que las almas, dice lodespertaron de su sueño junto a su esposa y lo impulsaron a pesar del clima. Antes de empezar, tiene bien aprendida una lección:“nunca se debe regresar a ver hacia atrás. Podría ver a alguno demis conocidos. Mariano Flores, el animero de Aloguincho (unalocalidad cercana a Puéllaro), me contó que un día se cayó en uncamino. Sin querer volteó. En ese momento vio a cientos dehombres, de mujeres y niños, vestidos de blanco… Claro, supongoque eran las almitas”, dice.Antes del recorrido también especifica que siempre tiene que estar solo y no responderá ninguna pregunta en la próxima hora. “Notendría sentido que vaya acompañado, la labor del animero essolitaria”. Confiesa que no es fácil ingresar a un camposanto amedia noche, que hay que mantener una cierta conexión con Dios,con las almas y mucha fe.Cada sonido en un cementerio sin luz, en un pueblo alejado, podríaasustar. No es así. Desde que Enrique se arrodilla sucede algo increíble. Es como si transmitiera cierta tranquilidad. No hay másmiedo. Es un lugar de paz, así lo siente el animero. Y con vozlastimera canta una estrofa: “Por tu sangre/ Por tu muerte/ Y por tupasión sangrienta/ Apaga señor tu fuego/ Que a las almasatormenta”. Son las 24:h00. Mira el reloj y se retira. En esemomento cree que las almas, que no han encontrado su camino, loacompañan en la procesión.Medita, mientras recorre cerca de cinco kilómetros y en cada cuadra(aproximadamente) se detiene un momento y casi en un trance tocala campana. Pide: “Un padre nuestro y un Ave María para eldescanso y el alivio de las almitas del Santo Purgatorio, por el amor de Dios…”. Dos jóvenes, que beben media botella de licor, loobservan asombrados. El pueblo duerme. No le importa. Tiene lafuerza para subir cuestas empinadas, que a un adolescentecansarían.No tiene miedo a los perros que ladran y amenazan con morder.Uno se acerca a su túnica. Le basta una mirada para detenerlo.Atraviesa por baches, tierra que se hunde, calles sin luz, y vuelve arezar por las almas. Aunque ya nada es lo que era. El dolor deestómago, a momentos lo retrasa. No así el cáncer a la próstata denivel tres, que le diagnosticaron en Solca, y del cual fue operado enCuenca: “las almitas en ese momento intercedieron por mí. Meayudan para que haya podido desempeñar esta labor por más de40 años. El 2007 no puede estar porque me estaba reponiendo”.Todavía no encuentra un reemplazo. Mariano Flores, el animero deAloguincho, realizó la procesión los dos primeros días (24 y 25 denoviembre) en Puéllaro, pero Enrique asegura: “a la gente no legustó, no hizo lo que le dije, y pedían que yo regresara. Por esoestoy aquí”.Ha recorrido más de 30 cuadras. Y la campana vuelve a sonar conla intención de que en ese momento, quien la escuche implore enuna oración: “por las almas del purgatorio que no han podidoingresar por la puerta divina”. Solo una mujer de unos 30 añosresponde al llamado desde una ventana. Enrique es consciente deque los tiempos han cambiado. Que los jóvenes no están ligados a
las creencias. Que seguramente afectó que un programa televisivomidiera la intensidad de manifestaciones paranormales en losrecorridos de los animeros de la zona, asegurando que eran“altísimas”.Lo cierto es que en Tucres, La Ciénega, El barrio de la piscina, LaMerced, El Parque Central y otros, solo se divisan sombras de lascasas. También un mendigo que es protegido por su perro y quecon incertidumbre ve pasar a Enrique. “Hay que tenerle más miedoa los vivos que a los muertos” dice un adagio popular. Enriquecamina por la Panamericana y dos borrachos en una camionetacasi lo sacan del camino: “Hola animero”, le gritan.Casi es la 01:00. Enrique decide regresar. Se cambiará de ropa. Apesar de la fuerza que lo mueve, el recorrido es para el ex obrero yhoy jubilado una locura, un esfuerzo supremo. “No puedo retirarmea medio camino, si no dejo a las almitas en su lugar, es que ellaspueden castigarme”.

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esa fueron algunas de muchas leyendas que hay en ecuador si les gustaron diganmelo para seguir contandoles mas historias de mi ecuador gracias por ver hast la proxima


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9 comentarios - leyendas urbanas de ecuador parte 1

@La_Volpe +2
te dejo +10 por el trabajo!
@djrobertomartinez +3
Muy buenos Tony!!!
Te dejo +10 amigo!!!
y obviamente recomendado!!!

miedo
@CarlosYama +2
urbanas Muy buenas historias te dejo puntos al rato