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Obesidad infantil: cuando la culpa es de los padres

Obesidad infantil: cuando la culpa es de los padres


El papel de los padres en la educación alimentaria de sus hijos es todo. Básicamente su influencia es reflejo de su propio comportamiento alimentario. De la valoración que hagan de la comida, la selección de los alimentos, su forma de cocinarlos... el tiempo y el cuidado con el que se sientan a comer.

La sobreprotección hacia los niños a la hora de comer y el uso indiscriminado y erróneo de los premios y castigos con la comida, marcan la actitud de los pequeños hacia los alimentos. Éstas y otras cuestiones de comportamiento, unidas a una tendencia genética heredada hacia la ganancia de peso, pueden suponer los cimientos de la obesidad infantil. El problema puede estar en la mala educación alimentaria de padres a hijos.

Algunos padres se preocupan en exceso si su hijo come poco y desgraciadamente no le dan la misma importancia cuando come mucho. Y sí, esta conducta está mal canalizada. Lo más seguro es que nuestro convencimiento de que no les falte nada lo hacemos verbo. Pero no podemos servirles raciones desproporcionadas a su edad o darle una importancia exacerbada al consumo de la proteína y hacernos “de la vista gorda” con los carbohidratos. Si bien ofrecer más alimentos proteicos de los necesarios es tan poco saludable como no estimular el consumo de fruta y verdura, igual de negativo es pretender que los pequeños ingieran toda la comida del plato cuando dan muestras de estar satisfechos.

Como padres, jamás debemos de dejar elegir a los niños el menú. De entrada, porque puede existir una grave tendencia a la monotonía y para seguir, ellos no tienen ningún punto de vista objetivo hacia los valores nutritivos. Aunque nuestro único objetivo es que coman, influimos en la génesis del exceso de peso y de la obesidad infantil.

En ocasiones, los padres intentan compensar con alimentos “algunos sentimientos de culpa” por no dar a los pequeños ternura, tiempo, atención, protección o juego. Y esto se los digo en serio: la comida chatarra jamás podrá empatar con el amor de un padre. Si tuviste una semana pesada y el tiempo para con tus hijos se esfumó, lo mejor va a ser dedicarles tiempo de calidad hacia el juego. No tiene caso consentirlos con películas, palomitas y hamburguesas. Ellos van a apreciar más que juegues al doctor y que te dejes poner todas las curitas de la caja. Que juegues a “la señora” y dejes que te pintarrajeen y te peinen... despeinen. Que la hagas de perro, alumno o policía, da igual. Que formes parte de su imaginación. Si son más grandes, que jueguen basket o se vayan a andar en bici. Siempre hay opciones más saludables.

Por otra parte, hay padres obsesionados con que su hijo no gane demasiado peso. Vigilan a lupa lo que comen. Les advierten con mensajes descalificados. Y esto conlleva a una reacción inconsciente del niño. Inseguridad que, con el tiempo, puede derivar en anorexia nerviosa. Y todo porque han tenido una mala relación con su alimentación.

Cuando la comida se utiliza como castigo ante un comportamiento, además de no conseguir siempre el fin que se pretende, se facilitan las fobias alimentarias. Sicólogos y pediatras admiten que las personas asocian el alimento con un mal recuerdo. La sensación de continuo acoso por parte de los padres por probar y comer un determinado producto, o la atención constante y exagerada ante el acto de comer o ante la propia la comida, son algunas de las causas.

Los niños muy pequeños, más que aprender, imitan. Por ello, es fundamental que tanto los padres, como su entorno (abuelos, familiares cercanos, cuidadores, profesores) mantengan la misma sintonía en la educación de hábitos alimentarios, ya que en la realidad cotidiana resulta difícil. Los abuelos también tienen una influencia considerable en las costumbres alimenticias de sus nietos. La permisividad es una costumbre insana.

Los abuelos deben hacer todo lo posible para que sus nietos se acostumbren a comer alimentos frescos y naturales, en lugar de chucherías y aperitivos.

Respecto al papel del colegio en la formación y consolidación de los hábitos alimentarios infantiles, los actores son varios y actúan en distintos ámbitos pero con el mismo fin. La asignatura de “alimentación sana” en la enseñanza obligatoria permitiría a los profesores transmitir estos conocimientos, aunque ya en algunos centros escolares se esfuerzan en trabajar este tema de manera transversal y continuada ante el hecho de que la obesidad infantil se debe, en gran medida, a la mala educación alimentaria. El comedor escolar se debe entender como un servicio educativo complementario, con dietas equilibradas y donde se fomentan buenos hábitos de alimentación.

Es importante entender que a través de la alimentación inculcamos en nuestros hijos disciplina. Lo puedo repetir millones de veces “somos lo que comemos”.
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2 comentarios

@ezzzemangol1990 Hace más de 1 año
Me molesta cuando hay personas o padres como los mios que ya piensan en la comida del medio dia sin haber comido la del dia de hoy.
@egoorock Hace más de 1 año
maaaaaaaal, jajajajaja que culiados! piensan todo el dia en comida, estamos almorzando y preguntan que quieren comer a la noche.
@fan_Brian Hace más de 1 año
la culpa de todos los males son los malos padres