Carmen de Patagones

extraido de http://maragato.com.ar/

Carmen de Patagones, la ciudad más antigua de la Patagonia Argentina.

Asentada a orillas del Río Negro, es la ciudad más austral de la Provincia de Buenos Aires y cabecera del Partido de Patagones. Portal de la Región Patagónica, constituye dentro de la amplia geografía argentina, el mojón que marca el nacimiento mismo de esta región. Esta población, es la más antigua de la Patagonia, nació a su vez como fuerte y puerto gestándose como cuna de héroes y corsarios. Su rica historia comenzó hace más de 230 años con la llegada a estas tierras de Francisco de Viedma y Narváez, quien la fundó por la orden del Rey Carlos III de España el 22 de abril de 1779.

Historia

La etapa pionera
El 22 de abril de 1779, Don Francisco de Viedma y Narváez fundó el Fuerte y la población Nuestra Señora del Carmen, con el objeto de afianzar la soberanía hispana sobre los territorios patagónicos.

La fundación fue facilitada por un pacto previo entre el Virrey de Vértiz y el Cacique Chanel. A pesar de su aislamiento, la aldea jamás sufrió un malón, gracias a la progresiva armonía de intereses con las tribus patagónicas y sur pampeanas.

La economía local se basaba en una agricultura y ganadería que sólo proveían al consumo de la aldea, por lo que sus habitantes vivían con extrema frugalidad, en un medio que imponía severas dificultades a los pobladores.

La Revolución de Mayo de 1810 agravó estas condiciones. Al diluirse la significación geopolítica de Patagones, se eliminaron las medidas de protección a la producción local, y se descuidó la calidad de los jefes y tropas que se enviaban al Establecimiento. Se inició así una crisis que puso a Patagones al borde de su desaparición.

La sal sostiene la aldea

El auge de los saladeros rioplatenses permitió que, hacia 1820, Patagones superara su estancamiento al convertirse en proveedora de sal. Tal vinculación abrió, además, mercados regulares para su trigo, cueros, carne salada, y los productos provenientes de la economía indígena. Esta nueva articulación incrementó sensiblemente los vínculos económicos y políticos con las tribus de la región.

El gobierno provincial, demostrando un nuevo interés por los destinos de la aldea, procuró el reordenamiento institucional del Establecimiento: designó un Comandante enérgico y eficiente, y se eligieron por primera vez un juez de Paz y un representante maragato para la Legislatura bonaerense. En 1827; el Directorio del Banco de las Provincias Unidas del Río de La Plata que luego sería el Banco de la Provincia de Buenos Aires designó a Ambrosio Mitre, padre de Bartolomé, comisionado en Patagones.

Ese mismo año, el pueblo de Patagones en armas derrotó a una expedición invasora del imperio del Brasil.

Para entonces, los agudos conflictos que tanto en Chile como en Argentina enfrentaban a indios y blancos, a parcialidades indígenas entre sí, y a las facciones políticas criollas, habían quebrado la armonía alcanzada con las tribus de la región, y con ello la creciente prosperidad económica.

Paz y expansión

El tratado de paz firmado en 1857 entre el General Mitre y el Cacique Yanquetruz, abrió una nueva etapa en el desenvolvimiento económico y social de Patagones. Este acuerdo permitió una notable expansión de las explotaciones agropecuarias, que quedaron entonces a relativo resguardo de los malones por la acción combinada de la Guardia Mitre (1862), el Fortín Conesa (1869) y el asentamiento de tribus aliadas en sitios estratégicos.

Este proceso se consolidó con la colonización italiana en Cubanea, y tuvo como correlato una apreciable expansión urbana.

Hacia 1879 se inició la incorporación efectiva de las pampas y la Patagonia a la soberanía nacional, materializada por la cruenta «Conquista del Desierto». La creación de la Gobernación de la Patagonia en 1878 restó a Patagones su Banda Sur. Este sector del pueblo había comenzado a ser denominado «Mercedes» desde fines de la década de 1860, y se convirtió en la capital de la Gobernación adoptando el nombre de Viedma.

La colonización de los valles y meseta rionegrinos convirtió a nuestra ciudad en un importante centro comercial y de servicios, ya que su puerto vinculó a los nuevos territorios con Bahía Blanca, Buenos Aires y Europa.

Este auge económico atrajo a emprendedores comerciantes porteños y extranjeros, y a nutridos contingentes de artesanos y trabajadores, rurales y urbanos. Estos migrantes contribuyeron a enriquecer la política local, que se vio conmovida por los grandes conflictos de la época.

En poco más de una década se triplicó la planta urbana, se crearon varias escuelas, un hospital regional, y se proveyeron importantes servicios públicos.

Asociándose a la prosperidad del momento, el Banco de la Provincia de Buenos Aires creó una sucursal, que abrió sus puertas el 15 de junio de 1884 en el edificio que hoy ocupa el Museo Histórico Regional «Emma Nozzi». A raíz de la crisis de 1890, la filial debió cerrar sus puertas en 1894. Pero otro acontecimiento golpearía más severamente al valle inferior del Negro: en 1899 una pavorosa inundación arrasó la ciudad de Viedma, las explotaciones rurales valletanas y la dinámica calle Roca de Patagones.


Redefinición del espacio político y económico de Patagones

La prosperidad que disfrutaba Carmen de Patagones desde la década de 1880 comenzó a detenerse a principios del siglo XX debido al tendido del ferrocarril desde Bahía Blanca al Neuquén, y desde 1910 por la apertura del puerto de San Antonio Este. La primera de estas obras restó a Patagones buena parte de sus mercados valletanos, y la segunda hizo lo propio con los de la meseta rionegrina.

Las alternativas económicas que se intentaron para superar el ya agotado ciclo de Patagones como importante núcleo comercial y de servicios fracasaron, dando lugar a un estancamiento sólo morigerado por la colonización de las tierras del Partido de Patagones, que atrajo migrantes nacionales y europeos entre los que se destacaron, por su número, los alemanes del Volga.

Este proceso fue sustentado por el tendido del ferrocarril desde Bahía Blanca, originando la creación de centros urbanos como Cardenal Cagliero, José B. Casas, Stroeder, Villalonga y Pradere.

El Banco de la Provincia de Buenos Aires, reorganizado en 1906, reabrió sus puertas en Patagones el 5 de enero de 1918, constituyéndose en un valioso soporte de la actividad rural.

La ya alicaída navegación marítima cesó en 1943, y la fluvial en 1950.

La provincialización del territorio Nacional del Río Negro en 1955 hizo que Viedma -su capital- iniciara un despegue que, con el correr de los años, revirtió a su favor la hegemonía que hasta entonces ejercía Carmen de Patagones.

Hacia la década de 1960, el desarrollo de la administración pública viedmense, la sistematización de las obras de regadío en Viedma, y el auge de la agricultura en el Partido de Patagones, dinamizaron la región, convirtiéndola en receptora de migrantes de distintos puntos del país. Especial relevancia numérica tuvieron los provenientes de la meseta rionegrina, mayoritariamente de ascendencia mapuche.

Treinta años después profundas transformaciones nacionales e internacionales pusieron en crisis las bases económicas y sociales de esta comunidad. Nuestra identidad histórica es hoy uno de los pilares que nos sostienen para enfrentar el desafío de construir un proyecto de futuro.

El Combate del 7 de Marzo
Un día de 1825, presagiando los acontecimientos que viviría el Fuerte del Carmen en el futuro cercano, aparece frente a la barra del río Negro un bergantín brasilero de guerra, disfrazado de mercante. Los brasileros, con dos botes, desembarcan una pequeña fuerza. El comandante del Fuerte, Lacarra, la pone en fuga y persigue vía terrestre por la margen norte, mientras el juez de paz, Alfaro, lo hace por el sur. Alfaro logra rendir a los invasores.

Recién en enero del año siguiente, llega al fuerte la noticia de la declaración de guerra al Brasil.

El gobierno nacional otorga varias patentes de corso para dañar el tráfico marítimo enemigo. A causa de los reiterados bloqueos que sufren los puertos del Plata, los corsarios eligen al puerto de Patagones para esconder sus presas. Sólo el corsario “Lavalleja”, al mando de Bibois Fourmantin (el padrino de Casimiro Biguá), que se aventura frente a las propias costas brasileras, logra apresar unos 20 barcos mercantes enemigos.

Jaime Harris construye las instalaciones para una batería de 4 cañones en cercanías de la casa del práctico, sobre la margen norte, para protección de la barra del río Negro.

Mientras, el almirante Brown ponía en fuga a una escuadra brasilera en el Combate de los Pozos.

Rivadavia envía a Patagones al coronel Felipe Pereyra, quien lleva refuerzos y armas.

Dado que Patagones es base de buques corsarios, ahora reside aquí un gran número de marineros extranjeros, desocupados, sin medios de subsistencia debido a la inactividad del “Lavalleja”; además, viven más de 300 negros libertados por éste corsario. Las cosas están muy complicadas en Patagones, donde se vive un clima de inseguridad por partida doble. Por esto, Lacarra es un poco más severo de lo que los vecinos destacados consideran necesario, y no simpatizan con él. El puerto bulle de actividad. Aún hoy, si se camina por la costanera de Carmen de Patagones, es posible imaginar el colorido de esa época.

Alertado sobre la posibilidad de una invasión brasilera, Lacarra pide a Buenos Aires pólvora de cañón; le responden que la compre a los corsarios.

Brasil bloquea el puerto de Buenos Aires, en 1827, y se desploma el comercio; el gobierno deja de pagar los reembolsos del préstamo inglés e inunda la ciudad de papel moneda, acelerando la inflación. El gobierno de Brasil ordena al capitán de fragata James Sheperd una operación sobre Patagones. Son aprontadas las naves “Duqueza de Goyaz”, “Itaparica”, “Escudero” y “Constancia”.

El capitán de baqueanos Molina, "más indio que los indios mismos", con sus hombres (conocidos como los “tragas”) se presenta al comandante del Fuerte, en Patagones, poniéndose a sus órdenes.

Mientras el puerto de Buenos Aires sigue bloqueado, Sheperd zarpa de Maldonado al frente de su escuadra, provista de unos 30 cañones y 613 hombres, con destino al sur. El segundo de Sheperd es el capitán Guillermo Eyre.

Lacarra, por su parte, dispone de 150 infantes, 100 vecinos y gauchos, además de los corsarios extranjeros y los "tragas". Una batería de 4 cañones en la boca del río, otra en el cerro de la Caballada y una más en lo de Rial, a mitad de camino entre el Fuerte y la desembocadura del río, sobre la margen norte. Dispone también de barcos corsarios: el “Hijo de Mayo” al mando de James Harris, el “Hijo de Julio” cuyo capitán es Fourmantin y el “Oriental Argentino”.

El 27 de febrero aparecen frente a la desembocadura del río Negro, los cuatro buques brasileros disimulados con nuestra bandera nacional. Lacarra adelanta a todos sus efectivos hacia la boca del río. En el Fuerte, las mujeres y los niños hacen número usando gorros de uniforme para hacer creer al enemigo que el número de los defensores es mucho mayor. Las mujeres son organizadas por doña Eustaquia Miguel de Rial.

El 3 de marzo se hunde el “Duqueza de Goyaz” y el “Itaparica” queda varado sobre la margen izquierda del río, cerca del estacionario de los prácticos. El enemigo no contaba con experiencia para sortear la barra del negro, ni práctico que lo guiase.

Dos días más tarde, brasileros desembarcan en lo de Rial, sobre la banda norte del río. También desembarcan sobre la banda sur, pero éstos posiblemente sean tripulantes del hundido “Duqueza de Goyaz”. El 6 de marzo, con vientos en contra, Sheperd ordena el desembarco masivo.

En la madrugada del 7 de marzo de 1827 se inicia el avance de los brasileros hacia Patagones, por tierra, y se apoderan del cerro de la Caballada. Olivera despliega sus hombres entre el fuerte y el enemigo. Los buques argentinos, desde el río bombardean el cerro donde se encuentran las fuerzas brasileras, que no han traído artillería. Olivera avanza, Sheperd se repliega y, como es herido en la retirada, asume el mando enemigo el capitán Eyre. Los barcos argentinos navegan aguas abajo mientras Olivera persigue por tierra a los brasileros, hasta que se le rinden. Bynon, al mando de nuestra “flota”, atrapa a los buques imperiales “Escudero” y “Constancia”, para finalmente acorralar al varado “Itaparica” y sus 22 cañones. Como el capitán (Eyre) no está a bordo, la tripulación se rinde de inmediato.

Los principales protagonistas de la resistencia son: Fernando Alfaro, héroe del combate de la Caballada; Santiago Jorge Bynon, al mando de las fuerzas navales; Subteniente Sebastián Olivera al mando de las fuerzas terrestres e insigne héroe máximo de la jornada; Juan Bautista Thorne que aborda el “Itaparica” arreando su pabellón de combate; y no hay que desmerecer la actuación del capitán de baqueanos Molina. Mucho menos hay que dejar de destacar a toda la población: mujeres, niños, esclavos, negros libertos, corsarios, todos participaron activamente en la defensa de Patagones y Viedma, repeliendo una invasión extranjera al territorio nacional, aunque en Buenos Aires la región no es considerada “parte de la República”. Es decir, Patagones vendría a quedar, entonces, "más allá" de la "frontera".

Bynon navega comandando la escuadra que ahora se compone por el “Ituzaingó” (ex-”Itaparica”), el “Patagones” (ex-”Escudero”), el “Chacabuco” y el “Ana” que lleva a bordo los prisioneros de guerra brasileros hacia Buenos Aires.



Fuente: Raine Golab (http://www.flyfishing-argentina.com)

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