¿Cómo vivir mejor en un mundo ruidoso?


Transportes, juguetes y electrodomésticos son sólo algunos de los artefactos que emiten sonidos fuertes y que, ante una exposición prolongada, pueden ocasionar daños severos en los oídos.


La contaminación sonora


Vivimos en un mundo ruidoso. Esto no es una casualidad, por cierto, ya que vivimos en una cultura ruidosa. Recibimos a la Navidad y al nuevo año con manifestaciones escandalosas, gritos, petardos, bocinas. Pero no sólo festejamos sino que protestamos ruidosamente. Sin ir más lejos, recordemos los cacerolazos. No tendría sentido convocar a almohadonzazo ó a plumerazos.

El ruido es aquel sonido que nos resulta molesto e indeseable. Como cualquier señal acústica audible, atraviesa el oído externo, luego el tímpano y el oído medio y finalmente, produce un estímulo sobre unas 25 mil células nerviosas presentes en la cóclea ó caracol del oído interno, las cuales poseen vellos muy delicados o cilios, cuya excitación y relajación forma parte indispensable de nuestra capacidad de oír.

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Estas células nerviosas no se regeneran. Y, como cualquier otra parte de nuestro organismo, envejecen cuando se las maltrata. Cuando el ruido supera los 80 decibelios A (dBA), se torna en una agresión peligrosa que, con el paso de los años, puede ocasionar hipoacusia (disminución en la capacidad auditiva). El stress que genera en las células ciliadas puede hacer que éstas pierdan su capacidad de actuar con eficiencia y, por lo tanto, de transmitir al cerebro una señal clara y con buena definición.

Si, en cambio, el ruido es muy fuerte (mayor a 140 dBA), y aunque apenas tenga una duración de milésimas de segundo, puede ocasionar la sordera instantánea, como en el caso del ruido producido por las turbinas de un avión, detonaciones de armas de fuego o explosiones.

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Pero el ruido nos rodea y no es fácil escapar de él. Desde el ruido ambiental a los ruidos domésticos, el tránsito, el vecino practicando con su nueva guitarra, la televisión, los juegos para PC, la máquina cortacésped, etc.

Los daños que ocasiona el ruido no son sólo auditivos sino que pueden afectar nuestra salud física y psicológica. Según la Organización Mundial de la Salud, se precisa un nivel sonoro inferior a 30 dBA para conciliar el sueño. Si se superan los 45 dBA -aún de modo esporádico como el ruido de tránsito o las voces de nuestros vecinos-, el ruido no permitirá un descanso reparador. Si no dormimos bien no vivimos a plenitud, nuestra salud puede resentirse, bajar nuestras defensas y sobrevenir enfermedades. Sin embargo, el ruido diurno puede ser tan peligroso como el nocturno, ya que es un factor coadyuvante del stress.

Tanto las normas internacionales como las de muchos países coinciden en establecer en 85 dBA el límite del nivel sonoro para una exposición de 40 horas semanales de modo de no perder la capacidad auditiva a lo largo de los años. Si bien puede constatarse fácilmente este valor en el puesto de cada trabajador, ¿se respeta cuándo éste cesa su jornada?

contaminacion sonora


Por ejemplo, pensemos en alguien que recibió una dosis límite de ruido, es decir, estuvo expuesto toda la jornada de trabajo a 85 dBA. Camino a su hogar quiere escuchar los últimos hits musicales en su MP3. Para esto, debe elevar el volumen de su aparato hasta que el mismo enmascare el ruido en el subterráneo. Es decir, unos 95 ó 100 dBA. Cuando llega a su casa, se percata que es tiempo de hacer algunas tareas domésticas, como pasar la aspiradora o encender el lavavajillas. Tareas que, al menos, incorporan otros 75 a 80 dBA a su dieta sónica. Es probable que, al cabo de la semana, esta persona reciba bastante más que los decibeles aconsejados por la norma, lo que le asegurará una ancianidad muy feliz y... silenciosa.

La potencia acústica de muchos aparatos eléctricos se encuentra en la franja de los potencialmente perjudiciales para el oído. Existen juguetes que producen niveles sonoros mayores a... 100 dBA. La peligrosidad de estas emisiones sonoras obligó a algunos países a elaborar normas que protejan a sus ciudadanos. En la Comunidad Europea, por ejemplo, la eco-etiqueta asegura que los electrodomésticos y juguetes cumplan con ciertos estándares de calidad, entre ellos, niveles de ruido amigables que no produzcan daño al oído del niño a del adulto.

ruidos peligrosos


Pero, ¿cómo sabemos si nos encontramos expuestos a un ruido peligroso? El acto reflejo de llevarnos las manos a los oídos es una señal inconfundible que estamos ante la presencia de un ruido potencialmente dañino. Es decir, debemos evitar los ruidos que aparecen como "dolorosos". En realidad, debiéramos extender esta acción a los "fuertes", como la proximidad a camiones, bocinas y el viaje en un ruidoso tren subterráneo. No estamos diciendo que no se debe asistir a una discoteca, pero al menos debiéramos alejarnos prudentemente de los parlantes. El mejor principio a seguir es: cuánto más lejos mejor. Y si debemos realizar tareas que impliquen elevadas dosis acústicas, utilicemos tapones para los oídos, los cuales suelen proveer entre 15 y 20 dBA de atenuación, lo suficiente para hacer inocuos la mayoría de los ruidos provenientes de pequeños equipos de usos doméstico, como taladros, sierras, máquinas cortadoras de césped, etc.

Lo más importante de todo es ser consciente de la importancia de la audición en nuestras vidas. El sonido no es sólo información, es comunicación y, por supuesto, es placer. El oído es un órgano delicado y frágil. Expuesto al ruido, su vida útil disminuye y por ende, nuestra capacidad de maravillarnos y disfrutar de los fenómenos sonoros que nos rodean.

La contaminación sonora


Fuente:
http://www.entremujeres.com