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El buque maldito (1973) review

Dos modelos se encuentran en una lancha en alta mar formando parte de una maniobra publicitaria para el empresario sin muchos escrúpulos Howard Tucker. De repente, las modelos ven un buque fantasma y suben a bordo. Rápidamente se forma un equipo para salvarlas. Cuando llegan al buque fantasma, se encontrarán con varias sorpresas, sobre todo unos Caballeros Templarios listos para matar.
Tercera parte de la tetralogía de terror de Amando de Ossorio, que se completa con "La noche del terror ciego" (1971), "El ataque de los muertos sin ojos" (1973), "El buque maldito" (1974) y "La noche de las gaviotas" (1975).
Ahora la acción se traslada al mar, aunque el guión nos recuerde mucho al de la primera parte, las chicas se pierden misteriosamente, los amigos e interesados acuden a su rescate, y por último todos se las tendrán que ver con los monjes templarios al son de la música. Jack Taylor, Maria Perschy y una bella Bárbara Rey en su máximo esplendor físico, dan la talla adecuadamente en la adaptación marítima de la serie de películas del maestro. El presupuesto tan irrisorio como siempre, si llegó para las excelentes caracterizaciones de los zombies templarios, lo que clama al cielo fue la penosa maqueta del barco de playmobil con su posterior... llamémosle crisis, que desvirtua gravemente el resto de los efectos caseros efectuados.



“El Buque Maldito” es la tercera parte de la “Tetralogía Templaria” de Amando de Ossorio tras los éxitos de “La Noche del Terror Ciego” (1972) y “El Ataque de los Muertos sin Ojos” (1973), antecediendo en el tiempo a “La Noche de las Gaviotas” (1974). El título que nos ocupa probablemente sea el segundo más conocido de las cuatro películas tras “La Noche del Terror Ciego” (Amando de Ossorio, 1972), en especial en los Estados Unidos, donde llegó a exhibirse con el poco original título de “Horror of the Zombies”. Con sus defectos y virtudes, las películas de los templarios de Ossorio consiguieron el hito de ser exitosas en todo el mundo, una prueba de que si había un género exportable y reconocido internacionalmente ése era el fantástico. En especial durante la llamada “Época Dorada” del “Fantaterror”, los años comprendidos entre 1970-1975.


La idea detrás de “El Buque Maldito” parecía enormemente atractiva sobre el papel. Para ésta tercera entrega de la saga, Ossorio decidió llevar a sus templarios a alta mar, mezclándolos con la leyenda del “Holandés Errante”, el legendario barco fantasma que muchos marineros afirmaban haber visto navegar en aguas embravecidas y que tanto juego dio a la literatura, la pintura, la música y, naturalmente, el cine. Con el ejemplo más famoso en la aparatosa y en líneas generales temible saga de los “Piratas del Caribe” (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, Gore Verbinski, 2003) capitaneados por Johnny Depp.


Además de sus Caballeros Templarios, Ossorio contaba en su reparto con nombres destacados del “Fantaterror” de los años 70 como los de la bella actriz austríaca Maria Perschy o el estadounidense afincado en España Jack Taylor, presencia habitual del cine de Jesús Franco y presencia siempre agradecida en las películas en las que participa. Las bellezas Blanca Estrada y una Bárbara Rey cuando aún no había decidido convertir su vida en un “Circo” de “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”, además de las presencias de secundarios como Manuel de Blas y Carlos Lemos figuraban un reparto reducido pero solvente. Con una buena idea y un buen casting, ¿Qué podía salir mal?




Pues desgraciadamente muchas cosas. Empezando por unas limitaciones presupuestarias que lamentablemente Ossorio no pudo sortear tan bien como en sus dos películas “Templarias” precedentes, continuando por un ritmo lánguido y lleno de altibajos que acaba siendo lo que destruye el potencial de la película y terminando con un clímax final donde se ve más dolorosamente de lo que quisiera Ossorio que el buque que se incendia y se hunde es un barquito de juguete en una bañera llena de humo que simula ser niebla. Podemos decir sin temor a equivocarnos mucho que “El Buque Maldito” es la peor película de la “Tetralogía Templaria”.



A pesar de que sea la peor película de la saga, “El Buque Maldito” ofrece algunos (Pocos) alicientes para no desdeñarla absolutamente. Por ejemplo, varios apuntes atrevidos para la época sobre el más que probable lesbianismo de los personajes de Noemí (Bárbara Rey) y Kathy (Blanca Estrada), empezando por el comentario que la primera realiza a Lilian (Maria Perschy) de que Kathy y ella comparten el mismo apartamento y continuando por ese “Flashback” en el que vemos a Noemí y Kathy en el apartamento, en una escena con Bárbara Rey en ropa interior en la que observamos comentarios proclives a un doble sentido, toqueteos y una relación de “Maestra-alumna” (“No voy a ser siempre tu niñera”, dirá Noemí a una Kathy reticente a separarse por primera vez de su amiga precisamente para la maniobra publicitaria que desencadenará la acción de la película). No era ésta la primera vez que el lesbianismo se introducía en la “Saga Templaria”, como “La Noche del Terror Ciego” (Amando de Ossorio, 1972) atestigua..


Este “Flashback” que alivia el sopor que produce la película antecede a la mejor escena, la de la muerte de Noemí a manos de los Caballeros Templarios. Una larga escena en la que no falta nada: ruidos de viento y puertas que chirrían, música inquietante, neblina misteriosa, el chirriar que producen los movimientos de la lámpara, los Caballeros Templarios sin ojos levantándose lentamente de sus tumbas, su caminar lento e inexorable hacia Noemí, los gritos de la modelo al encontrarse con los Templarios, los cantos gregorianos de ultratumba compuestos por Antón García Abril convertidos ya en la carta de presentación de los Templarios, Noemí intentando huir de ellos sin conseguirlo e intentando pedir ayuda a la expedición dormida con su voz muda y estrangulada por los Templarios, los Templarios arrastrando a Noemí hacia la bodega. Una de las mejores escenas de la “Tetralogía Templaria”. Lástima que se produzca en la peor película.


Pocos elementos positivos más encontraremos en “El Buque Maldito”. Como los primeros planos de los Caballeros Templarios levantándose lentamente de sus tumbas listos para atacar a Kathy o el epílogo con los Templarios emergiendo de las aguas y llegando a tierra firme a punto de matar a Howard Tucker y a Lilian, congelándose la acción en un plano final con los Templarios sin rostro visible acechando a los dos humanos como si de alimañas se tratasen. También puede apuntarse la crítica hacia lo peor de naturaleza humana, aunque esta vez sin los apuntes políticos que tenía “El Ataque de los Muertos sin Ojos” (Amando de Ossorio, 1973), con el personaje del hombre de negocios que encarna Jack Taylor y que quiere ganar dinero con la arriesgada maniobra publicitaria en el mar (“Dos bellas muchachas en una lancha que ha soportado una travesía tan peligrosa para pequeñas embarcaciones. Ellas saben a lo que se exponen”), reteniendo además a Noemí contra su voluntad cuando las cosas empiezan a ponerse misteriosas con el encuentro ante el buque y siendo ésta violada por el esbirro Sergio (Manuel de Blas) cuando intenta huir de su cautiverio.


Para intentar suplir las carencias de medios, Amando de Ossorio recurrió a rodar las escenas en alta mar y en el buque con mucha niebla artificial y dotando a la fotografía de oscuridad, con halos de luces azules en algunos planos. Una estrategia que le sale más mal que bien y que se ve empañada por la evidente diferencia que hay de iluminación en diversos planos dentro de una misma escena, como la llegada de las dos modelos al buque con los planos de la lancha rodados como si de un día nebuloso se tratase (Y a veces con la niebla desapareciendo casi por completo) y los planos de las bengalas lanzadas en plena noche despejada. Una carencia de medios que produce como estocada final el ya mentado momento del incendio y hundimiento del buque, que nos retrotrae tristemente a los tiempos de la Serie más “Z”.


Aunque no sea muy afortunada, “El Buque Maldito” es un título que debe verse si se quiere analizar el “Fantaterror” de los años 70, con todas sus luces y sombras y sin adoraciones carentes de crítica. Una época de aciertos, errores, películas buenas, malas y ambas cosas a la vez, con personalidades que creían en lo que hacían al margen de sus tropiezos y producciones que se apuntaban a las modas del momento. Un tiempo, desde luego, bastante más entrañable y apetecible de explorar que los tiempos recientes.


La tercera entrega de la “Saga Templaria” plantea un interesante modificación en la mitología de los “Muertos sin ojos”. El escenario en que se desarrolla la acción pasa a ser el interior de un galeón fantasma, emparentándolos con el germano mito de “El Holandés Errante”. Así lo narraba Ossorio: “Sí, no sabía que hacer con los Templarios. ¡Que salgan otra vez de las tumbas! Entonces se me ocurrió la idea del buque fantasma, con una maldición que los obligue a vagar eternamente”.



El director prosigue: “Los alemanes habían recaudado mucho dinero con las dos primeras películas y me pidieron que realizara un tercer título de la serie. Yo les decía: Los he sacado a caballo, a pie... como no haga que vuelen. Sencillamente tenía el temor de repetirme, de hacer la misma película. Pero dándole vueltas me vino a la mente la leyenda del Holandés Errante. este es un hombre que sufrió el castigo de andar errando por los mares a causa de sus sacrilegios. Me pareció que el Holandés Errante era un personaje de la misma clase que los Templarios, igualmente condenados por sus actos sacrílegos. De ahí vino la ocurrencia de fusionar los dos mitos y convertir al navío del holandés en un bajel ocupado por los Caballeros Templarios. Entremezclar diferentes leyendas con algún aspecto análogo es algo que suelo hacer”.



La producción de “Ancla Century Films” destinó los mínimos medios económicos y técnicos para la realización de la película como recuerda Ossorio: “El rodaje, que lo hicimos en solo 18 días, se tenía que haber llevado a cabo en el Mar Menor, pero lo hicimos en el Pantano de San Juan. Lo que se suponía que era la cubierta el buque por donde suben las chicas era un decorado ridículamente pequeño. El barquito era una de esas maquetas de plástico que vendían para montar, costó unas 60 pts de entonces. En realidad tenía que ser una maqueta en condiciones que podían haber utilizado entre secuencias, como hice con el Castillo de Butrón. Ahora nos podemos reír, pero yo entonces sentía dramáticamente como aquello se me iba de las manos. Tu sueñas una cosa y haces un guión, el guión son los apuntes del sueño y cuando vas a hacerlo te encuentras con que nada de los que habías imaginado se lleva a cabo. Yo pensaba que con la intervención de los distribuidores alemanes se iba a solucionar algo de todo esto, pero nada...”.


Solo se construyó medio barco y cuanto este se incendia, queda perfectamente visible como se quema una pequeña maqueta. Ossorio no pudo hacer nada más que intentar realizar la mejor película posible con lo que había. “Sobre todo El buque maldito no fue ni maldito, ni buque ni nada... Aquello fue horroroso. Pero ya desde el principio. Empezando con que en vez de un barco me hacen medio. Nunca se ve un barco entero bien hecho. Sino una maqueta pequeña. Pero es que eso yo la admití. A mí no se me puede echar en cara que he hecho porquería a propósito. Quedé en eso y he cumplido. Ningún productor ha podido decir que lo he engañado


Jack Taylor recuerda lo bien realizado que estaba ese medio barco Templario: “El decorado más complicado en estas películas que hice fue el barco del El buque maldito. Un decorado precioso que se hizo allí en la Calle Embajadores, (Madrid).Es una pena que solo sirviera para ese momento nada más, porque era un barco precioso”


El actor norteamericano tuvo alguna que otra discusión con Ossorio en el rodaje: “Comencé muy bien con él, pero luego se enfadó conmigo. Terminamos muy mal en una película suya, El buque maldito. No fue culpa mía. Me dijo que le sobraban actores mientras me miraba y lógicamente me sentó muy mal”. La influencia de “El Buque Maldito” puede rastrearse en los fotogramas de “La Niebla” (The Fog, 1980) de John Carpenter. Al preguntarle por esto a Ossorio, contestó lo siguiente. “Los directores de películas de horror sin duda cogieron cosas del expresionismo alemán, e indudablemente durante las tres últimas décadas, el cine de ‘Exploitation’ europeo ha ejercido una gran influencia sobre los directores de horror americanos”.


El rodaje se produjo en Alicante (Exteriores), y en Madrid en los estudios Ballesteros, (Interiores). A pesar de que la película tiene licencia de estreno con fecha de 8 de Octubre de 1973, no llegó a las salas madrileñas hasta el 15 de Septiembre de 1975. Recaudó 12.440.177 pesetas e hizo un total de 330.440 espectadores.

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