Las propiedades del vino Vino Tinto y sus Beneficios

Estas propiedades son preciosas, innumerables, irreemplazables. Antes de enumerarlas hace falta sin embargo fijar los límites diarios que han de imponerse al consumo del vino. En efecto, para aprovechar sus numerosas virtudes, no cabe duda que es necesario no sobrepasar los límites diarios, generalmente admitidos por los especialistas en la materia y confirmados por los trabajos de laboratorio.

Estos son en su conjunto los dados a conocer por el profesor Tremoliers en el último congreso sobre el alcoholismo. Cuando se trata de sujetos adultos, en buen estado de salud y cuya ración alimenticia es suficiente y equilibrada "el organismo puede normalmente oxidar al maximum un litro de vino para un hombre y tres cuartos de litro para una mujer. Más allá de estos límites si una de las condiciones no se cumple (desnutrición, por ejemplo), el alcohol se oxida mediante procesos tóxicos que justifican su nocividad".

Cuando esta dosis diaria no es sobrepasada y además se tiene la precaución de repartirla entre las dos principales comidas, el vino puede entonces desempeñar su papel de alimento tónico y benéfico.



salud


Es necesario considerar ante todo que, por reqla general, el individuo normal y sano permanece entre estos límites. El alcoholismo, largo tiempo visto como una funesta pasión, como un vicio, es considerado cada vez más en patología médica, como una enfermedad. Esta noción de "enfermedad alcohólica" de la que Jellinek fue el gran defensor, ha tenido acogida en los medios médicos franceses hacia 1956. Por ella se muestra que el alcoholismo es una "sumisión física complicada con una obsesión mental" y cuyas víctimas son sujetos que sufren un estado psicoafectivo, particular, no importa que no se convierta en un alcohólico y no hay ninguna razón para condenar al vino a un ostracismo que no merece y de dar complejo de alcoholismo a buenas gentes que usan de él prudentemente.

Es clásico y comprobado el hecho de que los estragos del alcoholismo se registran precisamente en las regiones que no tienen la dicha de cultivar la viña en su suelo. Esto no quiere decir ciertamente que los grandes bebedores de vino no estén expuestos a las consecuencias que produce el abuso de las bebidas alcohólicas. Pero sobre un fondo de personalidad perturbada por desórdenes de diferentes orígenes, es sobre los consumidores de aperitivos, de cocktails, de alcoholes industriales, de todo aquello que contiene alcohol de origen, -bueno o malo-, en los que el alcoholismo produce verdaderos estragos. Es a ellos a los que yo he tenido ocasión de desintoxicar en los servicios del hospital psiquiátrico y nunca a honrados y razonables consumidores de buenos vinos.


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Valor alimenticio del vino

El vino es ciertamente una bebida, puesto que contiene casi 900 gramos de agua por litro, lo que permite decir a algunos amables bromistas que "todo bebedor de vino es un bebedor de agua que se ignora en su fuero interno como tal"...Pero la riqueza de los elementos que lo integran hacen de él, en realidad, un verdadero alimento líquido de incomparables virtudes. Y de ahí hay que confesar además que si los métodos analíticos modernos y perfeccionados permiten separar y dosificar los componentes del vino, ellos no nos revelan y acaso nunca puedan hacerlo. la parte del milagro y de misterio que da al vino todo su valor de alimento simbólico y sagrado. El bienestar, la euforia que invade cuerpo y alma cuando degustamos un buen vino, no pueden traducirse en miligramos de tal o cual elemento.

Forzosamente hemos de contentamos con aquellos que el vino ha querido revelamos por sí mismo, ya que los diversos elementos que le componen varían de un vino a otro, según los terrenos, los vidueños, la añada, la edad del embotellado, y, sobre todo, según los cuidados que ha recibido durante su crianza.

Valor Calórico

Depende de dos factores: grado alcóholico del vino y azúcar que contiene.
Aunque no considerásemos al vino mas que como una disolución de alcohol en agua (desdeñando todos los otros elementos que entran en su composici0n) el vino sería ya un alimento o, al menos, un alimento de ahorro. En efecto, el alcohol como lo han probado los trabajos de Atwater en 1902 , siendo utilizado inmediatamente por el organismo (contrariamente a lo que sucede con los azucares, las grasas y los ácidos aminados) permite economizar, en cierta medida, otros elementos energéticos . No puede sin embargo asegurar más del 50 o/o de los gastos de base del organismo, o sea 600 a 800 calorías (trabajos de Schaffer, Le Breton y Dontcheff).

Pero, y no lo repetiremos bastante, los 10 centilitros de alcohol por litro, cuyo contenido reprochan al vino, no guardan relación alguna con la misma cantidad de alcohol si fuese absorbida en estado puro. El vino no es más que una simple solución de alcohol etílico al 10%. Intimamente mezclado en el vino, a un complejo viviente, el alcohol, materia inerte, hace que aproveche de sus reales cualidades, el conjunto de este complejo.


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Las vitaminas


El vino aporta al organismo todas las vitaminas contenidas en la uva, y aunque sólo fuera por esta riqueza vitamínica estimamos que no sería exagerado calificar al vino de "bebida viviente".

Encontramos en nuestro vino cotidiano.

La vitamina C cuya acción sobre el tonus general, la forma física, la resistencia a la fatiga y al frío, es bien conocida. Así el organismo de un deportista necesita de 2 0 3 veces más vitamina C que un individuo en reposo.

La vitamina P (C2) factor de ahorro de la vitamina C, que aumenta la resistencia y produce un efecto real sobre ciertos estados de astenia con hipotensión. Lavollay y Sevestre atribuyen desde luego la acción tonificante del vino a su contenido en vitamina P.

La vitamina B2 (riboflavina) considerada de utilización nutritiva. Interviene en el metabolismo de los glúcidos, de los prótidos, de las vitaminas A, Bl y PP y de las hormonas corticosurrenalianas.

La vitamina B3 poderoso estimulante del funcionamiento de las células. Andross ha demostrado por otra parte que la productividad aumenta cuando se provee de una cantidad importante de estas vitaminas a ciertos grupos de obreros u otras personas que realizan grandes esfuerzos físicos continuados.

Las sales minerales y los oligoelementos

El organismo humano no puede vivir sin ellos. Azufre, cloro, sodio, potasio, magnesio, calcio, hierro, etc, son indispensables para nuestra existencia. Ahora bien, el organismo, no puede asimilarlos mas que bajo forma de sales orgánicas es decir, combinados con sustancias del reino animal o del reino vegetal; es incapaz de asimilarlos, bien sea bajo una forma simple, o bajo forma de sales minerales (aparte algunas excepciones, como, por ejemplo la sal de cocina).

En el vino las sales minerales se encuentran incorporadas precisamente bajo su forma asimilable. Si la carencia absoluta en sales minerales es rara, la carencia relativa de ellas es bastante frecuente y el vino es por lo tanto, una fuente no despreciable de estas preciosas sustancias.

El vino facilita la digestión
vino tinto


Ya San Pablo estaba persuadido de esta virtud. Así decía a Timoteo: “ Deja ya de no beber mas que agua. Toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tu frecuente malestar”. Por lo pronto, gracias a su acidez natural, el vino aumenta la secreción salivar. Esto es un excelente aperitivo, aquel que desde los primeros tragos pone al organismo en buenas condiciones para digerir. Pero es desde luego el sólo aperitivo válido natural y sano, que no arriesga, al contrario de lo que hace otras bebidas adulteradas, el “abrir el apetito, como ciertas llaves falsas abres las cerraduras, destrozándolas según la ocurrencia de un médico celebre.

La secreción del jugo gástrico se encuentra también excitada y acrecentada por el vino. Esta bebida contiene, además, diastasas análogas a las de nuestros jugos digestivos, lo que le permite venir en ayuda de los estómagos fatigados y deficientes. Su tanino es un excitante de las fibras de todo el aparato digestivo. El uso regular de un buen vino, actuando, como estimulante de las secreciones intestinales ayuda también en la lucha contra el estreñimiento, dolencia que aflige a muchos de nuestros contemporáneos.

Pero sobre todo, se ha comprobado que el vino facilita poderosamente la digestión de los prótidos (carnes, pescados, ostras, quesos). Es, según Genevois, la sola bebida que permite la fácil digestión de ellos gracias a su acidez iónica y a su débil presión osmótica. Ahora bien, con la elevación del nivel de vida, la ración alimenticia del hombre moderno se encuentra singularmente enriquecida en prótidos nobles de origen animal, lujo que en otros tiempos estaba reservado a las clases acomodadas.

El vino, aliándose maravillosamente con estos prótidos, realiza ante todo una perfecta y golosa alianza, antes de facilitar su digestión. Así el acuerdo gastronómico de las carnes, pescados, mariscos, crustáceos y quesos con el vino que más les conviene no es solamente un refinamiento epicureo, sino también una sabia medida de higiene digestiva, científicamente probada.

El vino posee propiedades antitóxicas Vino Tinto y sus Beneficios


Ellas le convierten en un agente terapéutico ya probado en la profilaxia de las enfermedades contagiosas y febriles y en ciertas infecciones toxicas, como la gripe. El buen vino caliente y aromatizado de otros tiempos, continua siendo un elemento antigripal excepcional aunque la gama medicamentosa se haya ensanchado considerablemente. Esta acción antitóxica ha sido asimismo comprobada en la prevención de intoxicaciones causadas por ciertos alcaloides tales como la esparteína y la estricnina.

Asimismo, el escabechado y la cocción al vino de la caza se revelan como una prudente prevención de higiene alimentaria. Es cierto que el empleo del vino tiene por fin principal el de ablandar las viandas un poco duras y de realzar el sabor de ellas,

pero cuando se trata de una pieza de caza, que se ha defendido en el curso de ella y cuya carne esta cargada de toxinas de fatiga o cuyas heridas están sucias, el vino evita el riesgo de una intoxicaciones alimentaria.

El vino y el deportista salud

Deporte -no alcohol. Esta es la rigurosa ecuación que determinados ascetas del deporte, entrenadores o deportistas, reducen a tales términos de intransigencia, que llegan hasta el punto de englobar al buen vino en esta prohibición.

Ahora bien, los últimos trabajos, llevados a cabo en dietética deportiva, lejos de encomiar los regímenes excepcionales que estuvieron de moda en otros tiempos, se muestran de acuerdo sobre el hecho de que la alimentación del atleta debe ser, pura y simplemente, la alimentación ideal, es decir, sana y equilibrada, de un hombre corriente que realice esfuerzos musculares. Salvo ocasiones excepcionales, los aperitivos y los digestivos deben evidentemente ser excluidos de los menús del atleta y totalmente prohibidos en los períodos de entrenamiento deportivo. Condenar al mismo tiempo el buen vino es una exageración lamentable.

Mas aún que para el sedentario, el vino al que Pasteur denominaba "la más sana e higiénica de las bebidas se revela como la bebida ideal para el deportista.

El resto de las bebidas presentan ciertos inconvenientes. Los jugos de frutas son, a veces, mal tolerados, sobre todo los cítricos, muy agradables en el curso de las comidas, no realizan sin embargo una alianza gastronómica ideal con los platos cocinados. La cerveza da pesadez y produce desagradables fenómenos de eructos y de flatulencia. La sidra causa con frecuencia trastornos gástricos y ejerce acción laxante e irritativa sobre el intestino. Demasiada cantidad de café o de té produce inscimnio y nerviosismo (y los atletas ya son de por si propensos a la ansiedad).

La leche, muchas veces mal tolerada por el adulto, es un alimento, pero no una bebida. El consumo habitual de aguas sódicas esta seriamente desaconsejado en dietética deportiva. No quedan por tanto más que las aguas débilmente mineralizadas o el agua corriente del grifo, con mal olor y sabor de antiséptico... ¿No es esto llevar al ascetismo demasiado lejos?

El vino y la juventud

No se trata evidentemente de dar vino a un niño. Señalaremos, sin embargo que en la familia italiana tradicional los niños beben vino en las comidas (en cantidad muy moderada, desde luego), porque el vino es considerado allí como formando parte de la alimentación. Ahora bien la proporción de alcohólicos es menos elevada que en Estados Unidos, por ejemplo.

La célebre garrafa de "abundancia" de los colegios de antaño (es decir, agua ligeramente tintada con vino) que fue objeto de nuestra ironía infantil, era una bebida sana y agradable, destronada en nuestros días por otras bebidas de mejor precio y sobre todo de mejor publicidad. Sin embargo aquélla no ha dejado de ser para la juventud en edad escolar la bebida de la elección que apaga la sed natural, e inofensiva. Las bebidas carbónicas y gaseosas que dan a los niños hasta saciarlos de buena fe, sin embargo, están lejos de ser tan higiénicas como aquélla. Lo mismo sucede con la cerveza que se bebe sin tasa, olvidando su grado alcohólico a veces elevado, cuando se trata de cervezas de lujo.

A los adolescentes por el contrario, un dedo de buen vino puro en las comidas no puede hacerles mal, bien al contrario. Muchos de los reconstituyentes y elixires, recomendados para crecimientos difíciles, se elaboran a base de vino ordinario o de vino de licor. Sin embargo, no nos preguntamos, al prescribirlos, sobre el peligro de un posible alcoholismo. Al contrario, el conocimiento y el amor del vino, progresivos y razonados, impedirán en el porvenir a los jóvenes, convertidos en adultos, dejarse arrastrar por la ignorancia y consumir no importa qué bebida alcohólica. El respeto por el vino, la moderación en su consumo, el aprendizaje de su degustación, inculcados desde la infancia, impedirán más tarde a nuestra sana juventud estropearse el higado y el cerebro con las insanas mixturas y los cocktails que tan de moda se han puesto en los últimos tiempos.


El vino y el anciano

Se ha llamado al vino -y con mucha razón- "la leche del viejo". El Medoc, productor y bebedor de vino, está orgulloso de figurar en cabeza de los records de longevidad humana.

A causa de la disminución de sus secreciones digestivas, el apetito del anciano es con frecuencia deficiente. Un estado de desnutrición puede producirse en él de manera insidiosa, agravado por una mala dentición, consideraciones de "régimen" más o menos adecuado y por un presupuesto muchas veces reducido. Fácilmente adaptado, fuente de sensaciones gustativas agradarles, el buen vino estimula el apetito del anciano y facilita su digestión. Sus virtudes estimulantes y tónicas son precisas para aquellos organismos que la edad ha convertido en asténicos. El vino procura también (más si se trata de vinos licorosos o de vinos dulces naturales) el apoyo, nada despreciarle de su valor calórico. No es inútil hacer resaltar, por ultimo, que existen buenos vinos a precios abordables y al alcance de presupuestos reducidos (a pesar de todos los cuidados que exige para su producción y conservación; a pesar del esfuerzo y laboriosidad que lleva desde el viñedo a 1a bodega, el vino sigue siendo de precio relativamente económico si se le compara con otras bebidas corrientes industriales y no digamos...con el azua mineral! ).


El vino y el enfermo

El viejo Hipócrates (460-377 antes de J.C.) padre de la medicina, decía ya en sus enseñanzas, “El vino es cosa maravillosamente apropiada al hombre si, en salud como en enfermedad, se le administra con tino y justa medida”.

En la época carolingia, el régimen ordinario de los enfermos y ancianos acogidos a los` asilos de los monasterios comprendía reconfortantes y sabrosas sopas de vino, sopas de las que Juana de Arco gustada tanto, según se cuenta.

Ya hemos hecho mención de las virtudes bacterianas y antitóxicas del vino que le convierten en un excelente agente contra las infecciones. Pero la generosa naturaleza, que ha ofrecido al hombre los mismos remedios contra sus males, ha previsto todo, adecuando cada vino a cada caso particular.

Es así que los vinos dulces naturales, los vinos blancos licorosos, estas golosinas de la viña, están especialmente recomendadas a los convalecientes, los depauperados, los asténicos. Su riqueza en azúcar les hace por el contrario prohibitivos para los diabéticos. '

Los pequeños vinos blancos, secos, pobres en azúcar, de una agradable acidez y ligeros en alcohol , excitan el apetito y la digestión. Conviene a los dispépticos que sufren de hipoclorhidria. Se recomiendan también a los obesos, puesto que su poder calórico es débil...y su poder diurético muy grande (los vinos blancos de Saboya sostienen la moral de los pobres pacientes sometidos a cura de agua en Bride-les-Bains).

Los vinos espumosos convienen a cierta clase de dispépticos: el ácido carbónico que contienen hace que se utilicen contra los vómitos. El Champagne es la providencia de los convalecientes a los que hace ver la vida de color de rosa. Es excelente bebida después de un choque emocional y muy indicado en las bajas de tensión.

Por lo general los vinos ligeros, poco robustos, de reducido grado alcohólico, sean blancos, rosados o tintos, convienen a todos los organismos y deben ser los preferidos para el consumo corriente. Los vinos robustos, generosos, ricos en aroma, aquellos que se conocen como "grandes vinos" deben ser reservados en la bodega de los "tesoros" para los grandes días.

Símbolo religioso, y fuente de inspiración artística a la vez, el vino es considerado, con justa razón, como un signo de civilización en la que la dulzura de vivir, une cuerpo y espíritu.

Que se vista de terciopelo púrpura, de satén dorado o de seda rosa, este noble producto de la viña es la bebida ideal del hombre de gusto de nuestro tiempo y que responde perfectamente a sus necesidades como a sus deseos. Precioso complemento de una alimentación que se procura sea sana y equilibrada llena nuestros corazones de la alegría de vivir, sin la cual no hay buena salud ni física ni moral. Como lo dijo sir Alexander Fleming "Es la penicilina la que cura a los humanos, pero el vino es el que los hace felices"

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Más que ningún otro hombre, el deportista cuyas pruebas extraordinarias reclaman una plena forma tanto física como psíquica, necesita vino, precioso nutriente, estimulante del funcionamiento de todas las células y cuya acción bienhechora es innegable.

El vino, recordémoslo, ayuda poderosamente a la digestión de las materias proteicas. Ahora bien, en la actualidad, y sobre todo en períodos de entrenamiento o cuando el deporte practicado exige grandes esfuerzos musculares se recomienda al atleta un régimen muy rico en proteínas (carnes, pescados, huevos, quesos). Por sus vitaminas, el vino combate la fatiga muscular y nerviosa del organismo deportivo y mantiene su tono general.

Por sus sales minerales previene las carencias que pueden tener consecuencias graves, ya que el más pequeño desequilibrio repercute en la "forma" deportiva, estado de gracia físico bastante indefinible y caprichoso. Así el hierro puede faltar en determinadas circunstancias; el aumento de la ventilación y volumen de sangre necesarios para el riego de una gran masa muscular, hacen de é1 un elemento esencial para el entrenamiento deportivo. Del mismo modo, la eliminación de las toxinas de fatiga provocadas por un entrenamiento intensivo exige azufre. Hierro y azufre se encuentran precisamente en el vino. Finalmente, la acción tónica y euforizante del vino no puede ejercer más que

una benéfica influencia sobre la moral del atleta porque diferentes factores (voluntad tensa hacia la prueba excepcional, estricta disciplina, entrenamiento llevado a veces hasta la obsesión) producen en el atleta un estado psíquico excepcional y en muchos casos frágil y vulnerable.

En estas condiciones el deportista tiene el mayor interés en la inclusión de una cantidad razonable de vino en sus comidas, tanto más cuanto que está sometido a un gran esfuerzo muscular, a que su ventilación pulmonar está pues acelerada, lo que le permite eliminar el alcohol más fácilmente que lo hace el sedentario.

Por otra parte, los especialistas del deporte están lejos de prohibir el consumo razonable del vino. Así, por ejemplo, el doctor Mathieu, médico olímpico, declara:”Para un sujeto normal, si la cantidad de vino no excede de medio litro por comida (un litro diario) el alcohol es enteramente quemado por el organismo y el vino es una bebida excelente y alimenticia”: Boigey, cuyas obras sobre la cura por el ejercicio han creado doctrina piensa que "el vino natural es la más encomiable de las bebidas alcoholizadas. Contiene un maravilloso complejo de sustancias útiles y bien equilibradas que nada puede reemplazar".