La comida chatarra, tan adictiva como las drogas



Diversos estudios aseguran que el azucar, la grasa y la sal en grandes cantidades generan en el cerebro las mismas reacciones químicas que las más potentes drogas



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La comida chatarra, tan adictiva como las drogas. La adicción por la comida chatarra dejó de ser un mito. Diversos estudios señalan que consumir productos a base de azúcar, grasa y sal producen en el cerebro las mismas reacciones químicas que drogas como la cocaína o la heroína.

Las primeras investigaciones sobre la comida chatarra fueron realizadas en el 2001 por Nicole Avena de la Universidad de Florida, y Bartley Hoebel, de la Universidad de Princeton. Para realizar el estudio comenzaron a alimentar a ratas 12 horas diarias con jarabe de azúcar, en una cantidad similar a la que contienen las gaseosas, junto con el alimento habitual para ratas y agua.

Pasado un mes, los científicos descubrieron que los animales desarrollaron cambios cerebrales y comportamientos químicamente idénticos a los observados en ratas adictas algunas drogas (inquietud y ansiedad frente a la abstinencia).

También observaron que el cerebro de las ratas liberaba dopamina cada vez que comían azúcar, neurotransmisor relacionado con la búsqueda de placer, la toma de decisiones y el circuito satisfacción-recompensa.

Ese mismo año, Gene-Jack Wangs, del Laboratorio Nacional Brookhaven del Departamento de Energía de los Estados Unidos, comenzó a hacer pruebas similares en humanos, y descubrió que existía una deficiencia de dopamina en los estriados cerebrales de los obesos que era casi idéntica a la que se observaba en los consumidores de drogas.

En un estudio posterior comprobó que las personas delgadas experimentaban un aumento de este neurotransmisor en la parte del cerebro relacionada con la toma de decisiones al encontrarse frente a su comida favorita (chatarra), la misma reacción que se produce en los adictos a las drogas.

Luego fue Eric Stice, neurocientífico del Instituto de Investigaciones de Oregon, quien se encargó de investigar esta temática. Descubrió que tanto en las personas delgadas como obesas se producía la misma reacción química cerebral al comer una cucharada de helado de crema y chocolate. Y que la descarga de dopamina era mayor en los adolescentes flacos hijos de padres obesos que en los descendientes de delgados.

También señaló que el exceso de azúcar, grasa y sal en las comidas atrofia el sistema de recompensa cerebral, que lleva a que se produzca un acostumbramiento y se responda cada vez menos al placer buscado, lo que deviene en comer cada vez más para compensar. Justamente, lo mismo que sucede con los consumidores de drogas y los alcohólicos




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