Jorge González nació el 31 de enero de 1966 en El Colorado, hijo del matrimonio de Mercedes y Felipe, ama de casa ella, empleado de la construcción él, y que vivió con esa familia compartiendo lo poco que compartir se podía: un cuarto con sus hermanos (Plácida, Zunilda, Ricardo, Omar) y apenas la comida. Diría también que después de iniciarse a los nueve años en trabajos de los brutos cosechar algodón, desmontar monte cerrado a los 16 le propusieron integrar un equipo de baloncesto en un club de la vecina provincia de Chaco y él dijo sí. Que jugó en la selección argentina, fue elegido en el draft de la NBA, devino estrella de la lucha libre, viajó por treinta países, participó en la serie Los vigilantes de la playa, y que hoy vive en el pueblo que lo vio nacer sin poder caminar, solo y diabético. Y diría también que todo eso le sucedió a Jorge González por ser una criatura extraordinaria de dos metros y treinta y un centímetros de alto un gigante, y que a eso a esa altura le debe toda su suerte. Le debe toda su desgracia.
Un agente de la franquicia Atlanta Hawks vio a Jorge y le comunicó al dueño del equipo, el poderoso empresario Ted Turner, de la existencia de este muchacho formoseño, por entonces de 22 años, que medía 2, 29 metros y calzaba zapatillas número 56.
Entonces, Turner mandó un emisario a la Argentina para “arreglar condiciones” y llevarse a González a Atlanta, tras abonar 30 mil australes por su pase.
Al arribar a los Estados Unidos se convertía, hasta ese momento, en el “segundo jugador más alto” en la historia de la NBA, solamente `aventajado` por el sudanés Manute Bol, quien también falleció en junio pasado.
Sin embargo, Jorge no pudo adaptar su físico a las altas exigencias de la competencia en la Liga.
Pero en contrapartida, el formoseño fue tentado, entonces, para ingresar a la Federación Mundial de Lucha y competir así en los campeonatos Mundiales de la disciplina (WCW). Así, bajo el nombre de “Giant” González, se convirtió en luchador y se alejó del básquetbol.
En 1995, aquejado por una lesión en el nervio ciático que le impedía desenvolverse con normalidad, decidió abandonar definitivamente la lucha y regresó a Argentina.
En los últimos años, afectado por la gigantodromegalia, por la diabetes, y complicado económicamente, González se recluyó en El Colorado. Hoy, su cuerpo dijo basta. Sus familiares, amigos y el mundo del básquetbol ya lo extrañan.
Jorge González falleció el 24 de septiembre de 2010 en San Martín, Argentina, víctima de acromegalia (enfermedad parecida al gigantismo) y la diabetes, además de otras consecuencias de sus enfermedades como insuficiencia renal y otros diversos problemas de salud persistentes que no podían ser solventados debido a la mala situación financiera por la que el luchador estaba atravesando.
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