LA CARRETA DE SAN PASCUAL

En la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, desde tiempos lejanos, los pobladores zoques han sostenido la creencia de que las personas que se enferman, mientras no escuchen a media noche el rechinido de una carreta, pueden estar seguras de que sanarán del todo y continuarán disfrutando de la vida; pero si por el contrario la carreta deja escuchar su rechinidos, el enfermo morirá a los pocos minutos o segundos.

Se supone que el conductor de la carreta es el Santo conocido como Pascual y de aquí que la leyenda se denomine “ La Carreta de San Pascual”.

En Tuxtla existe un templo ortodoxo dedicado a la veneración de San Pascual, pero se conoce como el templo de San Pascualito, de quien se cree que sus restos se encuentran en un ataúd, colocado atrás del altar y al que conduce una escalera doble, es decir, por un lado se sube y por otro se baja. Es un santo tan milagroso, que frente a su féretro se practican las conocidas “limpias” con aguardiente de caña y manojos de hojas de albahaca.

San Pascual es el carretero; pese a la ilustre muestra de las letras suecas: Selma Lagerlof. Muchos años antes de que la insigne escritora creara su ya célebre “ Carretero de la Muerte “, y de que el cine francés le diera movimiento, los indígenas zoques tenían culto abierto al “ Carretero Divino ”. Ante el sortilegio mítico zoque, no sabríamos con quién estar de acuerdo; si con Andrew Lang que considera estas cosas como la expresión metafórica de ideas comunes a todas la razas, producto espontáneo e independiente de procesos idénticos del espíritu humano; o con Cosquin que considera que “ no hay razón para decir que los cuentos se han transmitido de un pueblo a otro y fueron llevados de un lugar a otro. Lo cierto es que entre la leyenda Sueca y la Zoque-Chiapaneca , existe un paralelismo de asombro.

Pero es cierto que los enfermos zoques acuden a esta magica terapia, que cuentan con todos los medios más inverosímiles y deshumanizados para conquistar la salud perdida o quebrantada; cierto es tambien que creen en ella por sobre todas las formas de la ciencia moderna. ¡San Pascual quita el mal o da la muerte!

BRAZO FUERTE

En la comunidad ejidal denominada “El Jobo”, ubicada a escasos kilómetros de Tuxtla Gutierrez, capital del Estado, en donde viven aún algunos descendientes de los Zoques, se mantiene la siguiente creencia:

Que cuando un campesino o cazador atrapa vivo al animal conocido como Oso Hormiguero, tambien llamado “ Brazo Fuerte “, automáticamente el animalito cruza los brazos frente a su pecho y con sus largas y afiladas pezuñas se hace un verdadero nudo, de tal manera que nadie puede desenlazar sus extremidades, por fuerte que sea.

En este preciso momento nace la leyenda, pues se dice que aquel que logra zafarle las manos se convierte en hombre más vigoroso y fuerte de la comarca, al que nadie podra vencer en una contienda de poder y de fuerza. Se agrega que, en el momento de abrir los brazos, el osito arroja por la boca una pequeña piedra y que el logra la hazaña, debe tragarse la piedra inmediatamente, para que surta efecto el fenómeno sobre natural, que le dotará de una fuerza descomunal.

Es por esta razón que el animal se le llama también “Brazo Fuerte“.

EL SOMBRERON

Muchas veces lo vieron los viejos vaqueros. Uno de ellos relataba su aparición todavía con irrefrenable emoción, contagiando el estupor a los jóvenes que lo escuchábamos. Como la aparición de un tenue relámpago que se pierde en corto espacio, una luz del fondo de la oscuridad de la noche reventaba en el aire antes de escucharse un silbido. Silbido hondo y melancólico seguido luego por la música de una armónica bocal, cuyas notas se fundían en el arpegio de todos los sonidos del campo, cuando la noche secuestra las figuras entenebrece.

Tuxtla Gutiérrez, cuenta con su propio concepto de el Sombrerón:

Era un hombre que vestía con ropa de cualquier clase, siempre portaba morral, machete y un sombrero de gran tamaño.

Aparecía en lugares despoblados. A las personas siempre las llevaba al lugar contrario del que se dirigían. Y cuando consideraba que los había perdido, entonces se alejaba burlándose y haciendo contracciones en el rostro, para infundirles miedo, y hacerlos saber que él era “ El Sombrerón ”

El lugar donde con más frecuencia aparecía, era al Sur de Tuxtla, atrás del Hospital Civil, antes “El Aguacate”.

LA CUEVA DEL MACTUMATZA

Existe en el Cerro Mactumatzá una cueva que es encantada. Durante todo el año permanece oculta ya que el lugar donde está situada es de pura roca. Sólo un día al año se abre. La única persona que ha entrado cuenta que hay gran variedad de comida: tamales, atole, pozol, bebidas y frutas. También hay mucha gente sumamente amable y se puede comer de todo, pero no se puede sacar nada. Y antes de las doce de la noche se debe salir de ese lugar, porque a esa hora se cierra la cueva y se abre hasta el otro año, a la misma hora y el mismo día, que es cada Jueves Santo.