Aquí, estimados colegas, les dejo un par de picadas o lugares que no pueden dejar de visitar si vienen a Santiago. Es como no ir al Barrio de la Boca si vas a Bs As... Lo más típico de la cultura Chilena cuando se trata de bares y restaurantes.

El Quitapena

Recoleta 1480 Barrio Recoleta (Frente al Cementerio General)
Abierto todos los días del año, salvo el 11 de septiembre, hasta las 23 horas.

Picadas imperdibles de Santiago de Chile

Cada ciudad o pueblo tiene su cementerio, así como cada cual tiene su Quitapenas. Platos, tragos e historias rodean a estos puntos de encuentro y tradición. Santiago no se queda afuera.


La avenida Recoleta comienza a llenarse de flores al acercarse al Cementerio General. Miles son las personas que diariamente visitan este extenso lugar, fundado en 1821, que cuenta con más de dos millones de tumbas. Víctor Jara, Violeta Parra, Eduardo Frei Montalva y tantos otros, forman parte de esas amplias extensiones de recuerdos y nostalgia. Ahí, afuerita, se encuentra el centenario restaurante “El Quitapenas”.

Tan sólo una calle y una mampara separan al cementerio de este centro de tradiciones y recuerdos. Fotografías del Santiago de los años veinte, cuadros de los cuarenta, y fotografías del Colo Colo –fundado aquí, en 1925, por David Arellano- acompañan las diez mesas abarrotadas de gente ansiosa por su plato.

Manuel almuerza junto a su jefe y un compañero de trabajo. Aprovecha de comer pebre mientras espera una suculenta cazuela de vacuno. Antiguamente, “Uno venía al cementerio y típico que paraba aquí pa’ pasar las penas. Mis tíos, mis abuelos, todos pasaban, pero ahora está más cambiado. Ya no es como antes, cuando gente famosa venía para acá”, recuerda mientras saborea.

Pepe está a punto de cumplir diez años quitando penas. Su rostro denota alegría, su voz, timidez. Es el creador de dos obras de culto: Que en paz descanse y El que paró la chala. La primera es una vaina a base de licor de café, con huevo, un poquito de cacao, coñac y azúcar; la segunda se la reserva, aunque recomienda no tomarla dos veces: “Es una bomba”.

“Todos los días vienen a dejar fina’ítos, de ahí pasan para acá. En todos los cementerios hay un Quitapenas, por el hecho que muchos salen a pasar la pena y otros a alegrarse. Nosotros los atendemos lo mejor que se puede, les buscamos alguna bromita por ahí, pero que les caiga bien”, comenta Manuel, otro de los garzones del local, mientras Alex, de profesión transportista, considera que éste es “un lugar acogedor, que tiene buenos precios, de acuerdo a lo que uno gana”.

Rosa y Zoila llevan varias horas conversando. Lentamente llevan a sus bocas las papitas fritas y la carne que abunda en sus platos. Para pasarlas, toman un sorbito de pilsener helada. Se conocieron hace más de cuarenta años, cuando Zoila llegó con su marido al sector 5 de la Villa O’ Higgins. Desde ese momento comparten largas horas juntas, unas en casa, junto al tejido y la telenovela, otras “dándose una vuelta por ahí”.

Esta salida, sin embargo, no es por placer. El pasado domingo, una de sus vecinas perdió la vida a causa de los celos de su marido. Dos apuñaladas estremecieron a toda una población que en conjunto acudió al Cementerio a decirle adiós. “¡Imagínese cómo nos sentimos nosotras como vecinas! Acá hemos estado toda la tarde dándole vueltas al asunto”, comenta Rosa.

“Cuando nos invade la pena, partimos para acá. Uno viene y olvida un poco todo lo que pasó allí dentro. Cuando uno viene a dejar a sus seres queridos o viene a visitarlos sale con pena. La pena nunca se termina”, agrega Zoila.

Rosa conoció El Quitapenas cuando tenía nueve años. Se había muerto la suegra de la empleada de su abuelo. El viudo los invitó a todos a tomar once al restaurante, en los tiempos que el piso era de tierra, el techo de vigas y la música una mezcla entre arpas, guitarras y agudas tonadas. De ahí que cada vez que visita el cementerio se sienta en una de estas mesas a, por lo menos, tomarse una bebida.

folklore

Que en bar descanses

El 1 y 2 de noviembre, miles de personas acuden al cementerio. En el día de todos los santos y muertos, ni las flores, ni el metro y mucho menos las sillas de El Quitapenas son suficientes. “Es una locura. Esa es la navidad del El Quitapenas: llega muchísima gente, incluso de fuera de Santiago, familiares que se encuentran acá, antes o después de visitar a sus muertos. Ese día no hay ofertas especiales, con suerte un asiento en el aire”, comenta María, la esposa de Don Miguel.

Miguel es el tercer dueño de El Quitapenas. Lo adquirió hace unos veinte años en un remate que se hizo con todos los bienes del anterior dueño, don Emilio Burroni, luego de su muerte. El primero, fue un señor de apellido Degellini, quien fundó el primer local, ubicado un par de cuadras más hacia el sur.

De ese antiguo recinto, fundado hace cien años, tan sólo queda el recuerdo del mito de “La Lolita”, una chica que frecuentaba el local en las noches. Pálida y descubierta, inspiraba compasión en los hombres que sin dudar le pasaban su chaqueta. Al día siguiente, la prenda aparecía colgada en una de las tumbas del Cementerio General.

Este año El Quitapenas fue uno de los tantas picás que recibieron un reconocimiento por su aporte cultural gastronómico. Reunidos en “El Hoyo”, en Estación Central, Miguel y tantos otros recibieron el reconocimiento que ahora observo en la pared.

Sin embargo, Miguel se ve preocupado. Es cuarto día que vengo, y la clientela ha disminuido considerablemente. Parece ser de esos hombres que ante los problemas muestran toda su rudeza, aparentando que las cosas andan bien y que no hay nada que pudiere afectarle.

En la mesa tres, un garzón mira fijamente la tele; en la cuatro una niña- la nieta seguramente- espera que la vengan a buscar. En la seis, dos hombres comparten un vino y en la siete estoy yo, observando.

La noche cae y la bruma comienza a mezclarse con el smog. Las flores desaparecieron, la gente abandona el cementerio con rumbo a casa. A falta de micros vacías, sobran las caras mirando a través de buses piratas, ofreciendo un viaje corto, económico y sin bip!.
Miguel deja su paila con huevo revuelto y le dice a los dos cocineros que quedan que ya es hora de cerrar. En cosa de segundos, comienzo a cruzar la calle hacia el acceso al metro Cementerios, mientras los veo bajar la cortina con la esperanza de un nuevo día, mucho mejor que el de hoy.


El hoyo

Horario de Atención: Lunes a Viernes 11:00 a 23:00 Hrs., Sábado de 11:00 a 21:00 Hrs.
San Vicente 375 ( Esquina Gorbea) Estación Central Santiago de Chile.
Tel (562) 689-0339
www.elhoyo.cl

El Hoyo abrió sus puertas en 1912 y sy clientela se ha mantenidoo por varias generaciones. Las mesas son barriles apoyados en una pila.

datos

Reyes del vino tinto en jarra de la casa. Este chilenísimo lugar creció a punta de réplicas. Porque si nos remontamos al año 1985 el terremoto de marzo arrasó con buena parte del Santiago antiguo. La mitología de este sitio narra que llegó hasta este lugar un despistado gringo que ante la desagradable temperatura del vino que le servían pidió que le encaramaran un copo de helado al vaso. El helado de piña que normalmente nutre el más aristocrático Ponche a la romana se desvió hacia una corriente caña de vino blanco. Nació, entonces, El Terremoto, un trago tan criollo como exitoso. Réplica es el nombre que ostenta el vasito más pequeño.

¿Por que el famoso trago se llama Terromoto?

santiago

"Todo comenzó en marzo de 1985, cuando unos reporteros alemanes vinieron a Santiago a cubrir los daños que había provocado el reciente sismo. Debido al calor reinante entraron a nuestro local para pedir algo de beber. Se les sirvió nuestro clásico pipeño al que por solicitud de los extranjeros se le adicionó helado de piña,según una idea original de Don Guillermo Valenzuela, cuando lo probarón uno de ellos exclamó " !Esto si que es un Terremoto¡ " .. Así nace el nombre del ya mítico Terremoto."

Qué lleva: Vino pipeño y helado de piña. Vale $1.600. Por $800 más puedes pedir una Réplica.
Intensidad: “En la medida que lo vas tomando, te va golpeando. Un Terremoto es igual a un combate con Mike Tyson, sales noqueado”, explica Chico Marambio.
Quiénes lo frecuentan: Francisco Vidal (vocero de Gobierno), Osvaldo Puccio (embajador de Chile en España), Willy Sabor y Che Copete, por nombrar a algunos.

Hoy Santiago cuenta con dos Hoyos: el Hoyo de arriba, en Franklin y el Hoyo de abajo, cerca de Estación Central. En ambos hace veinte años se venció la adversidad de la desgracia celebrando con el buen vino tibio o helado.

Todo comenzó ya en un lejano año de 1912. Don Benjamín Valenzuela...

imperdibles

...oriundo del pueblito de Rastrojo en las cercanías de San Vicente de Tagua Tagua parte a Santiago. Este pujante chileno se vino a la Capital para iniciar un nuevo negocio. Santiago en aquellos años crecía a punta de carretones, tranvías y caballos y el sector de Estación Central bullía de movimiento y comercio, actividad que era una interesante oportunidad para Don Benjamín. Luego de un tiempo se instaló en las esquinas de Gorbea y San Vicente, a escasos metros de la calle exposición en donde el Forraje, carbón y frutos del pais que Don Benjamín vendía se mezclaba con el ruido de los trenes que entraban y salian sin parar de la estación. Dándose cuenta que la cercanía con la Estación Central podría traer a su local a los trabajadores Ferroviarios, comienza la venta de Charquí, Chicha y Huevos Cocidos. Estos concurrian aciduamente al " Hoyo " como lo llamaban , al encontrarse este en un desnivel producto de los canales que antiguamente pasaban por el lugar.

Al pasar los años se fueron incorporando más y variados platos, deliciosa chicha, entre otros sabrosos comestibles, acrecentando la fama del lugar. Don Benjamín fallece en 1954, legando el negocio a sus hijos, y posteriormente estos a sus nietos, los que con esfuerzo siguen con la tradición.

Creciendo tanto en espacio como en su menú típico, "El Hoyo" permanece por más de cuatro décadas deleitando a Chilenos y Extranjeros.

canallas

Se Llega facilmente desde metro Estación Central o desde Alameda.
Estacionamientos en Calle San Vicente y Gorbea.


La piojera

Aillavilú Nº 1030, Frente al Mercado Central, Salida Puente Estación Metro Calicanto
(cerca de La Vega).

http://www.lapiojera.cl/

La Vega de Santiago ha pasado en los últimos años por muchas incertezas. La modernidad de nuestra urbe ha querido arrasarla y trasladarla. Sin embargo, sus emblemas siguen allí. Tal es el caso de La Piojera, que funciona desde 1896. En este lugar se bebe -y harto- se toma vino, pero también un curioso brebaje: Ponche de Culén. Se trata, dicen los entendidos, de un combinado, parecido a la mistela. Vale la pena comprobar este sabor tan de nuestras latitudes y agregar a este líquido pan con huevo (ojo que es muy diferente, por cierto, al playero pan de huevo). Aquí cuenta y mucho la preposición. or cierto, no hay que olvidar a los clásicos: la caña de vino, la de chicha, el vino pipeño y el borgoña.

hoyo

uando se habla del Terremoto, la chicha, el pernil y el arrollado, se sabe que estas preparaciones son marca registrada de La Piojera, quizás, la picada más famosa de Chile.

Según cuenta la historia, fue en 1922 cuando a una autoridad de la época se le ocurrió invitar a un lugar conocido de Santiago al ex presidente Arturo Alessandri Palma. Cuando Alessandri ingresó y vio todo lleno de trabajadores, exclamó: "¿y a esta piojera que me han traído?, y desde ahí lleva este nombre.

La Piojera ha logrado no sólo ser conocida como una picada, sino que además se ha convertido década tras década, en un lugar de encuentro social que ha sido testigo de cambios políticos y culturales en la capital, pero que ha sabido mantener inquebrantable su tradición y, por qué no decirlo también, la magia que se vive en su interior.

Desde esa época ha cobijado a obreros, trabajadores, oficinistas, estudiantes, políticos y gente de televisión, así como también se ha convertido en centro de eventos culturales, lanzamientos de candidaturas políticas y otras manifestaciones relacionadas con nuestro espíritu nacional.

Este local ha sabido dar espacio a un amplio público, por lo que a todos les queda claro que la intolerancia y la discriminación, son conceptos que en La Piojera se conocen sólo de la puerta hacia fuera.

Hoy es la tercera generación de la familia Benedetti la que administra La Piojera con las mismas ganas y fuerzas de su fundador, Carlos Benedetti Pini, quien luego de trabajar en una tienda de curtiembre en la calle Puente, tuvo la oportunidad de comprar el local donde hoy sigue atendiendo este popular bar criollo, cuyo edificio data de 1850.

Su actual dueño, don Hubert Bernatz Benedetti de 52 años, nieto de don Carlos, junto a dos tías de la familia, las que ya sobrepasaron los 80 años de edad, se encargan de mantener viva a La Piojera, responsabilidad que en gran medida se debe también al público que la visita constantemente.

En medio de la agitada jornada diaria de La Piojera, en donde siempre hay público y la conversación en voz alta recuerda que a este lugar el silencio y el aburrimiento no están invitados, nos recibe su dueño para conversar sobre cómo ha logrado un lugar como éste sobrevivir a los cambios que se suceden en toda capital. "Creo y estoy seguro que La Piojera se ha mantenido en el tiempo gracias a esa magia especial que tiene. Es su ambiente, el espacio, el público que viene acá, no sé. Cuando pasas el umbral de la puerta, entras a otra época, te reciben las banderas chilenas. Esto en el fondo es una quinta de recreo, en donde público de todo tipo viene a comer o tomar algo y pasar un rato agradable conversando. Todo el día hay un dúo de músicos que interpreta canciones desde cuecas hasta rancheras, de lo que quiera la gente", señala entusiasmado nuestro entrevistado, cuando vemos pasar a un apresurado garzón con varios "patos" llenos de ese néctar famoso que según Bernatz, no hay mejor que el que se hace en La Piojera: el famoso Terremoto.

Pero si "El Terremoto" es lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de La Piojera, una característica que también podría recordarse de inmediato si alguna vez se ha estado acá es la tolerancia, ya que a muchos puede asombrarles el ver la diversidad de público que se da cita en muchas ocasiones en este local. "Hemos sido visitados por cinco presidentes: Arturo Alessandri, Ríos, Allende y los dos Frei. Además han venido Lavín junto a Trivelli a celebrar acá el 21 de mayo del año pasado, el actual alcalde de Santiago, también Nelson Ávila, quien lanzó aquí su candidatura al Senado, los amigos del movimiento Guachaca liderados por Dióscoro Rojas, quienes declararon a La Piojera, Monumento Sentimental, y al mismo tiempo hay gente de trabajo, estudiantes y abuelos que nos visitan. El público es muy variado", comenta Bernatz.

piojera

El futuro no es incierto para el dueño de este rincón nacional en el corazón de Santiago, quien sabe que La Piojera aún no tiene fecha de vencimiento y que su ambiente y concepto seguirán manteniéndose incólumes. "El negocio sigue hasta cuando no dé más. Imagínate que ahora mis hijos que están en la universidad ya se están impregnando de este local. Cuando pueden vienen a ayudarnos a atender, lo que significa que la cuarta generación de la familia seguirá dándole vida a La Piojera. Queremos que siga así. No son necesarios los cambios, ni tenemos pensado hacer nada que dañe la esencia de este lugar", enfatiza el nieto y dueño de La Piojera.

Asi pasan los años y La Piojera esta cada día más vital que nunca, sin siquiera tener la intención de desaparecer, haciendo caso omiso al brusco cambio que se va provocando en la ciudad y en la sociedad, más bien recibiendo con los brazos abiertos a todos aquellos que buscan lugares sencillos, agradables, tolerantes, no importando la edad ni la condición social, porque en La Piojera, Santiago y sus tradiciones aún respiran.



El rincón de los canallas

(De lunes a jueves, desde las 12 horas hasta las 2 a.m; viernes y sábados, hasta las 7 a.m).
http://www.canallas.cl/
TARAPACA 810 entre San Francisco y Serrano.
Fono : 6325491

quitapenas

Esta picada con contraseña es propiedad de un porfiadísimo que cuando se le quemó su local no consiguió otra patente. Su nombre Víctor Painemal. En años duros difundía la contraseña en un programa de radio Colo Colo. Hoy para no olvidar viejos tiempos la contraseña persiste, pero es siempre la msima: "¿Quién vive canallla? Chile libre, canalla".
El menú ostenta nombres de combate: Vietnamita se bautizó a un pernil entero, más arrollado, prietas, costillar, papas cocidas y ensalada surtida. Todo ello multiplicado en cuatro porciones. Los nombres siguen acorde a los contenidos: Punta Peuco, Barrabases, Amongelatina o Vitalicio. En Los Canallas hay gusto para todos.

A inicios de los años "80", cuando todavía regía el toque de queda, el temuquense Víctor Painemal tuvo la idea de crear un espacio para que quienes todavía añoraban la bohemia pudieran reunirse tanto para recordar viejos tiempos como para disfrutar de un buen pernil.
"El Canalla", como lo conocen todos al dueño Víctor Painemal, recuerda con orgullo los primeros años de su restaurante. "Inauguramos en el 80 como El Rey de los Pollos Asados y abríamos después del toque hasta la madrugada. Después de que los incendiaron el boliche en el 83 y nos clausuraron la patente, pasamos a llamarnos el Rincón de los Canallas", cuenta. En esa época, Painemal fue allanado en 67 ocasiones. Aún así "el canalla" se mantuvo firme. En radios como Colo Colo pasaba el santo y seña del día, entre saludos. Y los que llegaban debían tocar una campanita para responder al famoso Quién vive Canalla ? con alguna frase como "Esta lloviendo en Puerto Montt y los canallas siguen igual".
Desde el viaje de Pinochet a Londres, la contraseña es "Chile Libre" pero se pide sólo después de las 15.30 horas. Otra cosa que ha ido cambiando con los años son los nombres de los platos, que se adaptan a la actualidad política. Hoy el costillar con coimas, el Punta Peuco o el Vitalicio, el Vietnamita, el famoso Pernil Canalla, el Terrorista, el Barrabas, Amongelatina, Curanto estilo canalla, el Cesante y el chucaro.
Visitado por políticos, dirigentes, artistas y famosos. El Rincón de los canallas mantiene esa mística de los comienzos, recibiendo a todos con un chancho en piedra, pan, cebolla en escabeche y con músicos folclóricos en vivo.

picásPicadas imperdibles de Santiago de Chile

Hoy, comenta Víctor Painemal en una entrevista publicada en Santiago Bizarro, los canallas vienen de todo el mundo pues creó Los Canallas Internacional.


Espero que les sirva si alguna vez se vienen a dar una vuelta por estas tierras