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Algo llamado dignidad y no dignidad

Dentro de “la condición natural” de la existencia del ser humano como especie y “en la función propia” de esa condición, existe un derecho natural que se define como DIGNIDAD HUMANA.

El concepto “dignidad”, por su origen etimológico, por sí mismo, contiene en esencia el sentido de “valor”, y que para el ser humano se asume como un “uso intrínseco” del ejercicio de la naturaleza humana misma, en igualdad de derechos para todos lo cual presupone dos principios esenciales de la práctica (o en la práctica) del “Derecho Natural” (por el solo acto de existencia) cuales son: 1- Que el trato sea respetuoso a los demás por quien solo (como persona natural) o en asocio con otros (como persona jurídica) mantenga en su accionar “un trato conservante y edificante de la condición de dignidad”, de quien lo realiza (el trato) a la vez que trasmita dicho sentido a quien lo recibe; y 2- Que el producto social (por la condición de vínculo) de dicho trato o tratamiento, revista un sentido ético de similar valor, lo que implica que el ejercicio espontáneo de la relación social (o de asociados) deba ser “constructora” de un mayor sentido de dignificación colectiva, como “sumun” natural del accionar individual y social, cuando se obra basados en dicha premisa, la de la Dignidad Humana, lo que implica que los actos humanos mismos deben ser acrecentadores del sentido ético y de valor moral como norma de conducta, no solo individual sino colectiva también.

Como se puede entender hasta aquí, todo lo anterior presupone un acto espontáneo o de condición natural, inherente a la sociedad establecida sobre “bases de derecho y justicia” y con un sentido de naturaleza libre (o liberal) lo que permite, por el principio de equilibrio y moderación, que solo pueda redundarse en modos y costumbres (de valor moral) incluidos en toda dinámica ejercida al interior de cualquier asociación humana, llámense afiliación, feligresía, agrupación, vecindad, ciudadanía, nacionalidad y/o inter-nacionalidad y en cualquier modo de accionar ya sea el político, el religioso, el comercial, el económico y cualquier otra posibilidad más.

La historia humana, hasta la fecha, ha sido una lucha permanente por la consolidación de este principio de dignidad, por lo qué todos los cambios y evoluciones del orden filosófico-político, en general, han sido para el establecimiento de un criterio universal (valido para toda la humanidad) como patrones de acción y juicio coherentes, llámense democracia, leyes, justicia, tratados, derechos humanos, cortes y organizaciones internacionales y en especial lo que hace referencia a la preservación de la libertad, de la igualdad y del sentido de “fraternidad” que debe contener todo accionar individual y colectivo.

Como el sentido de dignidad es constituyente de todo ser (aún en la esencia misma de la simple supervivencia o permanencia) es por ello que toda “subversión” del mismo, bajo cualquier modalidad del orden práctico y amoral, presupone una reacción espontánea de quien(es) considera(n) que su naturaleza está siendo o ha sido violentada, por lo que las acciones de reivindicación son propias y procedentes, desde los simples reclamos, las protestas y hasta las acciones determinadas en su magnitud y medios de acuerdo a las condiciones de quienes han procedido sin ninguna consideración hacia sus congéneres, acciones que pueden ocasionar desde los simples reconocimientos y disculpas de quienes han procedido equivocadamente, la ejecución de correctivos del orden de la ley y la justicia (sanción y resarcimiento) y hasta la confrontación, lucha, destrucción y/o modificación de los ejecutores de los procedimientos cuestionados, lo cual legitima los alzamientos y las luchas no solo individuales, sino las colectivas y populares, las que suponen movilizaciones y dinámicas del orden político que terminen modificando los marcos legales, jurídicos y hasta morales que hayan permitido que se cometan las violaciones ( a la dignidad humana) de quienes se sientan afectados.

Ahora, debido a múltiples razones entre ellas el aumento en las capacidades de análisis, juicios, comunicaciones y movilizaciones del común de los asociados, se hace más evidentes la actuaciones carentes de (sentido de) dignidad por quienes bajo regímenes de fuerza, abuso, engaño, mentira y oportunismo egoísta y mediático (incluidas las organizaciones religiosas) proceden en contra de quienes se hallan a merced de sus atribuciones, victimizando así a quienes simplemente de buena fe han colocado sus intereses a su cuidado, y/o victimizando también a quienes por circunstancias políticas y sociales se encuentren bajo su cuidado, responsabilidad y deberes como gobernantes y dirigentes, ocasionándoles daños personales y colectivos, económicos, morales, legales y políticos, los que dan causa y justificación a manifestaciones y acciones de quienes resulten lesionados en su integridad y quienes individualmente y colectivamente tiene razones suficientes para manifestarse como INDIGNADOS.
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