Lucas El Tonto

Todos me consideran tonto. Mis papás siempre dicen, "Este hijo nuestro, de listo no tiene un pelo". Yo no les odio. Por algo son mis papás.
Cuando iba al colegio, todos se reían de mí. Me tenían aparte como si oliera mal. Y siempre cantaban: "Lucas es tonto. Tonto de Lucas. No sabe escribir ni leer. Tonto de Lucas. ¿Para qué vienes al cole, si eres tan tonto?" Siempre lo mismo.
Era verdad. Yo nunca supe escribir como Dios manda. Ni recitar en voz alta.
Pero el dibujo sí que se me daba bien.
A veces, cuando un compañero de clase me llamaba tonto, yo por dentro, pero que muy dentro de mí, le odiaba. Si este compañero tenía un cachorrito que le habían regalado sus papás por su cumpleaños, y como yo le odiaba tanto, cogía un folio en blanco y con un rotulador de punta gorda dibujaba al cachorrito. Lo dibujaba muerto bajo las ruedas de un coche.
Al poco veía llorar a este compañero de clase. La profe lo tuvo que consolar. Acababa de enterarse que su perrito había muerto esa misma mañana. Qué pena. Y yo me dije, qué bien, lo había dibujado muerto, y ahora el animalito estaba muerto. Hay que ver que dibujo más lindo.
Tenía una prima unos cuantos años mayor que yo. Siempre que venía de visita, se burlaba de lo tonto que soy. Y mis tíos, sus papás, nunca le decían nada. Nada de "No le digas a Lucas lo tonto que es, Matilda. Pórtate bien con tu primo". Es más, hasta sonreían cuando ella me tomaba el pelo. Y mis papás, a los que nunca he odiado ni odiaré, porque son mis papás, se lo tomaban con gusto porque de por sí ya sabían que yo jamás iba a escribir un libro de lo tonto que soy. Pero aunque a mis papás no les molestaba que mi prima dejara ver lo tonto que soy, a mí si que me fastidiaba mucho. Y de tanto tomarla conmigo, la fui odiando. Y un fin de semana que ella y sus papás nos vinieron a visitar, cogí otro folio en blanco y con trazos muy gordos dibujé a mi prima en la cama de un hospital con cara de muerta. A los pocos días, mamá le dijo a papá que Matilda estaba ingresada en una clínica, que le habían detectado un cáncer incurable y que iba a morir pronto. Y aunque mis papás creían que yo no estaba escuchando lo que decían, me enteré de todo. De nuevo me dije, qué bien dibujas. Has dibujado a la prima con cara de muerta, y muerta va a estar. Y de veras que me puse muy feliz.
Yo era tonto, pero sabía dibujar.
Y cuando dibujaba a perritos y gente muerta, los perritos y la gente moría.
Hay que ver lo bueno que era dibujando.
Mi mamá me ve tonto. Cuando papá viaja por el trabajo que tiene, que debe ser muy importante para tener que viajar tanto, a veces venía un hombre más joven que papá, invitado por mamá, y se quedaba a cenar y a dormir. Este hombre me quería mucho. Siempre que me veía, me decía "Hombre, si viene el tonto del culo de la familia". Y me daba collejas. Y pescozones. Y patadas en el culo. "Porque por algo eres tonto del culo". Y mi mamá nunca le decía lo contrario. Porque yo era tonto para ella, claro. Pero yo me ponía triste. Porque ese hombre no era mi papá. Y como no era papá, empecé a odiarlo. Y de tanto odiarlo me puse un día a dibujar en la mesa de la cocina. Dibujé con ganas. No me fijé que el amigo de mamá estaba viéndome dibujar. "¿Qué dibujas, tonto del haba?", me preguntó. "A ti", le dije yo sin apartar mis ojos del folio que tenía ante mi nariz. "¿A mí? ¿Y de qué me estás dibujando?", preguntó con una sonrisa en su boca grande de payaso. "Te estoy dibujando sin ojos para que no me veas más y así al no verme no me puedas llamar tonto del culo".
El amigo de mi mamá se quedó tonto tonto de verdad, sin decir palabra, y yo seguí con mi dibujo. El amigo de mamá trabajaba en una mina, y un día un compañero suyo hizo un trabajo muy malo y le dio al detonador de la dinamita sin darle tiempo a alejarse lo suficiente. El amigo de mamá estaba demasiado cerca de la explosión y perdió la vista. El amigo de mamá se quedó ciego para siempre y dejó de venir a cenar y a dormir en casa cuando papá estaba de viaje por el trabajo. Y yo me puse muy contento. Y me dije, hay que ver qué dibujo más bueno has hecho. Y desde entonces mi mamá no ha vuelto a invitar a otro amigo a cenar y a pasar la noche en casa cuando falta papá.
Y yo dejé de dibujar por el momento...
Hasta que alguien que no sea papá y mamá me moleste mucho por lo tonto que soy.