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En la ciudad hay muchos mitos urbanos que la recorren, algunos de ellos están atravesados por casos policiales, como el Taxi de la Muerte; el Banquete Oriental en Belgrano, los fantasmas del taxi y hasta uno del Petiso Orejudo.

Según el mito, existe un taxi que sólo recoge pasajeros en la puerta principal del cementerio de Chacarita, los cuales descubrirán, demasiado tarde, que aquel vehículo está manejado por la misma Muerte. Así, quienes tengan la mala fortuna de tomar este taxi, morirán durante el viaje, y serán dejados por la Parca nuevamente en el cementerio de Chacarita.


Una leyenda urbana habla de que ciertos tenedores libres brindan un “guiso de oferta” en el que los irreconocibles pedacitos de carne pertenecen a un ser humano. Esta historia se dio a conocer investigando el testimonio de una mujer que aseguraba haber ido a comer a uno de estos lugares de comida oriental ubicado en Belgrano. Ella nos contó que, desde el baño del tenedor libre, escuchó irrumpir en el lugar a ciertas personas gritando en chino. Todos los comensales huyeron, menos ella que permaneció en el baño. Allí esperó sin ser descubierta, escuchando cómo liquidaban al que ella suponía era el cocinero. Cuando se disponía a dejar el lugar, habría llegado a ver cómo los mafiosos metían en una olla hirviendo los trozos de su víctima.


Otro mito sostiene que, en la línea A del subterráneo, cuando la formaciones pasan entre las “medias estaciones” Pasco y Alberti, la luz de los vagones siempre se apaga por unos segundos. “Si uno se anima a mirar justo en ese momento de oscuridad a través de la ventanilla, observará una estación que no debería estar allí, y a dos obreros fantasmas sentados en aquel andén imposible, mirando fijo al pasajero. Se dice que aquellos espectros son los espíritus de dos obreros de origen italiano que murieron sepultados al derrumbarse el terreno durante las excavaciones de 1913 que dieron origen a la línea A. Según esta versión, la empresa inglesa encargada de las obras, con ayuda del gobierno de turno, ocultaron el siniestro y nada salió a la luz”


En una vieja pared en el teatro del Instituto Bernasconi se encuentran unas misteriosas letras talladas, las cuales, asegura el mito, se tratarían de alguna clase de brujería de la que surge el espíritu de Cayetano Santos Godino, alias el Petiso Orejudo. Llevados por el testimonio de una ex alumna del Instituto, fuimos, acompañados por las autoridades del establecimiento, a investigar en aquel viejo teatro; y descubrimos que la inscripción existe. Aquellas misteriosas letras están talladas en una vieja pared oculta por un telón, pared que estaría allí desde los tiempos en los que aquel lugar era un terreno baldío. Allí, el Petiso Orejudo, el 3 de diciembre de 1912, llevó a cabo su peor y más recodado asesinato: mató a Jesualdo Giordano, de apenas 3 años, incrustándole un clavo en la cabeza

Espero que les haya gustado, gracias por pasar!