La longevidad es un tesoro que custodiamos en nuestro país y, en concreto, las españolas, que son las que más años viven de Europa, con una esperanza de vida de 85 años. En términos mundiales, somos el tercer país con la esperanza de vida más alta (82,2 años), por detrás de Japón (83) y Suiza (82,6), pero si hablamos de años de vida saludable, nos llevamos la medalla de plata, con una media de 70,9 años, sólo por detrás de los nipones.

Más allá de cuestiones genéticas, ¿cuál es nuestro secreto? «La alimentación mediterránea, rica en frutas y verduras, con bastantes hidratos de carbono y pocas grasas, un sistema sanitario bastante bueno y una situación social de cierta estabilidad, con relativas bajas tensiones sociales y un sentimiento de comunidad», explica a ABC el doctor Josep María Haro Abad, director de Investigación del Parc Sanitari Sant Joan de Deu, miembro del Cibersam y participante en el estudio internacional GBD 2010 de la Universidad de Washington y la Fundación Bill y Melinda Gates, que analiza la evolución del peso de las enfermedades en cada país en los últimos 20 años. Otros dos datos clave en la evolución positiva de la esperanza de vida en España es la baja mortalidad infantil y el descenso de las muertes en accidentes de tráfico.

Pero ¿qué tiene en común un nipón y un español para que ambos vivan tantos años con salud? «Aparte de los factores genéticos, los japoneses hacen ejercicio, comen muy sano y muy variado, muy pocos fritos y mucho hervido y el sentimiento comunitario es muy intenso. Lo que tenemos en común con ellos es el tipo de alimentación y la cohesión social», apunta el doctor.

La mejor medicina preventiva
Sin duda, uno de los factores de peso en nuestra larga vida ha sido nuestro sistema sanitario gratuito, universal y de calidad. Según datos de la OCDE, en 2010 el número de doctores por cada mil habitantes en nuestro país era de 3,8, una cifra por encima del promedio de los países de la organización, que se sitúa en 3,1. «Tenemos una sanidad que se caracteriza por la gratuidad tanto de los cuidados ambulatorios como hospitalarios y de los trastornos crónicos, un buen nivel formativo de los profesionales, el acceso a la tecnología y a avances científicos y un sistema eficiente, porque, a pesar de lo que se haya dicho, el porcentaje de lo que gastamos en salud nos sitúa en una posición media baja», asegura el investigador, que advierte de que «es probable» que debido a los recortes «empeore» nuestra salud. Además, las tensiones sociales personales y el estrés propio de la situación económica en la que se encuentra el país «se traduce en trastornos de la salud». En este sentido, destaca la importancia del «apoyo social» que nos permite «enfrentarnos a las tensiones y reducir su impacto».

Otros factores actuales que pueden incidir en el futuro de forma negativa en nuestra esperanza de vida son la falta de ejercicio físico y la adquisición de peores hábitos alimenticios, que está provocando un aumento de la obesidad en los adolescentes. La solución, para el doctor Haro, es «volver a los orígenes», a los hábitos de vida más saludables característicos de nuestra cultura.

Los beneficios de nuestra dieta mediterránea son mundialmente conocidos. En 2010 la Unesco la declaró «Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad». Sin embargo, cada vez más nos empeñamos en seguir una alimentación propia de otras culturas, donde predominan los fritos y los platos preparados, y que favorece la aparición del sobrepeso. No se trata solo de mantener la línea, sino de prevenir enfermedades. Recientemente, la revista «New England Journal of Medicine» publicaba las conclusiones del estudio español «Predimed», que ha demostrado que la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva o frutos secos como las nueces, avellanas o almendras, ricos en antioxidantes naturales, es la mejor medicina preventiva frente a las enfermedades del corazón. Reduce el riesgo cardiovascular en un 30% en comparación con otra dieta baja en grasa.

Calidad de vida
Si buscamos las razones de nuestra larga vida, no podemos olvidarnos del progreso que ha experimentado España en los últimos años y que ha permitido que nos situemos entre los 25 países con mayor calidad de vida del mundo, según el Indice de Desarrollo Humano 2013 de la ONU, que obtiene estos resultados mediante la combinación de indicadores de salud, educación e ingresos. Con una esperanza de vida que supera los 80 años, una tasa de alfabetización en adultos del 97,7%, un gasto público en salud del 6,9% del PIB, así como unos ingresos brutos per capita de 25.947 dólares (mil dólares menos que en 2005) nuestro país se mantiene por segundo año consecutivo en el puesto 23 de un ránking mundial de 187 países, que lidera Noruega y cierra Níger. Para que se hagan una idea, España se encuentra entre los 47 considerados con desarrollo humano muy alto, por detrás de Holanda, Alemania o Irlanda y por delante de Italia y Reino Unido. En las últimas tres décadas, la esperanza de vida se ha incrementado en 6,5 años, se han duplicado los años de escolarización, y los ingresos brutos per capita han aumentado un 71%.

Tampoco podemos obviar la influencia positiva que tiene en nuestra percepción subjetiva el bienestar, el clima y la manera de vivir y entender la vida, con una sociedad muy apoyada en la familia y las relaciones sociales. En España, a pesar de la crisis, siete de cada diez personas se consideran «felices», de acuerdo con un estudio de la Red Win. Unas características que nos hacen especialmente atractivos más allá de los Pirineos. Somos el destino estrella de retiro para los jubilados europeos y en 2012 lideramos el ranking de Lloyds TSB International de países donde los expatriados británicos son más felices, por delante de Australia, EE.UU., Canadá o Alemania. «Parece que allí encuentran una mejor calidad de vida, tal vez por el clima soleado y el relajado estilo de vida mediterráneo», señalan desde Lloyds. De mantenerse los ritmos actuales, la esperanza de vida en España alcanzaría los 86,9 años en los hombres y los 90,7 años en las mujeres en 2051, según las previsiones del INE. Una gran noticia, siempre y cuando se trabaje en otros dos aspectos: una buena calidad de vida en la vejez y políticas que incentiven la natalidad para compensar el envejecimiento de nuestra población.