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Resístete, mantente firme en la fe

¿Debemos creer en la existencia del demonio? ¿Qué enseña la Iglesia?



Uno de los mayores triunfos del demonio ha sido hacer creer a muchos hombres que no existe


Los demonios son seres espirituales que residen en el infierno y no gozan ya de ninguno de los beneficios de la redención de Cristo.

Estos demonios, sin embargo, no perdieron su capacidad racional ni su sabiduría angelical, más bien, la utilizan para el mal. Dios les permite ejercitar influencia limitada en las criaturas y en las cosas.

El demonio no es una fábula, un mito o un mero símbolo como algunos lo creen, para su propia desgracia.

La existencia verdadera del demonio ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio ordinario.

Desmentir la existencia del demonio es negar la revelación divina que nos advierte sobre nuestro enemigo y sus tácticas.

Todos los Santos lucharon con valentía contra el demonio pues los sostenía la fe. Sus vidas son modelos que nos demuestran como vivir en el poder de Jesucristo la vida nueva.

Jesucristo vino para vencer al demonio y liberarnos de su dominio que se extendía por todo el mundo sin que pudiésemos salvarnos por nuestra cuenta.

Jesucristo vence al demonio definitivamente en la Cruz. La actividad del demonio en la tierra sin embargo continuará hasta el fin de los tiempos. La parusía manifestará plenamente la victoria del Señor con el establecimiento de su Reino y el absoluto sometimiento de todos sus enemigos.

Mientras tanto Dios permite que vivamos en batalla espiritual en la cual se revela la disposición de los corazones y nos da oportunidad de glorificar a Dios siendo fieles en laspruebas.

Ahora debemos decidir a que reino vamos a pertenecer, al de Cristo o al de Satanás. Si perseveramos fieles a Jesús a través de las pruebas y sufrimientos, el demonio no podrá atraparnos

Qué dice el Catecismo de la Iglesia sobre el demonio

"La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Jn 17,15) Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el "nosotros", en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en "comunión con los santos". (CIC n° 2850)

"En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El "diablo" ["dia-bolos"] es aquél que "se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo". (CIC n° 2851)

"Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8,44), "Satanás, el seductor del mundo entero" (Ap 12,9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será "liberada del pecado y de la muerte".[136] "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno" (1 Jn 5,18-19): El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os guarda contra las astucias del diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al demonio. "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rm 8,31). (CIC n° 2852)

"La victoria sobre el "príncipe de este mundo" (Jn 14,30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido "echado abajo" (Jn 12,31).[138] "El se lanza en persecución de la Mujer", pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, "llena de gracia" del Espíritu Santo es librada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). "Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos" (Ap 12,17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,17.20), ya que su Venida nos librará del Maligno".(CIC n° 2853)

"Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquel que "tiene las llaves de la Muerte y del Hades" (Ap 1,18), "el Dueño de todo, Aquel que es, que era y que ha de venir" (Ap 1,8): Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo". (CIC n° 2854)

El demonio existe y actúa en el mundo

Los demonios son ángeles caídos, seres espirituales, en cierto sentido superiores a nosotros, pues no están atados al tiempo y al espacio ni a sus leyes como lo estamos nosotros, y además son más inteligentes que nosotros.

Es completamente verdadero que los demonios existen y actúan en el mundo. Dios, que es bueno y no retira el ser a las criaturas, les mantiene en la existencia por amor, puesto que no se arrepiente de nada de lo que ha creado (Sab 11,24).

Al estar en esta creación, pueden influir en el mundo, y Dios permite su acción porque no puede frustrar su plan de amor, e incluso contribuye a manifestar de un modo más pleno su amor y su gloria

“Mantente sobrio y vigilante. Tu oponente, el diablo, ronda como un león buscando a quien devorar. Resístete, mantente firme en la fe, sabiendo que tus compañeros creyentes en todo el mundo sufren tus mismos sufrimientos” (1 Pedro 5,8-9)

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