Cuerpo humano los musculos y el esqueleto

El esqueleto de las aves es muy ligero y de gran resistencia, debido so todo, a que los huesos son huecos y porosos, características que facilita tarea de volar; como contrapartida, esta ligera estructura está expuesto a frecuentes fracturas. Por este motivo, en el interior de algunos huesos, sobre todo en los más largos, existen una serie de trabéculas o proyecciones del tejido que aumentan la resistencia. En el esqueleto de las aves se pueden observar una de cambios evolutivos respecto a otros vertebrados.

De esta manera los huesos que forman la mano de un mamífero o un reptil se han fusionado, formando una estructura llamada carpo-metacarpo, en la cual se insertan las plumas del y Los huesos de la cola se han reducido a una pequeña formación llamada pitillo. La cola vertebral, que en los anfibios, los reptiles y los mamíferos cumple la función de equilibrio, en las aves está representada por una serie de plumas que actúan a modo de timón, tanto en el vuelo como en los desplazamientos terretres. Otra peculiaridad en las aves es la llamada quilla, una especie de cresta que sobresale del esternón y que sirve de punto de anclaje de los músculos torales, parte fundamental para el desarrollo del vuelo.

En los peces, el esqueleto puede estar formado por huesos —así suceda los casos de la merluza y el pejerrey, denominados peces óseos— o por cartilagos —el tiburón y la raya son peces cartilaginosos.

El esqueleto humano: En el hombre, el esqueleto está formado por cartílago, tejido esponjoso, médula, tejido compacto y perióstico. Las articulaciones se dividen en móviles (permiten amplios movimientos), semimóviles (de movimientos poco extensos) o inmóviles. Los huesos pueden ser largos, planos y cortos. El tejido celular que ocupa su cavidad interna se denomina médula ósea. La médula roja es la que presenta el hueso crecimiento; la amarilla, el tipo normal, está compuesta fundamentalmente por células grasas. El endostio es el tejido que recubre la cavidad medular de un hueso. El periostio es el tejido conjuntivo que rodea todos los huesos.

El esqueleto no es un tejido muerto; por el contrario, vive y se renueva a una velocidad considerable, aunque imperceptible. Constituye una estructura duradera, que permanece después de la muerte, debido a que los compuestos de calcio y fósforo son difíciles de degradar. Como el resto de los tejidos, contiene nervios y vasos sanguíneos.

Hueso: En todo hueso largo, el cuerpo, generalmente cilíndrico, recibe el nombre de diáfisis, y los extremos, el de epífisis. La diáfisis está hueca, y su interior es ocupado por el tuétano o médula amarilla. También en la epífisis hay gran número de cavidades formadas por el entrecruzamiento de los delgados tabiques óseos, los cuales contienen la médula roja, formadora de glóbulos sanguíneos. El periostio, que es una membrana muy tenaz y sumamente vascularizada, envuelve los huesos y permite que éstos crezcan en espesor; esta membrana es de gran importancia, pues por medio de sus vasos sanguíneos llegan a las células óseas la sustancias nutritivas.

A las dos semanas de gestación el esbozo de la columna vertebral aparece en el embrión del ser humano, que posee ya pequeñas vértebras cartilaginosas cuya osificación se inicia dos semanas más tarde. En el momento del nacimiento, el esqueleto, aún blando y flexible —de hecho, los huesos del cráneo y de la pelvis no se han soldado—, está constituido por 350 huesos, número que en el adulto se reduce a 206, ya que muchos huesos se fusionan.

El cráneo está formado por 29 huesos: ocho craneales y catorce faciales. El oído medio contiene tres pequeños huesos (martillo, yunque y estribo), encargados de la transmisión del sonido hasta el oído interno. En la base de la lengua se encuentra el hueso hioides, que no se articula con ningún otro del esqueleto. Los ojos están protegidos por las cavidades óseas del cráneo. Cuando masticamos movemos el único hueso móvil de la cabeza: el maxilar inferior o mandíbula.

El tronco está constituido por 51 huesos, la mitad de los cuales forman parte de la columna vertebral, así como de la pelvis, mientras que los restantes integran el tórax. Los huesos de la columna vertebral y de la pelvis son fuertes y rígidos; soportan la mayor parte del peso del cuerpo. Son los responsables de que podamos caminar y permanecer de pie. Además tienen una función de protección: los del tórax protegen los órganos y vísceras, mientras que las vértebras protegen los nervios y vasos que forman parte de la columna vertebral.

Las extremidades superiores e inferiores del hombre están unidas al tronco por las cinturas. La cintura escapular para los miembros superiores y la llamada cintura pélvica para las extremidades inferiores. La primera está formada por el omóplato y la clavícula; la segunda, por un solo hueso, el iliaco, resultado de la fusión de otros tres más pequeños. Los brazos están compuestos por húmero, cubito y radio; las piernas se componen de fémur, tibia y peroné.

En cuanto a las articulaciones, las móviles presentan los siguientes elementos: una superficie articular, lisa, generalmente entre dos epífisis de huesos largos; un cartílago articular—que ocupa el espacio entre un hueso y otro— blanco, liso y brillante, que facilita el deslizamiento de una superficie sobre otra; un cápsula fibrosa, que se inserta en los extremos de cada uno de los huesos que forman la articulación y es semejante a un cilindro hueco; la membrana sinovial, una capa delgada que segrega el líquido que lubrica todas las articulaciones, y los ligamentos articulares, sólidos cordones de tejido conjuntivo que impiden la separación de los huesos que integran la articulación. Las articulaciones determinan la dirección y grado de movilidad de los huesos del organismo.
Cuerpo humano los musculos y el esqueleto

En las rodillas, codos y dedos son de encaje recíproco. En la rodilla, la de mayor tamaño, el fémur —el hueso más largo del esqueleto— y la tibia forman una articulación de encaje recíproco, reforzada por ligamentos que conectan en forma cruzada ambos huesos y una fuerte cápsula articular. Los extremos femorales, redondeados, se hallan situados por detrás de la rótula. La articulación del hombro está compuesta por una esfera y una cavidad, lo que permite una mayor variedad de movimientos. La de la cadera, sobre la que descansa el peso del cuerpo, está formada por la cavidad coxal, en la que se inserta la cabeza del fémur. Por otro lado, un tendón que cruza desde el fémur hasta el coxal mantiene la articulación en la posición adecuada.

Las articulaciones semimóviles son las que aparecen entre dos vértebras; las dos caras que se unen son ligeramente cóncavas y están revestidas por una fina membrana de tejido cartilaginoso.. Los ligamentos interóseos permiten la flexión y expansión de la columna vertebral.

Las articulaciones inmóviles se encuentran en la cabeza; como ejemplo puede citarse la que existe entre los huesos parietal y frontal del cráneo, unidos mediante una serie de salientes, a modo de dientes, que coinciden a la perfección.

Estructura del tejido óseo: El tejido óseo, es decir los huesos que forman parte del esqueleto, se compone de células y de una matriz orgánica calcificada -constituida por fibras y por, sustancia fundamental impregnada por sales de calcio-. Los huesos están dados por una densa capa de tejido conectivo muy vascularizada, llamada periostio. Las células que constituyen los huesos son de tres tipos: los osteoblastos responsables de la formación del tejido óseo, son de forma cúbica o prismática de núcleo redondeado, su citoplasma es rico en orgánulos responsables de la síntesis de proteínas (ribosomas, mitocondrias, aparato de Golgi y retículo endoplasmático) los osteocitos son las células que forman principalmente el tejido óseo adulto, con forma de huso, núcleo ovalado y, al igual que los osteoblastos aunque en menor cantidad, con orgánulos responsables de la síntesis de proteínas; los osteoclastos, responsables de la resorción de tejido óseo, presentan forma redondeada y varios núcleos.

La matriz está formada por fibras de colágeno -sustancia fundamental, compuesta en su mayor parte de mucopolisacárido- y sales minerales -cristales minerales en forma de agujas muy finas y tablillas hexagonales- unidas a las fibras de colágeno.

Funciones de los huesos: Los huesos llevan a cabo tres funciones fundamentales. Sirven como sostén del cuereo —son los puntos de inserción de los músculos y los tendones implicados en la locomoción— y protegen el contenido de las cavidades cráneoraquidea y torácica (función mecánica). Por otra parte, desempeñan una función hematopoyética o formadora de sangre, debido a la presencia de las células de la médula ósea contenida en la cavidad medular y entre las trabéculas del tejido óseo esponjoso.

Finalmente, hay que mencionar una función metabólica. Los huesos esqueléticos actúan como depósito de minerales. Existe un depósito de calcio y fósforo en el interior de los huesos, movílizable, que se puede liberar para mantener normales los niveles sanguíneos y suministrar estos materiales cuando sea preciso, dependiendo de las necesidades de otros tejidos.

Este fluido, que circula por un sistema tan complejo como el cardiovascular y puede llegar a todas las células del cuerpo, tiene funciones vitales. En primer lugar es el encargado de la respiración celular, tomando el oxígeno de los pulmones, llevándolo a todo el cuerpo y devolviendo desde allí a los pulmones el dióxido de carbono. También recolecta los alimentos disgregados por el sistema digestivo y los lleva a las células. Al pasar por el hígado y el riñón realiza una función depurativa, permitiendo que salgan de nuestro cuerpo sustancias nocivas.

Al transportar células del sistema inmunitario, actúa en la defensa de nuestro cuerpo frente a los microbios. Su función transportadora no acaba aquí, pues lleva las hormonas de un lugar a otro del cuerpo. Además, la sangre actúa en la regulación de la temperatura, haciendo que el calor generado en el cuerpo sea trasladado hacia la superficie para que se disipe.

La composición de la sangre
sangre

El volumen promedio de sangre de un hombre es de 5,5 litros, y el de una mujer de aproximadamente un litro menos. Algo más de la mitad de este volumen está formada por el plasma, la parte líquida de la sangre. Por él circulan las células sanguíneas, que son de diversos tipos: los eritrocitos o glóbulos rojos, los leucocitos o glóbulos blancos y las plaquetas o trombocitos.

El plasma sanguíneo
Tiene el aspecto de un fluido claro, algo semejante a la clara de huevo, y el 90% está formado de agua. En él se hallan disueltas importantes sales minerales, como el cloruro sódico, el cloruro potásico y sales de calcio, escindidas en sus componentes. Su concentración oscila muy poco para que no se rompa su equilibrio con el líquido que baña los tejidos ni con el intracelular. Gracias a ellas pueden disolverse las proteínas en el plasma, para ser transportadas por la sangre, y la acidez de los líquidos del cuerpo se mantiene dentro de estrechos límites.

Las proteínas más importantes que se hallan disueltas en el plasma son el fibrinógeno y la protrombina, que intervienen en la coagulación sanguínea; las al búminas, que desempeñan un importante papel en el transporte y para mantener el volumen de plasma, y las globulinas, que son parte del sistema defensivo de nuestro cuerpo. Todas estas proteínas, a excepción de las últimas, se forman en el hígado.

Además, en el plasma existen todas las sustancias transportadas por la sangre, como las partículas de alimento y los productos que son el resultado del metabolismo, y, como ya hemos mencionado, las hormonas.

Las plaquetas o trombocitos

Estas células, encargadas de la coagulación, se originan en la médula ósea. Su tamaño es de unas dos milésimas de milímetro, tienen forma de disco y existen unas 300.000 por cada milímetro cúbico de sangre. Su principal característica consiste en que se adhieren unas a otras, por lo que tienen la capacidad de formar coágulos.

La coagulación

Un sistema tan indispensable como el cardiovascular debe poseer un mecanismo de seguridad que evite que su líquido se vierta. Ante cualquier rotura de los vasos, pues, interviene el mecanismo de la coagulación.

Cuando la pared de un vaso se rompe se ponen al descubierto zonas de tejido el mismo que son ásperas, a las cuales e pegan rápidamente las plaquetas. En pocos instantes la acumulación de ellas es grande, pero su función no se acaba en el taponamiento; las plaquetas adheridas emiten unos mensajeros químicos llamados factores de coagulación, de los que existen más de diez tipos. Gracias a ellos e forma una reacción en cadena al término de la cual el fibrinógeno, una proteína que se hallaba disuelta en el plasma, se convierte en fibrina.

Esta es insoluble y forma unos filamentos muy finos son los que se teje una red, que forma el coágulo. Además, las plaquetas emiten serotonina, que tiene el efecto de estrechar s vasos sanguíneos para que disminuya la corriente. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de aluno de los factores de coagulación.
Humano

En otra época, uno de los grandes inconvenientes al realizas transfusiones de sangre era el hecho de poder conservar este tejido en estado líquido. La coagulación de la sangre es un proceso muy rápido, que se produce entre los 3 y los 7 minutos de practicada la extracción sanguínea; por eso, las transfusiones se hacían directamente de persona a persona.

Gracias a las investigaciones del médico argentino Luis Agote, en el año 1914 se logró que la sangre in vitro (fuera del cuerpo) se mantuviera en estado líquido, al agregarle citrato de sodio —sal inorgánica, formada por la combinación de ácido cítrico e hidróxido de sodio—.

El citrato de sodio actúa como anticoagulante. Provoca la precipitación de los iones calcio al formar un nuevo compuesto, el citrato de calcio, por lo que el calcio deja de ejercer su acción en la coagulación. De esta manera se puede tener la sangre en estado líquido por varias semanas, siempre que se mantenga refrigerada

Los eritrocitos dan a la sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxígeno por la sangre. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de aluno de los factores de coagulación. La más pequeña herida puede poner en peligro la vida del enfermo, que sangra sin parar.

Los glóbulos rojos

Los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, se forman en la médula roja de los huesos y subsisten durante cuatro meses. Su principal característica morfológica es que no poseen un núcleo organizado, que al pasar a la sangre ya ha desaparecido. Tienen forma de disco engrosado por el borde, su diámetro es de unas siete milésimas de milímetro, y en cada milímetro cúbico de sangre existen de 4,5 a 5,5 millones de ellos, que constituyen el 45% del volumen sanguíneo.

LOS eritrocitos dan a il sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxígeno por la sangre.

La hemoglobina

Esta molécula está formada por cuatro subunidades idénticas, cada una de las cuales consta de una proteína, la globina, unida a un grupo hemo. Este último tiñe de rojo la sangre y está formado por cuatro núcleos que se unen adoptando la forma de un trébol de cuatro hojas. En el centro se halla anexionada una molécula de hierro, que es la encargada de unirse al oxígeno. Efectivamente, mediante la oxidación y desoxidación del hierro cada molécula de hemoglobina capta cuatro moléculas de oxígeno de los alvéolos pulmonares. Con esta preciada carga el eritrocito viaja, pasando por la parte izquierda del corazón, hasta las células de todo el cuerpo, donde el oxígeno debe ser liberado. El dióxido de carbono, por el contrario, no se une con la hemoglobina sino que se disuelve directamente en el plasma con gran facilidad. En cambio, el monóxido de carbono, el gas que sale por los tubos de escape de los coches, sí se une con la hemoglobina, y con más facilidad que el oxígeno. Así, cuando en el aire que respiramos hay oxígeno y monóxido de carbono, este último gana la competición por unirse con la hemoglobina y la persona que lo absorbe puede morir.

Los grupos sanguíneos

En la membrana de los glóbulos rojos hay unas proteínas que no son idénticas en todas las personas. Así, no siempre un individuo puede tolerar la transfusión de sangre de otro, ya que existen reacciones del sistema defensivo. Este intenta protegerse ante estas proteínas que le son extrañas formando anticuerpos, y la sangre del receptor produce una enfermedad que puede ser mortal.

Existen muchos tipos de proteínas en los glóbulos rojos, pero las que aquí nos interesan son las del grupo ABO y las del factor Rhesus o Rh.

Grupo ARO. Pueden existir dos tipos de proteínas en el glóbulo rojo: la A y la B. Una persona que tenga la proteína A pertenecerá al grupo A, y si tiene el factor B, pertenecerá al B. Si posee ambas proteínas, será del grupo AB, y si no tiene ninguna, del O (cero). Existen, pues, cuatro tipos de personas, y cada uno de ellos repele a la proteína que no posee. Así los individuos A y O repelen la sangre de los B y los AB, mientras que los B y los O presentan una reacción defensiva frente a los A y los AB. Los individuos AB, al tener los dos grupos, pueden recibir transfusiones de todos los demás, mientras que los O no pueden recibir sangre más que de su mismo grupo, y pueden dar a todo el mundo, por lo que reciben el nombre de donantes universales.

Grupo Rh. Existe una proteína, que se encuentra en los glóbulos rojos del 85% de las personas, que se llama Rh positiva. Las restantes, o Rh negativas, si reciben sangre con la proteína, quedan sensibilizadas. Si tiene lugar un segundo contacto, se produce una reacción de rechazo, que en los hombres y en las mujeres no gestantes no entraña ningún peligro. Sin embargo, si una mujer embarazada experimenta esta reacción, porque su hijo es Rh+ y ella Rh—, se pondrá en peligro la vida del bebé. Ello se debe a que durante el embarazo algo de la sangre del bebé se mezcla con la de la madre.

Los glóbulos blancos

Los leucocitos o glóbulos blancos son las células sanguíneas encargadas de la defensa. Su tamaño es variable, de 6 a 20 micras de diámetro, y se encuentran en la sangre, según su tipo, en un número que oscila entre los 5.000 y los 9.000 por milímetro cúbico. Todos ellos tienen núcleo, aunque la forma de éste es muy distinta. Algunos de ellos, el grupo de los granulocitos, poseen unos gránulos en el citoplasma, mientras que otros, los agranulocitos, carecen de ellos. Los granulocitos se subdividen en neutrófilos, eosinófilos y basófllos, y los agranulocitos en monocitos y linfocitos.

Neutrófilos

Se originan en la médula ósea roja, donde gran proporción de ellos permanece hasta que son necesarios en la sangre. Constituyen el 70% del total de los granulocitos, y sus gránulos son pequeños y muy numerosos. El núcleo posee varios lóbulos, y el diámetro es de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, es decir, devorar los cuerpos extraños, después de lo cual el neutrófilo muere y es destruido, formándose partículas de pus. La vida media de estas células es de una semana.

Eosinófilos

Originados de la misma forma que los neutrófilos, los eosinófilos constituyen el 3% del total de granulocitos y su núcleo presenta sólo dos nódulos ovalados. Sus gránulos son grandes y numerosos y su diámetro de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, al igual que la de los neutrófilos, y su número aumenta mucho durante las alergias y las enfermedades por parásitos.

Basófilos

Los gránulos de los basófilos son gruesos pero escasos. Son células de unas 10 micras de diámetro y su núcleo tiene una forma que recuerda a una 5. Se originan en el mismo lugar que el resto de los granulocitos, y son los menos numerosos, ya que constituyen sólo el 0,5% del total. Su función no se conoce bien, pero parece que evitan la coagulación dentro de las arterias y las venas.

Monocitos

Son los más grandes de entre los glóbulos blancos, con un tamaño que oscila entre las 15 y las 20 micras. Su núcleo tiene forma arriñonada y poseen gran cantidad de citoplasma, que no tiene gránulos. Constituyen el 5% de los glóbulos blancos, y se dedican a devorar partículas de un tamaño considerable. Por tanto, al igual que los tipos antes descritos, los monocitos viven muy poco tiempo, pues mueren destruidos después de fagocitar. Algunos de ellos se desplazan hasta donde los necesitan, pero también los hay fijos en el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos y la médula.

Linfocitos

Tienen el tamaño de un glóbulo rojo, y su núcleo es esférico y bastante grande, con una concavidad en uno de sus lados. Constituyen el 30% de todos linfocitos y se forman en la médula ósea roja. Sin embrago cuando salen de ella sufren un proceso de maduración por el cual se forman dos tipos: los linfocitos B, que pasan a los ganglios linfáticos, y los linfocitos T, que se albergan en el timo. Todos ellos viven unos cien días y se encargan del sistema de defensa específico, también llamado inmunitario, por el cual el linfocito distingue las sustancias que debe destruir de las que son propias del cuerpo. Para ello los linfocitos deben tener un cierto tipo de (<memoria» que les permita pasar sus conocimientos de una generación a la siguiente.

La sustancia atacante recibe el nombre de antígeno, y la que producen los linfocitos para neutralizarla son los anticuerpos. Los anticuerpos se unen a los antígenos de forma que éstos se hacen inofensivos, y todo el complejo es después eliminado por los eosinófilos.

Linfocitos B. Son los encargados de producir los anticuerpos y células de memoria. Éstas, una vez que han madurado y «aprendido» sobre un cierto antígeno, se dividen formando una estirpe, que puede durar varios años o toda la vida del individuo.

Linfocitos T. Estas células colaboran con los linfocitos B, y además tienen otras funciones, como la de estimular la actividad de algunas células que fagocitan.
cuerpo

Los seres vivos, y en particular los vertebrados han desarrollado un conjunto de medidas que sirven de protección frente a los microorganismos y, en general, frente a toda estructura no reconocida como propia. Es el sistema inmunitario (foto: linfoncito T)

En nuestro ambiente se encuentran presentes una serie de agentes microbianos, como los virus, las bacterias, los hongos y los parásitos. Éstos pueden producir patologías que, sin un control por parte del organismo, pueden conducir a la muerte. En el sistema inmunitario del hombre se pueden distinguir dos tipos de inmunidades: la inmunidad innata y la adaptativa. La inmunidad innata actúa como una primera barrera frente a los agentes infecciosos que, de esta manera, son controlados sin llegar a provocar una infección. Si estas defensas iniciales no son suficientes, se elaboran entonces una serie de respuestas específicas para cada agente infeccioso. Las principales características de este sistema adaptativo son la especificidad y la memoria que guarda el organismo frente a este agente externo.

Respuestas inespecíficas

Entre las defensas innatas se puede mencionar la piel, las mucosas y una serie de ácidos y enzimas secretados por distintos órganos. La piel constituye, gracias a su capa de queratina, una primera barrera difícil de superar siempre y cuando no se produzca ninguna alteración en su estructura. Las mucosas están constituidas por una serie de células que segregan unas sustancias mucilaginosas para actuar de barrera defensiva. Los cilios, como las estructuras respiratorias, que crean corrientes de aire para eliminar el polvo, el polen, etc. En el estómago se secreta ácido clorhídrico para elevar el PH. En las lágrimas y en la saliva se secreta además un enzima de potente acción inmunológica: la lisozirna.

La segunda barrera que se encuentran los microorganismos después de la piel y las mucosas son una serie de células, como son los macrófagos y los micrófagos de la sangre y la linfa que conducen a la respuesta inflamatoria. Como consecuencia de la presencia de una herida las células de la zona responden liberando un derivado del aminoácido histidina, la histamina, que conlleva un aumento del flujo sanguíneo en esa zona, una elevación de la temperatura o lo que se conoce como inflamación. Ante la inflamación se van a movilizar los leucocitos o glóbulos blancos que circulan por la sangre. Dentro de ellos se pueden citar a los neutrófilos (el 60% de los leucocitos circulantes), que una vez localizada la lesión atraviesan las paredes capilares y fagocitan o destruyen a los microorganismos gracias a la liberación de múltiples enzimas hidrolfticas.

Otras células fagocíticas son los leucocitos basófilos y eosinófilos. Los primeros liberan histamina, para aumentar la respuesta inflamatoria y están además relacionados con los procesos alérgicos; de los eosinófilos no se conoce con exactitud su función, pero suelen estar presentes en infecciones ocasionadas por parásitos internos.

Los monocitos llegan a la zona infectada después de los neutrófilos y una vez allí se convierten en macrófagos con propiedades ameboides y fagocíticas. Estos monocitos se localizan en el bazo, en los ganglios linfáticos, en el hígado y en los pulmones donde se encargan de la eliminación de los patógenos presentes en estos órganos, que han conseguido superar las primeras barreras. El aumento de la temperatura que se produce normalmente ante una infección tiene lugar como consecuencia de la liberación por parte de los leucocitos de unas sustancias denominadas piretógenos, que mediante este proceso dificultan el desarrollo bacteriano en la infección.

El interferón

El tejido conectivo, los leucocitos y los linfocitos 1 de los vertebrados son capaces de producir una serie de glucoproteírias en respuesta a las infecciones de los virus. Estas proteínas conocidas como interferones poseen la particularidad de que no actúan directamente sobre la infección sino que su misión consiste en activar el sistema inmunitario del organismo, en lo que se considera como una respuesta semiespecífica.

Respuestas específicas

Las respuestas inmunes específicas se dan en dos niveles: celular, en el que participan los linfocitos B y T y humoral, que viene dada por proteínas en disolución, llamadas inmunoglobulinas.

Dentro del sistema inmunitario humano se pueden distinguir los órganos primarios, como son la médula ósea y el timo, zonas donde se originan las células inmunitarias o linfocitos que pasarán luego a los órganos secundarios del sistema linfoide para distribuirse por todo el organismo. En la médula ósea se encuentran las células Stem, que dan lugar a los linfoblastos y posteriormente a los linfocitos. Dentro de ellos se puede hablar de:

• Linfocitos B. La maduración de los linfoblastos para convertirse en linfocitos se produce en la misma médula ósea, y la letra B corresponde con ¡a bolsa de Fabricio de las aves que fue el primer lugar donde se localizaron. Los mamíferos carecen de esta bolsa y la maduración se produce en el feto en el hígado así como en la médula.

• Linfocitos T Denominados con la letra T porque la maduración de los linfoblastos se produce en el timo. El timo en los mamíferos está constituido por dos lóbulos, se localiza en el tórax, sobre el corazón y los vasos sanguíneos mayores. Dentro de cada lóbulo se pueden distinguir una corteza con las células linfoides o timocitos inmaduros y una médula interna constituida por células maduras.

Los linfocitos maduros se distribuyen posteriormente por los órganos linfoides secundarios, como son el bazo —su acción es muy importante ante las infecciones donde el patógeno se transporta por la sangre—, localizado en la porción superior izquierda del abdomen, detrás del estómago; las amígdalas; los ganglios linfáticos, el apéndice fecal, y las placas de Peyer del intestino, que defienden a esta zona de los múltiples microorganismos que se encuentran en nuestro aparato digestivo habitualmente. Los ganglios linfáticos se pueden describir como unas estructuras de tejido esponjoso, constituidas en su mayor parte por los linfocitos y los macrófagos y que actúan como filtros de los patógenos transportados en la sangre y en la linfa. En este proceso la linfa entra en el ganglio por los vasos aferentes y pasa a la cisterna linfática donde recoge gran cantidad de células inmunitarias que serán luego transportadas por el sistema linfático, una vez han abandonado este reservorio de linfocitos y macrófagos a través de los vasos linfáticos eferentes.

La respuesta humoral tiene como base la síntesis en los linfocitos B de unas proteínas globulares de alto peso molecular: las inmunoglobulinas o anticuerpos. Son grandes estructuras proteicas constituidas por ¡a asociación de dos cadenas polipeptídicas ligeras o L y dos cadenas pesadas o H. Estas cadenas se mantienen unidas gracias a la formación de enlaces o puentes disulfuro. Los llamados dominios de unión, en los extremos amino de ambas cadenas, son las zonas donde se reconoce y une el 1 patógeno o antígeno. Dentro del gran grupo de las inmurioglobulinas se puede hablar de cinco subgrupos importantes: las lg M, G, D, E y A. Las proteínas M, son de las primeras en actuar ante una infección y su misión fundamental es la de activar a otro sistema de proteínas llamado sistema de complemento y a los macrófagos. Las lgG constituyen el grupo de las gammaglobulinas; son las principales proteínas presentes en suero y su misión es la de activar el sistema de complemento; también tienen capacidad para unirse a los macrófagos y a los leucocitos. Las lgo, se han localizado principalmente en la superficie de los linfocitos B. Las lg E, se encuentran en los tejidos y están relacionadas con la liberación de histamina y por tanto con tos procesos de alergia. Por último, las lgA suponen la primera línea defensiva ante un patógeno y se han localizado en todas las secreciones externas así como en órganos tan importantes como ¡os pulmones y los intestinos.

El modo de actuación de los anticuerpos consiste en recubrir al patógeno, combinarse con él para impedir su desarrollo adecuado y, bien actuando en solitario o con la colaboración del sistema de complemento, llevar a cabo gracias a enzimas líticas y a la fagocitosis de otras células del sistema inmune, la destrucción del agente extraño. Dentro de la respuesta humoral se pueden distinguir una respuesta primaria, en la que actúan principalmente las proteínas M, y una segunda respuesta más rápida y eficaz, ante el mismo patógeno, gracias a la memoria del sistema inmune, donde las principales protagonistas son las inmunoglobulinas G.

La inmunología celular es la consecuencia de la acción conjunta de los linfocitos B y los linfocitos T Los primeros actúan frente a virus, bacterias y las sustancias que pueden producir estos microorganismos y los linfocitos T lo hacen sobre ¡as células del organismo que han sido infectadas por diferentes agentes patógenos. Estos linfocitos actúan gracias a la presencia en la superficie de las células de los llamados receptores de las células T. Existen tres tipos de linfocitos T, citotóxicos, auxiliares y supresores, y el proceso inmunitario es el siguiente:

Los linfocitos T citotóxicos reconocen las células que presentan en su superficie una proteína vírica y se unen a ella. Tras esto, gracias a la liberación de fuertes enzimas hidrolíticas, destruyen la célula infectada. Para favorecer la eliminación total de dichas células estos linfocitos segregan unas sustancias, las linfocinas, que permiten la actuación de los macrófagos.

Los linfocitos auxiliares son necesarios para la activación de los linfocitos B. Como consecuencia de la actuación de estos linfocitos, una vez que reconocen a los antígenos presentes en las células de los macrófagos, liberan una sustancia denominada interleucina 2, que provoca la activación de los linfocitos B, con la consiguiente formación de anticuerpos, y la maduración y diferenciación de los linfoncitos T citotóxicos. Los llamados linfoncitos T supresores, parecen estar relacionados con la mitigación de la respuesta inmune que puede desarrollar el organismo contra sus propias células.
Vacunas

La vacunación consiste en la aplicación de antígenos iguales o similares a los de los agentes infecciosos, desprovistos de las características que les confieren capacidad patógena, pero que conservan la facultad de estimular los mecanismos, inmunológicos. El producto antigénico que muestra esos caracteres se denomina vacuna.

Una vacuna es una suspensión de microorganismos vivos —o fracciones de mismos—, generalmente atenuados o inactivos, cuya administración induce en el receptor inmunidad frente a alguna enfermedad. Las heterovacunas contienen una sustancia ajena al organismo al que se aplican; en las autovacunas, el producto antigénico ha sido extraído del mismo organismo a inmunizar.

Clasificación de las heterovacunas

En función del origen del elemento antigénico, cabe hablar de cinco tipos. En primer lugar, se encuentran las cepas de microorganismos vivos, pero que perdieron su’ virulencia —atenuados—; a continuación, microbios muertos; toxinas producidas u bacterias, que han sido modificadas para que pierdan sus efectos tóxicos (anatoxinas o toxoides) —usadas para combatir el tétanos y la difteria—, pero que mantienen su capacidad de estimular la formación de antitoxinas; fracciones antigénicas del soma microbiano, extraídas de cultivos o del organismo mismo de los portadores, y, finalmente, las vacunas fabricadas por procesos de ingeniería genética.

Según la composición del producto vacunal en su totalidad, hay vacunas monovalentes —las que sólo pueden inmunizar frente a un tipo de agente—; polivalentes, do lo hacen frente a varios tipos de agentes —por ejemplo, los tres tipos de virus d4 polio—; asociadas, que contienen en el mismo producto antígenos desencadenantes de inmunidad frente a procesos varios —por ejemplo, la DTP frente a difteria, tétanos y tos ferina—, y simultáneas, que, aun siendo productos diferentes, se aplican en el mismo momento, incluso por vías distintas; la vacuna de la polio, vía oral, y la DTP, vía parenteral

En los productos biológicos vacunales, además de los antígenos, existen otros componentes: excipiente (agua destilada, suero salino, otros fluidos), preservantes estabilizadores y antibióticos —que inhiben el crecimiento microbiano y evitan el deterioro del producto- o coadyuvantes, que refuerzan la respuesta inmunógena antígeno; por ejemplo, sales de aluminio.

Vías de administración
Las principales vías de administración de las vacunas son:

1. Oral, de interés cuando el antígeno es un agente de ubicación digestiva (virus atenuado de la polio, en tres serotipos; cepa atenuada de tifoidea).

2. Inyección parenteral: a) intradérmica: bacilo vivo de Calmette y Guérin frente a la tuberculosis; bacterias inactivadas frente al cólera; vacuna de virus inactivados de la rabia; b) subcutánea: fiebre amarilla, rubéola, sarampión, todas ellas devirus vivos; triple vírica, a la vez frente a sarampión, rubéola y parotiditis; virus inactivados de tres serotipos frente a la polio; c) intramuscular: toxoide del tétanos; difteria-tétanos, DI y difteria-tétanos-tos ferina, DTP, a base de toxoides y bacterias inactivadas; gripe, de virus inactivados o de componentes víricos; hepatitis B, a base de antígenos producidos por la biotecnología.

3. Escarificación o lesión en las capas más superficiales de la piel, sobre la que se deposita el inóculo (viruela).

4. Nasal.

Las vacunas con coadyuvantes se deben aplicar profundamente en masa muscular, para evitar irritación local, inflamación, formación de un granuloma o necrosis. Para la subcutánea es de elección la cara antero-lateral de la parte superior del muslo en niños pequeños y la zona deltoidea en niños mayores y adultos. Las nalgas se descartan en cualquier grupo de edad, para evitar el riesgo de lesionar el ciático. Si se ponen a la vez más de un preparado vacunal o una vacuna y una inmunoglobulina, se ha de aplicar cada dosis en un sitio diferente.

Contraindicaciones de administración de una vacuna

No se aconseja aplicar cualquier tipo de vacuna en las siguientes situaciones: con fiebre Superior a 38,50C y, en general, ante toda enfermedad infecciosa aguda febril; en niños afectados de trastornos neurológicos evolutivos; frente a casos de hipersensibilidad a los componentes vacunales; en procesos malignos en fase evolutiva, nefropatías agudas, cardiopatías descompensadas, o cuando la mujer se encuentra en estado de gestación.

vivos pueden aumentar su replicación y no deberían aplicarse, salvo excepciones. En las personas VIH positivas se recomienda poner la antineumocócica y la antigripal infección sintomática.

Programas vacunales

Además de las vacunas ya conocidas que se aplican en la práctica, están en investigación las de infección por VIH, hepatitis A, herpes, citomegalovirus, sífilis y enfermedades parasitarias. Estas últimas presentan el problema de la escasez de conocimientos en inmunología antiparasitaria; por otra parte, los agentes no se puede, cultivar ¡n vitro. Se investiga sobre la toxoplasmosis, el paludismo y la leishmaniosis cutánea o botón de oriente. Algunas están especialmente indicadas ante riesgos profesionales: antitetánica (para lesiones), antitifo-paratífica (en la vida militar), antirrábica (cuidadores de perros), antileptospírica (trabajadores de arrozales), antibrucelosica y anticarbuncosa (en tareas relacionadas con la ganadería). Otras se recomienda” en el caso de viajes a zonas geográficas endémicas, a veces de forma obligatoria) como la de la fiebre amarilla. También se estudian la de la peste, hepatitis B y tifopa ratificas. Últimamente se está relegando la del cólera.

Criterios de implantación

Las vacunas más interesantes lo son porque previenen procesos muy frecuentes o p que conllevan graves consecuencias personales. Una vez disponibles, los criterios de implantación varían. Pueden hacerse obligatorias para todos los habitantes de un país, e interés de la comunidad —como sucede en España actualmente con la vacuna de la difteria—, o a nivel internacional, en determinadas circunstancias —como ante el paso de un país con endemia a otro exento de un proceso, y viceversa—. En otras ocasione son simplemente recomendadas y su uso es estimulado partir de la educación sanitaria En cuanto al campo d acción y el tiempo de aplicación, caben cuatro diseños básicos: de acuerdo con situaciones colectivas especiales y momentáneas, como epidemias; para grupos de riesgo de forma más o menos mantenida, como en el caso de la hepatitis B; ante situación particulares específicas, como viajes o empleos donde existe posibilidad de riesgo infeccioso, y de modo generalizado según un programa previsto para toda la comunidad.

Breve historia de la vacuna:
Fue Edward Jenner quien, en 1796, percibió el provecho que se podía obtener del virus de la vacuna, enfermedad benigna de la vaca. Constató, efectivamente, que los granjeros que ordeñaban las vacas afectadas por ese virus no se contagiaban nunca de viruela, patología frecuente y temible en aquella época. Jenner provocó una respuesta de inmunidad celular mediante la escarificación de la piel humana con un preparado del virus de la vacuna. En menos de dos siglos, la viruela ha sido erradicada.
esqueleto

Sin embargo, fue Pasteur (el de la foto) , gracias a sus vacunas contra las enfermedades animales, el carbunco, el cólera de los pollos, y, sobre todo, la rabia humana, quien sentó as bases científicas de la vacuna, a finales del siglo XIX. lnauguró una era de fructíferas investigaciones en la prevención de las enfermedades infecciosas. La vacuna de Pasteur contra la rabia utilizaba un virus desactivado de manera empírica. Su particularidad radicaba en su capacidad para emplearse incluso después de la infección; el virus de la rabia avanza lentamente por las fibras nerviosas hasta el cerebro, antes de desencadenar la enfermedad, lo que deja tiempo al sistema inmunitario para organizar una respuesta eficaz.

El hallazgo de dos tipos de vacunas contra la poliomelitis supuso un nuevo avance El cultivo de virus en células de riñones de mono, conseguido por John Enders, Permitió la producción en masa del virus para extraer del mismo una vacuna. Jonas Salk elaboró un preparado con virus muerto; por su parte, Albert Sabin utilizó uno virus pero atenuado por pasos en cultivo de células.

En nuestros días, existen dos grandes tipos de vacunas: las vacunas con virus vivos (rubeola, fiebre amarilla) y las vacunas con virus muertos (gripe, polio). En estas últimas se tiende cada vez más a reemplazar el virus completo por fragmentos fabricados mediante ingeniería genética —vacunas en subunidades—.

Así, hoy en día se produce la proteína de superficie del virus de la hepatitis 8, mediante células de hámster o a través de levaduras en las que se ha insertado el gen correspondiente. Estos preparados Sq11 más seguros porque no se corre el riesgo de conservar restos de virus infecciosos, cas0 que puede producirse cuando se procede a través de la inactivación química.

Los músculos y articulaciones de las piernas proporcionan fuerza y estabilidad al cuerpo. Estos músculos sirven para soportar el peso del cuerpo y proporcionar la potencia necesaria para realizar actividades tan habituales como andar, correr y saltar. También absorben los impactos acumulativos de esas actividades. Los huesos de las piernas están ceñidos por grupos de potentes músculos que permiten a las piernas doblarse (flexión), estirarse (extensión), moverse separándose del cuerpo (abducción) y juntarse a él (aducción).

Algunos de estos músculos son relativamente largos e intervienen en más de un tipo de movimiento.

MUSCULOS DEL MUSLO.
el

Existen tres músculos aductores en el muslo:

El ADUCTOR LARGO

EL ADUCTOR CORTO

EL ADUCTOR MAYOR

Los tres músculos aductores trabajan con el pectíneo para mover el muslo hacia dentro. Son músculos potentes que rotan el muslo hacia fuera y lo mueven hacia el lado opuesto, como el movimiento realizado al cruzar las piernas.

El Aductor Largo es un músculo triangular largo, que tiene en su origen tanto fibras carnosas como un resistente tendón en un área pequeña de la parte delantera del hueco púbico de la pelvis y se inserta en el fémur (hueso superior de la pierna o muslo).

El Aductor Corto está situado detrás del aductor largo.

El Aductor Mayor es un gran músculo triangular que forma una pared divisoria entre los músculos de la parte interna del muslo y los de la parte posterior. Está situado en el interior del muslo. Este largo músculo surge de un estrecho punto de la pelvis, pasa entre las masas musculares del tendón del hueco poplíteo y del cuádriceps y termina, en su apéndice más ancho, en la parte posterior del fémur. Es un potente músculo que realiza la aducción del muslo. La pequeña porción superior del aductor mayor se denomina aductor menor.

El Bíceps Femoral es un músculo grande que comprende dos porciones (dos puntos de unión al hueso), la porción larga y la corta. Los dos músculos convergen en un sólo tendón de inserción. Este tendón común está situado en la cabeza del peroné y cóndilo lateral de la tibia. Ambas porciones del músculo flexionan (doblan) la parte inferior de la pierna por la articulación de la rodilla y rota la tibia hacia fuera. La porción larga también contribuye a la extensión y rotación hacia fuera del muslo en la articulación de la cadera, formando un músculo de doble articulación, mientras que la porción corta es un músculo de una sola articulación.

Cuando nos sentamos lo hacemos sobre el músculo más potente y de mayor tamaño del cuerpo, el glúteo mayor. Es un músculo cuadrilátero grueso y carnoso que forma el mayor volumen de las nalgas. El músculo desciende desde su origen envolviendo la región posterior externa de la pelvis. Conecta el hueso ilíaco, el sacro y el cóccix con el fémur por tejidos del muslo. El glúteo mayor está formado por gruesas fibras musculares que extienden el muslo con potencia en la articulación de la cadera y lo separan del cuerpo, como al andar o correr. También se utiliza para levantar el cuerpo desde la posición de sentado.

El Grácil es una banda muscular delgada y ancha que está situada en la parte interna del muslo. Es más ancho en su punto de origen en el borde de la sección media del arco púbico y se estrecha en la superficie interna de la caña de la tibia. Este músculo lleva la rodilla hacia arriba y la empuja hacia la mitad del cuerpo. También interviene en la rotación de la pierna.

El tracto iliotibial, también denominado banda iliotibial, es una banda de fascia larga y ancha situada sobre los músculos de la superficie externa del muslo. Comienza en su parte superior a la altura del trocánter mayor del fémur (borde superior del hueso del muslo) y termina en su parte inferior en su inserción en el cóndilo de la tibia.

Esta banda es un engrosamiento de la fascia normal que rodea toda la pierna. Es delgado en su parte media (muslo interno), pero grueso en su parte lateral (muslo externo). Al actuar como un ligamento, este tendón ayuda principalmente a estabilizar la articulación de la rodilla y también interviene al flexionarla y extenderla.

El Pectíneo está situado en la zona anterior de la parte superior y media del muslo. Es un músculo plano y cuadrangular que surge en el pubis pectíneo (línea pectínea) y, hasta cierto punto, desde la superficie del hueso situado delante de él. El pectíneo flexiona y mueve el muslo hacia el cuerpo y lo rota medialmente.

El Músculo Sartorio es el músculo más largo del cuerpo. Es un músculo largo, estrecho, con forma de cinta, que desciende por el muslo en espiral. Comienza en la parte delantera de la cadera, donde nace en la zona frontal de la pelvis (la punta de la espina ilíaca superior anterior), desciende por la parte delantera del muslo y después por la parte interna de la rodilla, donde se une al extremo superior de la tibia. Este músculo es un potente flexor del muslo. Ayuda a flexionar la cadera y la rodilla y gira la pierna permitiendo, por ejemplo, sentarse con las piernas cruzadas.










MUSCULOS DE LA PIERNA.


Los músculos de la pierna son catorce y se encuentran distribuidos en tres regiones:


ANTERIOR.

EXTERNA.

POSTERIOR.

REGION ANTERIOR: se encuentran los siguientes músculos

Músculo tibial anterior.

Músculo extensor común de los dedos.

Músculo extensor propio del dedo gordo.

Músculo perone anterior.

Músculo peroneo lateral largo.

Músculo peroneo lateral corto.

A los músculos de la región posterior se los divide en dos planos, superficial y profundo:

PLANO SUPERFICIAL:

Músculos gemelos.

Músculo soleo.

Músculo plantar delgado.

PLANO PROFUNDO:


Músculo flexor común de los dedos.

Músculo flexor largo del dedo gordo.

Músculo tibial posterior.

Músculo poplíteo.



MUSCULOS DE LA REGION ANTERIOR.

En esta región los músculos se ubican en el espacio comprendido entre el borde anterior de la tibia y del perone por delante del ligamento interoseo.

Músculo Tibial Anterior: este músculo se extiende desde la extremidad superior de la tibia hasta el borde interno del pie.

En la pierna se relaciona, por fuera, con el músculo extensor común de los dedos; y un poco mas abajo con el músculo extensor propio del dedo gordo.

En la pierna se relaciona, por fuera, con el músculo extensor común de los dedos; y un poco mas abajo con el músculo extensor propio del dedo gordo.

Por detrás y fuera se relaciona con el paquete vasculonervioso tibial anterior, el que lo acompaña en su trayecto.

Función : el tibial anterior realiza movimientos de flexión, aducción y rotación interna del pie.

Músculo Extensor Común de los Dedos: este músculo tiene las siguientes relaciones:

Por dentro y arriba se relaciona con el músculo tibial anterior.

Por dentro y abajo esta en relación con el músculo extensor propio del dedo gordo.

Por fuera se relaciona con los músculos peroneo lateral corto y peroneo lateral largo.

Función : realiza movimientos de extensión de los dedos hacia el dorso del pie. También es flexor, abductor y rotador externo del pie.

Músculo Extensor Propio del Dedo Gordo: este músculo se relaciona con los siguientes elementos:

En la pierna se relaciona con el músculo tibial anterior, por dentro; y con el músculo extensor común de los dedos, por fuera.

Esta en relación con la arteria tibial que es, primero, interna. Luego en la articulación tibiotarsiana lo cruza de adentro hacia fuera, por su cara posterior, haciéndose externa y llamándose ya a este nivel arteria pedia.

Función : realiza movimientos de extensión de las falanges del dedo gordo sobre el metatarso. También es flexor, abductor y rotador interno del pie.

Músculo Peroneo Anterior: se relaciona, por dentro, con el extensor común de los dedos; y por fuera, con los peroneos laterales. En el pie cruza oblicuamente la cara superior del músculo pedio

Función: realiza movimientos de flexión, abducción y rotación externa del pie.

MUSCULOS DE LA REGION EXTERNA.

Los músculos de esta región son dos el músculo peroneo lateral largo y el músculo peroneo lateral corto.

Músculo Peroneo Lateral Largo: este músculo pasa de ser externo en la pierna a ser interno en el pie, después de cruzar en diagonal la cara inferior del pie. Sus relaciones son: en la pierna se relaciona con los músculos extensor común de los dedos y peroneo anterior, por delante; con los músculos soleo y flexor propio del dedo gordo, por detrás. Es atravesado por el nervio ciático popiteo externo y sus dos ramas terminales: Nervios musculocutaneo y tibial anterior. En la garganta del pie cruza al tendón del músculo peroneo lateral corto.

Función: este músculo extiende el pie sobre la pierna. También es abductor y rotador externo.

Músculo Peroneo Lateral Corto: se encuentra situado por debajo del músculo peroneo lateral largo, pero es mucho más corto que este. Se extiende desde la cara externa de la pierna hasta el borde externo del pie.

Función : realiza movimientos de abducción y rotación externa del pie.

MUSCULOS DE LA REGION POSTERIOR.


Esta región se divide en dos planos superficial y profundo.

Plano Superficial: se encuentran aquí los siguientes músculos: Gemelos, soleo y plantar delgado.

Músculos Gemelos: estos son dos músculos que se insertan en forma independiente en los condilos femorales, a poco de nacer se fusionan para insertarse distalmente por medio de un tendón común. Los músculos gemelos y el soleo constituyen el tríceps sural. Los extremos superiores de los gemelos presentan el limite inferior del rombo poplíteo. Ambos gemelos cubren al músculo soleo y al músculo poplíteo.

Función: estos músculos son extensores del pie. Flexionan la pierna sobre el muslo, luego de haber extendido el pie.

Músculo Soleo: se encuentra por debajo de los gemelos. Entre las inserciones del músculo en la tibia y el perone, forman un arco o anillo fibroso denominado anillo soleo; aquí la arteria popitlea emite sus ramas terminales: la arteria tibial anterior y el tronco tibioperoneo. Este músculo cubre al paquete vasculonervioso tibial posterior y a los músculos del plano profundo.

Función : al igual que los gemelos, es extensor del pie; y flexiona la pierna sobre el muslo, luego de haber extendido el pie.

Músculo Plantar Delgado: esta cubierto por los gemelos.

Función: este músculo es auxiliar de los músculos gemelos.

Músculo Flexor Común de los Dedos: en la pierna cubre al músculo tibial posterior; y a su vez esta cubierto por el soleo. En la garganta del pie su tendón se desliza por el canal retromaleolar interno, junto con el paquete vasculonervioso tibial posterior. En la planta del pie cubre al músculo abductor del dedo gordo, y sus tendones prestan inserción a los músculos lumbricales.

Función: realiza movimientos de flexión de los cuatro últimos dedos; y de extensión del pie sobre la pierna.

Músculo Flexor Largo del Dedo Gordo: este músculo es llamado flexor largo. El tendón de este músculo pasa por la cara posterior del astrágalo, por el canal retromaleolar interno. En la pierna esta cubierto por el soleo y el tendón de Aquiles y cubre al perone. En la planta del pie cruza el tendón del músculo flexor corto de los dedos.

Función: es flexor del dedo gordo.

Músculo Tibial Posterior: en la garganta del pie, el tendón de este músculo se ubica en el canal retromaleolar interno.

Músculo Poplíteo: esta ubicado por debajo de los dos gemelos, del plantar delgado, de los vasos popitleos y del nervio ciático poplíteo interno. Este músculo cubre a la articulación de la rodilla. Forma parte del piso del rombo poplíteo.

Función: este músculo produce la flexión de la pierna sobre el muslo, y también hace rotación interna de la misma.


Vista Anterior y Posterior de la Pierna.




Músculos del Pie.

En el pie hay once músculos que se distribuyen en dos regiones:

DORSAL

PLANTAR

Región Dorsal: se encuentra el músculo pedio.

Región Plantar: se divide en tres regiones: plantar interna, externa y media.


Región Plantar Interna: Aductor del dedo gordo.

Flexor corto del dedo gordo.

Abductor del dedo gordo.



Región Plantar Externa: Abductor del dedo pequeño.

Flexor corto del dedo pequeño.

Oponente del dedo pequeño.


Región Plantar Media: Flexor corto plantar.

Accesorio del flexor largo.

Lumbricales.

Interoseos.










MÚSCULOS DE LA REGION DORSAL.



Músculo Pedio: es un músculo aplanado que se extiende en el dorso del pie, este también es denominado extensor corto de los dedos.

El músculo pedio se encuentra cubierto por los tendones del músculo extensor común de los dedos. Y a su vez, cubre el esqueleto del pie.


Función: Este músculo realiza movimientos de extensión de los cuatro primeros dedos.


MÚSCULOS DE LA REGIÓN PLANTAR.



Región Plantar Interna.


Músculo Aductor del Dedo Gordo: es el músculo más superficial de la presente región. Se encuentra cubierto por la aponeurosis y la piel. Y, por ultimo, hacia fuera esta en relación con el músculo flexor corto y el tendón del flexor largo de los dedos.


Función: Realiza movimientos de flexión y aducción del dedo gordo.

Músculo Flexor Corto del Dedo Gordo: esta ubicado por debajo del aductor del dedo gordo; y cubre al primer metatarsiano. Entre sus dos fascículos - interno y externo- se encuentra el tendón del músculo flexor largo del dedo gordo.


Función: Este músculo tiene la función de realizar la flexión del dedo gordo.

Músculo Abductor del Dedo Gordo: se encuentra cubierto por el músculo flexor corto plantar y por los tendones del flexor largo.


Función: El abductor del dedo gordo realiza movimientos de flexión y abducción del dedo gordo.


Región Plantar Externa.



Músculo Abductor del Dedo Pequeño: este músculo es superficial y esta cubierto por la aponeurosis plantar.


Función: Este músculo es flexor y abductor del dedo pequeño.

Músculo Flexor Corto del Dedo Pequeño: este músculo se encuentra cubierto por el músculo abductor del dedo pequeño, y cubre al músculo oponente del dedo pequeño.


Función: Tiene la función de flexionar el dedo pequeño.

Músculo Oponente del Dedo Pequeño: este músculo se encuentra cubierto por el músculo flexor corto del dedo pequeño; y cubre al quinto metatarsiano.


Función: Al igual que el músculo flexor corto del dedo pequeño, es el flexor del dedo pequeño.

Región Plantar Media.



Músculo Flexor Corto Plantar: sus cuatro tendones están perforados por los tendones del músculo flexor largo.


Función: Este músculo es flexor de los cuatro últimos dedos.


Músculo Accesorio del Flexor Largo: este músculo se encuentra por debajo del músculo flexor corto plantar.


Músculos Lumbricales: estos músculos cubren a los músculos Interoseos.


Función: Realizan movimientos de flexión de la primera falange, y de extensión de las otras dos.

Músculos Interoseos: los músculos Interoseos plantares ocupan la mitad del espacio interoseo. y los Interoseos dorsales ocupan todo el espacio interoseo.


Función: Los músculos Interoseos flexionan la primera falange y extienden las demás. Los plantares son aductores de los dedos, los juntan. Y los dorsales abducen los dedos, los separan.

Vista Dorsal y Planta del Pie.

Músculos: Muslo y Pierna.-
musculos
Aparato
digestivo
inmunidad humana
Cuerpo humano los musculos y el esqueleto

Bueno eso es todo no vemos
sangre

2 comentarios - Cuerpo humano los musculos y el esqueleto

@luchysk -1
gracias amigo me sirbio mucho!!