[Exposición] I, II & III: Partiendo
I: Ezeiza
Llegamos a Ezeiza alrededor de las 2 de la tarde. El día, a diferencia de lo que pronosticaban en el noticiero, estaba horrible. Cubierto, nublado, había mucha bruma y parecía que las nubes se iban a quedar un rato largo…. ideal para estar encerrado en el aeropuerto esperando el vuelo.
Luego de pasar la fastidiosa tarea de hacer seguridad y migraciones, que por suerte fue corta, llegamos a la puerta de embarque. El avión de Lufthansa estaba tapado por la manga, y como tenía ganas de hacerle un par de fotitos a ese Boeing 747-8 de dos pisos y exactamente 76,2 metros de largo (una mole por cierto), me di la vuelta hasta llegar al primer sector desde donde se puede ver bien el avión entero.
Desafortunadamente entre la ventana exterior y la que separaba la zona de espera de los vuelos, había un pasillito por donde ingresaban los recién llegados de las respectivas mangas… así que no se podía pasar, había que hacer la foto desde adentro, e incluir esos ventanales en la composición; además, el reflejo me molestaba para hacer la foto.
Pero, al ver que había un tipejo de seguridad parado ahí, sin hacer nada, se me ocurrió… “ah, por qué mejor no le pregunto si me hace la gauchada de dejarme pasar un segundo para hacerle la bendita foto al 747-8?”
Para mi desagrado, me contesta… “mirá, no te puedo dejar pasar... esta área es para los que llegan, cuando embarques ya vas a pasar por acá”. Pero el tipo no sabía que yo tenía que subir a ESE mismo avión, y la manga estaba del otro lado, así que no iba a poder pasar por esa zona. Me iba a perder la foto!
Le expliqué que tenía el vuelo de Lufthansa; ahí me miró con cara de lástima pero no hizo nada más.
¿Cómo explicarle el sentimiento de perderse una foto? Es como el nene de 5 años que no le compran el juguete que TANTO quiere.
Pensé... mejor me quedo un rato caminando por acá, con la cabeza gacha, y cuando le dé lástima verme con cara de resignado, me va a dejar pasar.
A los cinco minutos veo que abre la puerta y me dice… dale dale, hacelo rápido.
II: El des-sueño
Como era de esperar, el vuelo de Lufthansa salió en hora. Los alemanes se toman muy en serio su trabajo, a diferencia de Aerolíneas Argentinas que esa misma semana había cancelado 200 vuelos en Aeroparque; si, 200!
Me senté en la bendita ventana, mientras pensaba en las 13 horas y 20 minutos que me esperaban ahí adentro… y como había cuatro bebés sentados tres filas más adelante (porque a los pasajeros con bebés les guardan los primeros asientos enfrente de la pared próxima a los baños para que pongan los cochecitos y los críos puedan dormir, y dejar dormir al resto de los pasajeros…) tenía miedo de no pegar un ojo en toda la noche.
Una vez despegados, entre la bruma baja que había y las nubes, formaban una escena espectacular, así que saqué el teléfono del bolsillo (la cámara estaba arriba), y le hice un par de fotos a ese cielo.
Después, las nubes brindaban un festín para los ojos, estaban dispuestas de tal manera que parecía un mar… un mar de nubes. Más fotos para mí... ñam!
Ya el sol se me iba… marcaba el inicio de una noche bien larga y fastidiosa, de esas que querés simplemente adelantar el tiempo. Pero no fue culpa de los bebés; ellos durmieron como angelitos, simplemente el sueño no me acompañó esa noche, culpa de un acontecimiento imprevisto.
III. Hora rápida en Frankfurt
Fusilado, después de dormir solo una hora, un pasajero que tenía en la fila de adelante se le ocurrió descompensarse y se escuchó la voz del piloto decir algo de “medizin”.
Todavía no estudio alemán, así que solamente pude comprender que estaba en el horno, ya que un médico de entre los pasajeros se acercó y estuvieron asistiendo al tipo con un respirador por una hora y media…con las luces prendidas y hablando en voz alta… con lo cual, adivinen quien fue el desafortunado que perdió el sueño!
Por suerte se recuperó… no iba a ser cosa de que tengan que aterrizar de emergencia en alguna ciudad para descender al señor y yo pierda la conexión que tenía que hacer a Zagreb en sólo una hora. No podía perder ni un minuto.
Me despertaron para dar el desayuno… omelette con papas y tomate. La panza me demandaba comida, así que le entré como perro a la carne fría.
A la hora, estábamos descendiendo en Frankfurt…; primero pasó la ciudad de largo porque se ve que había tráfico aéreo y no le autorizaron aterrizar, pero que bueno que fue así, porque pude ver lo hermoso y simétrico de aquel territorio teutón… parecía un dibujo hecho a mano, el río serpenteaba y se abría camino por las distintas plantaciones… las casitas con techito rojo, absolutamente homogéneas, daban una sensación de paz y tranquilidad… de repente todo el cansancio se me iba. Sólo de repente, después volvió.
Ahhh, ¿te imaginás vivir ahí y salir a correr por la mañana? ; o salir a andar en bici contemplando todo lo verde, sobre todo en verano. Hermoso. El silencio del campo, y las ventajas de vivir en una ciudad, todo en un mismo lugar.
Finalmente aterrizamos en Frankfurt, con unos 30 graden’. Preguntando cada 100 metros y siguiendo los carteles, pudimos llegar a la puerta B-32 que nos llevó al bus que nos trasladó hasta el avión que iba para Zagreb… no había manga... no suele haberla en los vuelos cortitos.
Yo aproveché y les hice unas fotos con el celu a las moles de Lufthansa que estaban estacionadas en las mangas, listos para partir. Había un Airbus 380 que intimidaba!
En una hora y media de vuelo, donde fui mitad zombie mitad humano, estábamos en Zagreb… pero esa es otra historia.

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