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Historias de Terror - Cortas y Reales.

El amigo invisible:

Esta es la historia de una niña ella tenia 10 años y se llamaba Megan.
Ella llebaba tiempo disiendo que tenia amiga invisible,sus papas no la creian claro…pero ella sigio insistiendo y ellos temian de que estubiera algo loca.
Un dia la niña bajo sola a un parque que estaba algo lejos de la casa no tanto pero si algo lejos,dijo que se iva con ‘Caroline’ que era su amiga invisible

Al ladito del parque habia un lago para que se bañaran en verano,ahora era invierno y alla hacia mucho frio y estaba congelada la superficie,pero como se rompia nadie pasaba por arriba.

La niña sintio que su amiga le decia que se acercara al borde,que era muy lindo y lo tenia que ver…ella se arrimo pero resbalo y callo al lago
desde adentro del agua era casi imposible romper la capa del hielo,la niña nado hacia la superficie,pataleo el hielo asta que pudo,no le quedaba casi oxigeno puso la mano sobre el cristal,y para su sorpresa este se rompio de inmediato,cuando salio,empapada,mucha gente ya la estaba ayudando,vio la silueta de su amiga,ella le dijo que al salvarla tendria que pagarlo

Cuando la niña tuvo 15 años ya olvido a su amiga invisible,esta se le aparecio en un sueño,sintio que la apuñalaba,cuando desperto se miro el pecho y comprobo que se estaba desangrando y murió.


Historias de Terror - Cortas y Reales.


De noche sola en el Campo:

Un día sábado yo me quede a dormir en la casa de mi abuela, estaba completamente sola todos se habían ido. YO me encerré en la pieza de mi abuela a mirar tele en eso me llama mi amiga, y me dice q vea el canal 7 yo lo puse y apareció q una niña andaba por las calles según lo q decían en ese canal esa nena había muerto hace mucho tiempo en el campo y yo me dije a sí misma “yo estoy en el campo”!! Yo mire por la ventana y juro q la vi!!Me asuste un montón así que cerré puertas y ventanas cerré completamente todo y me quede con la luz prendida me quede viendo tele y escucho un ruido del baño creí q era el gato de mi abuela y no era fui a ver q había en el baño y no había nada me miro en el espejo y se me apareció!!Yo me asuste tanto q grite y salí corriendo a encerrar me en la pieza saque el espejo de mi pieza y el de mi abuela…y asta hora no me miro en los espejos de noche y no quise volver más a dormir en lo mi abuela les conté estoy a mis tías y abuelos y me dijeron q lo de la niña es verdad ella anda por los campos y yo asta a hora no salgo de mi casa de noche al menos q salga con alguien...

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Vigila las Patatas

En una pequeña ciudad de España, un padre que tiene un pequeño bar, contrata a su hijo en verano para que le eche una mano con los turistas que llegan a la ciudad en esas fechas. El hijo no es muy trabajador, de hecho es bastante despiste, por lo que su padre le encomienda pocas tareas y todas ellas fáciles.
Una tarde-noche, con el bar aún vacio, el padre debía ausentarse una media hora, por lo que dejó encargado del bar a su hijo. No había nadie, por lo que lo único que tenía que hacer era prestar atención a unas patatas fritas que había dejado friendo en la freidora. El chico le dice que no se preocupe, pero viendo un partido de fútbol que echaban por la tele se olvida de las patatas. El teléfono suena a los pocos minutos y al responder oye una voz que le dice “vigila la freidora” y cuelga.
El chico piensa que es una broma del padre, pensando que se le habían olvidado las patatas. Pero aún era pronto para ir a verlas, por lo que sigue mirando el partido. Pocos minutos más tarde vuelve a sonar el teléfono. Lo vuelve a coger y es la misma voz de antes con la misma advertencia. Aún no es hora de sacarlas, pero alertado por esas dos extrañas llamadas de teléfono, decide ir a ver qué es lo que pasa.
Una vez delante de la freidora se da cuenta de lo que le advertía el teléfono. Al levantar la cesta de las patatas, descubrió la cabeza de su padre, medio frita.


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La penitente

No sólo en la ciudad de México es posible escuchar esta historia, pero sí es tal el lugar en donde se halla mayor difusión: una anciana mujer asciende un taxi; el conductor pregunta adónde desea que la lleve. Ella inicia un periplo que la llevará de iglesia en iglesia. De cada sitio de oración la mujer regresa al vehículo envuelta en llanto y con rezos en los labios. El itinerario dura alrededor de dos horas, hasta que por fin la mujer indica al taxista que la conduzca a su casa, en donde sus familiares pagarán por el servicio, que no ha sido barato. Una vez en la puerta del hogar, la mujer desciende diciendo que irá por el dinero, pero largos minutos pasan y nadie se asoma a abonar la tarifa. El taxista, fastidiado, llama a la puerta con acritud. Cuando se presenta un ocupante, se queja del comportamiento de la anciana y reclama su paga. En la casa, a la que ha accedido tal vez sospechando un ardid o una broma, le explican que la mujer ha muerto hace años, y es probable que hasta le exhiban entrañables fotografías de los últimos años de la abuela. El conductor, si es que ha llegado a sus oídos la leyenda, cae en la cuenta de que ha servido de chofer a la penitente, un espíritu que adopta la forma de muchas viejas mujeres para concurrir a rezar a templos, tratando de expiar quién sabe qué pecado.

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Las Luces

Esta historia me la contó una chica de unos 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una casa con su joven esposo que apenas tenía comodidades. Eso sí, tenía visitantes misteriosos. Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que la hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que "están ahí también, que no estamos solos". La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama. Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron. La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía? Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y estampaban contra las paredes... Gritó, y su marido se cortó con la gillette. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe. La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reir. No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores. Durante años jamás contó la historia, y cuando lo hizo, fue para contárselo a su hija -mi confidente-, quien me confesó que su madre no podía hablar del tema sin echarse a llorar y a temblar. No es para menos. Su hija también lloró al contármelo.

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