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12 Técnicas Y Aparatos De Tortura Medievales


12 Técnicas Y Aparatos De Tortura Medievales


La cuna de Judas
Una terrible tortura medieval en la cual la víctima sería colocada en un asiento con forma de pirámide. Los pies de la víctima se ataban de tal forma que mover una pierna obligaría a la otra a moverse también, incrementando el dolor. el pico triangular al final de la cuna de Judas se insertaba en el ano de la víctima o en su vagina. Esta tortura podía durar, dependiendo de algunos factores discutidos a continuación, entre unas pocas horas hasta unos pocos días. Una variante común de la Cuna de Judas era la Tortura por Empalamiento.



La tortura del ataúd
El período de tiempo en el que una víctima debía pasar adentro del ataúd estaba determinada por su crimen. Los crímenes muy serios, como la blasfemia, eran castigados con la muerte dentro del ataúd donde a la víctima se la dejaba bajo el sol con animales que devoraban su carne.



El toro descarado
Cuando a una víctima se le colocaba dentro del toro descarado, el o ella es incinerada a muerte lentamente. Este aparato se volvió gradualmente más sofisticado hasta que los griegos inventaron un complejo sistema de tubos para hacer que los gritos de la víctima suenen como los de un buey enfurecido.



Brida de Regañar
Se utilizaba principalmente en mujeres, el aparato era un bozal de hierro en un marco de hierro que encerraba la cabeza. un pedazo de la brida o placa encintada, de 5 centímetros de largo y 2,5 de ancho, se proyectaba en la boca y se colocaba debajo de la lengua. La placa encintada a menudo estaba recubierta de espinas, de manera tal que si la infractora movía su lengua, le causaría dolor y haría del habla algo imposible. Las esposas que eran vistas como brujas, arpías y gruñonas, eran obligadas a usar los armazones cerrados en sus cabezas. Esta es una brida de regañar del Siglo 18 en el museo Märkisches de Berlín



El potro
El torturador gira la palanca haciendo que las cuerdas tiren de los brazos y las piernas de la víctima. Con el tiempo, los huesos de la víctima eran dislocados con un fuerte crujido. Si el torturador seguía girando la palanca, algunas de las extremidades se desprendían, a menudo eran los brazos.



La silla de la tortura
Existen muchas variantes de la silla. Todas tienen una cosa en común: espinas recubriendo la espalda, apoyabrazos, asiento, apoyapiernas y apoyapiés. El número de espinas en una de estas sillas varía entre 500 y 1,500. Para evitar el movimiento, las muñecas de la víctima se ataban a la silla o, en una versión, dos barras presionaban los brazos contra los apoyabrazos para que las espinas penetren aún más la carne. En algunas versiones, existían hoyos debajo del fondo de la silla en donde el torturador colocaba carbón para causar quemaduras severas mientras la víctima aún permanecía consciente.



La pera de la angustia
Un instrumento con forma de pera se insertaba en uno de los orificios de la víctima: la vagina para las mujeres, el ano para los homosexuales y la boca para los mentirosos y los blasfemos. El instrumento consistía en cuatro hojas que lentamente se separaban la una de la otra mientras el torturador llevaba el tornillo hacia la punta. Era la decisión del torturador si simplemente rasgaba la piel o expandía la “pera” a su límite y mutilaba a la víctima.



La tortura de las ratas
Una forma barata y efectiva de torturar a alguien era por medio de las ratas. Existieron muchas variantes, pero la más común era obligar a una rata a escapar a través del cuerpo de la víctima. Esto se hacía de la siguiente forma: La víctima era completamente inmovilizada y atada al suelo o a cualquier superficie horizontal. Una rata luego era colocada en su estómago cubierta por un contenedor metálico. mientras el contenedor se calentaba gradualmente, la rata comenzaría a buscar una salida; a través del cuerpo de la víctima. Cavar un hoyo a menudo le tomaba unas pocas horas y le causaba un dolor agonizante a su víctima. Esto concluía en la muerte.



El desgarrador de mamas
Utilizado como una forma de castigar a las mujeres, el desgarrador de mamas era una forma dolorosa y cruel de mutilar los senos de una mujer. Este instrumento estaba reservado principalmente a aquellas mujeres acusadas de provocarse un aborto o a aquellas acusadas de adulterio. Las garras podían utilizarse ya sea frías o calientes en los senos expuestos de la víctima. Si la víctima no era asesinada estaría marcada de por vida, ya que sus senos habrían sido literalmente desprendidos.



El aplasta cabezas
El aplasta cabezas fue utilizado extensamente durante la mayor parte de la Edad Media, sobre todo durante la Inquisición. Con el mentón colocado en la barra del fondo y la cabeza debajo de la tapa superior, el torturador lentamente giraba el tornillo que presionaba la barra contra la tapa. Esto causaba que la cabeza fuera lentamente comprimida. Primero se rompían los dientes contra la mandíbula y luego la víctima moría lentamente con un dolor agonizante, pero no antes de que sus ojos fueran exprimidos de sus cavidades.



La sierra
La sierra fue utilizada extensamente durante la Edad Media, principalmente porque las herramientas que requerían se encontraban en la mayoría de las casas y no era necesario utilizar aparatos complejos. Era una forma barata de torturar y matar a una víctima que a menudo había sido acusada de: brujería, adulterio, asesinato, blasfemia e incluso el robo. La víctima era atada en una posición invertida. Esto tenía varios “beneficios”: En un principio, aseguraba que corriera la sangre suficiente hacia el cerebro, en segundo lugar, desaceleraba la pérdida de sangre y en un tercer lugar, humillaba a la víctima. Dependiendo de la víctima y del torturador, este proceso podía durar varias horas. Cuando se requería de una confesión, la víctima era obligada frecuentemente a ver a alguien más ser expuesto a este método. Si no confesaban, serían cortados lentamente a la mitad.



La Virgen de Nuremberg La doncella
La víctima era atada dentro de la doncella y se cerraba una de las dos puertas, penetrando la carne de la víctima con las espinas colocadas estratégicamente que no penetraban ningún órgano vital. Cuando se cerraban por completo, los gritos de la víctima no podían oírse desde afuera, y la víctima no podría ver u oír nada. Esto incrementaba el dolor psicológico. Además, las espinas bloqueaban las heridas, por lo que tomaría muchas horas; o incluso días para que la persona muriera.












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