[Exposición] XVI + XVII: Dubrovnik
XVI: Llegada a Dubrovnik
La estancia de cuatro noches en Montenegro pasó más rápido de lo que esperaba. Me levanté contento, sabiendo que me esperaba un nuevo destino… siempre es lindo irse de un lugar a otro, por más que el lugar que se deja atrás sea el más lindo (no era el caso igualmente).
Habiendo acordado el precio, partimos en un Skoda blanco hacia Dubrovnik, el destino final del viaje. Lo manejaba una señora entrada en años, muy silenciosa por cierto, casi no intercambiamos palabra durante todo el trayecto. Su cabello era rubio, pero se entreveían un par de canas. Llevaba anteojos blancos y tenía el asiento muy cerca del volante… prestaba mucha atención a lo que sucedía alrededor, revoloteaba los ojos por todos lados. No se cómo hacía para manejar con semejantes tacos.
El aire acondicionado estaba a pleno… la temperatura marcaba 34,5 grados. Afuera, un señor se abanicaba con una especie de revista, y al mismo tiempo respiraba hondo tratando de apaciguar el calor… realmente estaba caluroso, tenía toda la remera mojada.
Atravesar Budva fue insoportable... la calle principal estaba cortada y había un tránsito infernal, nos tomó una hora hacer 20 km. Ya me alegraba la idea de tener que cambiar de destino, y sobre todo la de dejar atrás a la caótica Montenegro.
Cuando llegamos a la bahía que se encuentra pasando Budva, yendo hacia Kotor, nos cruzamos en ferry con el auto y todo para no tener que darle toda la vuelta a la bahía... de esa manera nos ahorrábamos una hora evitando pasar por Kotor y Perast.
Puente no hay, así que es la única manera de cruzar el mar. El ferry tardó cerca de 10 minutos en cruzar hasta el otro lado; parecía que ni se movía.
Luego de pasar la frontera con Croacia, habiendo dejado para siempre atrás a Montenegro, el cambio se notó en seguida. De vuelta a la civilización, caminos nuevos, bien mantenidos, carteles indicando los pueblos y los kilómetros... ambiente mucho más tranquilo y nada de tráfico. ¡Cuánto había extrañado Croacia!
Luego de guiar a la señora el camino hacia el hotel con Google Maps (ella era de Montenegro y no tenía idea de donde estaba), llegamos por fin, luego de 3 horas por reloj, a Dubrovnik.
XVII: Primeros pasos en Dubrovnik
A esta gran ciudad se la conoce como la “Atenas dálmata” o “la perla del Adriático”, ya que es el punto turístico más importante del mar adriático. Y eso se nota enseguida, está atestada de turistas… más de lo que uno quisiera.
La calle principal del casco antiguo, llamada Placa, parece un hormiguero. Con sus pisos de mármol, en la antigüedad solía ser un canal que separaba la ciudad en dos partes, pero en el siglo XII se rellenó y pasó a ser la arteria más importante de la ciudad.
Hoy en día lo sigue siendo, cientos de turistas la caminan todos los días; en ella podemos encontrar restaurantes, bares, locales de todo tipo, iglesias, teatros, etc. Es el corazón de la ciudad.
El día que llegamos, salimos a recorrer el “Stari Grad” (el casco antiguo) a eso de las 6 de la tarde; el calor era tal, que si salíamos antes nos iba a fusilar. Aprovechamos para tomar un barquito a las 8 de la noche para ver el atardecer desde el mar… pero el sol ya se había ocultado detrás de la muralla; solo pudimos ver pinceladas en el cielo.
Los pájaros revoloteaban encima mío; aprovechaban los últimos minutos de luz que quedaban. Luego de una charla amena con el capitán que estaba sentado en la popa y manejaba un timón improvisado con el pié, llegamos al puerto con la luz de la noche… el sol ya se había despedido.
Cenamos en un lugarejo del casco antiguo que nos recomendó el capitán, a media cuadra de la calle Placa; no defraudó. Al salir a la calle me impresionó la vida nocturna que tiene la ciudad… muchos jóvenes con ganas de divertirse pero también vi mucha gente mayor… veo que en Dubrovnik las edades no importan, allí el tiempo parece detenerse para todos.
Si no hubiese hecho tanto calor estaba para tomar algo al aire libre… pero yo ya estaba transpirando; detesto el calor en la noche.

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