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Luces en los cielos, 65 años del mito OVNI


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De entre todas las pseudociencias hay algunas que sobresalen por la popularidad que han llegado a alcanzar, posiblemente, el más claro ejemplo es la ufología. La base de la ufología es la creencia de que seres extraterrestres nos están visitando a bordo de sus portentosas naves espaciales.

Todos hemos oído hablar de los OVNI. Cuando oímos esta palabra automáticamente pensamos en naves espaciales que provienen de otras civilizaciones. Lo cierto es que los OVNI existen, siempre y cuando seamos rigurosos y nos atengamos a lo que significan esas siglas, es decir, Objeto Volador No Identificado. Un OVNI simplemente es algo que vemos en el cielo y no sabemos lo qué es.

La cuestión que se nos plantea es si alguno de esos OVNI son naves de otras civilizaciones. Pero la verdad es que después de más de medio siglo de fenómeno OVNI, seguimos sin tener pruebas que lo demuestren. Que los OVNI sean naves espaciales de civilizaciones extraterrestres no es más que una creencia ampliamente extendida, pero que por desgracia no está sustentada en pruebas, en el mejor de los casos, lo único que hay, son testimonios. Más adelante veremos por qué los testimonios no son pruebas validas. Es por esto por lo que no pueden ser usados para sustentar afirmaciones sorprendentes, como lo es la de que estamos siendo visitados por extraterrestres.

Toda creencia, todo mito, tienen un origen y el mito de las visitas extraterrestres no es una excepción. Para encontrar su origen tenemos que remontarnos a finales de los años cuarenta del siglo XX. El 24 de junio de 1947, un piloto, Kenneth Arnold, estaba volando por la zona de las montañas Cascadas en el estado de Washington. Durante ese vuelo Arnold vio nueve OVNI, es decir, vio nueve objetos que no supo identificar.

Cuando Arnold explicó a la prensa lo que había visto, dijo que aquellos OVNI, “se movían como platos saltando en el agua“. Y esto es importante, porque Arnold nunca dijo que tuvieran forma de platillo volante. El mito de que hay platillos volantes se lo debemos al periodista que entrevistó a Arnold. Dicho periodista cometió el error de decir que los objetos vistos por Arnold tenían forma de platillos volantes, algo que Arnold nunca dijo.

El origen del mito de las visitas de los extraterrestres a este pequeño planeta no es más que el error cometido por un periodista. A partir de este momento la gente empezó a declarar que veía platillos volantes por doquier, lo cual pone en entredicho la fiabilidad de esos testimonios. Dado que los objetos que vio Arnold no tenían forma de platillo volante, ¿cómo es posible que de pronto todos los avistamientos hablen de platillos volantes? De ser naves de verdad, ¿estuvieron los extraterrestres esperando para ver que se decía de ellos en la prensa para así rediseñar la forma de sus naves? Ridículo, se mire por donde se mire.

El ejército estadounidense entra en escena

Estamos en la década de los cincuenta. La fiebre de avistamientos de platillos volantes coincide con la era McCarthy y su paranoia conspiracionista y anticomunista. La fuerza aérea de EEUU muestra interés por las observaciones de platillos volantes. Para el ejército la cuestión puede ser muy sería. ¿Y si esos supuestos platillos volantes son dispositivos desarrollados por la Unión Soviética? ¿Estarían los soviéticos violando el espacio aéreo norteamericano? Una pregunta inquietante y que de ser cierta necesitaría una respuesta por parte de los EEUU. Así pues, no resulta extraño que el ejército de EEUU ponga en marcha distintas investigaciones para tratar de averiguar que hay detrás de todos esos avistamientos.

Una de dichas investigaciones fue puesta en marcha por la fuerza aérea estadounidense, su nombre, el Proyecto Libro Azul. En este proyecto se estudian oficialmente los avistamientos OVNI. Esta investigación llegó a las siguientes conclusiones:

1. Los OVNI, investigados y evaluados por la fuerza aérea no dieron nunca indicio alguno de ser una amenaza para la seguridad nacional.

2. No ha habido ninguna prueba presentada ante la fuerza aérea, o descubierta por la misma, que indique que los avistamientos clasificados como no identificados representen adelantos, o principios tecnológicos, que estén más allá del conocimiento científico actual.

3. No ha habido ninguna prueba que indique que los avistamientos clasificados como no identificados correspondan a vehículos extraterrestres.

La conclusión es clara, los extraterrestres no nos están visitando. En el proyecto Libro Azul, se realizó una clasificación de la naturaleza de los distintos avistamientos de los que se habían tenido noticia hasta la fecha. El resultado es el que se muestra a continuación:

27,6% acontecimientos astronómicos
23,7% aviones
17,1% satélites
14,2% fraudes
9,6% insuficiente información
1,9% información en proceso
1,8% no identificados

Es decir, el 82,6% de los avistamientos tenían explicación, el resto, o no se sabe que fueron, o no se tenía la suficiente información, o todavía se estaba analizando. Es a este 17,4% restante a lo que se suelen agarrar los creyentes en las visitas extraterrestres.

Como esos casos restantes no se puede explicar, entonces deben haber sido naves extraterrestres, obviamente, este tipo de razonamiento no es más que una falacia lógica. Del hecho de que no sabemos que fue lo qué provocó esos avistamientos no se sigue que fueran naves extraterrestres, lo único que se sigue es que no tenemos la información suficiente para saber que era aquello que se observó, nada más.

A la luz de los resultados del Proyecto Libro Azul lo más lógico es concluir que de haber tenido la información necesaria habríamos explicado esos casos restantes. Pongamos una analogía. Imaginemos que tenemos una bolsa que contiene 200 bolas, entonces usted empieza a extraer bolas de la bolsa y observa que todas son de color rojo. Continúa hasta que ha extraído 164 bolas de la bolsa. Por lo que en el interior quedan 36 bolas, bien, ahora supongamos que usted está obligado a apostar sobre el color de las bolas que quedan en el interior de la bolsa, antes de apostar miramos a las 164 bolas que hemos extraído, y confirmamos una vez más que son todas rojas. Yo no sé usted, pero me parece que lo más sensato será apostar a que las bolas que quedan en la bolsa son rojas. Llegados a este punto, cambiemos “bolas en la bolsa” por “avistamientos de OVNI”, y bolas rojas por “casos explicados”, y observaremos que nuestra apuesta final es que los casos que quedan son explicables.

Tras los resultados del Proyecto Libro Azul, la fuerza aérea decidió, ya en 1966, dar por zanjado el asunto de los OVNI. Como hemos visto llegó a la conclusión de que no eran una amenaza para la seguridad nacional y ni mucho menos naves extraterrestres. No obstante, y para cerrar el tema por completo, las fuerzas aéreas contrataron a un grupo de científicos independientes dirigidos por el Dr. Edward U. Condon, de la Universidad de Colorado, para que se estudiara todos los aspectos del fenómeno OVNI. A este grupo se le conoció como el Comité Condon. Los resultados fueron demoledores. No es que sólo se concluyera que los OVNI no eran naves extraterrestres, es que además se reconocía que el estudio de los OVNI no había aportado nada a la ciencia, e incluso se recomendaba a los profesores que tenían alumnos con intereses en estos temas, que intentaran reorientar las miras de dichos alumnos hacia la astronomía y la meteorología.

La supervivencia del fenómeno OVNI

Como sabemos, los resultados arrojados por las investigaciones del Proyecto Libro Azul y del Comité Condon no pusieron fin a la creencia de que nos están visitando seres extraterrestres. Buena parte de la culpa la tiene la prensa sensacionalista y todos los que se han acercado a estudiar este fenómeno abandonando todo rigor y pensamiento crítico.

Uno de los argumentos más usados para contrarrestar los resultados de las investigaciones ha sido el argumento de la conspiración, es decir, los extraterrestres han llegado a nuestro planeta y han pactado con los gobiernos del mundo para ocultar su presencia. Pero con este tipo de argumentos las cosas no hacen más que complicarse. Por ejemplo, ¿cómo es que esta gente conoce dicho secreto? Este no es el único contratiempo al que tienen que hacer frente los creyentes en conspiraciones. Pensemos un poco, los extraterrestres viajan miles de años luz para llegar a la Tierra y una vez aquí pactan con los gobiernos para ocultar su presencia. Pero luego, por la noche, salen a pasearse en sus flamantes naves con todas las luces encendidas. Un comportamiento un poco tonto para unos seres que se supone que son inteligentes.

La falta de rigor y pensamiento crítico en todas esas supuestas investigaciones que concluyen que estamos siendo visitados por ETs, ha sido y sigue siendo, una buena fuente para que el mito no acabe por desaparecer nunca. No resulta muy difícil encontrar revistas, libros, programas de televisión, etc. donde se realizan afirmaciones tremendamente extraordinarias sin aportar las debidas pruebas que apoyen dichas afirmaciones. Un claro ejemplo lo tenemos en la creencia de que los astronautas vieron OVNI. Esta creencia se la debemos a George Fawcett. Fawcett compiló una lista de los supuestos avistamientos de OVNI por parte de astronautas, el problema, claro está, es que dichos avistamientos no apoyan la tesis extraterrestre. Algunas conclusiones que se incluían en la lista de Fawcett simplemente no se sostenían, es más, en algunos de los casos la información en la que se basan ha sido adulterada. El Dr. J. Allen Hynek, del Center for UFO Studies, llegó a la conclusión de que ninguno de los auténticos casos de avistamientos por parte de distintos astronautas tenían nada que ver con el fenómeno OVNI.

En resumen, las ganas de creer y la desinformación es lo que ha mantenido el mito más o menos vivo hasta nuestros días.

Los testimonios no son una fuente de información fiable

Podemos preguntarnos ¿qué es lo que separa a creyentes y escépticos en el fenómeno OVNI? La respuesta es que lo que los creyentes consideran pruebas para los escépticos no lo son.

Los defensores de las visitas extraterrestres suelen basarse en testimonios, ese es hasta la fecha el único tipo de pruebas de las que disponen. Pero estos testimonios no suelen ser aceptados como algo fidedigno por parte de los escépticos ¿por qué? ¿No será que los escépticos en lugar de escépticos son simplemente unos negacionistas? La respuesta es no. El problema es que los defensores de las visitas extraterrestres no han sabido aceptar lo que nos dice la investigación científica sobre lo falible que somos los humanos. La investigación psicológica ha puesto de relieve, y más allá de toda duda razonable, que no nos podemos fiar de los testimonios a la hora de intentar establecer que es lo que realmente sucedió. Nuestra memoria no es fiable, podemos recordar cosas que en realidad no sucedieron o que simplemente no eran así. El mero hecho de cómo se realicen las preguntas al testigo puede dar como resultado un testimonio, que poco, o nada, tiene que ver con lo que sucedió en realidad.

Hay multitud de estudios psicológicos que demuestran lo limitados y poco fiables que somos los humanos a la hora de recordar lo que hemos vivido. De entre todos ellos, el estudio realizado en 1974 por Elizabeth Loftus es todo un clásico.

Loftus realizó su investigación usando como objetos de estudio sus propios estudiantes. Para ello les mostró una película donde se ve un accidente de coches en un cruce.

Después de que hubieran visto la película Loftus les entrega dos tipos de cuestionarios. Ambos cuestionarios son idénticos salvo por un pequeño detalle. En la pregunta referente a cómo iban de rápido los coches que tienen el accidente, Loftus cambia una única palabra. En unos cuestionarios la cuestión era ¿cómo iban de rápido los coches que se estrellaron? Y en los otros, la cuestión queda como sigue ¿cómo iban de rápido los coches que se golpearon? Aquí es donde viene lo sorprendente. El simple y sencillo hecho de preguntar de una manera u otra cambia la respuesta que se obtiene. Los estudiantes que en su formulario se les preguntaba por los coches que se “estrellaron” realizaron una estimación de la velocidad mayor que la realizada en el otro grupo de estudiantes.

Pero el estudio todavía no había llegado a su fin. Semanas después Loftus les pregunta si había cristales rotos en la escena del accidente. Los estudiantes a los que previamente se les había preguntando por los coches que se habían “estrellado”, contestaron afirmativamente, pero la realidad era bien distinta, en la película no había ningún cristal roto.

Semanas más tarde Loftus vuelve a repetir la estrategia. En esta ocasión formula una pregunta sobre la velocidad a la que iba el coche que se saltó la señal de stop. Tiempo después Loftus les muestra dos fotografías del cruce donde se había producido el accidente, en una de ellas hay una señal de stop y en la otra no. Una vez visionadas dichas fotografías, Loftus procede a pregunta qué fotografía es la autentica. Una abrumadora mayoría selecciona la del stop como la foto verdadera. Pero la realidad es bien distinta, en el cruce no había ninguna señal de stop.

El estudio de Loftus pone sobre la mesa la falibilidad humana y el por qué los testimonios no tienen porque ser un retrato fiel de los hechos. No somos videocámaras digitales que graben todo lo que acontece delante de ellas. Y mucho menos podemos recordar con total fidelidad sucesos pasados.

Los testimonios no son fiables independientemente de quien sea la persona que da el testimonio. Hay una creencia muy extendida según la cual, el testimonio de un piloto es más fiable que el que puede dar cualquier otra persona, pero un piloto sigue siendo un ser humano, por lo tanto, sigue estando sometido a las limitaciones de nuestra memoria y de nuestra psicología, un piloto no lo habría hecho mejor que el resto en el estudio de Loftus.
El caso más famoso de la mitología OVNI

Si ha habido un caso dentro de la fenomenología OVNI que ha hecho correr ríos de tinta, ese, sin lugar a dudas, es el caso de Rosswell. Una vez más tenemos que remontarnos hasta mediados de junio de 1947. El ranchero Brazel encuentra unos extraños restos, a unos 13 kilómetros de la población de Rosswell, de lo que parece haber sido un accidente aéreo.

El descubrimiento de Brazel sucede varios días antes de que Kenneth Arnold tuviera su famoso avistamiento. Brazel vivía sin radio y sin acceso a medios de comunicación por lo que el incidente de Arnold le paso en principio completamente desapercibido.

Días después del incidente de Arnold, Brazel acude a un pueblo cercano. Allí se entera del asunto, y oye rumores de que el ejército pagará una suma de dinero a quien pueda suministrar los restos de algún OVNI. Por aquel entonces, como ya he comentado, se asumía que los OVNI podían ser artefactos de la URSS, de ahí el interés del ejército en recuperar y poder examinar los restos de algunos de estos artefactos, en el caso de que esto fuera posible.

La noticia de que un ranchero ha entregado los restos de un OVNI al ejército no tarda en llegar a los medios de comunicación. En ellos se recoge que el ejército ha recuperado los restos de un platillo volante. Empieza a montarse cierto revuelo y el general Ramey se ve obligado a hacer una declaración a los medios para aclarar la situación y calmar los ánimos. El general Ramey declara que los restos que encontró Brazel y que ahora posee el ejército pertenecían a un globo meteorológico de gran altura. Con este desmentido del ejército estadounidense, el caso pasó al olvido, al menos, durante los treinta años siguientes.

Ya en los años noventa, el caso de Rosswell vuelve con fuerza, está vez trae incluso un montaje donde parece que se está haciendo una autopsia a un extraterrestre. Los programas de misterio y las revistas esotéricas hacen su agosto. Este nuevo giro en los acontecimientos se basan en el testimonio de un hombre que aseguró haber visto los restos de cuerpos en lo que parecía ser otro accidente aéreo, según este testimonio, los cuerpos se hallaban a unos 150 kilómetros de donde Brazel había encontrado los restos del primer accidente.

Entre 1994 y 1997, el ejercito estadounidense hace público sus informes sobre el caso Roswell. Ahí descubrimos que el general Ramey había mentido en sus declaraciones, los restos que había encontrado Brazel en 1947 no pertenecían a un globo meteorológico. Dichos restos pertenecían a un artefacto del proyecto Mogul. La finalidad de este proyecto era espiar las pruebas nucleares que pudieran estar llevando acabo los soviéticos. Mirado en retrospectiva la mentira del general Ramey hace un flaco favor ya que fomenta el pensamiento conspiracionista. De todos modos resulta comprensible que por aquel entonces el general Ramey mintiera. Recordemos que estamos en plena guerra fría, que un general de los EEUU salga en los medios de comunicación reconociendo que tienen un proyecto para espiar el programa nuclear soviético, no parece buena idea.

En cuanto a los supuestos cuerpos de extraterrestres todo parece indicar que en realidad eran dummies que se utilizaron durante el proyecto Excelsior, el cual se llevó acabo entre 1954 y 1959. La finalidad de dicho proyecto era realizar saltos de gran altura para estudiar un nuevo sistema de paracaídas.

Si no lo veo, no lo creo

No es del todo difícil encontrar en los cielos cosas que no sabemos identificar. Pero si no sabemos que es ese “algo” que estamos viendo, no deberíamos concluir que es alguna clase de nave espacial extraterrestre.

El objeto que más alertas OVNI (en el sentido de nave espacial ET) ha desatado a lo largo de la historia es sin lugar a dudas el planeta Venus. Quizás esté pensando que eso no es posible, que nadie va a confundir un planeta con una nave extraterrestre, pero lo cierto es que así ha sucedido. No deberíamos subestimar a Venus, después del Sol y la Luna es el objeto más brillante de nuestros cielos y si lo observamos cuando está más o menos cerca del horizonte, entonces, pensar que estamos ante algo extraño no es tan difícil. Esto es algo que he vivido en mis propias carnes.

Hace unos cuantos años estaba empezando a disfrutar de mi primer telescopio. El reto era observar Venus, planeta que nunca había observado. Lo tenía todo planeado, sabía por donde y a que hora de la madrugada Venus se alzaría por encima del horizonte. Preparé el telescopio y lo único que quedaba era tener paciencia y combatir un poco el frío, para eso nada mejor que una buena taza de chocolate caliente. De pronto miro hacia la zona por la que debería estar Venus y veo un objeto tremendamente brillante y grande ¿qué es eso? ¿Quizá un avión? Posiblemente no, no se oía ningún ruido y el objeto parecía no moverse, era como si estuviera levitando. ¿Entonces qué? Antes de usar el telescopio seguí haciendo conjeturas sobre el extraño objeto, lo que tenía claro es que no podía ser Venus. Cómo iba Venus a verse tan brillante y tan grande, imposible. Al final usé el telescopio para averiguar que era aquel objeto. Y sí, como ya habrá deducido, el objeto era en realidad Venus. Tras esta experiencia no me extraña que multitud de gente vea Venus y no sepa lo que está viendo. Me sorprende que la mayoría de los que afirman que no se puede confundir un planeta con un OVNI (una vez más lo uso en el sentido de nave ET) no son astrónomos, ni profesionales ni aficionados, es más, a lo largo de su vida nunca han prestado la más mínima atención al firmamento.

Otros objetos que pueden producir avistamientos de OVNI son los satélites artificiales. Los satélites pueden producir un efecto ciertamente sorprendente. Imagine que está en el campo observando tranquilamente el cielo estrellado. De pronto se da cuenta de que hay algo que es como una estrella, pero que se está moviendo, no oye ningún ruido y tampoco se ve que esa pequeña luz tenga otras a los lados como debería ser en el caso de los aviones. Tampoco es una estrella fugaz, eso está claro. Mientras sigue intentando dar con la naturaleza de aquello que está viendo, entonces, sucede algo aun más sorprendente, la “estrella” que se movía simplemente se ha desvanecido, ha desaparecido, le resulta imposible localizarla. Esto es algo que pueden hacer los satélites. Los satélites no tienen luz propia, si los vemos es porque reflejan la luz del Sol. Dado su reducido tamaño, desde la Tierra aparecen como si fueran una estrella más, sólo que se mueven. Ahora bien, durante su órbita el satélite puede entrar en la sombra que proyecta la Tierra, cuando esto sucede, como es lógico, la luz del Sol deja de incidir en el mismo. Visto desde la Tierra lo que vemos es que esa “estrella que se mueve” ha desaparecido. Pero la realidad es que el satélite ha entrado en la sombra de la Tierra, eso es todo.

En el sitio web Life Little Mysteries han hecho una recopilación de los siete objetos que comúnmente se confunden con OVNI. De todos los mostrados, mi preferido, es sin lugar a dudas el vídeo de una peculiar nube que se observó sobre Moscú. Este tipo de fenómenos ocurre principalmente en las nubes conocidas como cirros. Estas nubes están compuestas por cristales de hielo y gotas de agua super-congelada. El agua super-congelada está a una temperatura por debajo del punto de congelación pero aun así se mantiene líquida. Cuando una de estas nubes es distorsionada, por el paso de un avión, o por una ráfaga de viento, o etc. el agua superfría puede evaporarse creando una extraña forma como si fuera un agujero. Aquí está el vídeo, la verdad es que es ciertamente impresionante:

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