[Exposición] XIII: Montenegro
XIII: Montenegro y el cambio
Debíamos abandonar Eslovenia para continuar nuestra ruta por los Balcanes. Después de hacer el check out con la recepcionista del hotel, una señorita en sus veintitantos, de ojos celestes, pelo castaño y cutis perfecto, nos sentamos a esperar el taxi que nos llevaría hasta el aeropuerto.
Mientras esperábamos, charlé con dos parejas de amigos estadounidenses; unos eran de San Francisco y los otros de Los Ángeles. Habían estado en Dubrovnik, me hablaron maravillas del lugar… al otro día iban a ir al lago Bled, así que hice lo mismo destacando las cualidades de la zona… lástima que se iban a quedar solo dos días en Eslovenia así que mucho no podían ver.
Simpáticos los yanquis, hablamos de viajes, de la vida personal de cada uno… les conté que planeaba recibirme en ese mismo año, hasta me preguntaron en que me voy a especializar: P.I. le dicen ellos, es lo que nosotros conocemos como Daños y Perjuicios.
Habremos estado charlando como 20 minutos, cuando me avisaron que llegó el taxi… los yanquis hicieron un gesto de apesadumbrados, se ve que estaban entretenidos charlando conmigo y no querían terminar la conversación.
El vuelo de Liubliana a Podgorica, capital de Montenegro, se retrasó 45 minutos. Estaba previsto para las 17:30, pero terminamos embarcando a eso de las 18:15.
El sol se quería ir, y nosotros no queríamos que se vaya; es feo llegar a un lugar de noche. Sea donde sea, siempre transmite la impresión equivocada, y esta vez no fue la excepción. El vuelo debía durar 1 hora… de Podgorica debíamos tomar un taxi hasta Rafailovići en Budva, en la costa adriática, así que desde el aeropuerto de Podgorica hasta Rafailovići, había 1 hora y media más en auto, que junto con el vuelo serían casi 3 horas en total.
Con lo cual, íbamos a llegar de noche, era una realidad. Ni bien aterrizamos en Podgorica, el piloto anunció la temperatura: 33 grados. Un cambio importante teniendo en cuenta el clima fresquito de Eslovenia. Apenas salí del avión esos grados demás pegaron fuerte… ahí me acordé del mar que me esperaba al otro lado de las montañas.
Luego de regatear el precio del taxi, partimos en coche camino a Rafailovići. Ya estaba por oscurecer. El atraso del país en comparación con Eslovenia, se notó apenas salimos a la ruta; ésta estaba en estado muy pobre, y los coches que se veían tenían ya un par de años. Los pastizales estaban todos amarillos, se nota que no llueve mucho en verano. Los caminos descuidados y sin luces, gente vendiendo verduras en carros ambulantes, las señalizaciones casi inexistentes…
Empecé instantáneamente a extrañar Eslovenia… ese lago Bled, los paisajes, la gente, la comida, lo verde, el estado de las autopistas y de las rutas… la verdad es que quedé maravillado con el país, nunca pensé que me iba a gustar de esa manera. Montenegro no me inspiraba mucho, además al llegar de noche no pude apreciar nada, eso me tiró el ánimo un poco abajo.
El taxista empezó a esquivar autos y a adelantarse en la ruta como un piloto de fórmula uno…. la tenía bien clara. Después nos mostró en su iPhone 4 unas fotos de él con un trofeo en la mano… había salido campeón de Rally en su país. Ahí entendí todo.
En lugar de ir por un túnel que hay en la costa, optó por el camino de montaña… (de hecho nos preguntó en un inglés muy básico que preferíamos, pero no terminamos de entender bien y le dijimos “no túnel, no túnel”), así que se mandó por la montaña con una sonrisa bien marcada.
El sol ya se había ido, y este loco agarraba las curvas a toda velocidad, apagaba y prendía las luces altas cuando terminaba la curva, y nos mostraba fotos mientras manejaba. Un personaje.
Luego de 20 minutos de curvas, llegamos a la costa sin marearnos. Agarró las curvas de tal manera que no se sintió nada, un piloto con todas las letras. Llegamos incluso antes de lo previsto… acortamos camino por la montaña.
Comida liviana y a dormir, se me cerraban los ojos del cansancio.

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