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[Exposición] Crónicas de viaje (1): Coyhaique

Bueno compañeros, me decidí a aburrirlos un poco para mostrar las fotos de mi viaje al sur. La edición será cronológica y las fotos las iré subiendo por lugares, acompañadas de algunas palabras si es que logro darme tiempo de hojear el diario de viaje.

Les cuento un poco de la vuelta que di. Partí el 6 de Febrero en Coyhaique, carretera austral chilena


Bajé a Cochrane, después a Villa O'Higgins (al final del camino marcado en rojo en el mapa)

Crucé a Argentina por un paso poco habitual, que incluye atravesar Laguna del desierto para llegar a El Chaltén.


Desde el Chaltén fui a El Calafate, después volví a cruzar a Chile, a Puerto Natales.

Hice el circuito largo en Torres del Paine (9 días)


y terminé mi viaje en Punta Arenas el 6 de Marzo, con 3000 fotos, 8 kilos menos, unas ganas de seguir caminando que espero no se me quiten nunca y la felicidad del sur clavada en la cabeza.


Después de esta "breve" introducción los dejo con las primeras fotos del viaje y un recorrido mental no se que tan coherente:


Día 2 Coyhaique

La motivación del viaje era salir, escapar de la maldita urbe y su ritmo atrapante, de la cómoda rutina de quien se conforma con lo que le toco vivir, romper también el encierro mental de la tesis por fin terminada y dejar volar la cabeza mientras las piernas hacen lo suyo, caminar.

Coyhaique era, aunque sureña y aislada, una ciudad. Así que salí apenas pude de ahí, una mochila, agua y algo de comida, todo el día para caminar, lejos de la ciudad, de los autos, de la gente y sus palabras. Añoraba otro lenguaje, otra comunicación, no necesariamente más verdadera que la otra, pero sí más refrescante, más nutritiva para el alma, menos racional, menos consciente.

No llevaba ni 15 minutos caminados cuando lo vi, un Martin Pescador, encima de mi cabeza, posado en el cable de un puente con la tranquilidad del que sabe que nadie puede alcanzarlo. Magnífico, brillante, despierto, casi amigable. Una buena señal, ya estaba pisando terreno natural, aunque él estuviera posado sobre un cable de plástico, yo en mi cabeza ya estaba adentrandome en el límite de lo humano.





Caminar y caminar entre cerros y praderas, las nubes blancas y negras se disputan el cielo, llueve a lo lejos, las nubes pasan a una velocidad absurda, sol, llovizna, lluvia, sol otra vez y así. El viento acaricia los pastos largos y secos, remece los árboles, ilumina praderas y oscurece caminos. Todo esta vivo y se mueve, incluso mis pies, que me llevan más lejos cada momento. La locura me invade, recuerdo esta sensación, san pedro y otras plantas de los dioses, pero antes incluso, mucho antes de todo aquello, mis primeros paseos por el sur, caminatas solitarias por el bosque y por la orilla de los lagos del sur. El sur, siempre el sur, con esos cielos de ensueño, azules profundos y esas nubes majestuosas. No se ven cielos así en Santiago, no se sienten cosas así en la mitad de la ciudad. Para mi cabeza sedienta de un escape no hacen falta psicotrópicos... basta ese árbol, ese tronco y ese cielo...





Luego de tres horas de fantástica caminata llego al lugar donde se supone que iba, una reserva de huemules (Rio Simpson). Hay una pequeña subida, miro hacía atrás y me encuentro con esto





Es impresionante lo lejos que pueden llevarte tus propios pies, era yo el que había caminado todo eso. El mismo sedentario personaje que pasaba horas escribiendo frente a un maldito computador, que con suerte caminaba para subir al metro o la micro, estos mismos pies aburridos de estar ahí sin hacer otra cosa que sostener el peso de este abultado cuerpo, eran los que ahora me habían llevado ahí. Es impresionante darse cuenta de eso, creo que ese pensamiento me persiguió todo el viaje, mis propias piernas estaban hechas para caminar, pero para caminar en serio... vaya descubrimiento.



La pareidolia no me soltó en todo el viaje, en la cabeza algo ya había hecho "click", la puerta estaba abierta, un paso más cerca, un salto más cerca de la locura. Mientras los caballos y las ovejas pastaban a mi lado y el río corría un poco más abajo, las siluetas (humanas) de los árboles en la cresta de los cerros conversaban con las figuras que se formaban en las nubes.





Dentro de la reserva la cosa no pudo ser distinta, caminaba maravillado por los senderos admirando pájaros, plantas, cerros, nubes. Lo que se movía y lo que no, el sonido hipnotizante del agua que cae por entre las piedras, un concierto de pequeños Chercanes, el "silencio" del bosque atravesado de cantos de Pitíos y crujidos de árboles. Y como si todo no hubiese sido ya lo suficientemente mágico, al dar una pequeña curva para rodear un cerro se aparece un cóndor volando, no cerca, sino encima de mi cabeza...





Era joven (y quizá hembra), sin el collar blanco y con las alas no totalmente desarrolladas pero era después de todo un cóndor. Ave sagrada de muchos pueblos precolombinos, con sólo verla es posible entender el por qué, es tremendo animal, con ese vuelo inmóvil, majestuoso, como si volar le costara tan poco como respirar, lento y tranquilo, poderoso, una joya de la naturaleza... también me persiguió todo el viaje, la figura del cóndor...








Hay unas cuantas fotos más de ese día y esbozos en el papel, pero quedaré hasta ahí. Gracias a los que se tomaron el tiempo de llegar hasta aquí, espero sus críticas y comentarios como siempre. Saludos.
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