La entrega de Joaquín Pérez Becerra al gobierno colombiano
¿Este es el antiimperialismo de Chávez?
Fuente Video: TvPTS
Fuente Nota: Fracción Trotskista - Cuarta Internacional




El lunes 25/04, el gobierno de Chávez terminó entregando al a Joaquín Pérez Becerra, ciudadano colombiano-sueco, solicitado por el gobierno colombiano como “terrorista”, por sus denuncias contra el régimen colombiano y por su supuesta filiación con las FARC, luego de haber sido detenido en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía el pasado sábado 23/04. Este hecho ha causado la indignación y repudio de una gran cantidad de organizaciones de izquierda en el continente, así como también en Venezuela, incluso muchas de ellas que apoyan a Chávez. No es para menos, es totalmente repudiable y detestable que el gobierno de Chávez, en nombre de alguna “unidad latinoamericana”, peor aún, con un discurso “antiimperialista”, trabe tan valiosa colaboración con el régimen que actualmente explota y oprime a las masas trabajadoras y pobres de Colombia y es un fiel sirviente del imperialismo.

“Chávez no titubeó”

No habiendo pasado más de dos semanas del pacto reaccionario Chávez-Santos-Lobos, con el acuerdo de Zelaya, para legitimar el régimen surgido tras el golpe de Estado proimperialista en Honduras (ver “Los buenos oficios del Presidente para estabilizar el régimen postgolpista en Honduras”, en www.lts.org.ve), Chávez vuelve a dar muestras de su “buena voluntad” para con los gobiernos reaccionarios y represores de la región, pues la detención de Becerra es, según los voceros de ambos gobiernos, producto de un “favor” que Santos le pidió directamente a Chávez. Con Joaquín Becerra, ya suman ocho los militantes o dirigentes colombianos detenidos por el gobierno venezolano y entregados en lo que va del año a solicitud del gobierno colombiano, por su nexos (reales o presuntos) con las guerrillas de las FARC o el ELN. Son parte de los “frutos” de los acuerdos para el restablecimiento de las “relaciones bilaterales” con el gobierno de Santos, continuador del régimen proimperialista, represor y asesino de Uribe.

Joaquín Pérez Becerra es sobreviviente de la camada de militantes que, en los ‘80, formaron parte de la Unión Patriótica como política de incorporación de las FARC al régimen burgués colombiano: como es sabido, las clases dominantes colombianas desarrollaron una sistemática política de aniquilamiento de dirigentes y militantes de esta organización política, sumando miles de asesinados. Huyó del país y se exilió en Suecia, donde tiene el estatus de exiliado político y la nacionalidad de dicho país, y dirige la red de noticas alternativas Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL). El régimen colombiano lo acusa de “concierto para delinquir, financiamiento del terrorismo y administración de recursos relacionados con actividades terroristas” y la INTERPOL –esa agencia policial organizada desde los gobiernos imperialistas– le libró pedido de captura.

Sin embargo, como señala un comunicado del Movimiento Continental Bolivariano (MCB), “¿acaso la INTERPOL se activa solo en Venezuela?”. Porque Pérez Becerra pasó por varios países y aeropuertos europeos sin ser detenido, precisamente por tener el asilo político sueco, y viene a ser justamente en Venezuela donde lo detienen. Las respuestas están en los acuerdos Chávez-Santos y en las propias palabras del presidente colombiano: “Le di el nombre y le pedí que si nos colaboraba con su captura”, y Chávez, “no titubeó”.

Colaborando con un régimen fundado en la sistemática represión, tortura, encarcelamiento y asesinatos contra las luchas obreras, campesinas y populares

Es sabido que el régimen vigente en Colombia, aún cuando se legitime en elecciones “libres”, actúa casi como una dictadura militar contra las luchas, organizaciones y militantes obreros, campesinos y populares. Es uno de los países con mayor número de asesinatos de dirigentes sindicales a nivel mundial y es, a su vez, el de mayor número de presos políticos en el continente. Según la organización de solidaridad con los presos políticos colombianos “Traspasa Muros”, actualmente hay unos 7.500 presos políticos, de los cuales 500 serían presos “políticos y de guerra” y el resto son civiles apresados bajo montajes judiciales: estudiantes, sindicalistas, maestros, artistas, poetas, ambientalistas, abogados, médicos, profesores, sociólogos, historiadores, investigadores, campesinos, líderes sociales, defensores de derechos humanos. En lo que se refiere a periodistas –que es la actividad central desarrollada por Pérez Becerra–, en los últimos 20 años han sido asesinados en Colombia 150 periodistas por razones políticas, tres de ellos en lo que va de 2011.

De esta manera se garantiza la dominación imperialista, terrateniente y burguesa sobre el pueblo colombiano. El propio Santos confiesa descaradamente que ese es su objetivo con la captura de Pérez Becerra: “ha sido el responsable durante muchísimos años de toda esa mala propaganda que le han hecho las FARC a Colombia en Europa”. A través de ANNCOL se denuncian las masacres, el paramilitarismo, los falsos positivos, las fosas comunes, etc. Por eso, dice Santos, “estábamos detrás de él hace mucho tiempo y por fortuna ya está a buen recaudo”… en manos del gobierno “antiimperialista” de Chávez.

La solidaridad con los trabajadores, campesinos y el pueblo pobre colombiano

Así, en las cárceles del Estado burgués colombiano se pudren miles de luchadores obreros, campesinos, estudiantiles y populares, que requieren del más elemental principio de solidaridad internacionalista no sólo de todos y todas quienes se consideren revolucionarios sino de cualquier demócrata mínimamente consecuente. Pero en lugar de exigir la libertad de estos presos del pueblo trabajador y pobre, Chávez entrega luchadores. Más aún, Chávez ha llegado ya incluso a pedir a los grupos guerrilleros que dejen las armas incondicionalmente, la simple rendición ante el Estado colombiano. Ni más ni menos que la exigencia del imperialismo yanqui, Uribe y Santos.

La mayoría de los presos y perseguidos en Colombia no forman parte de las organizaciones guerrilleras, sino de las organizaciones de masas y de lucha del movimiento obrero, estudiantil, campesino y popular. Los marxistas revolucionarios, aunque no compartimos el programa ni el método de las guerrillas colombianas, defendemos el derecho a la rebelión contra el Estado burgués, y en este caso particular al reconocimiento de las FARC y el ELN como fuerzas beligerantes. En el caso específico de estas organizaciones, no compartimos el programa reformista y utópico de “liberación nacional” mediante una “alianza” entre las masas explotadas y sectores “patrióticos” de la burguesía nacional, como es su llamado a constituir el “gobierno patriótico” junto a sectores explotadores. Tampoco convalidamos el método guerrillero que no apuesta a la autoorganización de las masas y el desarrollo de un poder obrero y popular mediante sus organismos de lucha y de autogobierno al triunfar la revolución. Pero también, coherentes con los principios del marxismo revolucionario, no reconocemos el “derecho” del Estado colombiano a monopolizar las armas y la violencia a favor de las clases explotadoras.

¡Abajo los pactos de Chávez con Santos y Lobos!

Esta ocasión es muy propicia para invitar a la reflexión a quienes aún confían en que de la mano del proyecto y el gobierno de Chávez se puede combatir consecuentemente al imperialismo y, más aún, al capitalismo. La heroica resistencia de los trabajadores, mujeres y pueblo hondureño, que ha cobrado, ¡y sigue cobrándose!, cientos de muertes, torturados y perseguidos, está siendo entregada hoy en el altar de la diplomacia “latinoamericanista” de Chávez. De igual manera los trabajadores y campesinos de Colombia enfrentan la más brutal represión, cárcel y asesinatos por luchar. ¿Se trata de “errores” o “inconsecuencias”? Nosotros creemos que en realidad se inscriben en la lógica de los regímenes que, aun con sus diferencias –que pueden ser grandes en determinados momentos–, son administradores de este sistema de explotación y opresión. Exigimos la inmediata libertad de Joaquín Becerra y de todos los obreros, campesinos y luchadores sociales y populares de Colombia.