[Exposición] XV: Perast y Kotor
XV: Perast y Kotor
La noche del lunes 3 de agosto habíamos arreglado con María, de recepción, para alquilar un Skoda (esta vez en Montenegro), por un día, para ir a Perast y a Kotor, localidades que se encuentran a una hora de Rafailovići.
El Skoda debía de estar en la puerta del hotel para las 11 am del día siguiente. Después de tener un mal desayuno (no tenían tostadora de pan y el café con leche estaba frío), me pasé crema y me puse la maya, planeaba entrar al mar durante el día en algún lugar del trayecto.
El Skoda, no solo que no estaba en la puerta del hotel, sino que era un modelo del año 2010… gasolero, con el tanque cargado hasta 1/4, y muy descuidado.
Habíamos pedido un auto nuevo, con aire, con el tanque lleno y que sea naftero, porque en la montaña cuesta subir. Nada de lo que pedimos…. ¡no hay trato!
Como era barato, pedimos un taxi para ir hasta Perast, trayecto que duró una hora. En el camino, precisamente en Budva, había un tráfico infernal.
Claro, como hay una sola ruta que bordea el mar y que conecta todas las playas, en un día de verano, el tránsito era insoportable. Por suerte después de pasar Budva se liberó, y fuimos más tranquilos.
El paisaje es impresionante… montañas altísimas que irrumpen en el mar de manera abrupta, por eso no hay mucho espacio para construir… los hoteles y departamentos en los balnearios se hacen todos compactados, no hay espacio para nada.
Llegamos a Perast con 37 grados centígrados. El calor, hacía todo insoportable… costaba caminar, respirar, y hasta pensar. Pero cuando vi ese casco antiguo, esas dos islitas en el medio del mar, y esos tejados anaranjados que junto con las montañas de fondo conformaban un marco extraordinario, me olvidé del calor.
La gente almorzaba en los restaurantes que había al aire libre a orillas del mar; un señor comía unos mejillones con salsa provenzal que me hicieron derramar saliva. Si, tenía mucha hambre, eran cerca de las 13:00 y mi estómago me pedía a gritos algo que deglutir.
Luego de almorzar, subí solo a la torre de la iglesia. Costaba un euro. De las vistas alucinantes me separaban varios escalones… a veces había que agachar la cabeza en un par de tramos porque la verdad es que se caía a pedazos, pero cuando llegué arriba de todo, después de haberme tropezado como un tarado con un escalón, valió la pena.
Imponentes vistas del pueblo de Perast… un marco que no se olvida fácilmente.
Luego de bajar, pedimos otro taxi para ir hasta Kotor, una impresionante bahía donde el mar se fue metiendo y creó la apariencia de un lago. Cuenta con un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El calor, ya a las 3 de la tarde, era tan intenso que honestamente solo quería estar encerrado con aire acondicionado mirando el techo. Pero había que hacer el esfuerzo, recorrimos el casco antiguo en media hora.
Del otro lado del casco antiguo, en la montaña, hay una fortaleza que tiene 1400 escalones, que ofrece las mejores vistas de Kotor.
¿Las quieren ver?
Vayan a subir ustedes, yo no daba más.

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