La historia del perro y el conejo



La gran importancia de decir siempre la verdad

La mayoría de la gente no está consciente de la importancia que tiene el decir siempre la verdad; y las consecuencias que puede ocasionar una mentira, por más pequeña que ésta sea. Te cuento una historia con reflexión final, que explica la importancia de no mentir:

Como sucede en todas partes, en uno de tantos barrios vivían familias vecinas que se llevaban muy bien. El papá de una de ellas les compró un conejo a sus hijos. Los hijos del otro vecino, también le pidieron una mascota a su papá. El hombre les compró un cachorro de pastor alemán.

Con sencillez, el primero le comentó a su amigo que tenía miedo de que su perro se comiera al conejo de sus hijos, pero el otro le dijo:

- ¡De ninguna manera! Piensa, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, se llevarán bien. Yo conozco de animales, puedes estar tranquilo, te aseguro que no habrá problemas.

Y parece que el dueño del perro tenía razón. Los animales crecieron juntos y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés. Los niños estaban felices con la armonía entre los dos animales. Pero un día, un viernes para ser exacto, día, el dueño del conejo fué a pasar un fin de semana en la playa con su familia pero no se llevaron al conejo.

El domingo, por la tarde, el dueño del perro y su familia estaban merendando, cuando entró el pastor alemán a la cocina. Traía el conejo entre los dientes, todo inmundo, sucio de sangre y tierra, por supuesto que estaba…..¡muerto!

Toda la familia se enfureció contra el animal y le pegaron de forma desmedida atándolo, después, a un árbol del jardín. Todos estaban muy preocupados pensando que su vecino había tenido la razón. No sabían qué iban a hacer. Curiosamente les indignaba la falta de civilidad de su perro y cómo éste había procedido arteramente en cuanto se dió cuenta de que sus dueños habían abandonado a su mascota. No había tiempo que perder pues en unas horas más sus vecinos iban a regresar. Todos se miraban y se preguntaban: ¿Ya pensaron como quedarán los niños?

El perro, estaba afuera llorando, lamiéndose las heridas. No se sabe exactamente de quién fue la idea, pero parecía infalible:

- Vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpio, después lo secamos con el secador y lo ponemos en la casita en su patio .

¡Y así lo hicieron! Hasta perfume le pusieron al animalito.

- ¡Quedó como dormido! - dijo uno.

- ¡Parece vivo! - decía otro.

Y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas, como conviene a un conejo durmiendo. Al poco tiempo vieron llegar a los vecinos y en minutos se comenzaron a escuchar los gritos de los niños… ¡Lo habían descubierto! No pasaron cinco minutos y el dueño del conejo vino a tocar a la puerta. Estaba blanco, asustado. Parecía que había visto un fantasma.

- ¿Qué pasó? ¿Qué cara es esa? - le preguntó el dueño del perro con cara de incocente.

- El conejo… el conejo… - dijo el vecino.

- ¿El conejo qué? ¿Qué tiene el conejo? - continuaba preguntando el dueño del perro - ¿Murió? ¡Si hoy por la tarde parecía tan bien!

-¡No, hombre! ¡No murió hoy, nuestro conejo se murió el viernes!

-¿El viernes? ¿Cómo el viernes?

-¡Sí fué antes de que fuéramos al la playa, y los niños lo enterraron en el fondo del patio, y ahora lo encontramos ¡afuera! hasta bañadito y perfumado…

REFLEXION

La historia termina aquí. Lo que ocurrió después no importa, ni nadie lo sabe. Pero el gran personaje de esta historia es el perro. Imagine al pobre animal, desde el viernes, buscando en vano a su amigo de infancia. Después de mucho olfatear, descubre el cuerpo muerto y enterrado. ¿Qué hace? Con tristeza desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, quizá esperando que le salvaran la vida.

No cabe duda que con frecuencia los humanos continuamos juzgando a los demás por las simples apariencias y los condenamos sin estar absolutamente seguros de los acontecimientos; sin verificar lo que realmente ha sucedido.

Otra lección que podemos sacar de esa historia, es la tremenda capacidad que tenemos de deformar la verdad, buscando tramposamente la forma de evitar las consecuencias de nuestras malas acciones, actuando siempre en busca de nuestros beneficios personales.

Para enseñar a los pequeños a no decir mentiras, es indispensable que nos vean a nosotros comprometidos con la verdad, pase lo que pase.

Fuente http://joc.blogsome.com escrito por Gentileza, Emilia Nahas Canavati (Monterrey – Mexico)

UNA HISTORIA PARA NIÑOS GRANDES
"Yo era todavía un niño pequeño. Entre las muchas cosas que me deslumbraban estaba el viejo teléfono, que en la época era una antigua caja de madera colgada en la pared, con el auricular suspendido a su costado. Lo que más me intrigaba era que en su interior vivía un pequeño genio, muy inteligente y amable que sabia todas las cosas: la hora que era, el tiempo que haría al otro día, el horario de los trenes, los teléfonos de los amigos de mis padres, y su amabilidad para decir todo lo que mis padres deseaban comunicarles.

Deseaba mucho conocer el nombre de este mago chiquito así que me puse a escuchar todo lo que mi madre le decía, hasta que descubrí que ella lo llamaba: "Informeporfavor".

Las cosas mágicas siempre tienen nombres largos, como "abracadabra".

Mi primer contacto con "Informeporfavor" se produjo un día que nunca olvidare, cuando mi madre visitaba una vecina y me dejó sólo por unos minutos. Yo aproveché para bajar al sótano, en donde mi padre tenía su tallercito casero. Me puse a golpear con el martillo hasta que me di tal martillazo en un dedo que este se hinchó hasta parecerse a una morcilla. No ganaba nada con gritar como un loco, pues en la casa no había nadie para escucharme. Pero entonces... ¡¡¡qué maravilla!!! Me acordé del genio "Informeporfavor". Subí tan rápido como pude, descolgué el teléfono y le hablé: "Informeporfavor". En efecto, él estaba allí. Y además tenía una suave voz de mujer. Tal vez en vez de un genio era una genia.

En cuanto me respondió, y ya que había alguien para escucharme me puse a llorar con todas las ganas, y como pude le conté lo que me pasaba. "Estaba sólo en la casa, y me había golpeado un dedo, y..."Informeporfavor me pregunto "puedes alcanzar en la nevera los cubitos de hielo". Le dije "sí, puedo". Y me explicó que los aflojara bajo el chorro de agua, que sacara uno y me lo pusiera sobre el dedo. Eso me hizo mucho bien y pensé que tal vez "Informeporfavor" había hecho un poco de magia para ayudarme.

Desde entonces yo llamaba en secreto a "Informeporfavor" para consultarla por todo: "Como se deletrea y se escribe: "fijar". "Como se calcula el área de un cuadrado". "¿Cuál es la capital de España?" Y enseguida, "Informeporfavor" me decía todo, con una paciencia extraordinaria y me lo repetía si era necesario.

Pero creo que la más grande ayuda que Sally me dio, fue un día cuando mi adorado canarito apareció muerto en su jaula. Eso me dolió mucho más que el martillazo en el dedo. Llamé a "Informeporfavor" y le conté mi profunda tristeza. ¿Puede usted explicarme, - le pregunte- cómo es posible que un pobre pajarito que pasa el día cantando para alegrarnos a todos, termine un día caído sin poder moverse, ¿en el piso de su jaula?. Pensó un momento, y luego me dijo: "Tu sabes, hay otros mundos a donde ir a cantar"... Aquellas palabras me consolaron porque imaginé al pajarito feliz, cantando en otro mundo tal vez más lindo que el nuestro.

Un día, cuando ya habíamos hablado algunas veces más, me pregunto mi nombre.

Yo le dije "Tom". Y ella me dijo "Me puedes llamar Sally".

Algunas semanas mas tarde, mi padre fue trasladado a causa de su trabajo y fuimos a vivir bastante lejos del pueblo en donde telefoneaba a Sally.

En la nueva ciudad, cuando llamaba por teléfono a "Informeporfavor", me contestaba alguien que no era Sally y a Sally nadie la conocía.

Tuve una gran pena.

Luego crecí, y me enseñaron como funcionan los teléfonos y aprendí que los genios no existían. Entonces tuve más deseos de conocer a esa segunda mamá que era Sally.

Un día, siendo ya un joven empleado tuve que hacer un viaje en avión y descender en transito cerca de mi antigua aldea natal. Tenía media hora entre dos aviones. Así que fui al teléfono público, llame y pedí a Sally. Cuando ella me respondió le pregunte: Sally, podrías decirme ¿cómo se deletrea "fijar?”. Pensó un momento y me respondió: "¡Espero que tu dedo ande un poco mejor!" Y entonces los dos estallamos en una carcajada simultánea.

Le conté mi nueva vida, mi empleo, y le agradecí todo lo que había hecho por mí siendo niño. Le dije todo lo que ella había significado en mi vida. Pero entonces fue ella la que me dijo, soy yo la que te debe mucho. No puedes imaginarlo: siempre soñé con tener un hijo, pero no lo tuve y tu llenaste de manera formidable ese vacío. Cuando nos despedimos le prometí llamarla cuando volviera, pues seguramente tendría que hacer un viaje similar algunas semanas después y podría ir a conocerla. Paso un tiempo y el nuevo viaje se produjo.

Entre el cambio de aviones llame a la central telefónica. "Sally, por favor". "¿Es usted un pariente de Sally?" -contestó otra telefonista.

- "No, pero somos viejos amigos, dígale que es Tom".

"Señor, - me respondió la telefonista- lamento tanto darle esta mala noticia, pero Sally falleció hace 15 días. Últimamente estaba muy enferma y trabajaba solo medio tiempo, hasta que la perdimos. ¡Todos la extrañamos tanto!... Pero, espere un poco, usted me dijo ¿qué se llama Tom?

- Sí, señora, Tom.

- ¡Ah!, Sally me dejo antes de abandonar el trabajo una notita para usted.

Espere, aquí esta, ella me dijo que usted comprendería, la nota dice: "Tom, “hay otros mundos a donde ir a cantar”. ¿Usted puede comprender?

- Sí señora, - pude apenas articular- comprendo... muchas, muchas gracias y adiós. Faltaban unos minutos para la partida del avión. De vuelta hacia la puerta de embarque me di cuenta que tenía los ojos húmedos.

Fuente http://ca.geocities.com/