[Exposición] V: Trencito a Bled
V: Trencito a Bled
A las 12.35 salía el tren desde la modesta estación central de Zagreb, hacia Villach, Austria. Luego de una buena croissant con un café con leche como todas las mañanas, partimos hacia la estación para tomar el tren, arrastrando las valijas tres cuadras (estaba muy cerca del hotel).
Me sorprendió la cantidad de mochileros que había… lleno de ingleses y franceses. Claro, para ellos es todo tan barato y tan cerca… no tienen que cambiar ni siquiera el horario; hacen unas horitas y van paseando de ciudad en ciudad, riendo y disfrutando de la juventud.
El tren lo encontré bastante interesante, si bien era un tren evidentemente del siglo pasado, era muy cómodo. Cada vagón estaba compuesto por compartimientos, en los que entraban seis personas. Los billetes que compramos eran sin numerar, así que nos podíamos sentar en cualquier lugar.
Como en todos había gente, nos decidimos por sentarnos al lado de dos ingleses que no intercambiaron palabra… estaban muy ocupados con sus teléfonos celulares. Uno de ellos, el más morochito, bien delgado, entendía un poco el español, así que cuando se dio cuenta de que estábamos comentando algo de ellos, se unió a la conversación y dijo “soy de England”. Eso fue todo, después volvió a su teléfono.
Ni bien empezó a circular, ya me puse contento; me encantan los trenes. Este tenía un pasillo con ventanas bajas que estaban abiertas, lo cual era ideal para hacer fotos en el trayecto, y al descubrir que había otro compartimiento vacío, cacé la cámara y me mandé.
Ahora podía alternar las vistas, porque de los dos lados del tren habían ventanas, y encima estaban abiertas, nada de reflejos molestos. Corría un aire estupendo, la temperatura rozaba los 20 grados. Mi felicidad se manifestaba a cada segundo.
Bien cómodo, y absolutamente solo en el camarote de seis personas, me puse a escuchar el álbum “Rosenrot” de Rammstein, como hago siempre que estoy en un tren, y a disfrutar de los paisajes con la cámara en mano. El sexteto teutón va muy bien con los trenes europeos.
Play si quieren darle música tranquila al relato; es el último tema del disco. Recomendaría más un "Benzin", pero si tienen que leer los va a desconcentrar un poco. Cuando terminen prueben ver las fotos con Benzin de fondo, les va a dar una idea de la experiencia que les contaba
Cada tanto se entreveía un río transparente entre los arbustos, pero era difícil hacer la foto porque se cruzaban muchos carteles y postes en el medio… el tren iba demasiado rápido.
Desde el pasillo me desconcentró la presencia de una blonda que estaba sentada en el compartimiento contiguo; rizos bien dorados, ojos azul zafiro y cuerpo delgado. Era turista, debía de ser holandesa o de algún país del norte de Europa, por la contextura física y los rasgos. Ella dormía tranquilamente, así que podía contemplarla sin inquietud.
No suelo detenerme a observar a esa escala… pero era de esas mujeres que te hacen replantear la vida con solo mirarlas; son pocas, pero las hay.
El tren paró de repente en una estación. Aproveché para hacer fotos desde la ventana, jugando con las líneas de los cables de electricidad. Estuve un buen rato haciendo fotos… me empecé a preocupar, tal vez se había averiado el tren y nos íbamos a quedar varados ahí.
Me equivoqué; consulté el mapa en el teléfono y me di cuenta de que estábamos en Eslovenia, justo habíamos pasado la frontera con Croacia. El pueblito donde estábamos se llamaba Dobova.
De repente apareció una morocha en el pasillo y nos dijo “passport please”. Nos puso el sello de salida croata, aparecían las silgas “HK”, abreviatura de Hrvatska.
Después entró un señor con mal humor y nos volvió a pedir los pasaportes… esta vez era la policía de Eslovenia, nos puso el sello de entrada al país. Se leía “28 de julio del 2015”.
Luego arrancó el tren… habíamos perdido cerca de media hora detenidos ahí, en Dobova. Por fin, eran las 13:30 y mi estómago ya empezaba a hacer ruido… inteligentemente habíamos comprado sándwiches de jamón, queso, lechuga, tomate y mayonesa en la estación de Zagreb, los cuales nos pusimos a comer delante de los ingleses que nos miraron con cara de asombro…
Me parece que se dieron cuenta de que ellos podrían haber hecho lo mismo y no les gustó nada… aunque no dijeron ni mú.
El tren pasó por Liubliana, capital de Eslovenia, donde estaríamos más adelante, pero nuestra parada era la estación Lesce.
Los trenes en Europa suelen atravesar distintos países, y tienen varias paradas a lo largo del recorrido… a veces paran en ciudades, otras veces en pueblitos, pero siempre suelen tener bastantes paradas. Nosotros no íbamos hasta Villach, en Austria (estaba ahí nomás igualmente), sino que nos bajábamos en Lesce, que es la estación del pueblo de Bled.
A menos de diez kilómetros de Lesce nos esperaba un lugar mágico y único… un pueblito llamado Bled, con un lago de otro planeta.

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