[Exposición] XX: Vuelta a casa
XX: Vuelta a casa
Llegó el día de irse. A decir verdad, ya estaba agotado de tanto viaje y traqueteo… cambiar cada tres días de destino y hacer excursiones largas cansa más de lo que uno creería. Ya tenía ganas de volver.
Esas dos semanas, rindieron como 5400 años luz. Es increíble cómo rinde el tiempo en un viaje… con la rutina de todos los días las semanas se pasan como si nada. Allá, el tiempo pasa lentísimo… pareciera que salimos de Buenos Aires hace meses.
Extrañaba dormir en mi cama… los amigos, los familiares dejados atrás, mi hermosa ciudad, el trabajo (aunque no lo crean), nuestras comidas, personas que no se si volvería a ver, y hasta tenía ganas de volver a empezar la facultad y recibirme de una vez. Extrañaba la rutina… me hace sentir bien.
Luego de tomar un cafecito con el mánager del hotel que resultó ser turco (se había armado un quilombo bárbaro que no viene al caso… nos colgamos hablando como 45 minutos), partimos hacia el aeropuerto de Dubrovnik, para hacer la conexión en Frankfurt y tomar el vuelo hacia Ezeiza, justo donde empezamos.
El vuelo a Dubrovnik ni se sintió; duró una hora y cuarenta y cinco minutos. Durante el vuelo charlé con un japonés que vivía en Doha… estaba ahí por trabajo. Pobre, el calor que le esperaba al llegar. Le pregunté qué tal Japón, me encantaría ir algún día a Tokio. Me habló maravillas de su país. Viajaba con la mujer y sus dos hijos varones.
Cuando aterrizamos en Frankfurt, no aprecié las cosas de la misma manera que a la ida. El sol se estaba por poner, eran cerca de las ocho de la tarde, y el aeropuerto se veía bastante apagado… era por la hora, claro está. Miré al cielo y habían seis aviones en el aire haciendo cola para aterrizar. El movimiento que tiene este aeropuerto es descomunal.
Tuvimos que hacer todo a las corridas, porque el vuelo a Buenos Aires salía dentro de una hora y la conexión nuevamente era muy justa; igualmente llegamos bien, había un grupo de egresados que todavía estaba haciendo los controles de seguridad, así que salimos con unos minutos de retraso.
Mientras volaba ya en el 747, me puse a hacer la limpieza de las fotos en la cámara.
Me llevo a casa tantos buenos momentos, unos paisajes increíbles, culturas nuevas, gente maravillosa, sabores de película, anécdotas especiales y lecciones de historia…; todo esto significa viajar. No es solo pasarla bien, es una experiencia de vida que te hace crecer.

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