Un resumen del libro Del sufrimiento a la paz de Ignacio Larrañaga

DEL SUFRIMIENTO A LA PAZ

El primer paso de transición del sufrimiento a la paz es el de salvarse uno mismo. Para lograrlo, en primer lugar debemos despertarnos, abrir el paso desde el subconsciente al consciente. También significa objetivar el sufrimiento que es puramente subjetivo. Para el autor, dormir significa nadar en las aguas del inconsciente y de la subjetividad.
Las cosas existen en la medida en que uno les da entidad mental. En ese orden de ideas, controlando lo que sucede en nuestras cabezas podemos eliminar o mitigar el sufrimiento.
Los disgustos que padecemos en el pasado son hechos consumados, no hay manera de borrarlos ni modificarlos, por lo que no tiene sentido seguir sufriendo por ellos. NO VALE LA PENA.
Si te hicieron daño, y seguís sufriendo por eso, sos el único afectado. Los que provocaron el sufrimiento muy probablemente se hayan olvidado de lo que te dijeron o hicieron y no les importás. Es inútil seguir machacándose por lo que pasó.
En cuanto al tema del fracaso, hay que analizar primeramente si se agotaron todos los medios para alcanzar cierto resultado. Dado el caso, no se trataría de fracaso sino simplemente cabría concluir que no se tuvo éxito, que no es el antónimo exacto de fracaso. La mayor cantidad de veces el resultado depende de una serie incontable de imponderables.
Según el autor todo lo que resistimos mentalmente lo convertimos automáticamente en ENEMIGOS. Por eso mismo en primer lugar hay que amigarse con uno mismo, incluso con lo que rechazamos de nosotros. Aceptarnos. No podemos pretender que nos acepten los demás si damos una imagen negativa de nosotros mismos al afuera.
La regla de oro: dejar que las cosas sean lo que son. Una vez que he llegado a la conclusión de que no hay nada que hacer por mi parte y que los hechos se harán porfiadamente presentes a mi lado, sin mi consentimiento, la razón aconseja aceptarlo todo con calma, con dulzura incluso.
RUTINA
Aparece cuando las cosas comienzan a perder sus perfiles diferenciadores para mí. Las cosas pierden novedad, todo es igual, informe y amorfo. Entra en juego la monotonía. Como consecuencia, los elementos diferenciadores de cada momento comienzan a perder relieve. La repetición genera la rutina. Pero cuando una repetición se siente diferente a su predecesora, no se percibe rutinaria. La solución, entonces, es dotar de significación a cada cosa que hacemos.
IMPOTENCIAS. LIMITACIONES.
Originalmente el hombre es contingencia, precariedad, limitación e impotencia. El sufrimiento del hombre: sus fronteras.
El hombre niño crece omnipotente, se convierte en un adulto con limitaciones y muere siendo un grano de arena. Debemos aceptar que somos fundamentalmente desvalidos, es muy poco lo que podemos en relación a lo que no podemos, muy pocas posibilidades tenemos de cambiar las cosas. En vez de frustrarse hay que aprender a aceptar esta realidad y hacer lo mejor dentro de nuestras posibilidades.
INCIDENCIA GENETICA
Nuestras vidas están en gran parte condicionadas por las predisposiciones genéticas, fruto de combinaciones entre la información genética dadas por nuestro padre y madre, cada uno con un aporte del 50 %. Ese aporte es llevado a cabo mediante las células sexuales, el espermatozoide (la célula más pequeña del ser humano) y el óvulo (la más grande, de 1/8 mm). Cuando congenian estas dos células al inicio de la vida humana, se decretan los rasgos futuros de la persona, así como algunas características y tendencias de la personalidad de la futura persona. Por lo tanto se puede afirmar que algunos rasgos de la personalidad son reticentes a su modificación, lo que implica que el cambio será más dificultoso aun en casos de ardua lucha. Entonces no vale la pena frustrarse si no se logran los resultados deseados.
DEPRESION
Puede ser endógena o reactiva. Endógena significa que se origina y proviene de la psique de la persona, pudiendo ser congénita. Una depresión reactiva es la que nace por acontecimientos externos a la persona.
La depresión maníaca tiene una sintomatología de inestabilidad emocional, pasando bruscamente, en un movimiento circular y cíclico, de la euforia a la melancolía y viceversa.
¨Un día, al levantarme de la cama, me sentía extraordinariamente bien. Este bienestar creció sobre toda analogía. A la una en punto presentí el máximo de excitación vertiginosa, que no consta en ningún termómetro del bienestar.
Cada función del organismo gozaba de su completa satisfacción. Cada nervio estaba acorde consigo mismo y en armonía con todo el sistema. Cada pulsación atestiguaba la poderosa vitalidad que inunda todo el cuerpo.

Andaba como flotando pero no como el vuelo del pájaro que atraviesa el aire, sino como las ondas del viento en el sembrado, como las olas anhelantes del mar, como el deslizamiento ensoñador de las nubes.

Mi modo de ser era el de la pura transparencia, como la profundidad del mar, el silencio satisfecho de la noche, como el sosiego monologal del mediodía.

La existencia entera estaba enamorada de mí. Todo lo enigmático se esclarecía en mi bienaventuranza microscópica, que todo lo explicaba…

Como he dicho, a la una en punto estaba en lo alto. Entonces comenzó bruscamente a picar algo en mi ojo izquierdo. Yo no sé lo que era, si una pestaña o un polvillo. Pero lo que sé es que en el mismo momento caí en el abismo de la desesperación¨


ALGUNAS PROPUESTAS

Quien se ha vaciado de sí mismo es un sabio. Para el desposeído, el ridículo no existe, el temor nunca tocará a su puerta, las emergencias no lo asustan. Desaparecen los verbos poseer, pertenecer, fuente de conflictos y tensiones. Se trata de eliminar el “yo” falso, cargado de omnipotencia e irrealidad en las mismas dosis. Al que nada tiene y nada quiere tener ¿qué lo puede turbar?

Si hablan mal de ti, no te defiendas; deja que sangre hasta morir el amor propio. No te justifiques si tus proyectos no salieron a la medida de tus deseos. No des paso a la autocompasión.

Imagina ser una estatua yacente: siéntete pesado como el mármol, vacío de emociones y pensamientos. Vacíate por completo de actividad mental. Permanece así largo rato. Regresa a tu estado normal lentamente, con movimientos suaves.

Relajación corporal: Con este ejercicio: a) se relaja el cuerpo, b) se ejercita la concentración, c) se supera la fatiga nerviosa.
Instálate todo tú en tu brazo derecho. Aprieta fuertemente los dedos, hasta formar el puño. Luego lo mismo con el otro brazo.
Pasa después a la pierna derecha y haz exactamente lo mismo que con los brazos. Aprieta los dedos y suéltalos. Levántala y estírala fuertemente. Lo mismo con la otra pierna.
Ahora, los hombres. Estíralos en todas las direcciones. Encógelos y déjalos caer completamente.
Cierra los ojos, deja caer los párpados, siéntelos pesados. Finalmente, concéntrate en la nuca. Flexiona la cabeza, primero hacia adelante lo más posible. Luego gira la cabeza de la derecha a la izquierda, y a la inversa, dejándola caer suavemente, lo más cerca de los hombros.
Para terminar, quédate quieto largos minutos, imaginando tu ser como un mar cálido y calmo.

Relajación mental: Coloca delante de tus ojos una planta domestica, o ubícate frente a un paisaje. Que se evaporen los pensamientos, solo concéntrate en la contemplación. Recibe todo parte por parte y no en tropel. Vacíate de todo recuerdo.
Con los ojos cerrados, recibe todos los ruidos que te rodean, incluso los “a priori” desagradables. Conviértelos en amigos.
Pasa al tacto, palpando con calma todos los objetos que están a tu alcance, percibiéndolos, sintiendo la esencia de cada uno de ellos.
Luego concéntrate en recibir los diferentes perfumes: de las plantas, de la flor, de los objetos.
Todo esto debe hacerse sin esfuerzo. Debe salir naturalmente.

Autocontrol: Lo importante es establecer una buena relación entre nuestra atención y nuestros actos. Estar atentos sólo a lo que hacemos, olvidándonos de todo lo demás. Cierra los ojos e imagina tus pies con todos sus detalles, luego haz lo mismo con tus manos. El objetivo es suprimir la actividad mental invasiva, la que nos llena de pensamientos casi involuntarios.
Percibe el movimiento pulmonar, sintiendo como realizan su trabajo, para luego extender la imaginación al resto del organismo, a lo largo y ancho. Instálate donde percibas los latidos cardíacos: siéntelos, sin pensar, unos 5 minutos.

Eliminar el dolor: Nosotros tenemos el poder de eliminar los dolores neurálgicos y atenuar los orgánicos, mediante la concentración.
Donde sientas dolor, concentra tus pensamientos. Elije palabras como “duérmete, descansa, cálmate” y dirígelas al punto de dolor en forma pausada pero ininterrumpida durante unos minutos.

Técnicas de olvido: Piensa en un disgusto de tu vida. Imagina que pasas por un prado verde. A una cierta altura sacas desde dentro de ti el disgusto y lo entierras bajo un metro de tierra. Allí quedará para siempre.
Piensa en otro disgusto que te obsesiona. Imagina que llegas a la orilla del mar. Está esperándote un ángel con un barco. Extrae de tus entrañas ese disgusto y deposítalo en la barca. El ángel parte con esa carga mar adentro, mientras tú te quedas en la orilla. El ángel sigue alejándose con el barco mar hasta alta mar; allí ata una piedra pesada a tu disgusto y lo lanza a lo profundo del mar. Allí quedó tu disgusto, sepultado en lo profundo, PARA SIEMPRE.
Piensa en otro recuerdo desagradable. Encendemos una gran hoguera en el patio y echamos ese recuerdo como un carbón al fuego. A los pocos minutos, el fuego ha convertido tu recuerdo en cenizas, que ascienden al cielo, hasta que se evaporan en las alturas. Minutos más tarde, el humo se ha desvanecido. El cielo, azul.
Colócate ante 4 o 5 objetos. Nómbralos en alta voz. Cierra ahora los ojos y, comenzando por el último objeto, retíralos mentalmente uno por uno, arrojándolos a tus espaldas. Delante de ti no quedó nada. Colócalos de nuevo mentalmente. Y de nuevo hazlos desaparecer.
Esa historia dolorosa cuélgala en la parte trasera del furgón del tren. Parte el tren. En la medida en que se aleja, la historia dolorosa es cada vez más pequeña. Un poco después, diminuta, casi imperceptible, hasta que ya no se ve nada de ella, sólo el perfil del tren que, finalmente, también desaparece.

Respiración: Los estados anímicos influyen decisivamente en la respiración. Cuando la persona está tranquila, su respiración es apacible, cuando está agitada, es irregular. La respiración es el espejo de los estados interiores. Por consiguiente, controlando la respiración podemos influir y modificar los estados interiores.
En la aspiración normal inhalamos medio litro de aire. En la profunda podemos inhalar más de 2 litros. La respiración no debe ser forzada. Lo esencial es relajarse por completo y espirar a fondo. La respiración debe ser nasal, sobre todo la aspiración. La espiración podría hacerse, en cambio, con la boca entreabierta.
Respiración abdominal: Consta en hinchar el abdomen y los pulmones simultáneamente. Se vacían los pulmones al mismo tiempo que se vacía el abdomen. Debe dirigirse la atención sobre el aire que se siente, se sigue, se le dirige. Es una respiración sentida, consciente y concentrada.
Respiración torácica: Es la respiración de los atletas. En la medida en que se llenan los pulmones, se hunde el abdomen; y en la medida en que se vacían los pulmones, se dilata el abdomen.
Respiración alterna: Consiste en oprimir el orificio derecho de la nariz con el pulgar de la mano derecha, aspirando por el orificio izquierdo. Espirar por el orificio derecho mientras se cierra el orificio izquierdo con el índice de la misma mano.
Luego, aspirar por este orificio derecho y espirar por el izquierdo; y así, alternadamente, lo más lentamente posible. Nunca más de 10 respiraciones.
Respiración rítmica: La espiración debe ser más lenta que la aspiración. Cada individuo tiene su ritmo de respiración. Suponer que la aspiración dura 3 segundos y la espiración 5. En este caso, se aspira durante 3 segundos y se retiene el aliento por 2 segundos, se espira durante 5 segundos y permanece con los pulmones vacíos durante 2 segundos y así sucesivamente.


RELATIVIZAR
La gente sufre aflicciones sobre aflicciones: no tanto por tener, sino por aparentar, por exhibirse, transitando siempre por rutas artificiales, siguiendo las órdenes de la moda.
Por supuesto, es legítimo y sano el deseo de triunfar y sentirse realizado. Pero por triunfar casi nunca se entiende el hecho de ser productivo y sentirse íntimamente gozoso.
Relativizar lo que nos rodea y lo que vivimos significa objetivarlas como se habló anteriormente. Reducirlo todo a su dimensión objetiva. Es lo contrario a absolutizar: sensación de que no existe otra realidad sino la presente y de que siempre será así.

Desasirse: Cualquier cosa, persona o situación a la que el hombre se adhiera posesivamente se le transforma en su dueña. Un hombre lleno de posesiones vive entre delirios. Es un enajenado que proyecta sus sentimientos en los objetos y es dominado por estos últimos.
El hombre necesita renunciar, soltar los tentáculos apropiadores. Dejar que las cosas sean lo que son. Vivir!


ASUMIR
¿Qué significan mis sufrimientos, para qué sirven? El drama no está en sufrir, sino en sufrir inútilmente. Mas el sufrir no tiene lógica. Cristo murió sufriendo, sin merecer esa suerte. La justicia no cuenta a la hora de la aflicción. No es un parámetro a tener en cuenta. Si somos agudos, llegamos a la conclusión de que en realidad todos sufren. Algunos más que otros, obviamente. Pero la vida es sufrir y no cabe preguntarse el por qué de ese estado. Sería preguntar por qué vivimos.
En los relatos bíblicos, Job es un paradigma del sufrimiento y su cuestionamiento. Tenía todo lo que un hombre puede tener. Familia, dinero, salud….felicidad. La gente a su alrededor lo criticaba porque creía que el hecho de ser justo era retribuido por Dios con todos aquellos bienes. Pero Dios, más allá de las fronteras humanas del razonamiento, puso a prueba a Job. Le fue quitando todo lo que le había otorgado otrora. Supuestos amigos de Job se acercaron y quisieron convencerlo que la malaria había llegado a su vida porque debía haber faltado a la fe con Dios. Debía haber pecado. Pero lo que no sabían los amigos, es que Job no cambió su conducta. Su sufrimiento no se explicaba desde aquella lógica retributiva. No se explicaba ni se explica desde la razón. Job, tras los cuestionamientos de sus amigos, desafió a Dios, le preguntó el por qué de su desgracia. Dios aceptó el desafío. Le contestó. En su respuesta, lo levanta de las reacciones humanas, le describe los prodigios y maravillas de la creación y le explica que pase lo que pase, El va a estar ahí, acompañando al hombre, amándolo, cuidándolo. Que los sufrimientos de esta vida serán recompensados en la otra vida.
Se trata, en consecuencia, de una cuestión de fe.

“Sé que eres poderoso,
ningún proyecto te es irrealizable.
He hablado como un hombre ignorante
De maravillas que me superan y que ignoro.
Yo te conocía solo de oídas,
Mas ahora te han visto mis ojos.
Por eso retracto mis palabras,
Me arrepiento en el polvo y la ceniza”

(Job 42, 1-6)

Generalmente, el interrogante y la protesta por nuestros sufrimientos son dirigidas a Dios, sin tener en cuenta que Aquel a quien se dirige la protesta está instalado en la cúspide del dolor, en la Cruz.


El Perdón: En el perdón evangélico, más alegría siente el que perdona que el que es perdonado. Es un misterio divino el perdón, muchas veces difícil de realizar plenamente prescindiendo de la ayuda de Dios. Perdonamos de palabra, mas raramente de corazón. Dejamos archivar esos dolores, esos rencores en nuestro interior, y ellos se retroalimentan cada vez que recordamos las heridas.
En la parábola del hijo pródigo, paradigmática por cierto de la relación del hombre con Dios, el hijo parte de su hogar sin importarle la tristeza que provocaba a su padre y su hermano, con el dinero que le había pedido a su padre por la parte de la herencia que le correspondía. Esto en esa época como en la actual es un desatino total, es una afronta directa al honor del padre, que para el hijo es como si estuviera muerto. Solo así uno entiende por qué reclama la legítima.
Con aquél dinero parte hacia otras tierras, donde despilfarra todo el capital rápidamente. Se junta con gente que lo usa para sacarle partido y cuando no le queda dinero queda abandonado a su suerte. Solo. Consigue trabajo alimentando cerdos, pero la remuneración es bajísima y hasta le niegan la posibilidad de alimentarse de la comida de los cerdos. Es ahí donde decide volver a su tierra, cansado de sufrir, para reencontrarse con su familia, aunque fuera en calidad de jornalero, y no de hijo. Recorre un largo trecho, hambriento, vestido con harapos, figurándose lo que le diría a su padre para que este lo acepte en su casa como trabajador.
Desde su casona, el padre observa a lo lejos y ve acercarse lentamente al maltrecho hijo, y sin dudar un segundo, sale a su encuentro corriendo. Lo primero que hace es abrazarlo, colmarlo de su amor, que nunca desapareció. Lo perdona. Sin más. Está más que claro que el padre simboliza la figura de Dios, rápido para disculpar, lento para enojarse. Nosotros no somos Dios ni mucho menos, pero podemos buscarlo a Él, que nos dará fuerzas para perdonar a su manera. La manera.
El perdón es olvidarse completamente de eso que nos hicieron y nos perjudicó. Solo con Dios se puede.