Brujas es una ciudad de Bélgica situada a 100 km de Bruselas, en la Provincia de Flandes Occidental, cuya belleza medieval parece mantenerse intacta en el tiempo gracias a la magia. Aquí los principales atractivos de un lugar que puede prescindir de pócimas para hechizarte.


Una ciudad hechizada

En realidad Brujas viene del vocablo flamenco-neerlandés “burg”, que significa “puente”, lo cual se debe a los muchos puentes y canales que la comunican y que le valieron su comparación con Venecia, la ciudad más popular en cuanto a canales y a puentes se refiere. Sin embargo, la etimología de la palabra no puede impedir que la impronta medieval de Brujas traiga a nuestra imaginación aquellos cuentos sobre princesas, castillos y sortilegios que nos impresionaron en la niñez.

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Brujas era en el siglo IX uno de los principales centros comerciales de Europa y su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, está construido principalmente en el estilo gótico que caracterizó a la región entre fines del siglo XII y principios del XVI, aunque en el siglo XIX fue objeto de algunos retoques en el neogótico imperante. También las murallas, las torres y las puertas de acceso a la ciudad se conservan prácticamente idénticas al momento en que fueron levantadas. Así que para sentir su hechizo, quienes lean esta nota sólo tienen que imaginar las catedrales, la primacía del agua y la piedra, alguna que otra atalaya sobresaliendo entre edificaciones no muy altas, y los prados cruzados por senderos tranquilos que rodean Brujas.

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El centro del casco histórico está delimitado por el Grote Markt, y la plaza Burg contigua. En los alrededores pueden verse espléndidas fachadas y tiendas de curiosidades y artesanías en las que vale la pena entrar.
El edificio más extraordinario del Grote es el campanario, que fue construido y derruido en varias oportunidades entre los siglos XIII y XVI, siempre en estilo gótico. Se trata de una torre de más de 300 escalones con un carillón de 47 campanas (27 toneladas de peso en total) cuyos 83 metros de altura permiten disfrutar de una vista prodigiosa de la ciudad. Adentro hay un museo dedicado al edificio y a su historia.
La plaza de Burg fue en su origen una fortaleza amurallada que llegó a tener una superficie de hasta 1 hectárea con varias puertas de entrada. En esta plaza es conveniente no dejar de visitar la basílica de la Santa Sangre y el Ayuntamiento. La basílica está formada por dos capillas superpuestas (una inferior, románica del 1150, y la otra neogótica) y en ella se conserva la reliquia conocida como la “Sangre de Cristo” que el conde de Flandes trajo como trofeo de la segunda cruzada. La grandeza del Ayuntamiento es una muestra de la expansión económica de Brujas mientras fue ciudad portuaria. Se construyó en estilo gótico-florido de 1376 hasta 1421. Dos de sus salas se destacan: la Sala Gótica y la Sala Histórica. En la Gótica hay murales históricos y una bóveda colgante de madera que impacta. En la Histórica están expuestos documentos y pinturas relacionadas con la historia de Brujas.

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Desde aquí se puede hacer uno de los recorridos más frecuentes para los turistas que navegan los canales de la ciudad que es el que une Burg con la Iglesia de Nuestra Señora.
Esta iglesia, de una altura de 122,3 metros, es el segundo edificio de ladrillo más alto del mundo. Fue construida en gótico en el siglo XIII como lo evidencian sus dos torres escaleras, y allí pueden verse muchas obras de arte como la Madonna y el niño, de Miguel Ángel o los mausoleos de María de Borgoña y Carlos el Temerario.
En realidad las bellezas arquitectónicas de esta ciudad son tantas que el caminante podría detenerse en cualquier calle y quedar encantado. Si bien en una nota no podemos abarcarlas, sugerimos no dejar Brujas sin darse una vuelta por la catedral de San Salvador, su iglesia más antigua construida entre los siglos XI y XV.
Por supuesto que los encantos de Brujas no se agotan en su arquitectura. Hay además de una variada oferta hotelera, una gastronomía famosa por sus chocolates, pasteles y pralinés, y una vida nocturna que torna su aspecto inverosímil: en el centro los pubs y bares sirven hasta la medianoche variadísimas cervezas artesanales belgas; en el norte se encuentra la taberna Vilssinghe, la más antigua de la ciudad (1515); hay discotecas y cafés al aire libre hasta bien entrada la madrugada, y en la parte sur los lugares de diversión se vuelven más exclusivos.
No hay que conformarse con imaginar Brujas, hay que recorrerla y sucumbir con gusto a sus hechizos.~