Te extrañaré, Dr. Gregory House


Te extrañaré, Dr. Gregory House

Dicen que todo por servir se acaba y esta regla aplica tanto en la vida como en la televisión. El reciente anuncio de que la ya muy duradera House M.D. terminará con la presente, octava temporada, me pegó en el nervio de la nostalgia. Yo he sido seguidor de las ojetadas del Dr. House desde hace ya varios años, cuando intrigado por los comentarios de la gente cuando estaba mistriosamente enferma ("Deberías de ir con Dr. House" me eché las temporadas 1, 2 y 3 de corrido, en resplandecientes cajas y cada una en un fin de semana. El programa me resultó tan adictivo como las pastillas que House se mete a la boca cada que su pierna o la vida duelen demasiado. Las andanzas de este Sherlock de la medicina, este joker con aires de grandeza, sin duda son parte de esta época dorada de la televisión. Su amistad con Wilson, por ejemplo, es una de las mejores representaciones de aquellas amistades magníficas, misteriosas y disparejas que tanto han intrigado a escritores y cineastas por años. Hugh Laurie, además, ha creado un personaje monumental, con matices sutiles y a veces casi indetectables.

Algunos conocidos la detestan, y me preguntan cómo es que yo siendo tan tranquilo, tan "poco ojete" como House, puedo soportar seguir por tanto tiempo a un personaje que hace sentir mal a los demás y que cava una tumba cada vez más profunda. La respuesta está en la pregunta misma: precisamente porque no es como yo. A veces, de hecho, me encuentro pensando: "Ojala fuera un poco más como House". Es decir: "Ojalá fuese un poco más desconfiado, un poco más ácido, un poco más metódico". Para alguien a quien casi siempre le ganan los sentimientos, para alguien cuyo corazón casi siempre apalea a su cerebro, House es una especie de héroe. Si, House, tienes razón, todos mienten (pero soy un optimista irremediable). Sí, House, la primera opción casi nunca es la correcta (pero a la mayoría de nosotros nos falta ese granito de obsesión). Sí, House, los excesos nos revelan quiénes somos, como ya lo decía Nietzsche (pero somos, ay, tan recatados). Sí, House, la gente se debe de ganar tu confianza, no hay que dársela así a la primera (pero nos gana la candidez). Así, el personaje de Laurie representa lo que en ocasiones quisiéramos ser, actúa como no nos atrevemos a actuar, tan presos de los estándares sociales. Pero ser un poquito como House no le caería mal a nadie. Te extrañaré, Dr. Gregory House.

Esta es la audición que lo comenzó todo:



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