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[Exposición] VII: Skoda y el Lago Bohinj







VII: Skoda y el Lago Bohinj


Al otro día de haber llegado a Bled en tren, y de haber dormido nueve horas ininterrumpidas, me levanté y corrí las cortinas de la ventana de mi habitación. Como era de esperar, lloviznaba ligeramente. Podía ver la lluvia a través de los tantos pinos que cubrían el hotel.


Luego del sagrado desayuno, nos fuimos al Hotel Krim en el centro del pueblito, para alquilar un auto. Al parecer, no era en el Hotel Krim donde teníamos que retirar el vehículo ya abonado por internet… era en Avant Car, a una cuadra de ahí, así que nos tuvimos que mojar un ratito más; no habíamos llevado paraguas.


Después de subir un par de escaleras ya que la calle era cuesta arriba, llegamos a la agencia de autos, y nos encontramos con que el local estaba totalmente vacío. ¿Dónde estará la gente esta?


La agencia compartía el local con otra empresa la cual no recuerdo el nombre, pero afortunadamente había un joven sentado en su despacho a quien interrogamos.


- “¿Avant Car?... no, it’s closed”

- Pará, pará, pará…. ¿cómo que it’s closed?

- Yes, it´s closed.


¿Y ahora?


Por suerte lo convencí de que llamara a algún representante para que venga a atendernos... el vehículo ya lo teníamos pago y se suponía que debía de haber alguien para entregárnoslo a esa hora.


Estuvimos media hora esperando que venga algún representante de la agencia de autos, pero mientras tanto charlamos con el muchacho que nos hizo el favor de llamar.


Le saqué mucha información acerca de los atractivos que ofrece Bled y Eslovenia, así que nos vino muy bien la demora para orientarnos un poco.


Yo había investigado que había un lago llamado Bohinj, al suroeste de Bled… a unos 45 minutos. Él me terminó de confirmar que era un lugar que valía mucho la pena conocer.


“¿Bohinj Lake? Oh, it’s beautiful, you’re gonna love it”


Entre toda la cháchara, y cuando menos lo esperábamos, entró en la oficina un joven alto, rubio, de ojos celestes, con el peinadito bien arreglado a la nueva moda, el pelo bien desmechado y cuidado. Llevaba una remera con cuello en V, negra, bien ajustada al cuerpo. Cualquier mujer se hubiese derretido al verlo, admito que tenía su atractivo. Mascaba chicle y no pareció importarle haber llegado tarde, lo noté muy relajado.


Comenzó todo el papelerío, pasaporte va, pasaporte viene, licencia de conducir, confirmación de pago, dirección (ya que no figura en el pasaporte…), contratación del seguro contra todo riesgo por día (costaba 12 euros por día… nos pareció barato tomarlo antes que tener un futuro disgusto por haber rayado o chocado el auto), que el sticker que se pega en el auto para no pagar el peaje, que los papeles del auto están en la guantera, que esto y que lo otro, terminamos perdiendo una hora. Igualmente estaba lloviendo, no es que teníamos ganas de mojarnos…








Por favor pongan play para ambientar!


Y acuérdense, si encuentran errores de ortografía o de sintaxis, avisen!











Luego de almorzar una trucha con mix de verdes, con toda la vista del lago Bled desde el Hotel Triglav, contemplando la lluvia que caía sin cesar generando pequeños puntitos en el lago, por fin dejó de llover… al menos por un rato.


¿Qué hacemos… vamos al lago Bohinj con este clima, o esperamos hasta mañana a que mejore un poco?


“Mejor vayamos mañana que dicen que va a estar soleado.” Aunque… antes que estar acá sin hacer nada, es preferible ir hoy, porque nunca dejes para después lo que puedas hacer hoy. Esta frase la tendría que tener presente todo viajero.











Así que nos fuimos nomás, cargué el mapa en el teléfono para guiarlo a mi viejo como siempre hago, y partimos al sur hacia un tal lago Bohinj.











En el camino nos cruzamos con paisajes espectaculares, más teniendo en cuenta que las nubes que se instalaban entre las montañas verdes, a una altura muy baja, le conferían al panorama un toque especial… resultaba todo tan llamativo!


Yo iba guiando a mi viejo con el teléfono… “doblá a la izquierda, ahora seguí derecho que va a haber una curva para la derecha…”, pero también cada tanto foteaba desde la ventana.


- “A ver, andá más despacio que acá tengo algo muy bueno para fotografiar”
- “No puedo ir más despacio nene, tengo autos atrás y me van a pasar por encima”


Bueno entonces, puse el modo Tv, con una velocidad de 1/640 para evitar trepidaciones, y como de costumbre, traté de encuadrar al paso y mantener el horizonte recto. El problema es que casi siempre las fotos salen sobreexpuestas, porque el sol está arriba y al hacer foco en las montañas, la cámara expone a la luz de las montañas. Por eso, elegí una exposición óptima y usé el modo manual.











Luego de una sobredosis de verde, llegamos a un lugarcito donde había lugar para parar. Había una pequeña casa rodante estacionada junto a la ruta, con patente italiana. Seguimos el ejemplo de los italianos, y paramos unos minutos a descansar.











El lugar era encantador, el río Sava, que es un brazo del lago Bohinj, serpenteaba alrededor de la ruta, formando una “S”. Había un trampolín de madera desde el que se tiraban dos nenitos de aproximadamente 8 años de edad, bajo el aliento de sus padres que los animaban a saltar. El río, de color verde claro, invitaba a eso. Miré para el lado opuesto y se veían unas casitas con sus tejados, al borde de la ladera del río. Para donde mirara era encantador.











Después de pasar por un campo donde descansaban tranquilamente tres vacas, moviendo sus colas sin nada que hacer, apareció un cartel diciendo: “Dobrodosli Bohinjsko Jezero”, o en criollo “Bienvenidos al lago Bohinj.”


Estacionamos el Skoda rojo en un parking que había ahí, y caminamos dos cuadras hasta el lago. Era, como me había confirmado el joven de la oficina de Avant Car, impresionante.











El color del lago era inmejorable, era un verde que te hacía dudar de los sentidos visuales. Los botes estacionados en la orilla del lago se reflejaban en el mismo convirtiendo el lago en un espejo, los patos pataleaban en cámara lenta, y las nubes… las nubes eran casi protagonistas de la escena, se reflejaban en el lago de tal manera que decían “acá estoy yo, olvídense del lago”, haciendo de ello una escena perfecta, ideal para la foto.

















Y bueno, no quedó otra que agarrar la cámara y gatillar. Cuando vi la foto en la pantalla de la cámara, pensé “nooo, que buena foto!”, y me emocioné tanto que me puse a reflexionar sobre los lugares que se pueden conocer alrededor del mundo… a veces uno se va de esta vida sin haber visto nada, es una pena.





























Eran cerca de las 5 de la tarde, ya era hora de volver. La tarde estaba ideal para llegar sin apuro y merendar una torta bled, con un café con leche.





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