El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Buenos Aires monumentos.

Buenos Aires monumentos.



Basílica de Nuestra Señora del Rosario y convento de Santo Domingo


Buenos Aires monumentos.

buenos



aires


monumentos

Argentina

histricos



Avenida Belgrano y Defensa - Ciudad de Buenos Aires.

La Orden de los Dominicos Predicadores se asentó a comienzos del siglo XVIII en la manzana que hoy ocupan la iglesia y el convento. El templo actual, que reemplaza a las primitivas construcciones, comenzó a levantarse en 1751, según planos del arquitecto Francisco Masella.

En 1762, el alarife Francisco Alvarez se hizo cargo de las obras. A partir de 1774, intervino el Arq. Manuel Alvarez de Rocha. La iglesia fue consagrada en 1783, cuando aún faltaban trabajos de terminación en el techo y la torre izquierda. Secularizada la Orden bajo la Ley de Reforma Eclesiástica que impulsó el gobierno de Bernardino Rivadavia, se instaló en una celda del convento la primera sede del Museo de Historia Natural y, en la torre, un observatorio astronómico.

En el siglo XX la iglesia fue elevada al rango de Basílica, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario. La puerta de acceso al convento -de la que Mario J. Buschiazzo hizo réplicas para la restauración del Cabildo- se destaca entre los mejores testimonios de la ciudad colonial. La iglesia tiene tres naves, la central con bóveda de cañón corrido y cúpula sobre el crucero. En las capillas laterales se conservan retablos de los siglos XVIII y XIX .

Las fachadas fueron poco modificadas a lo largo de su historia: en 1849 se levantó la torre derecha y, a fines del siglo XIX, el sencillo coronamiento curvo fue reemplazado por un frontón recto y liso. Tres arcos con rejas dan acceso al nartex; otras dos puertas, bajo las torres, se corresponden con las naves laterales. El interior mantiene el carácter simple de las iglesias del período colonial, sólo alterado, en parte, por el agregado de revestimientos de mármol esculpido en la nave principal.

Allí se conservan banderas tomadas a los ingleses durante la Segunda Invasión, cuando éstos ocuparon la iglesia, que fue desalojada tras duros combates (aún se ven marcas de las balas en la torre izquierda). El altar mayor fue destruido en junio de 1955, y lo reemplaza otro, de diseño contemporáneo. En el atrio se encuentra el mausoleo del General Belgrano, realizado en 1897 por el escultor Héctor Ximenes










Cabildo de la ciudad.



Buenos Aires monumentos.



buenos




aires[/align]



monumentos




Argentina





Calle Bolívar N° 65 - Ciudad de Buenos Aires

Al fundar Buenos Aires en 1580, Juan de Garay, según lo establecían de las Leyes de Indias, destinó para sede del Cabildo y cárcel este solar, en uno de los bordes de la Plaza Mayor.

El Cabildo se ocupaba del gobierno de la ciudad y administraba justicia. Sus integrantes eran elegidos anualmente entre los vecinos, por votación pública. Las reuniones ordinarias del Cabildo, celebradas semanalmente en la Sala Capitular, eran convocadas al son de campana tañida.

Los cabildos abiertos deliberaban sólo en casos de emergencia pública. A partir de las Invasiones Inglesas de 1806/1807, el Cabildo asumió poder político, como organismo de legitimación de los vecinos frente a un Virrey cuestionado por la opinión general. Desde 1808, la crisis institucional derivada de la ocupación napoleónica en España acentuó su posición de referente autónomo de los sectores locales, e inició el camino de ruptura con el poder monárquico.

Ante la disolución de la Junta Central de Sevilla, el Virrey convocó al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1822, en el que se decidió su reemplazo por un nuevo gobierno. Los sucesos del 25 de mayo desembocaron en la constitución de la Primera Junta de Gobierno Patrio, que sesionó en el Cabildo. La Ley de Supresión de los Cabildos de 1821 puso fin a la institución. El edificio original del Cabildo fue demolido en las primeras décadas del siglo XVIII.

Lo reemplazó un edificio de dos plantas, proyectado por el Hermano Jesuita Andrés Blanqui, cuya construcción se terminó en 1751. Con doble arquería hacia el frente de la Plaza y una torre central, albergaba en su planta baja una capilla y oficinas, y, en la planta alta, la Sala Capitular.

En 1767 se anexó el terreno posterior, donde se construyó una cárcel para hombres, separada del edificio principal por un patio. Desde 1812 en adelante sufrió modificaciones y cambios de uso, que culminaron en 1879 con la remodelación proyectada por Pedro Benoit para adaptar al Cabildo como sede de los Tribunales de Justicia. El edificio quedó sustancialmente modificado, con el techado de los patios internos, el agregado de un cuerpo a la torre y la italianización de la fachada.

En 1889, se demolieron tres arcos del sector norte para dar lugar a la apertura de la Avenida de Mayo. En 1931, la apertura de la Diagonal Sur suprimió tres arcos del sector sur, reemplazados por una esquina en ochava.

Para entonces, la torre ya había sido demolida, por problemas estructurales. Fue restaurado en 1940 por el Arquitecto Mario Buschiazzo. Sobre la base de fuentes documentales gráficas y escritas, sondeos y cateos en obra, Buschiazzo retrotrajo al Cabildo al aspecto que ofrecía en la época colonial, reconstruyendo la torre, recuperando los tejados a dos aguas, rehaciendo carpinterías y herrería según los referentes de fines del siglo XVIII.

Hoy es sede de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, y del Museo Histórico Nacional del Cabildo de Buenos Aires y de la Revolución de Mayo.










Iglesia Santa Felicitas



histricos



Buenos Aires monumentos.



buenos




aires





monumentos





Argentina




histricos



Buenos Aires monumentos.



buenos




aires




monumentos




La dramática muerte de Felicitas Guerrero de Alzaga dio origen al templo que se levanta hoy en el popular barrio de Barracas.
Felicitas, joven de 16 años contrae matrimonio con Martín de Alzaga, sobrino nieto del español que fuera fusilado en los acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo.
Quedando viuda a los veinte y cuatro años y después de un austero duelo se relaciona afectivamente con Enrique Ocampo, joven altamente conceptuado en los círculos sociales donde actuaba, pasado el tiempo, Felicitas inclinó sus sentimientos a favor de otro pretendiente, Manuel Sáenz Valiente.
Enrique Ocampo no acepta esta situación y con la excusa de devolverle regalos y cartas tiene con Felicitas una violenta entrevista que termina con dos disparos en el cuerpo de la infeliz mujer; Felicitas muere al día siguiente, 30 de enero de 1872.
Los padres de Doña Felicitas construyeron en su memoria la capilla que hoy admiramos.
La construcción de la misma fue obra del arquitecto Ernesto Bunge. No posee un estilo definido, aunque la fachada ostenta reminiscencias neogóticas y neorrománicas. Elementos que se repiten en su interior. Es expresión del eclecticismo.
La capilla impresiona por la originalidad de sus líneas, la esbeltez de sus torres y las figuras de ángeles dispuestas en simetría. En el vestíbulo se encuentran dos blancas estatuas de mármol de carrara. La de la derecha representa al yerno de los donantes, en el pedestal lleva la siguiente inscripción: “+ Martín de Alzaga - Marzo 17 de 1870”. A la izquierda la imagen de una madre con su hijo y en pedestal se lee “+ Felicitas G. de Alzaba - Enero de 1872”y “+ Félix de Alzaga – Octubre 3 de 1869”. Recordamos que Felicitas tuvo un hijo, Félix, que murió a los 6 años.
El interior del templo es de una sola nave con crucero y cúpula. Este interior llama la atención por la riqueza de su decorado, el cual se basa en una buena combinación de mármoles, estucos, y pinturas de mérito. La bóveda del crucero ha sido decorada con escenas simbólicas en la que resaltan los dorados. El altar mayor, los laterales y el púlpito son de mampostería policromada. En los cuatro ángulos del crucero se encuentran las imágenes de los Apóstoles.
La capilla posee tres altares: en el Altar Mayor esta la imagen de Nuestra Señora del Rosario, en el lateral izquierda la imagen de Santa Felicitas mártir que fue sacrificada junto a los siete hijos. En el altar lateral derecho se halla la imagen de San Martín de Tours, patrono de la ciudad de Buenos Aires.
Los vitrales son de origen francés y el piso de mosaicos españoles. Las lámparas del templo, con numerosos caireles de cristal aún conservan sus tubos de gas de carburo.
En la antesacristía se pueden ver los bustos de los donantes: Doña Felicitas Cueto de Guerrero y Don Carlos J. Guerrero.
La Iglesia de Santa Felicitas fue abierta al culto el 30 de enero de 1876, en ocasión de cumplirse el cuarto aniversario de la trágica muerte de la señora de Alzaga.
En los jardines aledaños existe una reproducción de la Gruta de Lourdes, obra dirigida por el ingeniero G. Kreutzer.
Fue inaugurada el 8 de diciembre de 1898 y las esculturas se deben al artista italiano Juan Bellotti.
El templo fue cedido en donación a la ex Municipalidad de Buenos Aires en agosto de 1993.
Desde el 25 de diciembre de 1996 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sede al uso y el goce del templo, por medio de un convenio al Arzobispado de Buenos Aires.










Palacio Barolo



Argentina




histricos





Buenos Aires monumentos.




buenos




aires




monumentos




Argentina





histricos





Buenos Aires monumentos.





buenos




aires





monumentos





Proyectado como santuario para el poeta italiano, el Palacio Barolo refleja en su arquitectura las claves de "La Divina Comedia". Turistas de todo el mundo llegan a Buenos Aires para conocerlo.


En la década de 1910 hubo dos personas, el industrial Luis Barolo (1869-1922) y el arquitecto Mario Palanti (1885-1979), que soñaron con traer las cenizas del poeta Dante Alighieri a Buenos Aires y para eso construyeron un santuario en la Avenida de Mayo al 1300. Puede sonar raro para un edificio de oficinas, pero ésa es la historia del Palacio Barolo, primer rascacielos porteño. Este edificio de 22 pisos hoy cumple 80 años: nació el 7 de julio de 1923, cuando fue bendecido por el nuncio Giovanni Beda Cardinale ante el Conde Felizzano —embajador de Italia— y el canciller Angel Gallardo.

El Palacio Barolo es monumento histórico nacional desde 1997 y un imán para los turistas que, como admite el administrador del edificio, Roberto Campbell, "vienen solos y saben de qué se trata". Es que, como dice Campbell, "más que un edificio yo administro una leyenda". Las extrañas formas diseñadas por Palanti atraen también a los cineastas: el actor Christopher Lambert se refugiaba aquí en una escena de "Highlander II", de Rusell Mulcahy. La televisión japonesa, entre otras, lo muestran como símbolo porteño.

El palacio celebra la prosperidad de un inmigrante italiano en Buenos Aires, el propio Barolo, que murió antes de la inauguración. La leyenda aumenta con las aventuras del arquitecto Palanti, quien luego hizo en Montevideo otro edificio gemelo —el Palacio Salvo, de 26 pisos— hasta volver a Italia para ofrecerle a Benito Mussolini sus servicios. En algunas de las 261 oficinas del Palacio Barolo hubo inquilinos como el ex presidente Marcelo T. de Alvear y la pintora Raquel Forner.

Celebración del inmigrante que "hizo la América": el Palacio Barolo fue el edificio porteño más alto hasta la construcción del Kavanagh, en 1935. Sus cien metros de altura culminan en el faro que supo tener 300.000 bujías y el 14 de setiembre de 1923 transmitió con sus luces el resultado de la pelea de boxeo Firpo-Dempsey.

Construido con un estilo arquitectónico que combina referencias al gótico veneciano y la arquitectura religiosa de la India, el Palacio Barolo sorprendió desde el inicio a sus contemporáneos. Los porteños chistosos decían que su estilo era "remordimiento italiano". Los entendidos, como el historiador de la arquitectura argentina Carlos Hilger, aseguran que es el mayor ejemplo local de la "arquitectura esotérica" de principios del siglo XX.

Pintor y escultor, Palanti había diseñado el Pabellón Italiano para la exposición del Centenario en 1910. Hilger cuenta que Palanti "convenció a Barolo de la inminencia de una nueva guerra europea y de la necesidad de resguardar aquí las cenizas de Alighieri, el autor de La Divina Comedia. En 1921 se iban a cumplir siete siglos de su muerte y descansaban en Ravena".

Como ha explicado Hilger en "Arquitectos europeos y Buenos Aires, 1860-1940", el edificio está lleno de referencias a Dante. Las bujías del faro representan los nueve coros angelicales y la rosa mística. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se puede ver alineada con el eje del Palacio Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19.45.

El plan del edificio y su distribución se hicieron "sobre la base de la sección áurea y el número de oro, proporciones y medidas de origen sagrado". Para Palanti, el número de oro estaba cifrado en el poema de Dante. "La división general del edificio y del poema es en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. La planta baja es el Infierno, los primeros 14 pisos son el Purgatorio, los pisos siguientes son el Paraíso, el faro representa a Dios", explica Hilger.

El número de jerarquías infernales es el nueve: nueve son las bóvedas de acceso al edificio, que representan pasos de iniciación. Cada una de las bóvedas tiene frases en latín tomadas de nueve obras distintas, desde la Biblia a Virgilio. La cúpula se inspira en el templo hindú de Budanishar, dedicado a la religión Tantra, "representa la unión entre Dante y Beatrice".

Los cantos de "La Divina Comedia" son cien, igual que los cien metros de altura del edificio. La mayoría de los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque. La altura es de 22 pisos. Este conjunto de números representa el círculo, que era la figura perfecta para Dante.

Las cenizas de Dante descansarían bajo la bóveda central, sobre un punto de bronce en la planta baja, en el Pasaje Barolo. El arquitecto Palanti creó para eso una estatua de bronce de 1,50 metro de altura, "Ascensión", que representaba el espíritu del poeta apoyando sus pies sobre un cóndor que lo lleva al Paraíso. En otras palabras, Dante iba a salir del Purgatorio hacia el Paraíso pasando por la Cruz del Sur, en la Avenida de Mayo. No pudo ser: sus cenizas nunca salieron de Ravena.










Teatro Colon de Buenos Aires




Argentina




histricos




Buenos Aires monumentos.




buenos




aires




monumentos




Argentina




histricos




Buenos Aires monumentos.




buenos






Cuando el antiguo Teatro Colón realizaba sus rutilantes temporadas líricas, el Teatro de la Academia de Música de Nueva York, activo en su sede de la calle 14 desde el año 1849, y la desaparecida la Ópera Metropolitana de Broadway, nacida en 1883, realizaban temporadas líricas limitadas, virtualmente, al repertorio alemán, que resultaba económicamente más viable que las óperas con estrellas vocales de Italia, España y Francia. Hacia fines del siglo pasado, las óperas italianas y francesas que se representaban en ambos teatros neoyorquinos solían ser cantadas en alemán con artistas de ese origen. Todo ello establecía un fuerte distingo entre las actividades operísticas porteñas, que se realizaban paralelamente en varias salas, y las de Nueva York, distingo que se acentuaba por la diversidad del repertorio abordado por nuestros teatros líricos y por la envidiable calidad de sus intérpretes.

El actual Teatro Colón nace, por lo tanto, de la imperiosa exigencia de una sociedad que desde el temprano siglo XIX ha consagrado a la ópera como su manifestación musical predilecta. El gusto por esa suprema invención del tardío Renacimiento, había alcanzado en Buenos Aires a fines del Ochocientos un auge deslumbrante, al punto de que siete teatros rivalizaban en calidad de oferta. Pero el inesperado cierre del Teatro Colón de la Plaza de las Victorias había quedado en el espíritu de la sociedad como una herida abierta que no lograba mitigar la fascinante actividad que se desarrollaba en los otros teatros y que hacía de la lejana Buenos Aires uno de los notables centros líricos del mundo entero. La prosperidad de esta capital alimentaba las esperanzas de la gente y del propio gobierno, que no hacía oídos sordos a ese clamor. Por lo demás, el proyecto de construír un teatro que reemplazara al primitivo Colón había sido materia de debate antes de que el edificio de este último fuera destinado a las actividades bancarias. Ya en esa época los terrenos que ocupaba la estación Parque del Ferrocarril Oeste (y en los que en definitiva se elevó el nuevo teatro) estaban en la mira del Concejo Deliberante de la ciudad. El mismo año del cierre del Teatro de la Plaza de las Victorias, el 20 de octubre de 1888, era sancionada la ley que llevaba el número 2381, por la cual se llamaba a licitación pública para construír el nuevo teatro. El propósito de las autoridades era inaugurar el nuevo Colón antes del 12 de octubre de 1892; pero, como sabemos, ello no fue sino una ingenua expresión de deseos, pues, si bien los trabajos se iniciaron en 1889, desde la fecha en que fue dictada la ley y la inauguración del nuevo teatro transcurrieron veinte años. Dificultades presupuestarias, técnicas, políticas, meramente burocráticas y otras de diverso género fueron anudándose en ese prolongado lapso. Finalmente, la obra dio comienzo según el proyecto del arquitecto Francisco Tamburini, a cuyo inesperado fallecimiento entró en escena su más cercano colaborador y colega Víctor Meano, quien hubo de introducir algunas modificaciones en el proyecto original, que ya habían sido estudiadas por su autor. Refiriéndose a la arquitectura del nuevo teatro, Meano la definía de este modo: “Este género que no llamamos estilo por demasiado manierado, quisiera tener los caracteres del Renacimiento italiano, alternados con la distribución y solidez de detalle de la arquitectura alemana y la gracia, variedad y bizarría propias de la arquitectura francesa”. En esta dirección fue realizándose la obra hasta 1904, año en que otro infausto acontecimiento enlutó el teatro en ciernes: la muerte del arquitecto Meano, bajo cuya dirección la obra avanzaba firmemente en pos de las postreras etapas. La tragedia parecía acechar este proyecto, pues también había fallecido Ángel Ferrari, entusiasta empresario italiano, concesionario del nuevo Colón.
El eminente arquitecto belga Jules Dormal asumió entonces la responsabilidad de llevar a buen término la obra, en la que introdujo algunas modificaciones estructurales y dejó definitivamente impreso su sello en el estilo francés de la decoración. La imponente construcción resume las reglas y las tendencias arquitectónicas de la época. No podría darse síntesis más acabada del eclecticismo con que fue encarada la arquitectura del Teatro, en la que se ensamblan de manera tan natural, tan coherente, tan armoniosa estilos diversos, incluyendo en la fachada rasgos del neogriego. El exterior es imponente pero no grandioso. “Sin tener aspecto de masas colosales, demasiado severas, que solamente convienen a edificios destinados al culto político religioso –escribe Meano– él se presentará con aspecto simple y variado, alegre y majestuoso a la vez. Nuestro edificio tendrá el privilegio de indicar a primera vista su propio destino.”





Características generales del edificio

El edificio está ubicado en el predio delimitado por las calles Libertad, Arturo Toscanini, Cerrito y Tucumán, entre la Plaza Lavalle y la Avda. 9 de Julio. El terreno sobre el cual está construido abarca 8.202 metros cuadrados, de los cuales 5.006 corresponden al edificio y 3.196 a dependencias bajo nivel de la calle Arturo Toscanini. La superficie total cubierta del edificio es de 37.884 metros cuadrados.
Las fachadas están divididas en tres órdenes arquitectónicos. El primero, que corresponde a la base, es de 8,50 metros de altura; el segundo mide 9,20 metros, y el tercero es de 5,50 metros. Por encima de las terrazas se destaca un elegante techo a dos aguas. Es un conjunto armónico y con excelente perspectiva que puede apreciarse a distancia, desde la Avda. 9 de Julio.

Distintos accesos facilitan el tránsito de los espectadores. Por la entrada principal, sobre la calle Libertad, se ingresa a la platea y a los palcos. Por Arturo Toscanini, a los niveles de cazuela y tertulia, y por Tucumán a galería y paraíso. Dos importantes marquesinas fueron colocadas después de su inauguración; una en la entrada de Libertad y otra en la de Cerrito. Esta última destinada al ingreso de los artistas y del personal.

En la construcción –exquisitamente decorada– se conjugan elementos del Renacimiento italiano. Basamentos sobrios, bien definidos, semejantes al orden ático-griego que constan de planta baja y primer piso; intercolumnios monumentales –con capiteles jónicos y corintios– y sus multiformes variantes unifican los pisos segundo y tercero; los vanos y aberturas están tratados con arcos, arquitrabes y molduras del más rico diseño. No se puede hablar de un estilo definido, sino de un estilo ecléctico que fue propio de la construcción de principios del siglo XX.



Entrada principal

El gran hall de entrada, con su magnífico mármol de Verona, sus notables estucos símil mármol, los vitrales de la cúpula y la escalinata que conduce al foyer de plateas; el Salón de los Bustos y el llamado Salón Dorado, en el piso noble, son dechados de lujo y refinamiento. Desde los laterales de la escalera principal se accede al Pasaje de Carruajes, pequeña calle interior que comunica Toscanini con Tucumán, y por la que antiguamente se ingresaba al foyer principal. Desde 1997, la Boletería se ubicó en instalaciones que dan a este pasaje.

En la ornamentación se utilizó mármol de primera calidad y de distinto origen. La escalinata (o escalera de honor) es de mármol blanco de Carrara y las barandas que la circundan son de mármol de Portugal. Al pie de la escalera –a ambos lados– las barandas terminan en dos cabezas de león talladas a mano en piezas completas. El último tramo de la escalinata, de planta semicircular, da acceso a la galería que conduce –también a ambos lados– a las escaleras que llevan al primer piso. Las barandas están ubicadas sobre el lado exterior de ambas escaleras; del otro lado, los basamentos están revestidos en mármol negro de origen belga. En el primer descanso, el visitante se enfrenta con dos magníficos vitrales con motivos alegóricos que sirven de cabezales al Salón Dorado.

El Salón de los Bustos

Ubicado sobre el foyer de platea, y de iguales dimensiones, está tratado, como el hall principal, con basamentos de mármol –similar al de las escaleras de honor– de donde nacen las columnas y las pilastras con paramentos que imitan el mármol botticino. El nombre de este foyer se debe a las figuras escultóricas de famosos compositores que forman parte de la decoración. Distribuidas en una monumental cornisa, profusamente adornada con oro laminado, se encuentran los bustos de Beethoven, Bellini, Bizet, Gounod, Mozart, Rossini, Verdi y Wagner. Desde los ventanales puede observarse el gran hall de entrada, los frisos que adornan el amplio recinto y el gran techo con vitrales.

El salon Dorado

Desde ambos extremos del Salón de los Bustos se accede al Salón Dorado, que ocupa todo el frente que da a la calle Libertad y los dos ángulos de las calles circundantes, con una extensión total de 442 metros cuadrados. Enormes columnas talladas con profusión de detalles en oro, altos espejos que lo asemejan a los grandes salones de los palacios de Versailles o de Schoenbrunn, confieren a esta dependencia un especial atractivo. Los muebles franceses, con lujoso trabajo de marquetería, sillones y sillas tapizadas en color rosa pálido y una serie de grandes arañas realzan aún más la majestuosidad de este recinto. En este salón suelen realizarse conferencias, conciertos y exposiciones de escenografía, vestuario y fotografía.


Los vitrales

Fueron concebidos en el proyecto de decoración del arquitecto Meano, y realizados por la prestigiosa casa Gaudin de París, en 1907.
En el gran hall forman un conjunto el vitral del centro, y dos vitrales planos sobre los laterales. El primero, en forma de sombrilla octogonal, está enmarcado con un artístico juego de molduras doradas. La luz que se proyecta a través de una elaborada composición multicolor crea un clima acorde con la magnificencia del lugar.
En los cabezales del Salón Dorado hay dos espléndidas realizaciones, de tenues colores, donde se recrean escenas que evocan episodios de la historia y de la poesía de la Grecia clásica. El primero representa a Homero recitando la Ilíada; el segundo, un homenaje de Sapho al dios Apolo. Las escenas han sido producidas con un gran sentido teatral y están hábilmente dispuestas. Los personajes muestran naturalidad en las poses, sobre fondos arquitectónicos de excelente perspectiva, y la transparencia les otorga un mágico efecto.



Salón Blanco y Palcos oficiales

Desde la galería de los Bustos se pasa directamente al Salón Blanco, decorado con muebles y adornos de estilo francés. Esta sala se encuentra frente a la entrada del “palco bandeja”, llamado también “platea balcón”, que tiene capacidad para 34 personas. Aquí se ubican las autoridades nacionales y sus invitados con motivo de alguna representación especial. El salón Blanco –totalmente alfombrado en rojo y amueblado con sillones de felpa colorada– se utiliza como antepalco y es el ámbito ideal para servir un refrigerio durante el entreacto de las funciones.
En este mismo nivel, al lado de la embocadura de escena, a derecha e izquierda respectivamente, se encuentran el palco privado del Presidente de la Nación y el del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Como el resto de los palcos de los demás niveles –llamados avant scène porque están sobre el foso de la orquesta– estos dos palcos se destacan del resto por estar enmarcados con una importante ornamentación. Pilastras y molduras en oro, culminan en dos importantes figuras alegóricas contrapuestas. Desde ésta perspectiva, ambas líneas de palcos avant scène continúan y se unen en la parte superior en un gran arco (arco del proscenio) que favorece la acústica de la sala. Pinturas inscriptas en medallones, en tenues gamas de rosa y colorado, representan ángeles que sostienen, en diferentes poses, las notas de la escala musical.
Los palcos privados (del Presidente y del Jefe de Gobierno de la Ciudad) tienen capacidad para 20 personas, un recibidor, una sala de estar y dos baños. El palco presidencial posee una salida de emergencia y una línea telefónica directa con la Casa de Gobierno. Las paredes están tapizadas en seda natural y decoradas a tono con el resto de la sala.



La sala

La sala, en forma de herradura, cumple con las normas más severas del teatro clásico italiano y francés. La excelencia de la acústica ha sido objeto de reconocimiento internacional.
La planta está bordeada de palcos hasta el tercer piso. La herradura tiene 29,25 metros de diámetro menor, 32,65 metros de diámetro mayor y 28 metros de altura. Tiene una capacidad total de 2.478 localidades, pero también pueden presenciar los espectáculos alrededor de 500 personas de pie.
Las localidades de Cazuela se ubican en el 4º piso, las de Tertulia en el 5º, las de Galería en el 6º, y las correspondientes a Paraíso en el 7º piso. Esta disposición característica de la época en que fue construido, ha sido trabajada artísticamente para que el aspecto visual de la sala se valorice por la armonía, el buen gusto de los adornos empleados y la coloración lograda en todos los detalles.
En cuanto al color, toda la sala está tratada con el mismo criterio, utilizando tonos cálidos derivados del rojo y del dorado. La alfombra y el tapizado de las butacas son de terciopelo “sangre de dragón”. A partir de la Tertulia se desarrolla un intercolumnio que continúa la herradura de la planta para sostener la bóveda circular central. En ella está ubicada una magnífica araña de siete metros de diámetro, con 700 lámparas eléctricas, construida en bronce bruñido, que puede ser descendida –para su reparación o su limpieza– hasta el piso de la platea, mediante un sistema mecánico. La araña fue construida en Francia a fines del siglo XIX, y está considerada una magnífica obra de cincelado. Los palcos son abiertos, a la usanza francesa, disposición que permite una mayor visibilidad aún desde un segundo plano. La platea tiene una suave pendiente, y el piso puede levantarse mediante un sistema de ascensores mecánicos. Si se quitan las butacas se puede transformar el recinto en un gran salón.
En el nivel de la platea se encuentran los palcos llamados Baignoires. Estos diez palcos tienen la particularidad de estar cerrados con rejas de bronce, y estaban destinados para los espectadores que guardaban luto o que por alguna otra razón no querían ser vistos por los demás concurrentes. Ya no se usan, y algunos han sido asignados como cabina de sonido para las transmisiones de radio.
Espesos cortinados de terciopelo colorado cubren las entradas a la sala y armonizan con los de los palcos, trabajados en seda natural francesa, de un tono rosado, bordados en la parte exterior y forrados en amarillo oro.
Todos los pisos de la sala están iluminados con artísticos brazos de bronce bruñido y tulipas que forman ramos. Esta cálida luz dorada destaca el resto de la decoración y crea un clima de agradable intimidad.






La cúpula

Las pinturas que originalmente había realizado Marcel Jambon se deterioraron, por problemas de humedad, en los años ’30. En la década del sesenta, se decidió pintar nuevamente la cúpula y el trabajo le fue encargado al pintor argentino Raúl Soldi. La obra fue concebida como un “suave ballet policromo...” que representa la vida teatral en diferentes aspectos. Bailarines, cantantes de ópera, actores de la Comedia del Arte, músicos e instrumentos musicales, cubren los 318 metros cuadrados con la gracia de las suaves tonalidades y transparencias que caracterizan al artista. Soldi no trabajó directamente sobre el muro, sino que lo hizo sobre tela recortada en paños que posteriormente se fijaron sobre la cúpula. En homenaje a Jambon, Soldi utilizó un trozo del paño decorado en aquella oportunidad.


El escenario

En el primer piso está ubicado el palco escénico, con una inclinación de tres centímetros por metro. Tiene 35,25 metros de ancho por 34,50 de profundidad y 48 metros de altura. Posee un disco de 20,30 metros de diámetro que puede accionarse eléctricamente para girar en cualquier sentido y cambiar rápidamente las escenas. En 1988, se realizaron trabajos de modernización de la maquinaria escénica en el sector de las parrillas. De esta forma, se incorporó nueva tecnología que permitió facilitar el manejo de los decorados y agilizar los cambios de escena. Un circuito cerrado de televisión y un moderno equipo de transmisores portátiles ayuda a coordinar todas las maniobras escénicas.
El piso del escenario es de pino de Canadá, desmontable en todas sus partes. Dispuesto en calles, está sostenido por 29 tirantes transversales empotrados en los muros laterales, que a su vez están sostenidos –cada uno– por 9 columnas de hierro. La boca del escenario está cerrada con un magnífico telón de felpa roja con su borde inferior bordado hasta una altura de dos metros. Se abre hacia los ángulos superiores mediante un mecanismo que puede regular la velocidad de maniobra y permite cierres rápidos o lentos según lo requiera la acción.
En 1992, se incorporó un sistema que permite seguir la acción, con textos traducidos al español, proyectados en la parte superior de la boca del escenario, de esta forma se facilita la comprensión de las óperas cantadas en otros idiomas.
Delante del telón y en un nivel más bajo, está el foso de la orquesta con capacidad para 120 músicos. Está tratado con cámara de resonancia y curvas especiales de reflexión del sonido. Estas condiciones, las proporciones arquitectónicas de la sala y la calidad de los materiales contribuyen a que el Teatro Colón tenga una acústica excepcional, reconocida mundialmente como una de las más perfectas.



La acústica

Cantantes y directores de orquesta han admirado esa condición especial de la sala para “llevar” el sonido hacia el espectador en cualquier lugar del recinto. La forma de herradura que tiene la sala crea una caja acústica adecuada; el arco del proscenio, formado por el techo –sobre el foso de la orquesta– y los amplios laterales donde se encuentran las filas de los palcos avant scène, proyecta mejor el sonido hacia la sala. Curiosamente, tanto el trazado del cielo raso, en forma de cúpula como las enormes dimensiones de la sala no han afectado la excelencia de la acústica. La calidad y la disposición de los materiales estructurales, los revestimientos y los decorados contribuyen favorablemente.
La distribución de la yesera, de las maderas, de la tapicería, de los cortinados y de las alfombras mantienen una acabada armonía para que el tiempo de reverberación a quinientos y a mil ciclos por segundo pueda considerarse óptimo, ya que alcanza 1,8 segundos para conciertos y de 1,7 para representaciones de ópera.
A pesar de que hoy existen métodos de cálculo acústico para prever los resultados de un diseño, existen imponderables que pueden definir los resultados. Hoy se la reconoce como la sala de mejor acústica del mundo.



Talleres y otras dependencias

El Teatro realiza las producciones de sus espectáculos en talleres propios que están ubicados en los subsuelos. Desde los decorados hasta el vestuario, todos los elementos se fabrican en el Colón. En la sección Diseño de Producción se proyectan y se diseñan los trabajos que se realizan en los distintos talleres para cada título de la temporada. Estos talleres, de gran importancia, no solo por su magnitud, sino por la obra que en ellos se realiza, fueron habilitados en 1938: Maquinaria, Escenografía, Utilería, Sastrería, Zapatería, Tapicería, Mecánica escénica, Escultura, Fotografía, Maquillaje y Peluquería. Gran cantidad de trajes de época, pelucas y tocados se fabrican respondiendo a las necesidades de cada título; existe una importante colección de elementos que son parte de la historia del teatro y testimonio de los importantes artistas que los utilizaron.
También hay talleres de Pintura y Artesanía teatral, Luminotecnia, Efectos especiales electromecánicos, y Grabación y video. Desde el último piso de los talleres hasta el escenario, corre un amplio montacargas destinado a elevar decorados ya armados, carruajes, trastos, animales, muebles y todos los elementos necesarios para la escena.
El Teatro Colón cuenta con amplios camarines para los artistas, los maestros prepapadores y los directores. Hay salas de ensayo y de prueba, como la Sala 9 de Julio, que reproduce las medidas del escenario, y la Rotonda, salón de forma circular rodeado de espejos que sirve como sala de ensayo para el cuerpo de Baile. A partir de las obras realizadas en los años ’70, que ganaron espacio debajo de la Avenida 9 de Julio, en el primer subsuelo se encuentran las oficinas administrativas.
Instituto Superior de Arte del Teatro Colón

Sede de cátedra de maestros como Roberto Kinsky, Edith Fleischen, Otto Erhardt y Michael Gielen y semillero natural del Teatro, el Instituto Superior de Arte, creado en 1937 como Escuela de Ópera del Teatro Colón, es el instrumento fundamental de la tarea docente del Teatro.
En el Instituto Superior de Arte, que funciona en diferentes pisos del Teatro, se dictan las carreras de Danza clásica, Canto lírico, Régie, Dirección musical de ópera y Caracaterización teatral. Los alumnos del Instituto participan a menudo de las producciones del Teatro, y sus egresados integran en muchos casos los talleres del Colón y de otros destacados centros artísticos del mundo.
La proyección de la instancia de aprendizaje se realiza tanto en el Teatro Colón como en otros escenarios de Buenos Aires, del interior del país y del extranjero.



La Biblioteca

La biblioteca del Teatro Colón es pública y cuenta con un importante acervo bibliográfico disponible para la consulta de estudiantes, periodistas, investigadores y público en general.
Posee enciclopedias, diccionarios y libros de referencia sobre los distintos estilos musicales, biografías, partituras y libretos. Incluye libros sobre técnicas de ballet, diseño de vestuario y caracterización. También se conserva la colección completa de los programas del Teatro desde 1908 hasta la actualidad, los programas del antiguo Teatro de la Ópera, la Gaceta Musical desde 1874 a 1887, la colección completa de la revista Lyra, y otras revistas especializadas. El patrimonio también incluye los recortes periodísticos referidos a la actividad del Teatro desde 1927 hasta la fecha, y una importante colección de fotografías.



La actividad artística

Según Roberto Caamaño, en su libro La historia del Teatro Colón, 1908-1969, se ha vulgarizado una clasificación que divide los teatros en dos tipos: los permanentes y los “de estación” (stagione). En los primeros, las temporadas abarcan diez u once meses por año; cuentan con cuerpos artísticos, elencos y repertorios más o menos estables, y tienen talleres y secciones técnicas especializadas en las necesidades de la actividad teatral. Esto les permite una variada programación que incluye el ballet y el teatro dramático (por ejemplo, el Covent Garden de Londres o la Ópera de París). En cambio, los teatros de “estación” desarrollan su actividad durante períodos breves y variables, y contratan todo el personal necesario para cada espectáculo.
El Teatro Colón funcionó desde 1908 hasta 1925 como un teatro “de estación”. El desarrollo de la actividad estaba a cargo de concesionarios y las temporadas eran de tres meses. En algunas temporadas se agregaba algún ciclo de conciertos o de ballet. Recién en 1925, cuando se crean los cuerpos estables (Orquesta, Coro y Ballet) el período de actividades se extendió a seis meses. En 1931, se eliminó el sistema de concesiones y el Teatro comenzó afuncionar como un ente municipal. En 1934, comenzaron las presentaciones de verano, y el teatro pasó a ser una institución artística permanente. Actualmente, la temporada oficial se extiende desde marzo o hasta diciembre.
La programación de ópera –siguiendo una antigua modalidad– se ofrece al público en ciclos de abonos: Gran Abono, Abono Nocturno Tradicional, Abono Nocturno Nuevo, Abono Vespertino y Abono Especial. También se ofrecen funciones extraordinarias.



Los cuerpos estables

En 1925, el Teatro comenzó a producir sus temporadas con la participación de elencos totalmente argentinos, garantizando un funcionamiento regular y permanente. La Orquesta Estable, el Coro Estable, el Ballet Estable y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires conforman un excelente equipo que posee una honrosa tradición, alternando constantemente los estilos más diversos, ductilidad y altísimo nivel artístico que los convierte en pilares de cada función de ópera, ballet o conciertos. Artistas de la envergadura de Erich Kleiber, Héctor Panizza, Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Juan José Castro, Gino Marinuzzi, Tullio Serafin, Gregorio Fittelberg, Fritz Reiner, Arturo Toscanini, Ernest Ansermet, Fritz Busch y Karl Böhm, entre muchísimos otros. La Orquesta Estable del Teatro Colón fue también templada por la presencia de compositores como Manuel de Falla, Richard Strauss, Henri Rabaud, Aaron Copland, Arthur Honegger y Albert Wolff, quienes frecuentemente trabajaron con ella sus nuevas obras. El Ballet Estable es el instrumento de las creaciones de coreógrafos nacionales y extranjeros invitados. La compañía ha realizado giras internacionales y varios de sus integrantes han desarrollado importantes trayectorias fuera del país: Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Norma Fontenla, Paloma Herrera, Liliana Belfiore, Raquel Rossetti, José Neglia. El Ballet Estable contó con célebres étoiles como Margot Fonteyn, Yvette Chauviré, Joan Cadzow, Alicia Alonso, Igor Youskevich, Tamara Tumánova, Ghislaine Thesmar, Rudolf Nureyev, Maia Plisétskaia, Vladímir Vasíliev, Ekaterina Maxímova, Viacheslav Gordeiev, Carla Fracci, Ludmila Semeniaka, Mijaíl Baríshnikov, Nadezhda Pávlova, Cecilia Kerche y Alessandra Ferri, entre otros. Directores como Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Sir Thomas Beecham, Peter Maag, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Eduardo Mata y solistas de la talla de David Oistrakh, María Tipo, Marian Anderson, Nicanor Zabaleta, Andor Foldes, Martha Argerich, Régine Crespin, Gidon Kremer, Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Evgene Kissin, Plácido Domingo y Pinchas Zukerman no hacen más que dar una semblanza de la categoría de los artistas que han trabajado con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.Frecuente protagonista de giras al exterior, la es la agrupación sinfónica del país que mayor número de partituras de autores argentinos ha programado, como lo demuestran los estrenos y primeras audiciones de más de trescientos cincuenta obras, con el anhelo de que la música de estos compositores sea difundida universalmente.



Centro de Experimentación del Teatro Colón

Creado en 1990 para la difusión de obras de vanguardia, muchas de ellas en carácter de estreno, el Centro se ha especializado también en miradas alternativas sobre obras menos frecuentadas del repertorio clásico. Estrenos de partituras de Hans Werner Henze, Marc Neikrug y John Cage se alternan provocativamente con las de Monteverdi y Bach, Britten y Schönberg, Stravinsky y Janácek, pasando por prestigiosos autores argentinos como Francisco Kröpfl, Martín Matalón, Marta Lambertini, Luis Naón, Alejandro Tantanián, entre muchos otros. El Centro es un espacio alternativo para nuevas expresiones y para la iniciación de los jóvenes artistas, y produce una fecunda realimentación de talentos. Desde 1997, el CETC tiene su propia sede en el subsuelo del Colón, con ingreso por el Paseo de Carruajes, reinaugurado ese mismo año.
Además, el Teatro Colón cuenta con un cuerpo de Figurantes de escena y cantantes. Los maestros internos trabajan con los artistas en la preparación de las obras, y coordinan los ensayos individuales y de conjunto.



Los artistas que actuaron en el Colón

Entre los compositores más celebrados que dirigieron sus obras en el Teatro Colón, se destacan Richard Strauss, Arthur Honegger, Ildebrando Pizzetti, Ottorino Respighi, Igor Stravinsky, Paul Hindemith, Camille Saint-Saëns, Manuel de Falla, Aaron Copland, Krzysztof Penderecki, Gian-Carlo Menotti, Héctor Panizza y Juan José Castro. Los principales directores de orquesta se presentaron en nuestra sala, como Otto Klemperer, Fritz Reiner, Erich Kleiber, Fritz Busch, Ernest Ansermet, Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Tullio Serafin, Gino Marinuzzi, Arturo Toscanini, Albert Wolff, Víctor De Sabata, Leonard Bernstein, Mstislav Rostropovich, Sir Malcolm Sargent, Karl Böhm, Fernando Previtali, Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Igor Markevitch, Bernard Haitink, Zubin Mehta, Marek Janowsky, Aldo Ceccato, Riccardo Muti, Kurt Masur, Michel Corboz, Franz-Paul Decker, Riccardo Chailly, Sir Simon Rattle, Claudio Abbado, René Jacobs y los argentinos Ferrucio Calusio, Daniel Barenboim, Gabriel Garrido, Miguel Ángel Veltri y Simón Blech, entre otros.
Entre los cantantes, la extensa lista incluye a Enrico Caruso, Fedor Chaliapin, Titta Ruffo, Rosa Raisa, Gabriela Besanzoni, Claudia Muzio, Lotte Lehmann, María Barrientos, Ninon Vallin, Lily Pons, Beniamino Gigli, Giacomo Lauri-Volpi, Helen Traubel, Aureliano Pertile, Rafael Lagares, Miguel Fleta, Alexander Kipnis, Ebe Stignani, Lauritz Melchior, Georges Thill, Maria Caniglia, Bidu Sayâo, Ezio Pinza, Tito Schipa, Toti Dal Monte, Fedora Barbieri, Hipólito Lázaro, Max Lorenz, Gina Cigna, Zinka Milanov, Rose Bampton, Leonard Warren, Kirsten Flagstad, Hans Hotter, Elisabeth Schwarzkopf, Maria Callas, Mario del Monaco, Erich Kunz, Nicola Rossi-Lemeni, Victoria de los Ángeles, Felipe Romito, Renata Tebaldi, Antonieta Stella, Borís Christoff, Inge Borkh, Ramón Vinay, Ana Moffo, Richard Tucker, Cornell MacNeil, Flaviano Lavo, Régine Crespin, Annelise Rothemberger, Jon Vickers, Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Joan Sutherland, Leonie Rysanek, Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Alfredo Kraus, José Carreras, Leona Mitchell, Leontyne Price, Frederica von Stade, June Anderson, Kiri Te Kanawa, Katia Ricciarelli, Marilyn Horne, Anna Tomowa-Sintow, Kathleen Battle, Cecilia Bartoli, Plácido Domingo, Hildegard Behrens, Christa Ludwig, Eva Marton, Hermann Prey, Nicolai Gedda, Sherrill Milnes, Beverly Sills, Sena Jurinac, Waltraud Meier, Renée Fleming, Luciano Pavarotti, José van Dam, Gwyneth Jones, Ferruccio Furlanetto, Dmitri Hvorostovsky, Mirella Freni y Samuel Ramey. También cantaron en el Colón artistas argentinos que han desarrollado una importante carrera internacional, como Delia Rigal, Luis Lima, Raúl Giménez, Ana María González, Renato Cesari, Ricardo Cassinelli, Gian-Piero Mastromei, Ángel Mattiello, Carlo Cossutta, Carlos Guichandut, Cecilia Díaz, Paula Almerares, Marcelo Álvarez, José Cura y Darío Volonté.
Primeras figuras de la danza bailaron en el Teatro Colón: Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, Tamara Karsavina, Rudolf Nureyev, Alicia Alonso, Maia Plissetskaya, Tamara Toumanova, Margot Fonteyn, Mijail Baríshnikov, Vladimir Vassiliev, Ekaterina Maxímova, Ghislaine Thesmar, Michael Denard, Antonio Gades, y los argentinos María Ruanova, Olga Ferri, Michel Borovsky, José Neglia, Norma Fontenla, Wasil Tupin, Esmeralda Agloglia, Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera.

Fuente: pagina oficial del teatro colon

10 comentarios - Buenos Aires monumentos.

@Elvio-Laho
Te faltaron la 1-11-14, la carlos gardel, plaza constitución un sábado a la noche, etc
@blackbody +2
No lo conocía, muy bonitos. Buen post.
@Mr_Thugz +1
En T le van hacer uno al atendedor de boludos..
@lacarancha +1
tuve la oportunidad de volver a disfrutar admirando personalmente estas bellezas. empece el año en bs as gracias por compartir y enseñar. + 10 y R
@MethosRex +1
Muy lindo post, +10, etc..

Y gracias por todo
@_Nat_ +1
Buena visita virtual e histórica