Los ancianos son personas qe tambien sienten, en muchos lugares, hogares, no los saben apreciar, todo lo contrario, los maltratan, los tratan de inutiles, se deshacen de ellos facilmente enviandolos a una casa para qe los cuiden, y creen qe ya con eso ellos estaran bien!!

Muchos ven a los ancianos, como un estorbo, qe no sirven para nada, qe no pueden comer solos, qe no se pueden bañar solos, qe necesitan de ayuda para todo!!

Pero lo qe no pensamos es qe, cuando estabamos chiqitos qe no sabiamos caminar solos, ellos nos cargaban, cuando no sabiamos comer solos, ellos nos alimentabamos, cuando eramos, como muchas veces le dicen a ellos, un estorbo, ellos jugaban con nosotros y nos daban amor, y como les pagamos ahora diciendo qe son un estorbo, abandonandolos, tratandolos mal, diciendoles inutiles, cuando ellos hicieron todo lo contrario qe nosotros hacemos!

Es triste pero es cierto, muchos ya no cuentan con un abuelo, con una abuela, qe los consienta, qe los qiera, y muchos de los qe los tienen se dan el gusto de tratarlos mal!!


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Maltrato hacia los ancianos


El maltrato hacia los ancianos es producto de una deformación en nuestra cultura, que siente que lo viejo es inservible e inútil. De una u otra manera los viejos son sentidos como estorbos, y como una carga que se debe llevar a cuestas, además de la familia que hay que sostener.

Por ello son generalmente abandonados, segregados y enviados a otros lugares :casa de reposo, si hay presupuesto, a la casa de otros parientes o simplemente se los abandona y deja solos , en un momento en que requieren de apoyo y asistencia por parte de los más jóvenes. Por eso no es de extrañar que el tipo más frecuente de maltrato sea el abandono y la falta de cuidados.

Otro de los abusos frecuentes es el abuso financiero que consiste en adueñarse de los dineros de los adultos mayores y de sus bienes, sin su autorización o aprovechándose de la falta de capacidad de ellos para hacerse cargo de estos bienes. Muchos adultos mayores están tan deteriorados en su inteligencia y memoria que aceptan que sus parientes o hijos manejen sus cosas, y generalmente éstos tienden a sacar provecho para sí mismos sin considerar a los ancianos en estos planes.

La agresión psicológica y física se da fundamentalmente en personas que estando a cargo del cuidado de los ancianos, se ven recargadas de trabajo con ellos por que día a día pierden la capacidad de valerse por sí mismos, y a la vez son difíciles y "mañosos" con las personas que deben cuidarlos. Estas agresiones son similares a las de los padres hacia los niños, siendo solo una forma de descarga de la rabia. La mayor parte de los abuelos, no entienden por qué se los agrede, o ni siquiera lo recuerdan después, por ello no pueden ser consideradas una forma de "hacerlos entender".

Frecuentemente los agresores tienden a estar muy sobrecargados con las otras tareas (ser madre, dueña de casa, buen proveedor económico o buen esposo(a)) y el tener que hacerse cargo además de un viejo que se pone difícil o ni es capaz de comunicarse o escucharlos, es la gota que rebalsa el vaso y los hace explotar.


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Consecuencias para los ancianos


Aunque muchos de los ancianos que viven maltrato están tan deteriorados por la edad, que a veces ni recuerdan haber sido maltratados, los que están en mejore condiciones terminan por deprimirse y deteriorase en los aspectos en los que antes estaban bien.

El efecto más frecuente del maltrato de los ancianos es la depresión y la baja de las defensas, trayendo con ello más enfermedades, envejecimiento más rápido y el deseo de morir. Un anciano deprimido tiende a morirse más rápido. Al dolor de sentirse día a día más viejo e inútil en muchos aspectos físicos, los ancianos maltratados deben agregar la pena de sentirse un estorbo al cual a nadie le importa o más bien desearían borrar. Esto es motivo de gran pena que no pueden sacar ni expresarla por que serían más rechazados aún. Así se van deprimiendo y enfermando paulatinamente, perdiendo el interés por vivir.


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Violencia hacia el anciano y la ley


La violencia hacia los ancianos es casi un fenómeno invisible ya que los adultos mayores son incapaces de denunciar los abusos, ya que al miedo y la depresión se le suma la incapacidad de moverse por si mismo y pedir ayuda a otras personas que pudieran creerles y hacerles de apoyo para una denuncia.

A nivel de la ley no existe una ley especial para el tema y se usa la ley de violencia intrafamiliar y sus mecanismos de protección una vez que alguien haya hecho la denuncia de violencia hacia un anciano. En este aspecto es necesario que la comunidad despierte en este aspecto y se sensibilice frente a la necesidad de los abuelos, de recibir apoyo y de orientar alas familias de éstos a no abusar de ellos. Cambios profundos no son posibles de la noche a la mañana, pero el brindar una mano amiga y escuchar a los ancianos que están abandonados o son maltratados por sus familiares, es un apoyo real que todos podríamos dar. Tal vez podríamos ayudar a que un abuelo viva un tiempo más en mejores condiciones psicológicas y por ello con una mejor salud física y mental.


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El mito de la eterna juventud, una trampa sin salida


Cuando alguien, refiriéndose a una persona mayor, dice: "qué bien, qué joven está", implícitamente está afirmando que lo bueno, en realidad, es ser joven. Lo demás son apaños. Está manifestando que lo que se aprecia socialmente es la juventud, y que ser viejo no es un valor, sino casi un defecto. Otra frase reveladora: "En mis tiempos", da a entender que su oportunidad, su sitio, ya han pasado: que no hay un hueco relevante para los ancianos. Poco a poco, se va asentando la presunción, cuando no la convicción, de no pertenecer a esta época. Así, la persona mayor se siente excluida y cada día confirma que va perdiendo relevancia social.

Pero ser viejo tiene sus cosas positivas. Sin ir más lejos, sentirse protagonista de su propia evolución como persona y, más que nunca, un importante miembro de la comunidad a la que pertenece. La sociedad, no lo neguemos (¿cuántas películas de TV o cine, anuncios, o pases de modelos tienen por protagonistas principales a personas mayores?) discrimina a los viejos, pero éstos también tienen alguna responsabilidad en tanto que, a veces inconscientemente, participan activamente ("eso es cosa de jóvenes, que decidan ellos" en este proceso de segregación y desconsideración de los mayores.


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Una decisión personal


En realidad, ¿qué es ser viejo? La mayoría de las definiciones subrayan los aspectos deficitarios, negativos: la vulnerabilidad, la propensión a las enfermedades, la progresiva marginación, el acercamiento de la muerte. El envejecimiento es un hecho ineludible, pero el considerarse agotado, en régimen de bajas revoluciones y al margen de las cuestiones que afectan a la sociedad en su conjunto, es una opción estrictamente individual.

Cada persona decide paulatinamente, a veces por simple hastío, otras por convencimiento, que reducirá drásticamente su ritmo vital, que no hará deporte, ni aprenderá informática, ni viajará, ni practicará el sexo¿ En otras palabras, cada uno, en decisión personal e intransferible, establece cuándo "es viejo para...". No es lo mismo un jubilado que sigue con sus paseos y acude regularmente a la piscina, sigue la actualidad leyendo diarios, frecuenta a sus amigos y familiares, va al cine o al teatro, juega al ajedrez, participa en un taller de escritura, milita y colabora en una ONG o partido político, que otro cuyas únicas actividades reseñables son dormir, ver la TV, jugar a cartas y quejarse de sus enfermedades ante sus compañeros pensionistas.


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Integrar a los mayores


En octubre de 1.999 se inauguró la conmemoración del Año de las Naciones Unidas de las Personas Mayores, bajo el lema "Una sociedad para todas las edades". Se trabajó para que se partiese de una sociedad con un "diseño para todos"; crear y producir pensando en todas las personas y tener en cuenta las necesidades o dificultades específicas de todas aquellos que no cuentan con toda la capacidad, autonomía o habilidad física, psíquica o sensorial que se suponen habituales. Un diseño que debiera generalizarse en todos los ámbitos de la vida cotidiana, pública y privada.

Pero este "diseño para todos" deberá ser, ante todo, una filosofía basada en la igualdad de derechos de todas las personas. Ha de incluir además una consulta previa a los posibles usuarios, ya que son éstos quienes están en mejores condiciones de señalar sus necesidades y las dificultades y limitaciones con las que se encuentran.

Respeto, atención y cariño son los tres principios básicos en la relación con nuestros mayores. Respeto a su momento psicofísico, a su ritmo propio, a sus valores y concepciones, a sus comportamientos, a sus deseos y querencias, a su propia organización de la vida. Ello no implica estar de acuerdo siempre con ellos cosas y habría que distinguir dónde está la frontera entre lo que estos desencuentros afectan a la vida de los no mayores. El consenso es la fórmula más deseable. De todos modos, los mayores tienen derecho a elegir cómo quieren vivir, porque inmiscuirnos e imponer nuestros criterios equivale a un abuso de poder y a una falta de respeto a su libertad.

La atención al anciano será siempre desde una escucha abierta, positiva y sin juicios de valor ni prejuicios. Esta atención lleva implícita la dedicación de un cierto tiempo para escuchar cómo está esa persona mayor, cómo vive, qué quiere, qué le gusta, cómo percibe sus recuerdos y experiencias. Esta actitud es muy diferente a la de "oir las batallitas del abuelo". La escucha de la que hablamos es humana y está teñida de aprecio, consideración, cercanía y acompañamiento.

Ya en el último de los tres principios citados, el cariño debemos proporcionárselo a los mayores en grandes dosis, porque en esta edad se valora más que nunca el afecto, la sensibilidad que dejamos escapar a menudo por la servidumbre que mostramos ante la seriedad, el trabajo, el sagrado concepto del deber, los prejuicios, la timidez y la vergüenza. Pero no nos referimos a un cariño ensimismado o ñoño, sino más bien a ese cariño que se trasmite a través de ese interés por lo que les ocurre a nuestros mayores, por el respeto, la escucha, ese tiempo de dedicación... y que se traduce en nuestros gestos, nuestra mirada, nuestro tono cálido a la hora de dirigirnos a ellos. Y también, por qué no, el cariño manifestado mediante la caricia: esa mano que se posa, que presiona, que agarra, ese abrazo que funde la distancia y ese beso que hace sentir que no se está solo y que se es querido y valorado.


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Los ancianos: Escuela de Humanidad


Vivir al lado de los pobres ha hecho crecer en todos estos años un patrimonio de experiencia y de sensibilidad que, en su originalidad, se ha puesto al servicio de muchos para construir una cultura de solidaridad y de acogida hacia quien es más anciano.

Estar cerca de los ancianos, apoyarles, ayudarles, ayuda a madurar en todos el gusto por la vida, es decir, ayuda a no malgastar las propias energías. Significa invertir en humanidad y solidaridad. Los ancianos reciben ayuda de quienes, siendo más jóvenes, les sostienen y dan afecto, amistad, sentido de la vida. Es una escuela de humanidad.

El deseo de quien es anciano, es el de quedarse en su ambiente, en su casa, en su barrio. En los últimos 30 años, hemos trabajado en una perspectiva totalmente alternativa al ingreso: los ancianos viven, se curan, reaccionan mejor ante la enfermedad y la invalidez, si pueden permanecer en sus casas.

En cambio, se asiste a un repentino deterioro tanto físico como psíquico, y a veces a la muerte, cuando se ven obligados a recuperarse en un asilo. El ingreso en una institución es la condena al aislamiento que a menudo quita al anciano las ganas de vivir.

En los asilos se muere cuatro veces más que en casa: los ancianos difícilmente superan la separación del propio ambiente familiar, no solo de las personas, sino también de las paredes de casa, de los objetos y de los recuerdos que representan toda una vida. A menudo no les quedan motivos para vivir.

El servicio a los ancianos, en todos los rincones del mundo, quiere garantizar y salvaguardar el derecho del anciano a permanecer en su contexto de vida, manteniendo íntegra su personalidad. Desgraciadamente se asiste, a menudo, a una verdadera desautorización de la posibilidad del anciano de querer y de decidir, de opinar sobre su vida.


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Abandono de ancianos


El abandono real, injustificado e injustificables, del abuelo: En ocasiones, el abandonado hasta goza de buena salud, y aun puede que desempeñe algún papel activo, a veces incluso de sostén económico, en el seno de la familia. Pero a la hora de la verdad se convierten una “pesada carga” que “amenaza con arruinar” las vacaciones del resto de la familia.

En estos casos, la situación del anciano es desalentadora. Por una parte, se encuentra del todo indefenso; por otra, se siente avergonzado y humillado por la conciencia que adquiere de ser un “estorbo” para la familia y la sociedad. En el fondo, ésta es una de las muchas formas que pueden adoptar los abusos y los malos tratos, al menos psicológicos, cuando no también físico, a que se ven sometida una gran cantidad de ancianos.
Este marco general da cabida a todo tipo de situaciones particulares, desde las tensiones de los trabajadores del centro hospitalario de que se trate, que no acaban de encontrar razones que justifiquen un ingreso en las siempre sobrecargadas camas de enfermos agudos de nuestros hospitales, hasta la insistencia de los familiares, que tratan de exagerar los síntomas de los procesos patológicos que supuestamente vienen a sumarse a la incapacidad crónica que ya padecía el anciano.

Cualquier intento de solución debe ser individualizado y pasar por varios tamices. En primer lugar, hay que comprender la situación del cuidador, profesional o no, de un anciano incapacitado y buscar vías que le permitan tomarse un respiro y le proporcionen un reconocimiento social.

Pero hay que reivindicar en primer término el debido respeto al propio anciano, que, no lo olvidemos, sigue siendo una persona tan digna y merecedora de derechos, incluido el de las vacaciones, como cualquier otra de menos edad.

Las vacaciones no pueden utilizarse en ningún caso como un pretexto para convertir al anciano en un estorbo ni para someterle a una forma más de discriminación social. Sea como sea, sólo podrán hallarse las soluciones adecuadas y universales a este problema con un grado más alto de solidaridad intergeneracional, humana, cabría decir, y de educación ciudadana.


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Abandono social


Muchas personas -hoy padres que antes fueron hijos- sienten hacia sus progenitores una obligación económica más que moral.

El abandono es frecuente. Muchas veces vemos a los pobres viejos tirados, sentados afuera de algún asilo o en la entrada de su propia casa, con la mirada perdida en el vacío, esperando que alguien pase para poder por lo menos, intercambiar algunas palabras ese día.

Recordemos, que ellos fueron perdiendo de a poco a todos sus seres queridos y que lo único que les queda somos nosotros, sus hijos y nietos. Ya perdieron a sus padres, posiblemente a sus hermanos, varios amigos ya fallecieron, aquella persona con la cual compartieron toda su vida ya no está... la soledad que sienten es infinita y la depresión es profunda en los ancianos, por lo que poco a poco van muriendo física y socialmente.


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Anecdota


Sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda, su gorra marrón ya gastada, su bigote blanco y sus arrugadas manos sosteniendo un bastón viejo de madera, cuyo mango estaba envuelto con un trapo blanco lleno de las marcas propias del uso de años; sus pantalones, que arremangados dejaban libres sus pantorrillas, una camisa blanca con flecos del tiempo, mal abotonada, y un chaleco de lana, tejido seguramente a mano; miraba la nada, desde la precisa y envidiable perspectiva que da la experiencia.

El viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto, que me fue muy difícil acercarme, preguntarle , o siquiera consolarlo. Por enfrente de su casa pasé mirándolo y al cambiar su mirada fijándola en mí, le sonreí y lo saludé con un gesto, aunque no crucé la calle; es que no me animé, pues no lo conocía y si bien entendí, que en la mirada de aquella lágrima demostraba una gran necesidad, seguí mi camino, sin lograr convencerme que hacía lo correcto.

En mi camino guardé esa imagen fundida en mis recuerdos; su mirada que encontró la mía en el infinito de la nada, ese lugar donde no se encuentran más que decepciones, ya que inmediata e imperdonablemente le había negado aquellas imperiosas respuestas.

Traté de olvidarme. Caminé rápido, como escapándome. Compré un libro y al llegar a casa comencé a leerlo, esperando que el tiempo borrara esa presencia... "Los viejos no lloran así por nada", me dije.

Esa noche me costó dormir, pues la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana del día siguiente volvería a la casa, y conversaría con él, tal como entendí me lo había pedido; y luego de vencer mi pena, logré dormirme. Muy temprano desperté aquel día y como si fuera hoy, recuerdo, preparé un termo con café, compré panecillos y muy deprisa fui a la casa, convencido que tendríamos mucho para conversar.

Golpeé la puerta, y una voz muy rasposa me indicaba que en segundos sería atendido. Luego de abrir, con el necesario esfuerzo para que las rechinantes bisagras cedieran. Salió otro hombre.

- ¿Qué desea?- Preguntó, mirándome con un gesto adusto.

- Busco al anciano que vive en esta casa.- Contesté.

- Mi padre murió ayer por la tarde- Dijo entre lágrimas.

- ¡Murió!- Dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.

- ¿Usted quien es?- Volvió a preguntar.

- En realidad nadie- Contesté y agregué- Ayer pasé por la puerta de su casa y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle qué le sucedía, pero hoy volví para hablar con él, aunque veo que es tarde.

- Usted es la persona de quien hablaba en su diario.- dijo.

Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole me explicara.

- Por favor, pase- Me dijo aún sin contestarme.

Luego de servir un poco de café, me llevó hasta donde estaba su diario, y leyó algo de la última hoja:

- "Hoy me regalaron una sonrisa plena, y un saludo amable... hoy es un día bello".

Tuve que sentarme, fue difícil de digerir aquello. Me dolió el alma de sólo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle.

Me levanté lentamente y al mirar al hombre. Le dije:

- Si yo hubiera cruzado de verdad y hubiera conversado unos instantes con su padre...

Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo:

- Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto.

Extraído de "El librito de instrucciones de Dios". Sabiduría para una vida feliz y realizada.


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La soledad: Un problema mayor


Una de cada diez personas mayores, en la sociedad moderna de hoy en día, padece de soledad, y pasa sus últimos años sin ver casi a nadie de su familia.

Pocos entienden el impacto múltiple que la soledad puede tener. Puede llegar a ser la diferencia entre la vida y la muerte. Cuando a un anciano le sucede esto, comienza a empeorar más rápidamente en términos físicos y mentales.

Toda sociedad industrializada donde la gente se muda y cambia de familia constantemente puede tener estos problemas.

La pregunta es ¿Cómo se puede revertir esta situación antes de que se convierta en un problema social serio? Mientras los adultos puedan moverse y trasladarse por sus propios medios, a través de autos o autobuses, la soledad les resultará un problema menor ya que pueden viajar yendo a ver a amigos, familiares, conocer gente, socializarse.

Pero cuando un anciano pierde las ganas de viajar o se ve imposibilitado físicamente, por ejemplo por pérdida de la visión para conducir, esto la soledad se convierte en un problema serio.

Para darse cuenta de ello, basta ver el contraste con la gente más joven que ve aproximadamente veinte personas al día. Incluso cuando no se ve a tanta gente, se tiene la libertad de elegir esta opción o alterar su situación de soledad siempre que lo elija.

Alternativas para prevenir la soledad


A continuación le damos algunos consejos para combatir a la soledad de los mayores. Tenga en cuenta que no siempre una sola respuesta es efectiva y muchos de estos consejos requieren algunos sacrificios de su parte.

RESIDENCIAS GERIÁTRICAS:


Cuando los ancianos entran en una residencia geriátrica, puede ser posible que encuentren nuevos amigos. La capacidad de socializarse a menudo reside en la habilidad de caminar por el pasillo hacia la puerta, y no quedarse encerrado en la habitación.

Desventajas:


Cuando un anciano es llevado a un geriátrico es alejado de su familia. Según varios estudios, el 97% de los ancianos que viven en geriátricos quieren estar en sus hogares con sus familias. En muchos casos esta mudanza se hace contra su voluntad, lo que puede llevar a la depresión del anciano.

Otra desventaja es el costo. Mientras que en el hogar solamente debe pagar el mantenimiento y los impuestos, estar en una residencia geriátrica implica desembolsar una gran suma de dinero. Para los que no puedan afrontar este costo puede haber otras alternativas.

CUIDADO EN EL HOGAR


Una alternativa muy viable a la soledad diaria es el cuidado en el domicilio. Esto puede realizarse contratando una persona en forma individual, o a una compañía especializada que envía a personas capacitadas o enfermeras al hogar del anciano de forma periódica. Estas proporcionan servicios personales de cuidado y ayuda a las personas mayores, y hasta pueden ser contratados para vivir dentro de la casa o para quedarse toda la noche.

En muchos casos esto puede ser la mejor alternativa para combatir la soledad cuando la casa de familia es realmente importante para los ancianos. También pueden aliviar los deberes mundanos del cuidado que son proporcionados a menudo por los miembros de la familia cuando los visitan, haciendo así que solo estén de visita y no tengan que ocuparse de su cuidado.

Desventajas:


Este servicio puede ser costoso. También algunos ancianos pueden sentirse invadidos en sus propias casas por un “extraño”.

Sin embargo, dada las dos alternativas, la necesidad del servicio y la capacidad de tener un contacto humano, hacen que este servicio sea muy recomendable.

AGREGAR UN CUARTO


Aunque esto puede suceder de diversas maneras, el beneficio neto es que el anciano se agregará como miembro de la familia en su propio hogar.

Cuando uno o los dos padres se encuentran con buen estado de salud física y mental y que puedan vivir muchos años más, ésta opción es muy económica y la más eficiente porque no necesita de ningún costo adicional con excepción de la comida.

Mientras que no puede ser siempre posible, una variante puede ser construir o adaptar un espacio especial. En tales casos, la habitación debe incluir algo más que un dormitorio, como puede ser un baño y hasta una pequeña mesa donde pueda comer y recibir a sus visitas. El baño debe ser bastante grande para alguien mayor y equipado con materiales antideslizantes, agarraderas y hasta un intercomunicador para casos de emergencia.

Esta alternativa permite que el anciano esté cerca y se visite constantemente con los miembros de la familia, pero con su propio espacio para que no sientan que está interfiriendo.

Desventajas:


Hay pocas desventajas con excepción de la mudanza del anciano. Si la familia no vive en la misma área geográfica, entonces hay una chance verdadera de alejar al anciano de sus amistades, lo que lo hará mucho más dependiente de su familia.

COMPAÑERO DE CASA


Otra alternativa a la soledad es la de un compañero de casa. En muchos casos, esto puede ser un modo de ahorro para dos personas ya que el que se muda a un cuarto es una persona sola también. Como cuando dos o más compañeros adolescentes viven juntos esto puede resultarles muy económico a ambos ya que comparten todos los gastos.

Desventajas:


El anciano puede ser que se vea invadido por un extraño en su propia casa. Pocos ancianos eligen esta opción y más todavía si aun trabajan, pues tienen que tener confianza en el inquilino para dejar que este maneje la casa en su ausencia. Puede haber complicaciones ya que si se dividen los gastos de la casa el huésped también pensará que esa es su casa y tiene derecho a decidir.


maltrato

Cuantos de nosotros no hemos perdido, a un anciano, abuelo, lo qe sea, y nos gustaria ahora tenerlos con nosotros? Cuantos no vemos con impotencia como otros personas maltratan a los viejos, p qe? ellos tambien tienen derechos, ellos nos dieron su vida, su juventud, nos cuidaron, fueron unos de los qe mas se emocionaron cuando nacimos, de los qe mas jugaron con nosotros, qe nos dieron dinero para golosinas, cuando papa, mama, no quisieron, cuando papa mama no tenian tiempo para jugar con nosotros ellos lo hicieron, y como les pagamos? tratandolos mal, echándolos a un lado, despreciandolos, no es la actitud, ellos nos necesitan, es la hora de devolverles un poquito de lo qe ellos hicieron por nosotros, cuando los necesitamos, no es malo, qe esten en una casa de reposo [no es mi opinion hacerlo] pero qizas algunos esten enfermos o necesiten cuidados especiales, y necesiten estar alli, pero si es ese el caso, o cualquier otro, para qe un anciano qerido este alli, qe nos cuesta irlo a visitar? ellos solos nos piden un ratico de nuestro tiempo, no todo dia, aunqe ellos nos lo hallan dado, nosotros solo le debemos un ratico, de preguntarle como estas?, necesitas algo? estas bien? Hagamoslo, si no podemos, llamemoslo, qe sepan qe no estan solos, qe los tienen!!

Saludos!!

Con este post no quiero ofender a nadie, si lo hice lo siento, no fue mi intencion

Suerte!!