Árbol

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Cuando sintió de nuevo su cuerpo, se descubrió desnudo en medio del frio de una oscuridad inmensa, dentro del infinito de un bosque extraviado entre sus recuerdos.

Comenzó a tratar de explorar su cuerpo, de saberse por lo menos vivo, de sentirse por lo menos el mismo, pero sus brazos no se movían todo el estaba paralizado, y aun así ni el miedo ni la desesperación lo embargaban, pronto opto por dejarse así, en medio de ese trance, a esperar que algo o alguien lo hicieran sentir que existía.

Pasaron algunos minutos, horas quizá, cuando sintió como que los dedos de sus pies iban alargándose por entre la tierra húmeda, podía sentir su frialdad y su textura, no había duda que era tierra, tierra húmeda que podría haber erizado todo su cuerpo si hubiera podido tener aquella sensación; al mismo tiempo sintió como algo se arrastraba por debajo de sus uñas, alguna especie de liquido que se colaba por los poros hasta colarse entre las venas.

Aunque no veía nada puso sentir como su sangre se mezclaba con aquel líquido y sintió como su corazón palpitaba más despacio, y como sin pensarlo se comenzaba a olvidar de todo cuanto había vivido, pronto dejo de pensar en quien era, y su mente permaneció en blanco.

Aun así la curiosidad seguía existiendo en su mente, seguía perturbando aquella sensación de alivio que se iba apoderando de él, por eso hubiera deseado ver que sucedía abajo con sus piernas, sentía que un tipo de membrana cubría sus piernas y le daba una sensación de cobijo, que al mismo tiempo iba desapareciendo cuando sus venas transportaban aquel extraño liquido que provenía de la tierra.

Poco a poco sus brazos se iban levantando contra su voluntad, sin tener ningún sentido, sus cabellos se alargaban y se enroscaban en ellos, mientras que también los dedos de sus manos se iban alargando, moviéndose de un lado a otro como un baile lento y jugueteando con el ligero viento que corría de algún lugar a otro y su cuerpo se iba alargando al ritmo de sus brazos.

La membrana que antes cubría sus piernas acaba de terminar de subir hasta su cintura, cubriendo así sus caderas y dejando oculto su único vestigio de hombre; sus sentidos se perdían de un lado a otro y su cabeza comenzaba a darle vueltas, fue así como cual cera de una vela su rostros comenzó a fundirse para bajar hasta su pecho, quedo un ojo aquí y un ojo allá, y su nariz, aquella nariz que una vez le permitió oler el pasto fresco quedo incrustada en su costado dejando un ligero hoyuelo en lo que ahora se figuraba un tronco.

La luz de un día nublado comenzaba a vislumbrarse, sus ojos de vegetal percibieron los rayos de un sol lejano, y su nariz sintió la humedad de las hojas que ahora inundaban el lugar donde antes estuvo su cabeza.

No pensó nada, porque nada recordaba. El calor del vientre materno no tenía ningún sentido para sus pensamientos, había olvidado casi todo lo del mundo de humano, había quedado ahí paralizado a la merced del viento que de vez en vez movía sus brazos, y sus pies ahora enterrados no le dejaban moverse hacia ningún lado.

El amanecer llego, el hombre que había aparecido la noche anterior en medio del bosque se había ido, y solo había quedado en su lugar un árbol, mas grande que cualquier otro que se hubiera visto, se podía escuchar el recorrido de la savia por su tronco, los pocos humanos que quedaban, escucharon a lo lejos como el árbol crujía, el sonido era extraño pues hace mucho que no se escuchaba cosa igual, cuando lo vieron en medio del cementerio de arboles, parecía un gigante al que le hubieran matado a toda su familia, fue entonces, y solo entonces cuando uno de los humanos se pregunto, ¿Qué hemos hecho?.

Árbol

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