Hola Taringa! hoy les traigo una reflexiones para la Vida, para sentirse bien.

Sobre el amor y la amistad

Mucho se habla sobre el amor, amistad y pasiones es bueno meditar también en lo que no es amor: Si necesitas alguien para ser feliz, eso no es amor. mes carencia. si tienes celos, inseguridad y haces cualquier cosa para mantener a alguien a tu lado, aún sabiendo que no eres amado, y dices que crees en esa persona, pero no en los otros, que te parecen rivales, eso no es amor. es falta de amor propio.

Si crees que tu vida queda vacía sin esa persona; no consigues imaginarte sólo y mantienes una relación que se acabó sólo porque no tienes vida propia, eso no es amor.
Es dependencia. Si piensas que el ser amado te pertenece; te sientes dueño y señor de su vida y de su cuerpo; no le das la oportunidad de expresarse, de decidirse, sólo para afirmar tu dominio, eso no es amor.
Es egoísmo.

Sí no lo deseas; no te realizas como hombre o mujer con esta persona; prefieres no tener relaciones íntimas con esa persona, sin embargo, sientes algún placer en estar a su lado, eso no es amor. Es Amistad. Si discuten por cualquier motivo; se mueren de celos uno del otro; ni siempre hacen los mismos planes; les falta acuerdo en diversas situaciones; no les gusta hacer las mismas cosas o ir a los mismos lugares, pero hay un deseo de estar íntimamente juntos, eso no es amor. Es Deseo. Si tu corazón late más fuerte; el sudor se pone intenso, tu temperatura sube y baja vertiginosamente, sólo en pensar en la otra persona, eso no es amor. Es pasión.

Ahora, que ya sabes lo que no es amor, es más fácil analizar, lo que pasa contigo y procurar resolver la situación o programarse para atraer a alguien por quien sientas afecto y deseo; y que este alguien también sienta lo mismo por ti, para que puedan construir una relación equilibrada, en donde haya el verdadero y eterno amor.


Sueños

sta noche ha sido distinta: He soñado. Eso me sucede con tan poca frecuencia que me decidí a abrir el cuaderno y contarles. Escojo un par de palabras mientras la tinta se adhiere a esta piel suavemente, sin quejarse, deslizándose. Levanto la vista ante un sonido inesperado. Cierro el cuaderno, abro la puerta. Es mi amiga Miriam, quien se dispone a contarme que su novio le ha dejado por enésima vez; y que ésta, como todas las anteriores, no ha sido culpa suya. Yo le escucho, con mi cordura heredada y mi locura aprendida.

Me gusta cómo me miente. En un vaivén de palabras la he perdido. Nos perdemos. Abro el cuaderno, cierro los ojos. Me escapo de esta vida propia y ajena que me persigue y que me encuentra. Mis pasos errantes me han traído a un mercado, donde se comercia con niveles de vida, ideologías y pensamientos adheridos a los bienes materiales. Esto nadie lo entiende y muy pocos lo saben. Yo les miro y les descifro.

Intuyo y acierto.
Estoy en el tren. Abro el cuaderno, cierro el vagón. Mis oídos se pierden en una conversación tan efímera como su contenido: el susurro de un “te quiero” que se pierde entre vapores y pasos. Cierro el cuaderno. Les observo con ojos llenos de ayeres, con un dejo de costumbre.
Les hago míos, les nombro, les admiro y les desprecio. Ellos no me ven, no me imaginan, no existo. Resulta obsceno observarles así: oculto en el anonimato, en la comodidad del camuflaje de las multitudes que roban la propia individualidad (y la personalidad).

Me pierdo; me encuentro. Abro el cuaderno: aspiro la frescura del verde y los colores, que me llenan de primaveras viejas y de recuerdos que no han ocurrido – y acaso jamás ocurrirán.
Cierro. Me encierro. Me angustio. Suspiro. Escucho: El ruiseñor canta. Habla de temas tan sublimes que ponerlos en lengua humana sería querer materializar lo etéreo.

Dejo las palabras. Me abandono en la noche – en su olor a naranjo – y sueño. Sueño sin cesar y sin culpa: mañana lo habré olvidado todo.


Nunca estarás sólo

Un día andaba yo, meditabundo y sin rumbo, hasta que me llegó una luz del cielo en que me decía: -Hijo mío, nunca estarás sólo, si estás conmigo, lucha, persevera, ama. Recuerda el legado que os deje: Amar- amor y perdón, frases que aprendí de mi padre todo poderoso. Llena de paz y de amor tu corazón, regala amor y bondad a todo el que te encuentres, porque sólo así estarás honrando a mi padre Santo que está en los cielos.

Hijo mío, por muy duro que sea el camino sigue luchando que los premios se consiguen al final de la partida y no al principio, por eso es muchos no llegan a su meta porque se quedan rezagados en el camino, sin esperanza, sin luz. Activa siempre en tu corazón esa llama divina que tienes dentro y por muchas nubes que veas, esa luz brillará y nadie la apagará, siempre y cuando tú no la permitas, porque sabes que en tu alma mora la luz del espíritu santo y nadie podrá profanar ese espacio que tengas en tu corazón.

Nunca abandones tu familia, tus seres queridos, tus amigos, ellos necesitan de ti, como tú a “ellos”. El perdón, La amistad y confraternidad son premisas fundamentales para llegar al cielo-
“Los tristes piensan que el viento gime, los alegres piensan que canta”. “El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona”.

Lágrimas de cristal

Era un día como cualquiera que hubiese vivido antes, el intolerante calor, el aire sobrecalentado, el impetuoso sol. Todo apuntaba a una fatiga bochornosa que oprimía mi cuerpo con ganas de no existir ahí, con ganas de estar en mi cueva fresca y oscura, que sólo ilumina mi rayito de cielo y el ángel que siempre me esperan. Creo que ya es demasía en preámbulo para este relato, al grano. Ella era un alma errante como cualquier otra, sin embargo, algo desvió mi mirada hacia ella.

Suelo observar a menudo a las personas, hadas y genios por igual, tal vez fue su tez blanca o sus pechos descubiertos hasta la mitad danzando con su caminar, efecto de la gravedad; no sé, tal vez percibí cierta melancolía en su postura y andar. De repente capto mi mirada, un tanto observadora, un tanto morbosa. La mire, me miro, sin más relevancia giramos la mirada a otros ángulos. Dicen que los ojos y la mirada son la ventana del alma, hasta ahorita así lo comprendo, aunque no son ventana ni espejo de las intenciones.

Abordé el carruaje, lo más parecido a una calabaza de nuestro tiempo, una rata lo iba maniobrando, y varias almas vagabundas nos transportábamos allí. La vi subir seguía enfocando mi mirada hacia ella, me hacía sentir tristeza, melancolía y hasta cierto punto dolor, algo que en lo personal me agrada y me provoca placer; ¿sadismo? Jajá tal vez. Tomamos camino rumbo a otro destino de abordaje, en el trayecto estuvo frente a mí, incitando mi mirada y yo tratando de hacer contacto visual con ella.

En un momento se cambió de lugar al asiento de lado. No podía desviar la mirada aunque había otros entes y formas de comportamiento más que analizar. Venía haciendo movimientos con sus labios; por ciertos gruesos y carnosos, color rosa como para tomar de ellos un beso, una mordida y romperlos con los dientes. No pude descifrar bien sus palabras, aún no sé neurolingüística, pero sonaba algo así: ¿Por qué a mí?, ¿Qué hice mal yo? Fue lo único que logré captar antes de distraerme con el cristalino fulgor nostálgico que llenaba sus grandes ojos negros, adornados con pestañas retocadas pésimamente con rímel barato cual espinas filosas adornan una rosa negra y consumida.

Quedé impactado, me impresiono porque al ver ese hecho, algo de ella quedó adherido a mí, me transformé de nuevo, saque de mis adentros a ese ser triste y melancólico que muchas veces eh logrado reprimir y otras no tanto. Fue ineludible ver correr esa gota de sal, como si fuese una navaja, esa lágrima de cristal por su rostro, por un momento la imagine hecha con sangre del alma en vez de solución salina, el cuadro fue helenístico, su rostro blanco con alguna que otra peca o mancha, pintada con una lágrima, que para mí, era color carmesí.

Sentí que a cada milímetro que recorría de su rostro, lo hacía al mismo tiempo abriendo una grieta en su alma. No pude evitar sentir compasión por esa pobre hechicera y me comíseme.
Pensé en darle un paño que retuviera su dolor y la secase por un momento de su amargura, también pensé sacarle alguna charla agradable para que olvidase un momento lo sucedido, o simplemente recitarle alguna frase de las tantas que suelo recordar para estos momentos, para que le diera ánimos y aliento. Pero aún me reprime la etiqueta que pudieran ponerme los que viajaban con nosotros en la calabaza.

De vez en cuando privaba en llanto, y dejaba destilar más lágrimas de cristal de sus pozos de luz por su linda mejilla blanca, con toques coral en los pómulos por el calor. Cerraba sus ojos oprimiéndolos para resistir el dolor que para entonces yo supuse que era una estocada a su corazón hecha por algún mal caballero como fui yo una vez hace muchas lunas. De esas heridas que son las que más duelen y que nunca cicatrizan aunque cierren. Saco un aparato el cual se utiliza para comunicar varias palabras con algún mortal.

Tal vez era para ese ente que fue el causante de su hirviente padecimiento, lo digo así porque al momento de ingresar cada carácter lingüístico… Cerraba sus ojos y derramaba un río de diamantes color rubí, como soportando la agonía provocada por cada palabra, que pareciera ser, enterraban más las espinas que crecieron alrededor de su corazón oprimiéndoselo. Pensé entonces en hablarle de nuevo, pero de nuevo mi cobardía me lo impidió. Para completar la escena, de fondo una melodía comercial de unas hermanas que suelen cantar, trataba de un adiós profundo y sin razón, de un adiós de esos que son para siempre y que puedes ver a diario al causante de ello.

Fue demoledor el efecto de esta tonadilla para su estado de ánimo; ¡pobre alma! Llegue a mi destino temporal ya que no puedo estar ni existir en un sólo lugar, me dispuse a descender de la hortaliza andante y por fin le di el paño de papel donde depositaría su dolor. Sólo dijo: ¡gracias!, con una voz dulce y tierna, quizá un tanto melodiosa, con necesidad de afecto, temblorosa y quebrada. Tal vez fue tantos recuerdos que se vinieron a mi mente al ponerme a verla, tantas vivencias del mismo dolor, un espejo de algún pasado doloroso que quisiera olvidar, y nunca acordarme más.

Un pasado donde tal vez como hoy alguien admiró mi dolor y recuerda mi funeste rostro marcando la muerte dentro de mí, como yo recordaré a esta chica, tal vez hice mal o tal vez bien… Aunque creo que hubiese sido mejor haber roto esa barrera de una sociedad señaladora, y decirle algo que le sirviera más que una servilleta, es lo que me hubiese gustado que hicieran conmigo; pero no fue así. Las cosas pasan por algo supongo. Estamos aquí para sobrevivir con o sin alguien que nos acompañe o nos proteja, con o sin apoyo, ahora pienso que ella tendrá que forjar su destino a como yo forje el mío a toda costa, pero bueno ya no importa hoy soy feliz.


Cuando estoy junto a ti

En estos momentos me encuentro tratando de describir de manera exacta, o simplemente lo más parecido posible, ese sentimiento que me envuelve de tres factores importantes en la vida, no sólo la mía; sino de todo ser humano, los cuales son:
La paz, la felicidad, el amor… Cada uno de ellos logra fusionarse en mi interior, sólo y únicamente, cuando estoy junto a ti.

Sí, cuando estoy junto a ti, siento esa tranquilidad en mí alrededor, como si no existieran problemas en los cuales pensar, como si el reloj no avanzara y se estancara en el tiempo en una serenidad perpetua, y al mismo tiempo gira tan rápido, porque por lento que vaya sé que en algún momento te distanciaras. Contigo cargo esa paz anhelada que cubre mi cuerpo, igual que la lluvia de invierno baña con sus gotas las flores, embelleciendo el jardín con un arcoíris de colores, así me siento al sentir tu presencia.

Cuando estoy junto a ti, puedo recorrer mil y una vez un sendero lleno de tinieblas, que aún así, siento la felicidad brotar por cada poro de mi cuerpo, abrigándome día y noche aun cuando no estés a mi lado, porque te siento tan cerca, pues, con cada latido de mi corazón, mi alma pronuncia una por una cada letra de tu nombre y mi interior sonríe, porque ni siquiera la distancia es capaz de alejarme de ti.

Cuando estoy junto a ti, cada vocal y cada consonante de la palabra AMOR tienen un significado invaluable, tanto, que ni todo el oro que hace mover el mundo lo puede superar y te las defino así: Cuando estoy junto a ti.

Abrazo y disfruto la vida cada segundo deseando que nunca se me escape de las manos
Miro las estrellas y veo tus ojos brillar y en la luna dibujo tu nombre
Oigo tu voz y se estremece mi cuerpo de tantos sentimientos incontrolables.
Río, disfruto y ruego a Dios, que nunca te vayas de mi lado

Junto a ti, quiero estar hoy, mañana y siempre. No sé si es, la forma exacta de describir mis sentimientos, pero es exactamente lo que siento.



Bueno Taringa asi terminan mis 5 reflexionas. Te van a llegar al Corazon