La presión arterial en los niños

La presión arterial en los niños

Habitualmente las enfermedades crónicas suelen asociarse con determinadas etapas de la vida, de modo tal que un adulto con fatiga seguramente será un cardiópata, mientras ante un niño con el mismo síntoma seguramente se pensará en el diagnóstico de asma. Estas creencias populares tienen un fundamento entendible. En realidad, muchas de las enfermedades clínicas tienen una franja de edades en las cuales predominan y, por lo tanto incluso los profesionales son los que las ubican en primer lugar ala hora de elaborar diagnósticos presuntivos.
Niños

Sin embargo, es importante destacar la idea de que muchas de las afecciones crónicas típicamente consideradas como “cosas de adultos” (incluso, “cosas de personas mayores”) pueden aparecer ya desde la infancia o la adolescencia. Este conocimiento permite detectar enfermedades importantes realmente a tiempo, y adoptar oportunamente las medidas preventivas y de tratamiento.

Un ejemplo de estos preconceptos es la presión arterial. Muchos de los que leen estas líneas y que tienen más de 40 años no recuerdan que ni a ellos, ni a sus hermanos (e incluso a sus hijos mayores) el pediatra les haya controlado la presión arterial, en ocasión de sus controles médicos de rutina. Por ello, cuando alguno de ellos acompaña a un hijo pequeño o a un nieto a la consulta se sorprende cuando observa la actitud del profesional que, además de pesarlo y medirlo, le toma la presión.

No se trata de una medida para nada exagerada, según lo confirman recientes publicaciones internacionales. Una de estas publicaciones es la aparecida en la prestigiosa revista JAMA, donde expertos del tema establecen que la hipertensión infantil suele ser pasada por alto del diagnóstico en casi el 85% de los casos.

Para emitir este juicio, los especialistas analizaron los registros de 14.000 niños y adolescentes que habían efectuado por lo menos 2 consultas médicas a una institución de salud urbana, a lo largo de un período de 7 años.

Alrededor de 500 niños reunían criterios para diagnosticar hipertensión arterial, definida como cifras tensionales por encima de lo normal, registradas en por lo menos 3 consultas médicas. Otros 500 niños podían ser considerados como prehipertensos. Sólo 16% de esos niños tenían registros de presión arterial en su historial médico.
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Las causas muchas veces son comprensibles e incluyen sistemas de salud pública desbordados de pacientes, patologías respiratorias frecuentes que ocupan gran parte del tiempo asignado a las consultas, negativa de los padres a declarar antecedentes de hipertensión familiar, etc.

Por supuesto, los criterios para diagnosticar hipertensión en los niños merecen algunas consideraciones especiales que los diferencian de los adultos. Junto con el valor de la presión arterial se deben tener en cuenta variables tales como la edad, el sexo, el peso, la estatura, y a partir de toda esta información se aplican pautas para determinar niveles que se consideran como normales o elevados.
control

Muchas veces la detección de cifras de presión arterial por encima de lo normal no necesariamente indican que el niño tenga que ser inmediatamente medicado, pero sí que es necesario instrumentar cambios en el estilo de vida.
corazón

Por ejemplo, reducir el consumo de snacks (que contienen mucha cantidad de sal), fiambres o embutidos, fomentar la actividad física, evitar que aumenten de peso en forma anormal, etc.
familia

La infancia es un buen momento para cambiar hábitos nocivos por otros más saludables y todo lo que su médico haga para detectar situaciones que necesitan ser corregidas (como las cifras elevadas de presión arterial) deben ser vistas no como un exceso de estudios sino como un verdadera medida de prevención, tan útil como los controles periódicos o la indicación del plan de vacunación.

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