El Reino envenenado

(a propósito de las hepatitis).
Revista «Memorándum». Número 9,otoño de 1997.
Un cuento.

«Viniere el malo con su tronoal hombro; y viniere el bueno a ayudar al malo a andar». Mario Benedetti.

Érase una vez unos habitantes,una ciudad y un reino muy lejos de aquí y que, como veréis, se parecían muypoco a nosotros. Vivían al principio en paz, rodeados de cosas sencillas comoel sol, los niños y los pájaros. Y las plantas, las buenas, baratas y sencillasplantas, que en gran variedad había puesto Dios en aquella tierra, y que losancianos del lugar usaban para hacer tizones medicinales, plantas cuyossecretos pasaban las abuelas de generación en generación.
Cuando se necesitaba algunaplanta, alguna abuela sabia salía a la montaña y volvía con un buen puñado deellas, justo las que necesitaban para cada caso. Pero eso sólo ocurría de tardeen tarde, en los raros casos en que alguien se ponía enfermo, por lo comúnviejos a los que ya se iba aproximando su hora de partir de este mundo. Así esque había muchos ciudadanos saludables y había pocos médicos, científicos yfarmacéuticos en esa ciudad: había en realidad sólo tres; porque, enrealidad... no se necesitaban más.
Pero un día triste de un añomaléfico llegó a la ciudad un hombre malo, y se quedó en el mejor hotel,maquinando cómo hacerse rico con tan confiados e ingenuos ciudadanos. Sellamaba Manson y era en realidad un timador y un gánster desaprensivo que habíatenido que huir de otro reino por una gran estafa que él hizo. Aunque, comosuele ocurrir con todos los gansters, vestía con mucho empaque y parecía unapersona muy honorable y digna de crédito. Todos le cedían el paso cuando élentraba en los lugares importantes de la ciudad.
Manson tenía el corazón negro yse rodeó, por la ley de la semejanza, de un pequeño círculo de hombres con elcorazón asimismo negro, y empezó a maquinar cómo timar a gran escala, sin queesta vez tuviera que huir ni le quisieran llevar ante la justicia.
Pronto urdió un timo perfectoque, como sería a gran escala, sería muy poco detectable. Decidió vender a losciudadanos de ese reino simultáneamente venenos y contravenenos para de estaforma hacerse muy rico.
Así es que, ayudado de su íntimocírculo de secuaces, pasaron a la primera fase del proyecto. Pusieron a laventa un veneno en bajas dosis para aguas y alimentos, veneno al que sinembargo llamaron «Aditivo Colorante Conservante» pues daba color y saboratractivo a los manjares e impedía que aguas y alimentos se llenasen de algas ymicrobios (incluso a temperatura ambiente) o, como ellos dijeron en supublicidad, impedía que las aguas se «pudriesen». Como los efectos de esosvenenos eran a largo plazo, sólo los previnieron algunos biólogos expertos, quefueron convenientemente sobornados (y en algún caso eliminados).
En vista de que nadie señalabainconvenientes importantes y en vista de las indudables ventajas, muchoshombres buenos acogieron y financiaron a ese hombre de corazón malo, que fundóuna gran empresa que llamó «Aditivos Co.» que creció un 500% durante muchosaños, e hizo muy rico a Manson y a los Bancos que le ayudaron.
Pero la naturaleza no entendía dementidas y sobornos. Así es que las células de los hígados de los habitantes deesa ciudad y de ese reino se desvitalizaban y morían... a la misma velocidadque las algas que antes enverdecían las aguas de los estanques y que lasbacterias que antes fermentaban los alimentos; y los colorantes y saborizantesque tanto realzaban (y hacían vender) los manjares... envenenaban en igualproporción poco a poco los hígados y riñones de la mayor parte de loshabitantes del reino.
Los sistemas inmunitarios de loshabitantes de la ciudad se deprimían lentamente y los hepatocitos morían unotras otro, vertiéndose sus contenidos necróticos en los conductos intra yextrahepáticos y en la sangre, los cuales se llenaban de extrañas proteínas,trozos de ADN y ARN dañados. No es de extrañar que, tras algunas semanas,proliferara entre toda esa materia muerta algún que otro microbio «oportunista»o «basurero», microbio que era rápidamente fotografiado e identificado por losbiólogos a sueldo de Manson.
Para encubrir su oculta perodetectable mala acción, Manson y sus desaprensivos hacían decir a los«expertos» a su servicio que las extrañas proteínas y trozos de ADN y ARNdañados que aparecían en la sangre y biopsias de los afectados pertenecían enrealidad a los microbios que aparecían en la mayoría de los hígados afectados.Y, presentando diapositivas de los microbios y del material genético hallado,decían con gran solemnidad que habían por fin descubierto a los verdaderosresponsables de los daños hepáticos encontrados.
Y como esa mentira se decía conpalabras muy serias y complicadas en revistas muy serias y complicadas... puesresulta que todos los letrados y «científicos» del reino dijeron que así era,en efecto, pues temían confesar que no habían visto nada de todo eso, y que enrealidad ignoraban la base que estaba detrás de toda aquella fraseología. Ycomo ellos dijeron que era así, los mejores periodistas y dibujantes hicieronamplios esquemas que publicaron en las revistas más «serias» y expléndidosdocumentales que emitieron en la Gran Cadena Televisiva del reino. Y, como eso hicieron losperiodistas, todos creyeron esa gran mentira que, paradójicamente, recibió elpremio Pulitzer de ese año. Es más, hartos de ver crecer el número de enfermosy muertos que cada semana se registraban en el desolado reino, el clamor de lasgentes forzaron a que la Seguridad social del envenenado reino financiase la lucha contraesos perversos microbios.
Manson fundó un gran holdingdiversificado de empresas que ascendió rápidamente en Bolsa. Además de«Aditivos Co.», Manson y sus desaprensivos fundaron también «InhibitoriaFarmacéutica Co.», que desarrolló potentes antimicrobianos e inhibidores de losprocesos de expresión y catabolismo celular. De esta forma lograban frenardurante algunos meses (e incluso años) los alarmantes resultados que en losorganismos envenenados los «test detección» iban mostrando. Cierto es que esefrenado se producía a costa de importantes efectos secundarios. Unos y otroseran puestos en el mercado... tras patentarlos, por supuesto.
Pero la pieza clave del Holdingla constituía «Multimedia Co.» empresa de «publicidad y publicacionescientíficas» que hizo periódicas y «muy serias» campañas «de sensibilización»en este sentido, poniendo siempre «a disposición de la prestigiosa clasemédica» las «valiosas ayudas descubiertas».
Los envenenamientos de «AditivosCo.» continuaron, y los subsiguientes daños hepaticorenales también.Convenientemente publicitados, el uso de los productos de «InhibitoriaFarmacéutica Co.» fue creciendo, y pronto pudieron hacerse estadísticas deresultados.
Como consecuencia, las revistas«científicas» se fueron llenando de sesudos trabajos (estadísticos yaleatorizados, por supuesto) que ilustraban de mil formas distintas la «altaasociación» que existía entre los microbios sospechosos y el daño hepático delos pacientes; y manifestaban bien claramente la dependencia que se producíaentre el uso de los fármacos bioinhibidores y la eficaz inhibición de losmolestos signos y síntomas que se producían por la destrucción de loshepatocitos y la aparición de microbios.
La mayor parte de los (yaenriquecidos y afamados) «expertos», y la cohorte de periodistas y cameramansque les seguían, no dudaron de la versión que impulsó Manson, pues había«consenso general» entre todos los «expertos» y, además, las «correlaciones»eran «muy altas y pausibles».
Como suele ocurrir en la mayorparte de los buenos timos, los timados participaron con ganas y ahínco endejarse timar: los que participaron en la creación y mantenimiento de losaditivos, test y farmacoinhibidores, obtuvieron dos beneficios: El primerbeneficio era el oropel que adquiría la pléyade de médicos y farmacéuticos enfinanciados «Congresos Científicos» donde la autovanidad que necesitabanalcanzaba dimensiones verdaderamente coreográficas; El segundo beneficio eralos inesperados y buenos beneficios que el uso de los test y fármacos lesdejaba a cada uno de ellos. Para lavar su consciencia «Multimedia Co.» lesdecía que además de ejercer una loable y sacrificada labor de «prevención» alusar los test de «diagnóstico precoz» en la asustada población... sólo ellos«estaban autorizados» y sabían emplear esos tests.
En todas las generaciones, desdeentonces, ese «terapeuta disidente» hacía lo mismo: curaba a sus enfermosenvenenados con hierbas y pócimas simples de las antiguas abuelas, ycontraindicaba el uso de los productos de «Aditivos Co.» en las aguas yalimentos, desaconsejando también los potentes fármacos de «InhibitoriaFarmacéutica Co.», millonariamente patrocinados por Manson por los forajidosque le continuaron. A pesar del uso universal de «Aditivos Co.», los enfermosque atendía el terapeuta disidente dejaban pronto de empeorar y solían mejorarsorprendentemente pronto y bien, sin apenas secuelas.
Con estos terapeutascontestatarios, Manson y sus descendientes sabían muy bien lo que hacer, ysiempre hacían lo mismo: el terapeuta disidente era rápidamente tildado decharlatán, desacreditado y destituido por quienes tenían mucho que perder.Debido a ello, los periodistas y colegas que antes de ser destituido loacusaban de ser un «buscador de notoriedad», pasaban a decir en un segundotiempo que actuaba por «resentimiento» cada vez que, con menos fuerza y másdesolado en cada ocasión, seguía el disidente advirtiendo a todos del«gigantesco error»; y lo encerraban en un psiquiátrico (o lo dopaban conpsicofármacos, que era más fino).
Esta es la historia de esadistante ciudad de ese remoto reino que, como veis, tan poco parecido tiene alnuestro. Ciudad y reino que perduran hasta nuestros días, y en los que durantemuchos más años han continuado envenenándose mucho más hígados. Y hancontinuado muriendo muchos más sufridos ciudadanos. Y han continuado haciéndosericos y famosos muchos más científicos, médicos y farmacéuticos.
Y, sobre todo, han continuadohaciéndose mucho, más multimillonarios y respetados los desaprensivos gansterstimadores. Cada uno de los que enfermaban y cada uno de los que moríanestuvieron siempre muy agradecidos por todo los que, en su triste situación,aquellos timadores «hacían por ellos». Les dieron premios y títulos ybendijeron el día en que providencialmente llegaron a la ciudad, poco antes deque la epidemia de «microbios rompehígados» comenzase. Y en el Parlamentodecidieron erigir una gran estatua de bronce en el centro de la Plaza Mayor, enmemoria de Sir Manson, al que llamaron «El Gran Benefactor»; pero que, como túya sabes muy bien, querido lector, fue en realidad el primero y más astuto detodos los timadores, el creador de la nueva saga de los biogánsters vendedoresde venenos y contravenenos.
Esta es una de las historias que la Ignorancia (¡el peorVeneno que existe!) hace a veces con algunos reinos.
Y colorín colorado, este «cuento»... aún no se ha acabado.
El Padre César nos ha enviadoeste cuento de su amigo el Doctor Francisco Javier Martínez Ruiz(Microbiólogo).


Fuente: Free News



Este cuento fue extraído de http://axel.org.ar, una excelente página que recomiendo visitar.