Rellenos para los glúteos: trampa mortal

Rellenos para los glúteos: trampa mortal

Ningún aumento de glúteos realizado con rellenos de sustancias es apropiado, afirma la Sccp. Todos traen complicaciones. Foto Johan Osorio


A Luzmila* todavía le duele la cicatriz que dejó la media nalga que tuvieron que arrancarle, a veces cuando se sienta. Se le había puesto negra y dura como una panela, un mes después de que un médico le inyectara algo en un centro de estética de Barranquilla. Le dijo que era ácido hialurónico para rellenar y levantar sus glúteos rápido y sin problemas. A Sandra* la mantienen viva los aparatos de una unidad de cuidados intensivos; está hospitalizada por creer esa misma promesa de belleza instantánea.

La Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, capítulo Atlántico (Sccp), advierte que día a día se multiplica vertiginosamente el número de mujeres que cae en la misma trampa que ellas, ante la mirada condescendiente de las autoridades de salud locales y nacionales: se inyectan la muerte, disfrazada de vanidad.

Estadísticas. Una vez dentro del cuerpo, puede llevarle días o años revelar su rostro, escondido tras la redondeada figura levanta miradas; pero al final lo hace. Tarde o temprano estalla en úlceras, malformaciones e infecciones, como le ha ocurrido a más de 120 barranquilleras en el último año.

En todo el país se han reportado 453 casos de complicaciones vinculadas a la aplicación de rellenos en el trasero. Algunas han aparecido hasta 10 años después de la inyección.

Dos de las pacientes no soportaron el peso de ver su cuerpo deformado, y se suicidaron.

Cada uno de los 60 especialistas de la Sociedad en Barranquilla ha atendido de dos a tres pacientes con serias complicaciones en sus glúteos, o a raíz de ellos. Los médicos han corroborado que son consecuencia de la aplicación de supuestos rellenos corporales, en el 70% de los casos efectuados por personas que ni siquiera son profesionales de la salud.

Algunos de estos, como el producto de marca Hialucorp, incluso muestran registro sanitario aprobado por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima. De hecho, este es uno de los ganchos que se suelen usar para convencer a las tentadas a inflarse las nalgas.

A Sandra y a Luzmila les dijeron que no iba a pasar nada, que podían estar tranquilas, y que la prueba era que la sustancia que les inyectarían estaba certificada por la autoridad, como mostraba la etiqueta.

Pero la Sccp alerta que todos los rellenos que se emplean para esos procedimientos contienen biopolímeros, silicona líquida, que causa daños irreparables al ser irrigada dentro del cuerpo. Lo grave es que ellos se lo advierten a todas sus pacientes, pero el problema sigue hinchándose.

Los especialistas Leonardo Forero y Freddy Rodríguez, por ejemplo, han manejado cada uno cerca de 12 pacientes con traseros ya atrofiados. Pero han atendido más de 60 que se les nota que se inyectaron, y están condenadas a que la bomba estalle con el tiempo.

Mortal


Responsables. “Aumento de glúteos sin cirugía, sin dolor, en dos horas”. Cada vez que un cirujano de la Sccp ve ese tipo de promesas en centros de estética, sabe que está frente a los culpables de las complicaciones que tantas lágrimas le causan a sus pacientes.

EL HERALDO intentó contactar a 3 centros de estética con avisos como ese, para conocer su explicación sobre los cuestionamientos en su contra, pero fue imposible.

La sociedad de especialistas denuncia, además, que vienen proliferando al parecer sin control alguno. Hasta se hacen aumentos corporales en garajes. Los cirujanos no se explican por qué si la Secretaría de Salud es tan rigurosa cuando les realiza controles a sus consultorios, permite que en esos sitios sean inyectadas sustancias que a todas luces son irregulares, por personas que no están permitidas para realizar procedimientos invasivos por la ley, como esteticistas.

Por problemas con los rellenos en Colombia han sido encarceladas tres cosmetólogas, tras perder una demanda penal. Otras ocho tienen demandas pendientes, y cuatro han tenido que salir del país.

Imposibilidad. Cirujanos plásticos como Rafael García, Rafael Hernández y Freddy Rodríguez pueden afirmar que ninguno de los rellenos de glúteos que se hacen en la ciudad son con ácido hialurónico, como dicen ser, gracias a una sencilla ecuación matemática.

Cada centímetro cúbico de esta sustancia original le cuesta a los médicos unos $500 mil. Aplican inyecciones únicas, para rellenar arrugas marcadas de la cara. En cambio en las sesiones de aumento de glúteos a las mujeres les alcanzan a introducir hasta 300 centímetros en cada nalga. Si fuera lo que dicen que es, solo el valor de los materiales ascendería a más de $300 millones, abismalmente superior a los $2 o 3 millones en los que se suele ofrecer el procedimiento.

Por eso aseguran que el Hialucorp no tiene ácido: les venden el frasco de 500 centímetros a $600 mil. Por eso afirman que tiene silicona, “y quién sabe qué más”. Por eso, y porque le han tenido que extraer pedazos solidificados con piel y músculos a sus pacientes.

Aunque se tratara realmente de ácido hialurónico, cantidades tan grandes esparcidas dentro del cuerpo causarían enfermedades del colágeno, como lupus o artritis.

Alarma. Los únicos aumentos adecuados para las nalgas son los que se realizan con la misma grasa de la persona, o con implantes sellados. Eso le explican los miembros de la Sccp a sus pacientes una, otra y otra vez. Otros métodos que parecen más seguros que una cirugía traen riesgos que van desde desfiguraciones acompañadas de infecciones profundas, como la que sufrió Luzmila, hasta daños en toda la circulación, que causan la muerte.

Estudio Nacional de casos


El especialista Felipe Coiffman ha recopilado la información de todas las deformaciones faciales y corporales que se han presentado en Colombia por causa del uso de diversas sustancias de relleno. Señala que se han presentado cerca de 15 mil casos, incluyendo problemas con parafina y silicona en el rostro. Denominó la situación como alogenosis iatrogénica, por ser causada por sustancias ajenas al organismo, y por inyecciones de médicos, conscientes o no del daño que causan. Ha encontrado que un 97% de los pacientes son de género femenino, y que todas salen satisfechas inmediatamente termina la implantación. Solo se quejan de ligeras molestias. El periodo de manifestación de síntomas varía entre unas horas hasta los 25 años. Coiffman señala que uno de cada 5 pacientes tuvo que recurrir a tratamiento psiquiátrico.

Esperanza. A Luzmila le hicieron una pequeña incisión en el coccix, masajearon la nalga para moldearla a medida que entraba la sustancia y una hora después le amarraron una faja. El médico que lo hizo tuvo que pagarle $15 millones de indemnización, por todo el pus que le tuvieron que drenar, y la carte gangrenosa que hubo que cortar. Sandra está crítica por un problema pulmonar.
La Sccp explica que además de extenderse en los tejidos y coagularse, a veces los biopolímeros migran a otros órganos. Aún así, es posible que algunas inyectadas salgan ilesas.

Pero Luzmila no cree que valga la pena el riesgo de perder la nalga, solo por querer tenerla más bonita. Es costumbre valorar más lo que ya no se tiene. “Uno peca por confiado, pero ahora me doy cuenta que es un engaño. Eso que soy bacterióloga”. Accedió a contar su historia, mientras se mantuviera bajo reserva su identidad, porque quiere que otras se den cuenta del drama que esconden esas agujas, sin necesidad de que les cercenen la vida.

Luzmila dice que era “agraciada”, que quizá no requería ese procedimiento que casi la deja desgraciada de por vida. No hubo voz que la alertara; que le dijera que desistiera; que querían explotar su vanidad y sacarle plata a costa de su salud. Tal vez sea esa voz para quienes lean esto.


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