Los piojos son parásitos que provocan daño directo al picar y succionar sangre, pero también producen lesiones en la piel que incrementan el riesgo de infecciones; aunque se piensa que son exclusivos de grupos marginados, la verdad es que casi todos estamos en riesgo de contagio.

Los piojos son tan antiguos como la humanidad, pero en los últimos 25 años tal parece que se ha recrudecido su presencia. Así, lo que antes era patrimonio de las poblaciones con insuficientes hábitos higiénicos, hoy se ha convertido en preocupación constante de las madres de niños de todos los grupos sociales.

El piojo que se anida en la cabeza de los humanos es diminuto parásito visible a simple vista, que mide entre 2.5 y 3.5 milímetros. Las hembras son más pequeñas que los machos, pero cualquiera de ellos se moviliza rápidamente por el cuero cabelludo y puede avanzar hasta 23 centímetros por minuto. Estos insectos ponen huevos (liendres) de color blanquecino o pardusco, como óvulos de 0.8 a 1 milímetro que se adhieren al cabello inmediatamente después de ser expulsados por la hembra.

Profundizando en su anatomía, debemos decir que son insectos aplanados que no tienen alas y cuentan con un aparato que les permite succionar y perforar. Su ciclo vital empieza cuando la hembra deposita los huevecillos o liendres en el cabello de la persona infectada (aunque hay que decir que también lo hacen en otros mamíferos e inclusive en aves) y luego de una semana de incubación inicia una transformación que consta de tres diferentes fases: el primer estado, conocido como ninfal, dura entre 1 y 10 días, etapa en la que ya succiona sangre y tiene las características de un piojo adulto aunque tenga el abdomen más pequeño.

El segundo periodo aparece entre el día 10 y 17, lapso en el que se asemeja más a los piojos maduros, aunque su color es más claro; finalmente, la tercera fase se establece entre el día 17 y 24 de vida, en la que ya cuenta con prácticamente todas las características de los insectos mayores, aunque no cuenta con capacidad reproductiva.
Un piojo adulto será considerado como tal cuando tiene entre 25 y 30 días de vida, etapa en la que será muy hábil para moverse entre el cabello gracias a que sus extremidades terminan en garras; se considera también sexualmente maduro, por lo que podrá reproducirse sin problema.

Los piojos
Tres tipos de cuidado
La llamada pediculosis o infestación por piojos en el ser humano es causada por tres especies de insectos del orden Anoplura, género Pediculus: el Pediculus humanus con sus dos variedades, capitis y corporis, y el Pediculus pubis o Phthirus inguinalis.
El Pediculus capitis es de color grisáceo y mide entre 3 y 4 milímetros de largo; la hembra es más grande, vive un mes y pone de 7 a 10 huevos al día, los que deposita en el cabello. Las liendres se adhieren firmemente al pelo por medio de una especie de cemento, pasan por el periodo de ninfas y maduran en aproximadamente ocho días. Por su parte, el Pediculus corporis vive en las ropa y la hembra deposita cerca de 30 huevos por día, los que se adhieren fuertemente a las fibras de los tejidos.
Por su parte, el Pediculus pubis es más corto y posee pinzas semejantes a las del cangrejo con las que se fija con fuerza al vello. Su ciclo vital es muy parecido al del Pediculus humanus.
Los piojos son parásitos que están estrechamente adaptados al microclima que les brinda su huésped (término médico que se refiere al sujeto que posee cierta patología) y tienen muy poca resistencia al ayuno, por tanto, las acciones para destruirlos deben estar dirigidas a los huéspedes infestados y no al ambiente circundante. Estos insectos poseen patas más aptas para la aprehensión que para la locomoción, lo cual determina que su traspaso de una persona a otra sólo se efectúe por contacto directo entre ellas, favorecido por el hacinamiento y la promiscuidad entre individuos sanos e infectados.

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No obstante, es interesante conocer con más detalle cada uno de los tipos de pediculosis:

Del cuero cabelludo. Adquirida por contacto con individuos infestados, es el contagio más común en los niños. Afecta principalmente la región occipital (parte trasera de la cabeza), donde con frecuencia se observan numerosas liendres adheridas al tallo piloso, las cuales son pequeñas, de color blanquecino amarillento y se parecen a la caspa; en tanto, los piojos adultos son difíciles de encontrar debido a que, en general, se esconden de la luz.

Las lesiones características comprenden pequeñas pápulas eritematosas (inflamación y enrojecimiento de la piel) acompañadas de excoriaciones por rascado. El prurito (comezón) es el síntoma fundamental de esta infección, lo que provoca que en muchas ocasiones se confunda con una enfermedad llamada eccema, la cual se caracteriza por el brote de ronchas rojas en la piel.
Este tipo de pediculosis afecta principalmente a niños y adultos jóvenes, sobre todo aquellos que prefieren el cabello largo, pues es más difícil cuidarlo y mantenerlo limpio.

Pediculosis del cuerpo. En este tipo de infección, los parásitos se alojan en las costuras y pliegues de la ropa que está en contacto inmediato con la piel. Las lesiones se localizan con mayor frecuencia en sitios como el cuello, tronco, abdomen (región cercana al cinturón), nalgas, muslos y pliegues inguinales; sólo cuando el paciente sea excesivamente velludo se podrán identificar algunos piojos y liendres en el pecho.

Las lesiones se caracterizan por tener pequeños puntos rojos, que corresponden a los orificios creados por el parásito, sobre los que se desarrollan ronchas que producen mucha comezón. En las infestaciones masivas y duraderas, por la continua irritación y el rascado, la piel aumenta su grosor y adquiere pigmentación bronceada oscura, con rastros hemorrágicos por excoriación; se forman manchas de tamaño variable que cubren las zonas donde hay más parásitos y la infección recibe el nombre "enfermedad de los vagabundos" o "melanodermia pediculósica".
Este tipo de pediculosis afecta preferentemente a individuos adultos de ambos sexos con deficiente higiene personal y que viven en condiciones de gran miseria, lo que determina que usen durante mucho tiempo la misma ropa (interior y exterior) y que conserven al dormir la misma vestimenta del día. Por ello, es raro que se presente en países desarrollados, en los que la higiene personal y facilidades para el lavado y recambio de ropa son habituales. En países pobres se hace notable en las regiones frías y en época invernal, durante la cual se reduce el aseo y aumenta el hacinamiento para protegerse de las bajas temperaturas.

Ftiriasis. En esta variedad el parásito se localiza principalmente en la región del pubis, pero puede extenderse hacia tronco, axilas, cejas y pestañas, respetando siempre el cuero cabelludo que es territorio del Pediculus capitis. Las lesiones corresponden por lo general a ronchas inflamadas y excoriaciones por rascado. El cuadro se inicia en la mayoría de los casos con intenso prurito localizado en la región del pubis, que coexiste con las lesiones anteriormente citadas y con la presencia del parásito y de las liendres adheridas a los vellos de la región. En la piel contigua a la lesión pueden observarse manchas de color azulado, de 0. a 1 centímetro, denominadas manchas cerúleas, probablemente debido al depósito de pigmentos sanguíneos en los sitios de la punción.

La extensión del padecimiento hacia cejas o pestañas puede causar cuadros de blefaritis (perrillas y conjuntivitis) de difícil diagnóstico.

Evolución y tratamiento
La pediculosis, cualquiera que sea el sitio en que se localice, es una enfermedad cuya erradicación plantea varios problemas. En primer lugar, el enfermo presenta en el momento de la infestación aguda, además de piojos vivos, gran cantidad de liendres que están listas para madurar y originar nuevos parásitos, lo que hace que los cuadros sean persistentes, porque mientras quede alguna liendre en la superficie del organismo la enfermedad no estará erradicada.
Los piojos se contagian fácilmente, por lo que no es raro observar la aparición de epidemias familiares y escolares que deben ser debidamente tratadas para impedir las reinfestaciones. Por ello, cuando se detecta a un individuo que padece pediculosis hay que indagar el estado de salud de su núcleo familiar y después el de la comunidad a la que pertenece, para tratar de abarcar el problema integralmente.

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A continuación, algunas recomendaciones para prevenir la aparición de estos insectos y la manera de erradicarlos, si es que ya se alojaron en el cuerpo:

Inculcar hábitos adecuados de higiene personal, así como seguir buen aseo corporal y cambiar la ropa diariamente.
Cuidado y limpieza de la cabellera.
Higiene y educación sexual.
Examinar diariamente la cabeza de las personas expuestas, especialmente si se tiene picazón.
Evitar el contacto cercano (cabeza a cabeza) con la persona infectada, así como el uso de sombreros, peines y otros implementos para el cabello de posibles portadores.
Tanto las sábanas como las toallas usadas por el enfermo deben lavarse con agua caliente para destruir al parásito y sus huevecillos, o bien, desecharlas y comprar otras nuevas.
Los artículos para el cuidado del cabello como peines o cepillos usados por los individuos infestados deben tirarse.
Usar el cabello corto.

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El tratamiento más efectivo para eliminar a estos parásitos se basa en productos llamados pediculicidas, que se presentan en forma de crema capilar, lociones o shampoo. Después de aplicar esta sustancia se habrá de tener especial cuidado en utilizar un peine fino para arrastrar las liendres muertas que están fijadas al cabello, para ello se recomienda separar la melena en pequeños mechones y peinarlos repetidamente desde el cuero cabelludo hacia abajo, método eficaz y poco doloroso.
Este antídoto será igualmente efectivo si se padece ftiriasis o si los piojos se alojan en las prendas de vestir, pero en este último caso el procedimiento deberá complementarse con la eliminación de la ropa infestada y, por supuesto, con la adopción de buenos hábitos higiénicos.

Recuerde, aunque muchos de los fármacos contra piojos son de venta libre y no requieren receta médica, es conveniente que siga las instrucciones del empaque pues algunos de sus componentes son tóxicos y podrían afectar a ojos, mucosas nasales o aparato digestivo. Asimismo, es importante que se encuentre lejos del alcance de los niños.
Por otra parte, es importante que sepa que estos diminutos parásitos pueden causar cuadros infecciosos ya que rascarse continuamente lesiona la piel y permite que las bacterias ingresen fácilmente al organismo. El impétigo, por ejemplo, es una enfermedad que produce ronchas y costras de color miel en la epidermis, así como pérdida del cabello, o vello, según sea el caso, como resultado de la acción de bacterias del tipo estafilococo dorado. En este tipo de casos el médico recurre a la administración de antibióticos (locales y vía oral), que contengan doxiciclina o neumicina.

Si la infección es más profunda y lesiona a la dermis (segunda capa de la piel), entonces deberá aplicarse un medicamento más potente (dicloxacilina), que elimine la infección pero que no tenga efectos secundarios de relevancia.

Si usted o alguno de sus familiares tiene este padecimiento no dude en intervenir de inmediato, pues muchas veces la vergüenza o la pena de que otras personas se enteren son piedras en el camino que retrasan la recuperación.

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