El sociólogo Ronald L. Pitzer afirma: “Muchos jóvenes padecen elevados niveles de estrés”. Sufren los cambios físicos y emocionales de la pubertad, así como diversas presiones en los centros de enseñanza. Según el libro Childstress! (El estrés infantil), el típico día escolar “está cargado de problemas y presiones que generan estrés: en los estudios, en los deportes y en el trato con compañeros y profesores”.
En algunas zonas, la violencia escolar agrava la ansiedad, sin mencionar el miedo al terrorismo y otros desastres que ahora sienten muchos jóvenes. Una adolescente escribe: “Si nuestros padres no paran de hablar de que les asusta la situación del mundo, es normal que nosotros nos asustemos”.
Aunque los padres deberían ser una fuente de fortaleza para sus hijos, “demasiadas veces —afirma Pitzer, el citado sociólogo— restan importancia, niegan, justifican o pasan por alto los intentos de niños y adolescentes de expresarles sus más vivos sentimientos”. En algunos casos, las disputas conyugales hacen que los progenitores no reaccionen ante las necesidades de sus hijos. “Parecía que siempre estaban peleando”, dice Tito, un niño cuyos padres acabaron divorciándose. Como señala el libro Childstress!, “las agresiones físicas y verbales no son las únicas que provocan traumas a los hijos. También les perturba el persistente resentimiento que se trasluce aun cuando se enmascare con palabras de cariño fingido”.
El precio del estrés
Independientemente de que seamos jóvenes o mayores, y de que el origen de las tensiones sea el trabajo o la escuela, lo cierto es que el estrés crónico puede repercutir en nuestra salud. Un autor especializado en temas médicos explica: “El cuerpo responde a tales presiones como un avión que se prepara para el despegue”. En efecto, aumentan el ritmo cardíaco, la tensión arterial, los niveles de azúcar en la sangre y la producción de hormonas. “Si el estrés persiste —prosigue dicho autor—, el funcionamiento de todas las partes del cuerpo directamente implicadas (cerebro, corazón, pulmones, vasos sanguíneos y músculos) se acelera o deprime de manera crónica, lo que termina provocando lesiones físicas o psicológicas.” La lista de dolencias vinculadas al estrés es alarmante: enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, trastornos inmunológicos, cáncer, afecciones reumáticas y diabetes, por mencionar solo unas cuantas.
Motivo de especial preocupación es que muchos —sobre todo jóvenes— intenten librarse del estrés de una forma dañina. La doctora Bettie B. Youngs se lamenta: “Es desalentador ver que los adolescentes buscan una válvula de escape en el alcohol y las drogas, la inasistencia a clase, el delito, la promiscuidad sexual, la agresión y la violencia, medios que les acarrean problemas aún peores que las situaciones de las que intentaban escapar”.
Dado que el estrés es parte de la vida moderna, no es posible librarse por completo de él. Sin embargo, como mostrará el siguiente artículo, podemos hacer mucho para controlarlo.